Início / LGBTQ+ / Serendipia / Capítulo 14

Compartilhar

Capítulo 14

Autor: DiegoAlmary
last update Data de publicação: 2021-09-24 23:31:16

Se había sentido bien consigo mismo, compartir sus cosas con personas que no fueran de su familia era algo que no le había llamado la atención en el pasado, le hacía sentirse vulnerable y desconfiado, pero quería cambiar, romper esa pared que impedía que sus sentimientos salieran a la luz, y aunque le contó a Irán y a Camila con lujo de detalle todo los acontecimientos que lo habían llevado hasta ese lugar y ese momento, no fue capaz de expresar como lo hacía sentir todo eso, solo se limitó a contar los acontecimientos como si solo hubiera sido un espectador de su propia vida, y agradeció que ninguno de los dos le preguntara directamente por como sentía. Ambos se quedaron callados después de que Gabriel diera la última palabra y se quedara esperando a que alguno rompiera el silencio.

—Entonces —habló Irán después de un rato en que los tres se habían quedado viendo el atardecer —¿qué hiciste con todo el dinero? —Camila le soltó un puñetazo en el antebrazo.

—¿Qué te pasa niñito? —le reprochó —¿él acaba de contarnos toda su historia y es lo primero que dices? —el muchacho se encogió de hombros mientras Gabriel reía.

—Pues es lo primero que me importa, porque, si es verdad lo que nos contaste —sacudió a Gabriel por los hombros —eres millonario.

—Claro que no —Gabriel se soltó de las manos de Irán y se recostó contra la pared —el setenta porciento de lo que ganaba se lo quedaba Brahian, el jefe. A demás nunca lo hice por el dinero, por eso lo ahorraba en una cuenta.

—¿Bueno, entonces cuanto te quedó? —preguntó Camila notablemente interesada, y al ver las miradas de los chicos levantó las manos —solo es curiosidad.

—Cuando todo salió a la luz yo tenía unas tres cuentas bancarias donde guardaba todo el dinero, la jueza congeló una, la que menos tenía, pero el hermano de la novia de mi hermano logró trasferir los fondo de las otras dos cuentas a otra antes que la jueza las confiscara.

—¿Es un hacker? —preguntó Irán emocionado y Gabriel negó.

—Es abogado, fue el abogado que llevó mi caso —

—Ajá —Irán se encogió de hombros —¿tenemos una amigo rico?

—Tengo unos cien mil dólares.

—¡¿Cien mil?! —gritaron ambos al mismo tiempo y Gabriel les hizo señas para que se callaran. Irán corrió hasta la tienda, ya que estaban sentados en la acera, y llegó con una calculadora grande y antigua tecleó por unos segundos y abrió los ojos mirando a Gabriel.

—Son como trecientos ochenta millones de pesos —habló como un susurro, como si toda la gente del pueblo pudiera escucharlo —¿tan lucrativo era el negocito? —Gabriel meneó la cabeza.

—No para todos, pero cuando yo peleaba las apuestas se disparaban.

—¿Por qué? —Camila se acercó más.

—Es por mi forma de pelear, visualmente es más entretenida y eficaz, es como las escenas de una película de acción.

—Entiendo —dijo Irán —en las películas es una coreografía, pero en la vida real no es tan llamativo —Gabriel asintió.

—Brahian es un cobarde y ladrón, pero es un genio, sabía como llamar la atención y encontró a un títere que sabía bailar — Camila negó con vehemencia.

—Ganabas las peleas, así que no te quites méritos —se acercó aun más —¿algún día podremos verte pelear? —Gabriel los miró a ambos con una sonrisa triste en los labios. Esperaba jamás tener que volver a pelear, le traía sinsabores y recuerdos que quería dejar en el pasado.

—Espero que no.

La telenovela que veía su tía se había puesto interesante, era la típica trama mexicana enredada y con villanas malvadas, pero no podía negar que el protagonista, trigueño y de pectorales bien marcados, estaba más bueno que el pan de cada día. Observó como la protagonista lo besaba y deseó saber que se sentiría besar esos labios gruesos y rojos. Se lamió los labios disimuladamente, ¿hacía cuanto no daba un beso? En Medellín, salía casi todos los fines de semana a alguna discoteca y se refugiaba en algún baño sucio y estrecho, con algún desconocido que apareciera por ahí, pero no los besaba, a ninguno, él solo buscaba un desfogue rápido y ya. ¿Qué habría sentido si Maoy lo hubiera besado, con esos carnosos labios rojos?

