Mag-log inCAUTION ️: ESTA HISTORIA CONTIENE CONTENIDOS MADUROS, Y ESTÁ CALIFICADA COMO 18+ POR FAVOR! Isabella Parker vendió su inocencia para salvar a su madre, pero el chico malo al que se la vendió se negó a dejarla ir jamás. Cuando la vida empujó a Isabella al límite, solo tuvo una opción, que fue vender lo único que le quedaba: ella misma. Su madre se estaba muriendo, las facturas se acumulaban y el mundo le había dado la espalda. Fue entonces cuando Kade, el chico malo arrogante y de corazón frío, entró en su vida. Le hizo una oferta que no pudo rechazar: un mes de su cuerpo a cambio de dinero. Pero Isabella no sabía que Kade no era un tipo que respetara los límites. No solo la quería por un mes, quería poseerla. Marcarla. Hacer que olvidara quién era antes de que él apareciera en su vida. «Eres mía para tocarte, de nadie más», gruñó él, con una voz oscura y autoritaria, encendiendo un fuego que ella nunca había sentido antes. Lo que comenzó como un trato desesperado pronto se convirtió en una peligrosa obsesión. Perderá Isabella su corazón ante un chico malo como Kade o se negará a dejar que Kade la reclame?
view more~Prólogo~
"Lo siento por tener que decirte esto, señorita Isabella, no puedo hacer nada, no está en mis manos." El doctor le informó, sus ojos sosteniendo un brillo lastimero pero impotente. "Doctor" ella sollozó pero él la dejó en el lugar, dos enfermeras siguiéndolo detrás. Isabella sintió una ola de desesperación invadirla. ¿Dónde se suponía que conseguiría cinco millones de dólares para la cirugía de su mamá? Perdió su trabajo anoche porque le gritó a un cliente que había intentado tocarla inapropiadamente. Mientras el doctor se alejaba, Isabella se mordió los labios, perdida en sus pensamientos. Sus lágrimas aumentaron con cada paso que daba. Dolía mucho, saber que su mamá había sufrido enormemente por su bien, y ahora que la necesitaba, Isabella no podía ayudar. Entró en la habitación de su madre, mirándola desde lejos, no tenía el ánimo ni el valor para acercarse más a ella. La debilitaría más, mantenerse fuerte es realmente importante para ella. 'Estarás bien, mamá,' se aseguró a sí misma. 'Mamá,' la llama así desde la infancia, recordó el hermoso momento que compartió con su mamá. Si la pierde, nadie puede llenar su lugar en su vida, ni siquiera la mujer más dulce del mundo. Salió de la habitación en silencio, dejando el hospital. Justo entonces, Isabella chocó con un chico, su paquete cayendo de su mano mientras sus ojos se encontraron. Isabella rápidamente recogió el paquete y se lo devolvió, luego se alejó, todavía perdida en sus pensamientos. El chico la miró fijamente, sus ojos llenos de una mezcla de curiosidad y preocupación. Sintió una punzada de lástima por ella, percibiendo la desesperación y la tristeza que emanaba de ella. Mientras Isabella se alejaba, no notó la mirada del chico que se demoraba en ella. Estaba demasiado atrapada en sus propios pensamientos, su mente corriendo con preocupaciones sobre la salud de su madre y las crecientes facturas médicas. Ni siquiera se dio cuenta de cuándo llegó al lugar de Sandra, el apartamento de su amiga. Isabella tomó una respiración profunda, preparándose para la conversación que se avecinaba. Sandra abrió la puerta, con una mirada de preocupación grabada en su rostro. 'Oye, chica, ¿qué pasa?' preguntó, haciendo entrar a Annabella. Isabella se derrumbó, lágrimas corriendo por su rostro mientras explicaba la situación con su madre. Sandra escuchó atentamente, su expresión suavizándose con cada momento que pasaba. 'Te ayudaré, Annabella,' dijo Sandra finalmente, su voz firme. 'Pero tienes que hacer algo por mí,' su expresión es lo suficientemente coqueta para que Isabella adivine a qué se refiere. 'Sandra, ¿no puedes al menos...' Ella la cortó completamente. 