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9. Pasos nuevos

作者: Mariela Reyes
last update publish date: 2026-09-02 03:34:20

—No tienes ningún derecho a hablarme en ese tono.

—Lo sé.

Pero Derric ya no pudo frenar.

Había demasiada rabia acumulada: demasiados días viéndola dudar frente a la pantalla por si él llamaba, demasiadas mañanas en las que ella calculaba mentalmente los pasos de Dereck antes de permitirse decidir qué hacer con su propio día.

—Ese tipo te dejó al borde de un abismo y tú todavía te preocupas por si le duele la cabeza.

Claire apretó la tela entre los dedos con fuerza.

—No fue culpa suya.

—Jamás di
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    Horas después, Dereck apareció deambulando, descalzo y desorientado, por el arcén de una carretera en las afueras de la ciudad. No tenía la más mínima memoria de cómo había llegado hasta allí. Cada vez que una furgoneta oscura pasaba a su lado, se arrojaba presa del pánico contra el fango de la cuneta. Rechazó a gritos las botellas de agua que le ofrecieron un par de buenos samaritanos, acusándolos de intentar envenenarle la sangre.Fueron sus propios padres quienes lo recogieron en la comisaría tras una llamada policial. Habían dilapidado prácticamente toda su fortuna intentando frenar la demolición orquestada por los Bellini. Utilizaron los últimos restos de su liquidez para ingresarlo en el pabellón de alta seguridad de una clínica psiquiátrica privada.Dereck jamás supo si el psiquiátrico era un entorno real o una

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    En el penthouse de los Bellini, Claire experimentaba exactamente la arquitectura contraria.Los especialistas médicos la visitaban a la misma hora todos los días. Cada pastilla prenatal venía en un empaque sellado e identificado, y la doctora estaba obligada a repetir la misma explicación técnica las veces que Claire necesitara para sentirse en control.Cuando despertaba de una siesta, Derric estaba a su lado, o en su defecto, había una nota manuscrita junto a su almohada indicando su ubicación en el departamento.Una mañana, el papel decía: "Despacho. Puerta abierta".Claire caminó descalza por el pasillo y cruzó el umbral sin llamar. Derric levantó la vista de inmediato, interrumpiendo una videollamada con seis capos de la organización en Italia, y le tendió una mano.Claire cruzó la estancia, se acomodó en su regazo y apoy&oac

  • Prisionera de su odio   103. El miedo creado por tu mente

    La discusión escaló hasta que Derric intervino, confiscando una chaqueta de cuero en miniatura que tenía demasiados cierres asimétricos y remaches de metal.—Esto parece diseñado para un interrogatorio, Bianca. Retíralo de mi casa.Claire rió con tantas ganas que un calambre agudo le cruzó el vientre. Llevó la mano al costado por puro reflejo, justo cuando un impacto interno empujaba su piel. Por inercia, agarró la muñeca de Bianca y la aplastó contra su estómago.La asesina de los Bellini se quedó petrificada. Sus ojos verdes se abrieron de par en par, congelada en medio del salón.El bebé volvió a moverse, deslizando un talón minúsculo contra la palma de su tía.—Me pateó —susurró Bianca. El tono mordaz había desaparecido por completo, reemplazado por un asombro reverenc

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