LOGINSkylar se presentó al trabajo después del almuerzo. La mañana se la había pasado entre exámenes y estaba agotada. Habría preferido estar en otro lugar que no fuera ese, pero tenía que terminar las cosas como era debido. No era ninguna cobarde que iba a desaparecer de la noche a la mañana.
—¿El señor Harris está en su oficina? —le preguntó a Emma después de saludarla.
—No, todavía no ha regresado.
—Gracias.
Se dirigió hacia la sala de copias y consiguió una caja, con ella en manos fue a su escritorio y empezó a empacar sus pertenencias. Una vez que terminó lo acomodó debajo su escritorio y se sentó a trabajar como si fuera cualquier otro día.
Estaba revisando unos documentos que Dan le había enviado al correo cuando escuchó unos pasos acercarse. Sabía de antemano de quién se trataba y dejó de mover sus dedos sobre el teclado y contuvo la respiración.
«Tú puedes hacerlo», se dijo.
Dan pasó por su escritorio sin ni siquiera molestarse en mirar en su dirección. Y eso dolió tanto como cada uno de sus desprecios. No había manera de que pudiera soportar eso cada día.
Tomó el documento que había redactado la noche anterior y siguió a Dan a su despacho. Él dejó la puerta abierta para ella y se dirigió directo a su escritorio.
—Envié unos documentos a tu correo, revísalos y… —Él se interrumpió cuando vio el documento que dejó sobre su escritorio—. ¿Qué es esto?
—Mi carta de renuncia.
Dan arqueó una ceja.
—No puedes renunciar, tienes un contrato que cumplir.
—Revisé cada punto de mi contrato. Deja claro que en caso de una renuncia debo avisar con antelación. Considere este mi aviso. Me quedaré hasta el final del día.
—No es así como funciona.
—Puede denunciarme si así lo desea. —Sabía que él no lo haría, o al menos eso esperaba—. De todas formas, me iré. Enviaré una copia a recursos humanos.
Esperó que él dijera algo más, pero cuando no lo hizo abandonó la oficina. En alguna parte de su subconsciente había deseado que él mostrara al menos verse afectado, pero en todo momento había actuado con indiferencia.
Durante el resto de la tarde se las arregló para terminar con todos sus pendientes y además le tocó hacer el trabajo de James, que no se dignó a aparecer. Según Emma, había llamado en la mañana para decir que se ausentaría.
«No podía haber escogido mejor momento para ausentarse», pensó con ironía.
Dan no la llamó ni una sola vez. Cualquier comunicación entre ellos fue a través del correo.
Alrededor de las cinco de la tarde se tomó un corto descanso para ir a hablar con Emma, quería despedirse de ella como era debido. En su tiempo allí había logrado conocerla mejor. Era una buena mujer, algo alocada a veces, pero esas eran las mejores.
—¿Cómo que te vas? —preguntó ella parecía realmente sorprendida—. ¿No me digas que el señor Harris te despidió? Por qué si es así, creo que necesita que alguien le diga que es la peor estupidez que ha cometido. Eres increíble.
Sonrió al escucharla hablar con tanta vehemencia. Y pensar que los primeros días allí, apenas habían cruzado palabras.
—No, él no me despidió. Yo renuncié. Mi vida a tomado un giro y no creo que pueda equilibrarla con tantas cosas sucediendo a la vez. Decidí que debía priorizar lo que era más importante. —Y su bebé siempre lo iba a ser.
—Lamento escuchar eso, te extrañaré. Todos lo haremos.
Emma le dio un abrazo fuerte.
—Promete que te mantendrás en contacto.
—Por supuesto. Ahora será mejor que vuelva a mi puesto, es mi último día aquí.
—Está bien —dijo Emma dejándola ir con reticencia.
Cuanto más cerca de la hora de salida estaba, más ansiosa se sentía. Más de una vez se encontró mirando hacia la puerta de Dan como si él fuera a aparecer en algún momento y…
¿Y qué?
Lo suyo había acabado y no había vuelta atrás.
Cuando el reloj marcó las siete de la noche levantó su caja, metió los pocos objetos que había dejado fuera y se dirigió a esperar el ascensor. No tenía nada más que hacer allí.
Estaba sumida en sus pensamientos cuando escuchó a alguien pararse a su lado. El ligero escalofrío que la recorrió le dijo de quién se trataba sin necesidad de girarse a mirar. Una sensación de vacío se instaló en su estómago.
Su instinto le exigió huir, pero no fue a ningún lado. Simplemente actuó como si estuviera sola.
En cuanto las puertas del ascensor se abrieron, entró dentro. Dan tampoco tardó en subirse.
Skylar había estado en situaciones incómodas antes, pero ninguna como aquella. La tensión en el ambiente era tan tensa que se podía cortar con una tijera. Incluso sin ninguna palabra dicha, las recriminaciones, la furia, el orgullo se hacían notar.
