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Capítulo 13

Autor: DiegoAlmary
last update Fecha de publicación: 2021-09-24 23:29:29

Melissa, la doctora, le había dado como mínimo un día de incapacidad, sin el colegio ni el hospital, así que cuando Axel llegó por él en la mañana y lo llevó a casa, se quedó la mitad del día terminando de leer un libro que tenía en proceso, arrumado en la ex cama de Tomás y con las sabanas hasta el cuello. Su tía entraba de vez en cuando para asegurarse que estuviera bien, pero no mencionaba palabra alguna del acontecimiento del día anterior, ni él tampoco hizo animo de mencionar nada, porque quien tenía que darle muchas explicaciones era Axel, y estaba esperando ansioso la tarde para escurrirle cada dato, pero por el momento estaba a punto de llorar mientras leía que uno de los protagonistas, el leñador barbado y musculoso, agonizaba en los brazos del otro hombre que se despedía entre sollozos, y estaba a punto de sonarse los mocos cuando llegó un mensaje de Camila.

—¿Cómo diablos hiciste eso? — el mensaje le inquietó, así que salió del P*F y entró al chat, donde vio que la muchacha le había mandado un link de F******k, al picarle, lo guio directamente al perfil de un muchacho de cabello negro y gafas, en el que había posteado un video. Al reconocer la escena, Gabriel cayó sentado en la cama por segunda vez en el día. Inició el video y observó con entumecimiento como una cámara de seguridad grababa el momento en que él peleaba con el hombre, como le mordía el dedo y le lanzaba una patada a la mano con una impecable técnica que parecía sacada de un película de karate kid. Para alguien del común, eso parecía una película, una en la vida real y en el parque de su propio pueblo, por eso tenía casi mil reacciones y contando. Regresó el chat de Camila que le había mandado un millón de emojis para llamar su atención.

—Sé hacer algunas cosas — le escribió junto con la cara de un diablo sonriendo. La muchacha contestó al instante:

—¿Me enseñarías a patear así? —la frase venía acompañada de una cara con los ojos llorosos y a Gabriel le dio risa.

—¿Ya pensaste en qué pagarás tus horas de labor social para poder graduarte? —

—No tengo idea —contestó con una cara de terror —me imagino que a ti te sirven las mismas horas del hospital —Gabriel negó con la cabeza, como si ella pudiera verlo.

—No, tengo que hacer dos labores sociales. ¿te gustaría hacerla conmigo?

—Por supuesto que claro que si —muchos corazones rojos y caras con corazones —termino de almorzar y voy a tu casa para que me cuentes qué planes tienes.

—Ok —contestó y se puso de pie. Tenía una gran idea

Se miró en el espejo antes de salir y comprobó que la venda se le había bajado un poco y le tapaba la mitad de las cejas, así que la subió. En el hospital le dijeron que apenas se podía quitar la venda al día siguiente, pero le molestaba y parecía una momia. Tenía el arrebato de quitarse todo el enredo que lo hacía parecer a Piedad Córdova cuando su teléfono comenzó a sonar. Al mirar la pantalla le temblaron las rodillas, era Alexander, su hermano. Deslizó el botón y contestó.

—Hola —le tembló la voz. Después de que todo se fuera a la m****a y saliera del closet nunca había tenido la oportunidad de hablar a solas con él, no sabía su opinión, si le guardaba rencor por todas las mentiras y la distancia, no sabía qué tendría por decirle y su opinión le importaba mucho como para no ponerse nervioso.

—Hermanito —la voz calmada y amorosa con que lo saludó le devolvió parte del alma —¿Cómo estás? Mi tía le contó a mamá que tuviste un accidente, ¿estás bien?

—Si, estoy bien, me golpearon…es que

—Lo sé —la voz de su hermano se volvió más seria de lo normal —sé qué pasó y también sé que pasa allá en Florencia —Gabriel se aguantó las ganas de reprocharle por qué nunca le había contado, luego se recordó que era por su culpa.

—¿Por qué me enviaron aquí? —le preguntó, con un tono de interrogante desesperación, si con alguien sentía que podía ser sincero era con su hermano —yo no quiero estar aquí.

—Lo sé, Gabri, pero tú mismo escuchaste a la jueza, era allá donde tenías familia, o en otro pueblo mucho más lejos de nosotros.

—Aquí hay gente mala, y… —comenzó a alterarse —hay un narcotraficante y es peligroso y…

—Calmate, Gabriel —la voz de Alexander era tranquila, cosa que lo calmó un poco, pero solo un poco —Franco no es un narcotraficante grande, no tiene mucha gente y sí, es peligroso, pero no le conviene meterse contigo.

— Franco…—susurró más bien para sí mismo —¿Por qué no le conviene?