'Si no quieres que te ayude, solo vete. No te estoy obligando en absoluto,' le dijo Sandra, encendió un cigarro para fumar. Ella es una chica mala, lo cual es obvio, una transformada porque Sandra cambió a esta forma mala debido a su problema financiero que llevó a la muerte de su hermana. El corazón de Isabella latió más rápido con miedo, percibiendo lo que Sandra podría pedirle. Pero estaba desesperada, y sabía que no tenía otra opción. "Supongo que no estás lista para esto, pero ¿lo harás?" "Chara, por favor explícale a esta gatita" la cortó y siseó. ''Te ofrecí una mano amiga, pero no, te negaste como siempre, así que no me culpes. Si estás lista para quitarte esa sudadera y dejar que los chicos vean esos bebés rebotantes tuyos, dame una llamada," dijo Sandra y le guiñó un ojo antes de salir de la casa. "Sandy, por favor escúchame por una vez, no puedo,' Sandra empujó sus manos, haciéndola tambalear un poco. Chara se rio. Se levantó con su teléfono en la mano, dándole a Isabella una mirada asquerosa que no la afectó en absoluto. Isabella respiró; no se rendiría en absoluto. Nunca viviría una vida de prostituta. No está lista para hacer lo que le está ofreciendo; es mejor conseguir ayuda de otra persona. Salió del pequeño apartamento. "Izzie, no veas morir a tu madre así, no seas tonta como yo fui cuando mi hermana se estaba muriendo" dijo, e Isabella se detuvo. "No lo entiendes, tengo que pagar las facturas mañana, si no mi mamá será dada de alta, y no tengo dinero para tratarla en casa,' dijo, sollozando, con lágrimas acumulándose y cayendo de sus ojos al mismo tiempo. Es urgente, necesita que ella entienda eso. Se fue en silencio, secando sus lágrimas mientras se iba. Isabella empezó a caminar sin esperanza, había estado buscando un trabajo pero no pudo encontrar ninguno. Captó una mirada de un restaurante, ese restaurante era donde la despidieron anoche. HACE DOS DÍAS.... Isabella estaba vestida con un corto y revelador vestido negro que solo cubría su trasero. Se sentía muy incómoda en él pero no tenía otra opción. Estaba tomando la orden de un cliente, el chico estaba deleitándose con sus ojos en su pecho, su escote podía verse, viéndose sexy como siempre. Ella aparecía irresistiblemente sexy. ¿Quién no la miraría? ¡NADIE! "Dos botellas de vino" dijo él y ella asintió. Sus ojos en su vista frontal, excitándolo. Justo cuando se giró, el chico le dio una palmada en el culo, esperaba que ella le diera la vuelta al culo de todos modos. Isabella jadeó, odia que alguien la toque inapropiadamente, se enfrentó a él y le dio una bofetada en la cara. Incapaz de controlar su ira, derramó el vaso de agua de la mesa en su fea cara. "¡Hey!" El chico gruñó, limpiándose la cara. Isabella lo miró fijamente y el gerente corrió a rescatarlo de inmediato sin preocuparse por ella, lo esperaba de todos modos, el gerente una vez le pidió que fuera su novia el primer día que fue empleada lo cual ella rechazó. "¡Esta chivata me abofeteó, cómo se atreve a hacer eso!" gritó astutamente y ella lo miró más fijamente. "Él tocó mi trasero, no lo abofeteé sin razón." Isabella se defendió. "¿Y qué si tocó tu trasero, qué tiene de especial!" El gerente le lanzó palabras y ella jadeó. "Yo.... "¡Cállate!" gritó él. La atención de los clientes se dirigió a la mesa, especialmente a Isabella. "¡Mentirosa, cosa barata!" gritó él. "Tú eres el mentiroso aquí" ella replicó y el gerente agarró su mano. El gerente miró a Isabella quien sacudió la cabeza tratando de explicarse. "¡Seguridad!" El gerente alertó a la seguridad que vino corriendo al lugar. "Señor créame.. no hice nada" dijo ella entre lágrimas, es su único trabajo cómo sobrevivirá su madre. "Lo siento señor, por favor siéntese" el gerente se disculpó con él. Y él sonrió, todavía limpiándose la cara con tissue. "¡Hiciste esto la última vez, lo dejé pasar pero ya no!" "Señor por favor perdóneme..." suplicó pero cayó en oídos sordos. Isabella suspiró, perdió su trabajo otra vez, su salario también se fue. DE VUELTA AL PRESENTE. Las lágrimas cayeron por sus mejillas, llorando al lado de la carretera, se estaba haciendo tarde pero no era su preocupación en ese momento. Mientras se levantaba, un auto salpicó agua en su cara y se fue bruscamente. Isabella se tambaleó, volvió a sus sentidos entonces pero el auto ya se había ido. No estaba en el estado mental correcto para reaccionar, de lo contrario lo habría hecho. Su teléfono sonó en su bolsillo, lo contestó rápidamente. Es el doctor llamando, parece amable pero no pudo ayudarla a reunir las facturas. "Señorita