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Capítulo 2

Penulis: Carol Soler
POV: Alessia

Unos golpes suaves en la puerta interrumpieron nuestro llanto. El doctor Conti, encargado del caso de Romina, entró en la habitación y revisó el expediente clínico que colgaba al pie de la cama. Después de comprobar los resultados, levantó la mirada con una sonrisa.

—Le traigo buenas noticias, señora Panzeri —anunció—. Encontramos un donante de riñón compatible. Debido al estado de la señorita Panzeri, podemos programar el trasplante para dentro de tres días.

La alegría me golpeó con tanta fuerza que tuve que cubrirme la boca para contener un sollozo. Las lágrimas comenzaron a correrme por las mejillas mientras Romina se aferraba a mi mano, incapaz de creer lo que acababa de escuchar.

—¿Es verdad, mamá? —preguntó una y otra vez con los ojos muy abiertos—. ¿Ya no voy a morir?

En nuestra vida pasada, esperó hasta su último aliento sin que apareciera un donante compatible. Todavía recordaba sus gritos, el dolor que no podían controlar los medicamentos y la forma en que su pequeña mano perdió fuerza dentro de la mía.

El doctor Conti se inclinó hacia ella y le dedicó una sonrisa para calmarla.

—Claro que no vas a morir —le aseguró con amabilidad—. Es una cirugía bastante común y el doctor Bruno, quien estará a cargo de operarte, es el mejor cirujano del mundo. Puedes estar tranquila. Tu padre se encargó de conseguir lo mejor para ti.

Romina me miró con cierta duda, como si necesitara escuchar la confirmación de mis labios.

—¿Es verdad, mamá? —preguntó con cautela—. ¿Papá organizó todo esto por mí?

Contuve las lágrimas y asentí, aunque sabía que estaba diciéndole una mentira piadosa.

—Es verdad, mi amor —respondí mientras le acariciaba el cabello—. Papá te quiere muchísimo. En cuanto supo que estabas enferma, se encargó de organizarlo todo.

No podía culparla por desconfiar.

Dos años atrás, después de la muerte de Riccardo Mancini, el esposo de Camilla, ella heredó una fortuna inmensa y el control de todo el distrito portuario. Giulio utilizó la excusa de «proteger a la viuda de un amigo» para comenzar a pasar cada noche con ella.

Eliminó cualquier amenaza que pudiera ponerla en peligro y se encargó personalmente de someter a los miembros de la familia Mancini que pretendían quitarle los bienes de Riccardo. También estuvo presente en cada momento importante de la vida de Nico. Si la escuela organizaba una actividad para padres e hijos, Giulio apartaba todas sus reuniones para asistir.

Pero se perdía los cumpleaños, las presentaciones y todos los eventos de su propia hija.

Cuando Romina sufrió acoso escolar y acudió a él en busca de ayuda, Giulio se limitó a mirarla con indiferencia.

—Como hija de un Don de la mafia, me avergüenzas —le reprochó antes de darle la espalda.

Aquellos dos años habían sido suficientes para que entendiera que Giulio no nos amaba. En su corazón solo había espacio para Camilla y Nico.

Romina levantó una mano y secó mis lágrimas con mucho cuidado. Sus ojos brillaban con una esperanza que me dio miedo alimentar.

—Mamá, si papá me quiere, ¿significa que ya no tendremos que irnos? —preguntó ilusionada.

La pregunta me dejó sin palabras. Después de un largo silencio, obligué a mi rostro a mostrar una sonrisa.

—Si demuestra que te quiere, le daremos otra oportunidad —respondí en voz baja—. ¿De acuerdo, Romy?

Mi hija vaciló antes de mirarme con una seriedad que no correspondía a su edad.

—No basta con que me trate bien a mí, mamá —aclaró con firmeza—. También tiene que portarse bien contigo.

La contemplé con ternura. Después de todo lo que había sufrido, seguía preocupándose más por mí que por ella misma.

—De acuerdo —prometí con una sonrisa—. Tendrá que tratar bien a las dos.

Romina esperó a Giulio con ilusión. Cada vez que la puerta se abría o escuchaba pasos en el pasillo, levantaba la cabeza pensando que por fin había llegado. Pero no apareció. Ni siquiera cuando llegó la hora de la cirugía.

Afuera del quirófano, Romina sostenía mi mano con fuerza y miraba una y otra vez hacia el extremo del pasillo. Intenté ignorar la amargura que me llenaba el pecho y me incliné frente a ella.

—Papá debe estar muy ocupado, Romy —le expliqué con suavidad—. Pero yo me quedaré contigo, ¿te parece bien? Entra a la cirugía sin preocuparte. Estaré aquí cuando salgas y no iré a ninguna parte.

Romina permaneció callada durante unos segundos. Al final, asintió y dibujó una pequeña sonrisa en su rostro que no consiguió ocultar su decepción.

—Lo entiendo, mamá —respondió con obediencia—. Seré una niña buena. Papá venga o no, seguiré queriéndolos a los dos.

Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.

Justo cuando el equipo médico estaba a punto de llevársela al quirófano, comenzó a transmitirse una noticia de espectáculos en el televisor colgado en la pared del pasillo. La voz entusiasmada de la presentadora resonó por toda la zona.

—Esta noche, Giulio Panzeri, Don de la familia Panzeri, fue fotografiado en el parque de diversiones Montelupo junto con Camilla Messina y el hijo de esta —informó mientras varias imágenes aparecían en pantalla.

En las fotografías, los tres parecían una familia feliz.

—Los testigos aseguran que se mostraron muy cariñosos durante todo el paseo —continuó la presentadora—. Algunas fuentes también afirman que Camilla Messina y su hijo ya viven con Don Giulio, y que el niño comenzó a llamarlo «papá» en privado.

La enorme pantalla reprodujo una grabación tomada a escondidas. Giulio sostenía a Nico con un brazo mientras le limpiaba el helado de la comisura de los labios. Camilla permanecía a su lado con una sonrisa dulce, observándolos como si aquella fuera la vida que siempre había querido.

Me adelanté para impedir que Romina siguiera mirando, pero la escena cambió antes de que pudiera alcanzar el televisor.

Nico, que hasta entonces reía con entusiasmo, se llevó ambas manos a la garganta. Su rostro se puso rojo en cuestión de segundos y comenzó a toser con violencia. Abrió la boca, desesperado por respirar, pero apenas consiguió emitir un sonido ahogado. Después se deslizó de los brazos de Giulio y cayó al suelo.

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