Se connecterNoelia lo barrió con la mirada.Hoy Nicolás venía vestido mucho más acorde con el trabajo de obra. Traía unos pantalones cargo gris oscuro y una chamarra polar del mismo tono. Cargaba además una mochila de herramientas bastante pesada, de la que asomaban una cinta métrica, un nivel láser, una linterna potente y varios muestrarios de materiales.Ya en la bodega, Noelia se puso manos a la obra y empezó a ayudarlo a medir el grosor de los muros mientras calculaban la altura de la barra.—Si nos apegamos al plano, el área de trabajo va a quedar muy apretada —comentó ella—. Va a ser una lata estar agachándose para agarrar las cosas.Nicolás revisó los planos una vez más, observó el espacio en silencio y sacó un trozo de tiza roja para marcar unos puntos en el suelo.—Vamos a ajustarlo aquí mismo, entonces. Párate de este lado para ver cómo lo sientes.—Está bien.Noelia se colocó donde él le indicó. Nicolás, con la cinta métrica en mano, se arrodilló para volver a checar la distancia entre
Nicolás ya estaba al tanto de que Marcos era quien había puesto la plata para la bodega, y tampoco era ajeno al pleito legal por la custodia de la niña. Aunque no sabía a ciencia cierta qué era lo que había pasado entre ellos, no pudo evitar sentir un ligero alivio al escuchar a Noelia admitir que ya no estaban juntos. No es que fuera una mala persona... él solo quería que ella fuera feliz, aunque no fuera a su lado. Pero en ese instante, sintió que esa esperanza que llevaba guardada bajo llave por tantos años finalmente recibía un rayo de luz.Nicolás llevaba cinco años enamorado de Noelia en secreto. Su mayor pesar era que, cuando sus ojos se fijaron en ella, Noelia ya estaba casada. Por eso, durante todo ese tiempo se guardó lo que sentía en lo más profundo, respetando siempre la distancia. Su amor era como una planta que crece en la sombra: echando raíces fuertes, pero sin esperanza de florecer algún día.Después se enteró por su madre de que ella se había divorciado. Sus áni
Noelia recordaba que, tiempo atrás, Nicolás le había comentado que le gustaba una chava que vivía en Lucana.—¡Ay, qué mala onda! Todos los guapos ya están apartados. ¿Cuándo me va a tocar a mí? —se quejó Elsa haciendo un puchero.Noelia le dio un apretoncito en el hombro para darle ánimos:—No desesperes, ya verás que muy pronto te llega el indicado.—Ojalá, porque ya me urge un romance de esos bonitos, como de película.Mientras platicaban, Nicolás terminó de acomodar sus cosas y bajó a la recepción.—Listo, Noelia, ya quedó.—Vámonos, pues.Noelia manejó hasta un lugarcito de comida casera en el pueblo. Al caer la tarde, los letreros de los negocios empezaban a encender sus luces cálidas. El olorcito a leña y especias se sentía en el aire, dándole a todo ese encanto especial de los atardeceres de pueblo.Nicolás parecía estar disfrutando el momento y aprovechó para tomar varias fotos de la calle con su celular. Noelia sonrió al verlo tan distraído:—¿Hacía mucho que no te dabas un
La reunión de la tarde se fue volando. Duró poco más de una hora. Como Noelia y Nicolás se conocían de tiempo atrás, la comunicación fluyó de maravilla. No hubo rodeos: fueron directo al grano con lo que el proyecto necesitaba. Al terminar, Noelia llevó a Nicolás y a su equipo a la bodega para la inspección técnica.En ese momento, la construcción era apenas el cascarón de las paredes exteriores. Por dentro, todo estaba en obra negra y hecho un desastre. Una vez ahí, Nicolás sacó su cinta métrica y los planos, y empezó a tomar las medidas de los puntos clave.—Nicolás, fíjate aquí. ¿Crees que podamos tirar este muro para poner una barra abierta? —preguntó Noelia, señalando una pared al fondo del salón.Nicolás rodeó la estructura un par de veces. Golpeó suavemente con los nudillos en varios puntos, escuchando con atención el eco de los golpes. Luego, sacó de su maletín un medidor láser y un nivel para checar bien la relación entre la pared y el techo.—Esta es una estructura mixta,
Qué increíble. Resulta que después de habérsele colgado del cuello y de haberlo besado en el baño, ahora no se acordaba de absolutamente nada. Solo él se había quedado con ese recuerdo dándole vueltas en la cabeza.—Anoche, antes de acostarse, Cecilia dijo que quería dormir con su mamá, así que las acomodé aquí para que estuvieran juntas —soltó Marcos con total naturalidad.Cecilia se quedó pensando, confundida. ¿Otra vez era su culpa? ¿De verdad ella había dicho eso? Estaba casi segura de que no. Anoche estaba tan cansada que cayó redonda en cuanto tocó la cama, sin decir ni una palabra. Pero, por otro lado, le encantaba la idea de dormir con su mami. ¡Vaya que su papá la conocía bien!Noelia se bajó de la cama y, en ese momento, se dio cuenta de que ya no traía puesto el vestido, sino su pijama.—Yo...—Tú misma te cambiaste —la interrumpió Marcos, sin pestañear.En realidad, había sido él quien le había puesto la pijama, pero como ella tenía la mente en blanco, no tenía caso menci
La noche transcurría en un silencio absoluto.Al principio, Marcos pensó en acomodarla en la cama matrimonial, pero al ver que todavía tenía el cabello empapado, prefirió llevarla al sofá para evitar que se resfriara. Con tal de no despertar a Cecilia, cerró la puerta de la habitación con sigilo y se dispuso a secarle el cabello.Se notaba que el alcohol le había pegado fuerte, porque Noelia ni siquiera se inmutó con el ruido de la secadora.Estaba totalmente rendida. Su rostro, ahora sin una gota de maquillaje y completamente vulnerable, reposaba sobre el regazo de Marcos, mientras su melena se esparcía sobre los pantalones de vestir de él. Los dedos de Marcos se deslizaban entre los mechones suaves, sintiendo una confusión que le oprimía el pecho.¿De verdad la odiaba tanto como se decía a sí mismo? Al ver el rastro de las lágrimas en sus mejillas, ese rencor que lo había consumido por años parecía estarse evaporando con el calor del aire, volviéndose algo borroso. Pero perdonar n
Marcos miró a Noelia. Ella hizo como si no se diera cuenta y ayudó a Julieta.—Ya basta, subamos a descansar.***Noelia dejó a Julieta en la habitación. Preparó regalos para Sara y las demás compañeras, para agradecerles por cuidar a su hermana. Después bajó.Marcos la esperaba en el auto. Cuando s
Después de la cirugía, Julieta se quedó hospitalizada una semana. En esos días, Noelia iba y venía del club al hospital; después de cada clase se iba corriendo a cuidar a la hermana. Marcos también iba casi todos los días; cuando no podía, mandaba a Tomás para que ayudara.Julieta debía comer alimen
Noelia se dio una vuelta por la planta baja del hospital. Cuando regresó, Rodrigo ya se había ido.—Julieta, ¿qué hay entre tú y el profesor Lozano?Preguntó, curiosa.—Me gusta. Pero yo a él no.—¿No le gustas?A Noelia no le pareció eso. La forma en que Rodrigo había mirado a Julieta parecía escon
La sala estaba a oscuras; solo había una lámpara de pie prendida en la esquina. Marcos estaba sentado en el sofá. Con esa poca luz, aunque se le veía la cara seria, en los ojos se le notaba que estaba aguantándose la rabia.—Al final, ¿eres entrenadora de golf o de cartas? —preguntó, con un tono car