En todo momento mantuvo la mirada al frente, aunque gracias al diseño del elevador, podía ver el reflejo de Dan en las puertas. Él se veía igual de imponente que el primer día que lo conoció. De hecho, era como si nada en él hubiera cambiado. Como si Skylar la presencia de Skylar no hubiera alterado nada.
No era justo.
Él había cambiado todo en su vida.
Contuvo un suspiro y recordó lo que había sucedido en ese mismo hace unos meses, aunque se sentía casi una eternidad atrás.
Allí había empezado su acercamiento. Esa había sido la primera vez que dejó que algo más que la razón dictara sus acciones.
El ascensor sonó cuando llegó a la primera planta y la sacó de su ensoñación.
—Gracias por todo lo que me enseñaste —dijo con serenidad—, incluso por enseñarme a amar. —Eso último no fue más que un susurro que él probablemente no logró entender—. Sin embargo, espero que nuestros caminos no se vuelvan a cruzar. —Salió del ascensor dejándolo allí y se alejó rumbo a la salida.
Cada paso lejos de él era doloroso, pero se mantuvo firme y con la frente en alto.
No fue hasta que estuvo afuera que se dio la vuelta para observar el edificio. Iba a extrañar tantas cosas de ese lugar. A sus colegas, el ambiente de trabajo, las reuniones y, por qué no admitirlo, también extrañaría a Dan.
Tomó un taxi y le dio la dirección de Lily. Su amiga la había convencido de salir a ahogar las penas a algún bar. Ella estaba al tanto de lo sucedido con Dan, lo que no sabía era que estaba embarazada.
Dejó atrás el edificio que se había sentido como un segundo hogar por un tiempo. El lugar donde había aprendido a amar por primera vez y donde también le habían roto el corazón.
Un desastre en ciernes.
Es así como Skylar definiría la locura del amor.
Desde el principio tienes la sospecha de que las cosas saldrán mal y peor cuando sabes que la persona a quien decides entregarle el corazón no lo quiere. Pero tienes la esperanza de que al final todo funcionará y saltas directo a ese precipicio oscuro sin un paracaídas.
Eso es lo que ella llamaría poco sentido de auto conservación. Y hasta hace unos meses no hubiera creído que alguna vez podría llegar a sucederle.
¿Se puede morir de un corazón roto?
La ciencia decía que sí, pero siempre había sido conocida por hacer lo que se le daba la gana. Así que no, ella no iba a morir por un bastardo.
Había tenido una vida antes de Dan y seguro había una vida después de él. Que no pudiera verlo todavía, no significaba que no fuera así. La vida le había golpeado más duro en otras ocasiones y aún seguía allí. Y ahora tenía algo más importante por lo que luchar.
—¡Que se pudra Dan! —dijo Lily sacándola de sus pensamientos. Su mejor amiga alzó su copa al aire. La que una vez había sido su fan número uno, se había convertido en su detractora más grande.
—¡Que se pudra Dan! —estuvo de acuerdo y brindó con ella antes de beber la mitad del contenido de su vaso de un golpe.
No estaba borracha y no había posibilidad de que llegara a estarlo tan solo bebiendo refresco de naranja. Pero si alguien la veía seguro se lo pensaría.
—¡Que se pudran los hombres! —gritó esta vez su amiga.
Casi sonrió. Tenía suerte de tener a Lily en su vida. Entre las dos siempre se habían apoyado y habían estado allí para la otra cada vez que las cosas se ponían horribles. Skylar haría lo que fuera por ella y sabía que eso no iba en una sola dirección. Podía apostar que si le decía que quería matar a Dan ella no haría preguntas, solo conseguiría una pala y el lugar perfecto para enterrar su cuerpo. De hecho, Lily ya había barajeado la idea.
—¡Salud por eso!
Un hombre del otro lado de la barra la miró y le dio un guiño mientras sonreía.
Ella alzó su mano y le mostró el dedo medio. Su cara de sorpresa le dio bastante satisfacción. Estaba cansada de los idiotas del mundo.
Desvió su atención hacia las personas en el abarrotado local y sus ojos se encontraron con unos que le parecieron muy familiares, pero pronto se dio cuenta que no se trataba de él.
Se regañó por no poder dejar pensar en él. Odiaba que, sin importar donde se encontrará, siempre terminaba viéndolo.
Sintió las lágrimas agolparse en sus ojos y un nudo creciente en la garganta.
«¡Maldición!»
Quería tanto arrepentirse de haberlo conocido y de haberle permitido entrar en su vida; pero no podía hacerlo, así como no podía dejar de amarlo. No esa noche. Pero lo haría.
Solo tenía que matar su amor por él.
