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9. Pasos nuevos

last update Fecha de publicación: 2026-09-02 03:34:20

—No tienes ningún derecho a hablarme en ese tono.

—Lo sé.

Pero Derric ya no pudo frenar.

Había demasiada rabia acumulada: demasiados días viéndola dudar frente a la pantalla por si él llamaba, demasiadas mañanas en las que ella calculaba mentalmente los pasos de Dereck antes de permitirse decidir qué hacer con su propio día.

—Ese tipo te dejó al borde de un abismo y tú todavía te preocupas por si le duele la cabeza.

Claire apretó la tela entre los dedos con fuerza.

—No fue culpa suya.

—Jamás dije que lo fuera.

—¡Entonces deja de tratarlo como si fuera un monstruo!

—No hace falta que sea un monstruo para saber que no te quiere.

La frase cayó con la violencia de una losa.

Claire dio un paso atrás, tambaleándose.

Derric vio el impacto en sus ojos, pero la marea de frustración lo arrastró antes de que pudiera retractarse.

—Te pasaste la vida entera cargando sus cosas, resolviendo sus descuidos, redactando sus entregas y esperando de pie fuera de sus aulas. Permitiste que todo el campus se burlara de ti en su cara. Te llamaron su perro fiel frente a él y ni siquiera se molestó en defenderte. Ahora está enamorado de otra mujer y tú sigues arrastrándote detrás de la sombra de alguien que ni siquiera se digna a mirar hacia atrás.

La servilleta se le resbaló de las manos y cayó al suelo.

Derric se quedó inmóvil.

Claire no pronunció una sola palabra. La sangre parecía haberle abandonado el rostro por completo. Bajó la cabeza despacio, rodeándose el abdomen con ambos brazos mientras un temblor incontenible le sacudía los hombros.

—Claire...

Ella retrocedió otro paso, buscando la pared.

La ira de Derric se evaporó de golpe, aplastada por una culpa asfixiante.

—Maldita sea. Claire, perdóname.

—No. —La voz apenas fue un susurro roto—. Tenías que decirlo.

—No de esa manera.

—Pero es la verdad. —Las lágrimas se desbordaron antes de que pudiera contenerlas—. Es exactamente la verdad.

Derric acortó la distancia entre los dos, pero frenó a medio metro, midiendo cada movimiento.

—¿Puedo acercarme?

Claire cerró los ojos y asintió débilmente.

Él la tomó por los brazos con delicadeza. En cuanto sintió el calor de su contacto, Claire se vino abajo.

—Yo creía... —intentó articular entre sollozos que le desgarraban el pecho—. Creía que si hacía todo perfecto... si no causaba problemas... si estaba ahí cada vez que hiciera falta...

Derric apretó la mandíbula, dolido por cada palabra.

—Mis padres decían que un matrimonio se forjaba antes del altar. Que debía demostrar que valía la pena como esposa. Que con el tiempo él vería cuánto lo quería. —El aire se le atoró en la garganta—. Y mientras tanto, todo el mundo se reía a mis espaldas.

Derric la atrajo con firmeza hacia su pecho.

Esta vez Claire no dudó: se aferró a la tela de su camisa con ambas manos, buscando un ancla.

—Lo siento —murmuró él contra su cabello—. No debí usar esas palabras. Jamás.

Ella negó con la cabeza, oculta en su hombro.

—No estoy llorando por lo que dijiste. Tiré años de mi vida a la basura.

—No fue así.

Claire se apartó apenas lo suficiente para mirarlo a los ojos.

—¿Cómo puedes decir que no?

—Sobreviviste a años en los que te programaron para creer que tu único valor residía en lo que podías ofrecer a los demás. Aprender a salir de eso no es tirar el tiempo.

Claire intentó serenar su respiración errática.

—¿Y ahora qué se supone que haga?

Derric miró la servilleta en el suelo, el orden estricto de la cocina, la tetera que él jamás le había pedido preparar.

—Podrías empezar por dejar de organizar mis cajones.

A Claire se le escapó una risa ahogada entre las lágrimas.

—Eres un idiota.

—Me lo repiten a menudo.

Se quedó allí, sosteniéndola, hasta que el llanto se disolvió en una calma exhausta.

Más tarde, se sentaron sobre la alfombra de la sala con dos cajas de comida para llevar. Claire tenía los párpados enrojecidos y una manta de lana cubriéndole las piernas.

—Quiero hacerte una pregunta —dijo Derric, rompiendo la tregua.

Ella lo miró con cautela.

—¿Cuál?

—¿Qué querías estudiar tú, antes de que tus padres decidieran que tu carrera sería Administración?

Claire entreabrió los labios, pero no salió ningún sonido.

—No lo sé.

—Haz memoria.

—De verdad no me acuerdo.

Derric no la presionó; cambió el ángulo.

—¿Qué te gustaba hacer cuando eras niña?

Claire alzó la vista hacia el techo, buscando en los rincones olvidados de su memoria.

—Dibujar.

La respuesta la sorprendió a ella misma.

—¿Qué dibujabas?

—Distribución de habitaciones, jardines, fachadas... A veces diseñaba barrios enteros. —Una chispa tenue, genuina, asomó en la comisura de sus labios—. Durante una época quise estudiar arquitectura.

—¿Y qué pasó?

Claire jugueteó con el borde de la manta.

—Mi padre dijo que era una pérdida de tiempo. Que la esposa de un heredero debía entender de fondos de inversión, estructuras fiscales y patrimonio. Y como Dereck iba a incorporarse a la constructora familiar...

La frase quedó suspendida en el aire. Derric no necesitó que la terminara.

—¿Te sigue gustando?

Claire lo meditó durante unos segundos.

—Creo que sí.

—Entonces mañana compraremos material de dibujo.

—No soy una niña pequeña, Derric.

—Los arquitectos adultos también usan lápices, Claire.

—Sabes a qué me refiero.

Derric tomó una porción de comida con total calma.

—Sí, y he decidido ignorarlo por completo.

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