로그인Fue por su madre que Nicolás se llevó un golpe de realidad: Noelia no solo era su patrona, sino también la nuera del alcalde Ibarra. Estaba casada y ya tenía una hija.Pero a pesar de saber que lo suyo era un imposible, Nicolás no pudo sacársela de la cabeza en todos estos años. Cada vez que hablaba con su madre, preguntaba por ella como quien no quiere la cosa, hasta que un día recibió la noticia de que Noelia se había divorciado. Sin pensarlo dos veces, movió cielo y tierra para pedir su traslado desde Lucana —donde apenas empezaba a echar raíces— de vuelta a Montelargo, con el único fin de estar cerca de ella.—Noelia, ya no quiero que me veas como a un hermano. Lo que busco es un lugar a tu lado, pero como el hombre que soy. Quiero que me veas de verdad —dijo Nicolás, con la voz cargada de emoción. De repente, la rodeó con sus brazos y le confesó su amor con toda la valentía que pudo juntar—. Te amo, Noelia. Desde el día en que me salvaste, mi vida y mi corazón te pertenecen. Dam
El agarre de Nicolás era firme, una fuerza de la que Noelia no podía zafarse, pero a la vez la sujetaba con una delicadeza que confundía. En ese rincón de la cocina, el tiempo pareció detenerse por completo.—Tú...—Te diste cuenta, ¿verdad? —La voz de Nicolás era apenas un susurro, pero cada sílaba cargaba un peso que retumbaba en el silencio.Noelia parpadeó, sintiendo un nudo en la garganta, y apretó los labios. Quiso negarlo, fingir que no tenía idea de lo que hablaba, pero ante esa mirada tan de frente y tan honesta, cualquier mentira se le moría en la boca.—Nicolás...—Noelia, me gustas. No, es mucho más que eso... te amo —él apretó su muñeca con un poco más de fuerza, como si tuviera miedo de que ella se desvaneciera, y se inclinó hacia ella acortando la distancia. La miró con una seriedad profunda, una que ella jamás le había conocido. —Desde hace mucho. Desde el mismísimo día en que entraste a ese hospital y me salvaste la vida. Desde entonces me enamoré de ti.Al tocar es
—Noelia, te vi de aquí para allá toda la noche y ni tiempo tuviste de probar bocado. Menos mal que todavía quedaba algo en la cocina y te preparé un tazón de fideos. Venga, cómelo ahorita que está bien caliente.Nicolás puso el tazón frente a ella. Era un tazón de sopa con un caldo clarito que soltaba un vaporcito delicioso. Encima llevaba un huevo frito bien dorado, con sus verduritas y fideos al dente. El puro olor ya le había abierto el apetito por completo.—Ay, Nicolás, qué pena contigo, te tomaste mucha molestia —dijo Noelia, sintiéndose algo apenada por la atención.Con razón no lo había visto mientras terminaba de recoger el patio. El muchacho se había metido a la cocina para prepararle algo de cenar.—No es nada, de veras —Nicolás sonrió y acercó una silla para sentarse frente a ella con naturalidad—. Come ya, que si se enfría no sabe igual.Noelia tenía tanta hambre que se dejó de rodeos. Tomó el tenedor, levantó una buena porción de fideos, les sopló un poquito y empezó a c
Noelia se quedó de piedra ante su cercanía. Bajó la vista hacia esas manos que apenas unos minutos antes tocaban una melodía tan suave y que ahora, sin que pudiera evitarlo, le ponían el corazón a mil. ¿Qué era lo que él buscaba con todo esto?Al terminar de aplicarle la pomada, Marcos le soltó la muñeca con cuidado, cerró el tubo y se lo puso en la otra mano.—Te pones otro poco antes de irte a dormir —le dijo en tono bajo, casi un mandato.Noelia apenas pudo asentir: —Gracias.—De nada.Marcos volteó a ver a Nicolás. Su mirada era gélida, no era una agresión directa, pero tenía esa distancia cortante que marcaba territorio de forma clara, como diciéndole: "Aquí tú ya no pintas nada." Nicolás se quedó mudo ante la interrupción. Entendió el mensaje a la perfección, pero se mantuvo firme en su lugar. La tensión en el aire se podía cortar con un cuchillo.—¡Noelia! ¿Dónde dejaste las especias para el asado? —gritó Elsa desde el patio, rompiendo el hechizo.—¡Ya voy, yo las llevo! —No