Isabella, por favor haga el pago dentro de tres días o su madre será dada de alta y no la operaremos de nuevo." Dijo el doctor y colgó inmediatamente. Isabella revisó su reloj de muñeca, son casi las 9pm, necesita hacer esto, su mamá la necesita. Parece que no tiene otra opción que ceder, si perder su virginidad puede ayudar a su mamá entonces que así sea. Empezó a correr de vuelta al lugar de Sandra. Lista para hacer cualquier cosa para salvar a su madre enferma, ella ha sido la mejor madre para ella y esta vez ella la necesitaba no puede simplemente retroceder e ignorarla. "Mamá, no te dejaré morir, nunca" se secó las lágrimas. ****************** La habitación estaba envuelta en oscuridad, los únicos sonidos eran los fuertes y locos gemidos y el golpe de las caderas. "Dios" "Más bebé, más por favor" Su p**la dentro de ella llenándola toda, cada centímetro de ella. Ella lo desea tanto, es una perra después de todo, sus ojos se pusieron en blanco mientras él la follaba como loco, sus fuertes gemidos llenaron la habitación. Kade Gilbert, un playboy rico notorio por su comportamiento psicótico, era implacable en su búsqueda de placer. No le importaba nada ni nadie, viviendo la vida en sus propios términos, sin importar cuán salvajes o malos parecieran. Su único disfrute era el sexo, era como su comida diaria, lo anhela todos los días, su guardaespaldas le arregla su comida y se las lleva a la mansión de su padre. El hotel no es su cosa en absoluto, lo odia, y elegiría arruinar el nombre de su padre antes que hacer su mal comportamiento en secreto. La embistió una última vez antes de salir y abrir su cajón para lanzarle sus tarifas. "No olvides enviarme un mensaje la próxima vez" Ella besó sus labios antes de salir de la habitación. Minutos después, la puerta se abrió de golpe, y su madre, Mina, entró. La habitación estaba ordenada pero el olor a sexo persistía en el aire. "¡Privacidad, mujer!" espetó Kade, inhalando un porro, su ritual habitual después del sexo. Los ojos de Mina se abrieron con disgusto. "¡Qué demonios! ¿Esto es un burdel o qué?!" gritó, furiosa de ira. Kade miró inexpresivo, soltando humo, su expresión sin remordimientos. Odiaba a sus padres, especialmente a su madre, cuya mera presencia lo irritaba. Mina intentó arrebatarle el porro, pero Kade soltó humo en su cara. Ella tosió, ahogándose. "¡Tócalo y te quemarás!" advirtió. "¿Cuándo vas a empezar a comportarte responsablemente Kade?!" espetó ella, su voz mezclada con dolor y tristeza. "¡El día que jodidamente aprendas a ocuparte de tus propios asuntos mujer!" replicó él, su mirada oscura y demasiado aterradora para enfrentar. "¡Kade!" gritó ella y tosió. "Preferiría que te ahorcaras, no mereces una muerte fácil" sonrió antes de apagarlo y una sonrisa apareció en sus labios, corta y diabólica. Mina pisoteó y salió de la habitación. No podía lidiar con eso más, él sabe que ella odia el humo, lo hizo intencionalmente. Kade sonrió, aliviado de verla irse. Su teléfono sonó, pero lo ignoró, perdido en su propio mundo de oscuridad y deseo. Mientras la puerta se cerraba detrás de Mina, la sonrisa de Kade se hizo más amplia. Tomó otra larga calada de su porro, sintiendo la familiar oleada de adrenalina y satisfacción. Luego se recostó en su silla, sus ojos fijos en el techo mientras saboreaba el momento. Pero su tranquilidad fue corta. Su teléfono sonó de nuevo, insistentemente. La mirada de Kade se dirigió a la pantalla, sus ojos entrecerrándose mientras leía el mensaje. Era de un número desconocido, pero las palabras enviaron una chispa de curiosidad a través de él. "Reúnete conmigo en el viejo almacén a medianoche. Ven solo." ¿Qué quiere ella ahora? Apagó su porro y se levantó de su silla, sus movimientos fluidos y deliberados. La oscuridad en la habitación parecía arremolinarse a su alrededor, atraída a su presencia como un imán. Mientras salía de la habitación, las sombras parecían seguirlo, susurrando secretos en su oído. Su sonrisa se hizo más amplia, su corazón latiendo con anticipación. Sabía que estaba siendo atraído a algo siniestro, algo que lo empujaría a sus límites. Pero Kade Gilbert no era de los que retroceden ante un desafío. Estaba