Lily no podía dejar de sonreír. Unos minutos atrás William y ella habían sido declarados marido y mujer, ahora era oficialmente una mujer casada. Aunque William formaba parte de su vida desde un tiempo considerable, sentía que algo había cambiado. El matrimonio era un nuevo nivel de compromiso y quizás la asustaba, pero estaba segura de que harían lo mejor para que todo resultara bien. William la llevó hacia el otro lado del jardín donde alguien había dispuesto las mesas para que disfrutaran del banquete. Había sido decisión de ambos que la boda se llevara en la casa que ambos compartían. Era el lugar perfecto, en especial porque no habían invitado a demasiadas personas, solo las más cercanas. Sus invitados los detuvieron para felicitarlos, pero William no la soltó en ningún momento.—Felicidades, niña &md
—¡Wow! Esto sí que es —Lily dio un giro observando todo a su alrededor—… hermoso. William había preparado una cena especial en su casa para celebrar su primer año juntos. No estaba seguro de como el tiempo había transcurrido tan rápido. Con frecuencia sentía que había sido apenas el día anterior cuando la conoció. Esa noche era especial y había querido que todo fuera perfecto. Con la ayuda de su madre y la de una organizadora de eventos se había asegurado de adornar el jardín. Tal vez se había excedido un poco con los detalles, pero a Lily parecía gustarle todo y eso era suficiente para calmar sus nervios. Las cosas no habían sido del todo fáciles desde que estaban juntos. Las relaciones nunca lo eran, los problemas siempre existirían, la cuestión era poder superarlos juntos. Uno de los momentos más difíciles había sucedido un par de meses atrás, cuando tuvo que permanecer fuera del país por casi tres semanas. La distancia había sido horrible y casi s
Lily soltó un gemido cuando los labios de William abandonaron los suyos y se deslizaron a lo largo de su cuello al mismo tiempo que sus manos se arrastraban desde su abdomen hasta sus senos. Le retiró el sujetador y comenzó a jugar con ellos. Él le dio un pellizcó a sus pezones antes de acariciarlos con suavidad.Sus manos se aferraron a las sábanas debajo de ella en un intento por aplacar el intenso placer que estaba sintiendo. Las manos de William se sentían como llamas de fuego acariciándola. William se entretuvo un tiempo en sus senos y luego llevo las manos hasta sus bragas para retirárselos. Ella levantó las caderas para facilitarle las cosas.Ella estaba tendida encima de la cama, completamente desnuda, y él aún permanecía vestido. Se sintió cohibida, pero le gustó la mirada de deseo y admiración que él tenía. Nunca antes se
—Eso no salió tan mal —comentó William.Lily y él llevaban una semana saliendo y esa noche se habían reunido con Noah. El hombre era bastante agradable y lo que era más importante se preocupaba sinceramente por ella. Si no fuera porque lo sabía mejor, habría pensado que eran padre e hija.Lily adoraba darle órdenes al hombre respecto a casi todo. Ella tenía las indicaciones sobre la dieta que él debía llevar después de que había sufrido un ataque de infarto y se aseguraba de que la cumpliera.Noah había rodado los ojos cada vez que Lily le había hecho una pregunta al respecto, pero había visto el brillo de aprecio en sus ojos.—No, si no cuentas la discusión sobre si los Jets son mejor que los Giants. —Lily sonrió divertida.—Todo el mundo sabe que los…—No, por favor otra ve
Lily debería haberse quedado en la cocina, pero había escuchado el cambio de voz de William y no había podido evitar acercarse a averiguar que había cambiado su humor con tanta rapidez. Cuando había estado cerca escuchó la voz de una mujer y trató de contener los celos al pensar que se trataba de alguna de sus amantes.No lo había logrado con demasiado éxito y debido a eso había terminado diciéndole “cariño” y como si fuera poco se había tomado la libertad al acercarse al intercomunicador para deshacerse de la mujer.—¿Estás molesto? —preguntó al ver pasar los segundos sin que William dijera nada.Él solo la observaba en silencio y la comenzaba a hacer sentir nerviosa.—¿Cómo me llamaste?Intentó controlar el sonrojo en su rostro. No esperaba que él se hubiera dado cuenta de
—¿Quieres ir a mi departamento a cenar? —preguntó William en cuanto arrancó su auto. Acababan de dejar a James en su departamento, ya no le desagradaba tanto, pero estaba feliz de no tener que soportarlo más—. Considéralo una pre-cita.Todavía no estaba listo para perder a Lily de vista, el fin de semana había acabado demasiado rápido. Sabía que tenía tiempo, ahora que estaban juntos; pero eso no hacía nada por tranquilizarlo.—No sabía que eso existía —respondió Lily divertida.—Claro que sí, es como un ensayo para la cita a la que pienso llevarte pronto.—Suenas muy seguro de ti mismo. —Ella hizo una pausa antes de hablar otra vez—. No estoy segura, mañana debo de trabajar y mi jefe estará más exigente de lo normal.Había logrado averiguar más sobre el tal