—Aguanta tantito, hay que dejarlo bajo el chorro un buen rato o te va a salir una ampolla —Nicolás se veía incluso más nervioso que ella mientras le revisaba el dedo—. Menos mal que nada más fue un rozón. Ahora te pones pomada para las quemaduras y vas a ver que no pasa a mayores.—Gracias, de verdad... ya estoy bien —respondió Noelia, retirando la mano con suavidad.Todo había pasado en un abrir y cerrar de ojos, pero al ver lo atento que él estaba siendo, sintió un hueco extraño en el estómago. De pronto, las palabras de Marcos le retumbaron en la cabeza: "Para ti es un hermano, pero él no te ve como una hermana." "¿A poco no te das cuenta de que le gustas?" En su momento, Noelia pensó que Marcos estaba exagerando por puros celos, pero justo ahora, el interés de Nicolás se sentía demasiado real. ¿Sería posible? ¿No que le gustaba alguien más?***Marcos no se perdió ni un detalle: desde el gesto de dolor de Noelia hasta la forma en que Nicolás la tomó de la muñeca para llevársela
—¡Eso! —soltaron todos, muertos de la emoción.Elsa, que siempre estaba en todo, fue volando a la recepción por un banco alto y luego buscó en la bodega un pedestal para el micrófono que un cliente había dejado olvidado. Marcos se acomodó la guitarra, se sentó y soltó un par de acordes para tantear el sonido. Sus dedos largos se deslizaban por las cuerdas con una soltura natural, dejando que las notas fluyeran. Poco a poco, el relajo de la gente se fue apagando hasta que no se escuchó ni un alma.Todos estaban picados de la curiosidad, esperando el primer verso.En cuanto vibró el primer acorde, Noelia sintió que el mundo se detenía. La melodía no era nada rebuscada. Tenía ese aire relajado y nostálgico del blues, con un ritmo pausado, como el agua de un río que corre en silencio bajo la noche.—No me sale nada que decir, cuando todo se apaga, y cae el sol. Y sigo aquí, desvelado... porque te quedaste con mi corazón.Empezó a cantar y su voz... era otra cosa. Se escuchaba mucho más
Marcos miró a Noelia. Ella hizo como si no se diera cuenta y ayudó a Julieta.—Ya basta, subamos a descansar.***Noelia dejó a Julieta en la habitación. Preparó regalos para Sara y las demás compañeras, para agradecerles por cuidar a su hermana. Después bajó.Marcos la esperaba en el auto. Cuando s
Después de la cirugía, Julieta se quedó hospitalizada una semana. En esos días, Noelia iba y venía del club al hospital; después de cada clase se iba corriendo a cuidar a la hermana. Marcos también iba casi todos los días; cuando no podía, mandaba a Tomás para que ayudara.Julieta debía comer alimen
—Esta noche, gracias.—¿Gracias por qué?Noelia miró por la ventana y luego bajó la vista hacia sus zapatos.—Por todo.Marcos pareció no darle importancia.Los dos se quedaron en silencio. De repente, el teléfono de Noelia sonó. Miró la pantalla: era Pablo.Después de lo que pasó esa noche, con Est
—Él tampoco es…Noelia quería aclarar que Marcos tampoco era su novio, pero antes de terminar la frase, Marcos ya le había quitado la receta de la mano.Ni siquiera la miró. Bastó un vistazo a la letra del papel para darse la vuelta e irse a la farmacia que estaba junto a la clínica.Cuando Noelia l