listo para abrazar la oscuridad, para dejar que lo consumiera por completo. Porque en las sombras, Kade encontró su verdadero hogar.Isabella se quedó en la habitación durante horas. Lo primero que se arrancó del cuerpo con rabia fue el uniforme. Ni siquiera lo dobló. Tiró de los botones con los dedos temblando de irritación y la tela cayó a sus pies como prueba de lo ridículo que era todo aquello.No podía ni imaginar su vida sin Kade en ella. ¿Qué se había hecho a sí misma? Cada vez que pensaba en vivir en paz, él aparecía, porque hasta que su trato no terminara, no se iría.Miró el costoso minivestido que colgaba de la percha un momento antes de arrebatarlo.—Me pregunto por qué se molestó siquiera con el uniforme —murmuró para sí mientras se metía en el vestido con rabia—. Cuando los dos sabemos que no me va a dejar ir a ningún lado.La tela se ceñía donde no debía, se pegaba donde no tenía derecho. Odiaba lo perfectamente que le quedaba. Odiaba que él hubiera sabido exactamente su talla sin preguntar.Odiaba esa parte de ella que se preguntaba si él la había imaginado usándolo. Kade era tan impredecible… ¿cómo
Isabella se sentó erguida en la cama, el corazón latiéndole salvajemente contra las costillas mientras miraba fijamente el uniforme que le cubría el cuerpo. Le quedaba tan perfecto como si alguien se hubiera tomado su tiempo en vestirla, alisando cada arruga, asegurándose de que nada estuviera fuera de lugar.Sus dedos temblaban al tocar la tela.Los recuerdos regresaron en fragmentos irregulares: las cadenas, la habitación, el aliento del hombre demasiado cerca, la bofetada, el terror ahogándole los pulmones. Luego Kade. La puerta abriéndose de golpe. La forma en que sus ojos parecían arder desde adentro.El estómago se le retorció.Se giró y bajó las piernas de la cama, haciendo una mueca cuando un dolor agudo le atravesó la muñeca. La venda estaba limpia, envuelta profesionalmente. La levantó más cerca de su cara, la respiración entrecortándose.Él se había ocupado de ella. Solo el pensamiento la asustaba más de lo que la consolaba.Lentamente se puso de pie y caminó descalza hacia
Isabella se retorcía en la cama mientras el hombre seguía cerrando la distancia entre ellos. Las cadenas le mordían las muñecas, pero el dolor apenas se registraba porque el miedo lo ahogaba todo. Su respiración salía en jadeos agudos y entrecortados mientras torcía las manos y luchaba, el corazón golpeándole tan fuerte en el pecho que pensó que podría estallar. Deseó que ocurriera un milagro y detuviera a ese hombre de tocarla. Estaba sufriendo tanto, y dolía muchísimo. —No te acerques —gritó, la voz quebrándose—. ¡Si me tocas, te arrepentirás! Su amenaza sonó débil incluso a sus propios oídos; no le afectó en absoluto. El hombre se rió y se subió a la cama, su peso hundiéndose en el colchón. Le inmovilizó las piernas juntas, los ojos recorriendo los labios de su coño con un hambre que le revolvió el estómago. —¡No me toques! —se retorció, las lágrimas cayendo libremente ahora—. Por favor, déjame en paz. ¡Suéltame! Sus ruegos solo parecieron alimentarlo. Su agarre se apretó do
Isabella permanecía inmóvil frente al espejo, mirando a la mujer que se reflejaba como si ya no se reconociera a sí misma.Sus ojos estaban opacos, desenfocados. Sus labios apretados en una línea fina y sus hombros ligeramente caídos, como si cargaran un peso demasiado pesado para su cuerpo. El espejo mostraba un cuerpo erguido, pero por dentro sentía que ya se estaba derrumbando.No podía dejar de pensar en lo que había ocurrido entre ella y Kade más temprano ese día; la escena se repetía sin cesar en su mente: su voz, su mirada, sus amenazas, la forma en que su sola presencia la hacía sentir atrapada incluso cuando no la tocaba. El recuerdo le provocó un escalofrío que le recorrió la espalda.Solo de pensarlo, el miedo se asentó profundamente en su pecho. Se abrazó a sí misma, clavando los dedos en la piel. Ojalá nunca se hubiera cruzado con él. Nunca se hubiera involucrado. Nunca se hubiera permitido ser arrastrada a su mundo.Ahora sentía que ya no se le permitía existir en sus pr












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Rebyu