Se connecterLos huéspedes de la posada estaban felices de la vida por poder asistir al banquete. Algunos, al bajar a cenar, incluso le llevaron pequeños detallitos a Cecilia para felicitarla por tener una madrina.Cuando terminó la cena, la gente no se retiró de inmediato. Todos se quedaron a dar una mano para levantar los platos y limpiar el patio.—¡Muchísimas gracias a todos por el apoyo el día de hoy! —expresó Noelia, conmovida en el alma.—Al contrario, gracias a usted por darnos la oportunidad de probar los platillos de un chef de tres estrellas Michelin.—Así es, coincidir con una celebración tan alegre fue una verdadera fortuna para nosotros.—¡Le deseamos a la princesita Cecilia que crezca con mucha salud y que sea de lo más feliz!—¡Gracias! ¡De verdad, muchas gracias a todos! Que descansen y tengan una bonita noche.Cuando todos volvieron a sus habitaciones, Noelia caminó hacia la pared del patio y miró las últimas piezas que quedaban por guardar: las mesas comunales alargadas. Las ha
—Está bien. Ah, por cierto, invité a Marcos a la cena de hoy, espero que no te moleste —comentó Lorena.—Para nada, no me molesta —respondió Noelia. Al fin y al cabo, Marcos era el papá de Cecilia, además del socio y amigo de Lorena. Era de lo más lógico invitarlo a celebrar un día tan importante.—Perfecto, deja le pregunto si ya viene en camino.—Está bien.***A las seis de la tarde en punto, Marcos llegó a la posada.Hoy venía de lo más elegante: vestía un traje azul oscuro impecable, una camisa perfectamente planchada y corbata a juego. Al verlo cruzar la entrada, Noelia le regaló una sonrisa genuina. Marcos sintió de inmediato que, en este encuentro, la actitud de ella era muchísimo más ligera. Había bajado la guardia por completo.Era más que evidente que Lorena había cumplido su misión al pie de la letra.—¡Papá! —en cuanto la pequeña Cecilia lo vio, salió disparada hacia él.Marcos la cargó de un solo movimiento en sus brazos, le plantó un beso tronado en la mejilla y le pr
Noelia regresó a casa esa misma noche y se sentó a platicar con Cecilia para ver qué pasaba por su cabecita. En realidad, la niña le cayó de maravilla desde el principio. El problema fue que, al malinterpretar su relación con Marcos, se enredó sola y empezó a tratarla con hostilidad.—Mamá, ¿de verdad la tía Lorena no es la nueva novia de papá? —preguntó Cecilia una y otra vez, queriendo asegurarse por completo.—Sí, mi amor, es la verdad —Noelia le acarició el cabello—. Lorena y tu papá solo son compañeros de trabajo y muy buenos amigos. Además, ella ya tiene a su propia pareja.—¡Ay, qué bueno!La pequeña Cecilia respiró aliviada. Por un pelo pensó que esa tía iba a dejar a su mamá fuera de la jugada.—Mi amor, a Lorena le gustas muchísimo y le encantaría ser tu madrina, ¿te gustaría la idea?—Mami, ¿y qué hace una madrina? —preguntó la niña, ladeando la cabeza.Noelia lo pensó por un segundo, buscando la manera más sencilla de explicárselo:—Mira, mi cielo, tú sabes que papá y mamá
—¿Y qué pensaba que era yo? —preguntó Lorena.—Pensé que era la novia del señor Leiva —respondió Noelia con total franqueza.Lorena se encogió de hombros y respondió con naturalidad:—No me interesan los hombres. Incluso alguien tan guapo como Marcos me resulta indiferente. Le juro que, aunque se desnudara frente a mí, no me movería ni un pelo.Un hombre como Marcos, solo con su porte, podría cautivar a cualquiera, y ni hablar de su físico. Que Lorena hablara así dejaba claro que no tenía el más mínimo interés en él.—Señorita Ferreira, siempre he pensado que en este mundo hay de todo y, por lo tanto, muchas formas de amar. Mientras no le hagas daño a nadie, cualquier forma de amar es válida y merece ser respetada —dijo Noelia con mucha delicadeza.En realidad, desde que entró y escuchó a Noelia decir que sus oídos no tenían por qué estar abiertos a cualquier comentario malintencionado, Lorena supo que estaba frente a una mujer fuera de lo común. Pero al escuchar esas palabras de comp
Noelia no tenía idea de por qué Lorena había rechazado la llamada, pero su cara al mensajear la delató: una sonrisa dulce y cómplice, la de quien acaba de obtener justo lo que quería.—Señorita Ferreira, ¿me permite su identificación, por favor? —pidió Noelia, retomando su tono profesional.—Claro que sí, aquí tiene.Lorena le entregó su documento. A la posada ya solo le quedaba una habitación disponible en el segundo piso. Una vez que terminó el registro y se la asignó, Noelia se lo devolvió con amabilidad.—Ya quedó listo, señorita Ferreira. Le pediré a Elsa que la acompañe a subir con su equipaje.Lorena la miró fijamente, manteniendo esa chispa pícara en los ojos:—Señorita Bustos, prefiero que me acompañe usted misma, si no le molesta.Tenía una expresión de lo más risueña y no daba la impresión de querer ponerse difícil. Pero aun si esa fuera su intención, Noelia no tenía más remedio que aceptar la petición de su huésped.—Está bien, yo misma la acompaño —respondió Noelia e inten
Alberto fue en persona a visitarla a su casa y, en teoría, el asunto habría terminado ahí. Sin embargo, debido al arresto de Leticia, su madre, Gabriela, se la pasaba yendo de un lado a otro llorando y haciéndose la víctima. Esto provocó que algunos vecinos, fieles al dicho de pueblo chico, infierno grande, empezaran a murmurar que Noelia era una desalmada.Al enterarse de los chismes, Elsa se puso furiosa:—Esta gente no sirve para nada más que para andar de lengua larga. ¿A qué se refieren con que "no pasó a mayores"? ¿Acaso tenías que morirte ahogada para que lo consideraran grave? ¿Tenías que terminar en terapia intensiva para que les importara? ¡Qué fácil es hablar cuando los toros se ven desde la barrera! Pero si les pasara a ellos, ¡a ver si decían lo mismo!Noelia estaba sentada en la recepción revisando las reservaciones. Al levantar la mirada y ver que Elsa estaba roja de coraje, se levantó de inmediato para calmarla:—Ya, no te hagas mala sangre por eso. Si ni yo misma esto