—Porque las autoridades van a estar muy pendientes de ti, el fiscal y la jueza, y él aun está en el anonimato, y sé que preferirá seguir así. Por el momento no te metas en problemas como el primer día y te prometo que estarás bien.

—Axel te contó —le dijo, mas como afirmación que como pregunta.

—Claro que lo hizo, él me ha informado de todo, no quería llamarte directamente a ti por que pensé que querías unos días para pensar y…

—Ni siquiera ha pasado una semana y ya te extraño —le soltó, y su hermano, al otro lado de la línea, guardó silencio por un momento.

—Yo también te extraño, enano —su voz estaba cargada de emoción y Gabriel sintió que se le deshacía el nudo el estómago, sintió que ese vació que él había creado comenzaba a desvanecerse —intenté convencer a la jueza de que tu psicóloga fuera Luisa —continuó haciendo mención a su novia. Gabriel no había querido pensar mucho en eso, la jueza le ordenó que una vez a la semana tuviera terapia con un psicólogo que lo evaluaría, la idea de que fuera su cuñada, esa muchacha amable que siempre tenía algo lindo por decir, le alegraba.

—¿Qué te dijo? —preguntó ansioso.

—Que no, que estaba demasiado implicada en el caso de manera personal y que no sería imparcial y esas cosas —casi deja caer al suelo el teléfono de la desilusión —pero —Alexander rio al otro lado de la línea —saqué todos los dotes persuasivos de los Avendaño y logré convencerla —Gabriel ahogó un grito de alegría, luego le entró una extraña sensación de pesar.

—Hubieras sido un gran abogado —le dijo. Recordando que su hermano había tenido que abandonar la carrera al tercer semestre por falta de dinero para pagar la matricula.

—Lo seré —contestó él con una voz animada —aún estoy joven , no digas nada al respecto, y sé que lo lograré.

—Gracias —le comentó Gabriel —oye, ¿ella te contará lo que hablemos? —su hermano suspiró al otro lado de la línea.

—Claro que lo hará, después de cada sesión chismearemos hasta el amanecer —ambos rieron —es la persona más profesional que conozco, puedes confiar en ella.

—Gracias.

—Mira, la próxima semana tendré descanso y no sé si te gustaría que fuéramos a visitarlos, podríamos hablar con más calma, y ella haría tu primer sesión presencial, ya que las demás tendrán que ser de manera virtual.

—Claro que me gustaría, es más, me encantaría, y sé que a la tía y a Axel también.

—Y a Tomás.

—Y a tomás —se formó un silencio que rompió el mayor.

—Entonces nos vemos, Gabriel. Recuerda que te amo mucho —Gabriel sintió que se le humedecieron los ojos.

—Yo también te amo mucho, grandote.

Camila había llegado media hora después, se habían reunido en la tienda, casi en la calle, ya que a Gabriel de daba vergüenza invitar a Camila adentro de la casa de su tía. Cuando llegó, lo primero que hizo fue agacharle la cabeza a Gabriel y mirarle la herida, tocarla y sacarle una foto.

—¿Por qué te quitaste las vendas? —le preguntó y Gabriel se encogió de hombros.

—Estoy acostumbrado a las heridas —su tía había estado un rato con ellos, hablando de las cosas vergonzosas que hacía Gabriel de pequeño y riendo al ver lo rojo que se ponía, también le dijeron que se veía lindo así, cosa que lo hizo ponerse más rojo. Cuando llegó Irán su tía los dejó, y Gabriel aprovechó para tocar el tema de conversación. Se acercó con Camila junto al mostrador, donde Irán estaba atendiendo a una señora que llevaba un paquete de lentejas.

—Ahora que estamos los tres quiero proponerles algo —dijo Gabriel después de que la señora saliera de la tienda —tu —le apuntó a Irán, que levantó las manos en el aire como si le apuntara con un arma —aunque estes en decimo grado y te falte aún un año puedes hacer tu labor social desde ya, ¿Qué tal se la hacemos juntos? —Camila e Irán se miraron con fastidio.

—Ella es chismosa y gritona —dijo él.

—pues él es un inmaduro —se apresuró a contraatacar ella y Gabriel volcó los ojos.

—No puede ser —dijo —¿no creen que podríamos hacer un buen equipo? —Camila se cruzó de manos.

—¿Por qué tienes que hacer dos labores sociales? ¿no te basta con la del hospital? —Gabriel negó.

—Samuel dice que no, la del hospital es una y el servicio social del estudiantado es otra.

—Bueno —Irán levantó la voy y hablo como Sherlock Holmes —¿Podrías ilustrarnos acerca de lo que haríamos? —Camila lo miró raro y Gabriel abrió las manos, hizo un silencio dramático y luego soltó como si revelara el secreto más grande del mundo.

—Enseñaremos defensa personal —tenía una cara de animo que se desinflo cuando Camila e Irán se soltaron a reír al mismo tiempo.

—Sabia que eras gracioso —dijo el muchacho pequeño mientras recuperaba el aliento. Gabriel se sintió mal, lo había pensado por varias horas, e incluso había hecho un cronograma mental, había pensado en los objetivos, en las rutinas, en qué enseñaría, pensó que había logrado encontrar el significado que Axel le aconsejaba que hiciera, y estuvo casi seguro que a ellos les agradaría la idea.

—Bien — dio media vuelta —lo haré solo entonces —las risas se cortaron y antes de que Gabriel llegara hasta el primer escalón Camila lo llamó, se detuvo y dio la vuelta, los dos tenían una expresión seria.

—¿Hablas enserio? —Camila tenía las mejillas rojas, y negó un par de veces mientras hablaba —no creo que sea buena idea, tal vez a…el señor franco no le guste.

—¿Y él que tiene que ver en esto?  —preguntó y ellos no respondieron —¿acaso él controla cada aspecto de sus vidas? —según lo que tengo entendido él ni se aparece por el pueblo.

—Pero sus matones siguen ahí —Irán había salido de detrás del mostrador y se plantaba frente a él —don Franco no se aparece nunca, pero sus hombres son hacen lo que les da la gana, tal vez no les guste que las personas sepan defenderse.

—Pues muy de malas por ellos —Camila abrió los ojos —solo enseñaremos algunas llaves, como… por si te van a robar, o enseñarles a las mujeres qué hacer si las van a violar.

—Eso último si me suena —dijo Camila —tal vez no sea tan mala idea —Irán la miró como si se la fuera a comer de un grito, así que ella le mostró el dedo medio —podríamos mesclar aeróbicos, charlas motivacionales y esas cosas, tal vez así no parecería tanto que estamos formando un ejército.

—Pero no estamos formando un ejercito —se acercó a ella y posó una mano en su hombro —por ahora.

—Bueno —les interrumpió Irán —en el caso hipotético que yo les ayude, por que la verdad a mi aún me queda un año, ¿qué haría yo? Gabriel enseña a pelear…

—Es defensa personal —le interrumpió, pero el muchacho lo ignoró.

—Camila sus cosas de hippies…¿y yo? —Gabriel miró a Camila en busca de ayuda y ella se encogió de hombros.

—Tal vez — dijo —Hagamos viernes de películas, ¿tienes un proyector no? —la cara de Irán se transformó, se lanzó corriendo al suelo y se deslizó un par de metros sobre sus rodillas, luego gritó:

—Mi momento ha llegado —Gabriel le susurró disimuladamente a Camila:

—¿Esto es normal? —ella asintió —mira —le dijo ahora a Irán que seguía en la misma posición —ven aquí —el chico se puso de pie y caminó hasta quedarse frente a ellos.

—Lo haré, pero yo escojo las películas —Camila lanzó un bufido.

—Pero podemos comenzar con After, ¿cierto, Gabriel? —el aludido ladeó la cabeza.

—¿Que rayos es After?

—Nada de eso niñita w*****d, lo que haremos es deleitar a los florentinos con todo el U.C.M. ¿cierto, Gabriel?

—¿Qué rayos es el U.C.M? —Irán lo miró como si tratara de explicarle la teoría de cuerdas a un niño, y Gabriel se cruzó de brazos.

—Es el universo cinematográfico de Marvel —citó cada una de las palabras con un gesto de la mano, como si cortara un tomate invisible con un cuchillo. Gabriel asintió.

—¿Es de las pelis del Capitán América? —preguntó e Israel asintió con una mueca de alegría poco contenida —el que tiene un traseraso —Gabriel hizo como que agarraba las redondeadas nalgas del hombre con las manos abiertas, y la sonrisa de Israel se borró —sí, es una gran idea.

—No es justo —reprochó Camila —yo quiero romance.

—Dos son más que una —le escupió con inmadurez Israel, como cuando un niño le dice a otro que su mama es la más bonita.

—Pes no —reprochó ella señalando al chico —tu eres un friki —luego señaló a Gabriel —y tu un pervertido, así que no tienen las facultades mentales para tomar esa decisión —ambos jóvenes se quedaron peleando un rato y defendiendo sus respectivo géneros, y Gabriel se quedó ahí mirándolos, divertido, y de repente le entró una sensación de nostalgia. Los miró a ambos, a su carácter y se sintió en paz, tranquilo. Jamás había tenido amigos, y sentía que aquellos dos podrían convertirse en personas importantes en su vida.

—Oigan —les interrumpió y ellos lo miraron —quiero…quiero contarles quien soy, qué soy realmente y porqué estoy aquí —ambos se quedaron mirándolo con una expresión seria y Gabriel se sintió aun más seguro. Les contaría todo y de ellos dependería elegir si querían su amistad —¿por donde empezar? —Camila se acercó y lo tomó de la mano.

—pues por el principio, mi rey.

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