Su tía suspiró, la telenovela terminó y dio paso al minuto de dios. Años, se dijo como respuesta, hacía años que no besaba a alguien, ya ni siquiera podía recordar qué se sentía, mucho menos si alguien lo había besado con deseo, o amor.

La puerta de la calle se abrió, y Gabriel escuchó los pasos de su primo subir, y cuando su melena rubia apareció por la escalera, le desvió la mirada al instante. Miró la hora, y, como lo sospechaba, el toque de queda ya había pasado hacía mucho. El pequeño Tomás, que jugaba con un pequeño carro en silencio se lanzó a los brazos de su padre, que lo recibió con múltiples besos por toda la cara. Axel lo soltó y caminó hasta la cocina, donde se sentó en la mesa. Gabriel se puso de pie y se recostó en el marco de la puerta que separaba la sala de la cocina.

—La ensalada tiene tomate —le dijo su madre y Axel lanzó una mueca de estío. Cuando ella puso el plato de comida frente a él, Gabriel vio que el plato estaba lleno de ensalada con tomate. Amelia se alisó el vestido, y sonrió a punto de empezar una animada conversación, pero el ver el rostro de los dos hombres se cruzó de brazos, luego sacó el delantal por encima de su cabeza y los regañó antes de salir:

—Arreglen esto, que si vuelvo a ver esas caras cuando salgan de aquí, los mando a dormir con el perro —salió tomando de la mano a su pequeño nieto que entraba alegre a la cocina, y cuando pasó por el lado de Gabriel lo empujó hacia adentro.

—¿Tienen perro? — preguntó Gabriel al aire, y su primo se encogió de hombros. Se quedó parado un momento y luego se sentó en la silla frente él. Su primo sostenía la carne con la mano y trataba de arrancarle un pedazo mientras miraba al infinito. Gabriel lo vio estresado, lo que había pasado la noche anterior no se podía tomar a la ligera, y tampoco quería ser el saco de boxeo donde su primo de se desquitara, así que decidió romper la tensión primero.

—¿Maoy es gay? — preguntó y Axel dejó caer la carne al plato.

—¿Qué? —la cara de confusión de su primo le causó una infinita gracia —¿ por qué preguntas eso?

—Esta mañana fue a verme a la habitación, y me estuvo coqueteando —Axel negó.

—No lo creo, tal vez solo fue amable, es raro te lo dije.

—¿Dudas de mi palabra? —el rubio se quedó mudo y dejó de masticar —sé exactamente cuando alguien me coquetea, además intentó besarme —su primo se recostó en la silla.

—Él se ha caracterizado por ser un perro en el pueblo —acompañó sus palabras con un movimiento de tenedor —tiene a la mujer que quiere a la hora que quiere, nunca he visto nada sospechoso.

—Tal vez sea bisexual —Gabriel levantó los hombros —o tal vez quiere experimentar. ¿acaso a tu nunca has pensado en experimentar? —preguntó más bien retóricamente, pero su primo asintió con la cabaza —¿sí? —preguntó con los ojos bien abiertos.

—Una vez, en unas fiestas en Berlín —hizo mención de un pueblo cercano —dejé que un chico me hiciera sexo oral —la cara de Gabriel se puso muy roja —incluso lo besé.

—Por favor, dime que fue antes —Axel asintió.

—No estuvo mal —dijo mientras apartaba un trozo de tomate —incluso mejor que muchas del pueblo, pero no creo volver a repetirlo —Gabriel asintió, conocía a michos hombre de ese estilo.

—¿Te has acostado con muchas mujeres del pueblo? —Axel meneó la cabeza.

—Antes de que naciera Tomás, sí. Muchas, luego ya no.

—¿O sea que desde que nació tomás no has tenido sexo? —el mayor negó con vehemencia.

—Hay cosas más importantes en que pensar.

—Pero igual debes pensar en ti, no te puedes quedar esperando a Melissa —su primo le apuntó con el cubierto y Gabriel levantó las manos —eres, a mi parecer, el hombre más atractivo del pueblo, tienes que aprovechar antes de que la vejez derribe tus pectorales —desvió con la punta del dedo el tenedor que seguía apuntando a su pecho —nos desviamos del tema, el punto es que, si tu experimentaste, Maoy también quiera.

—¿Por qué te interesa tanto? —su primo volvió la vista al plato y Gabriel no supo contestar —¿te gusta?

—Claro que me gusta, el tipo está… uf

—Ni lo digas.

—Me gusta —continuó Gabriel —pero solo por su atractivo, además hay algo en él que me genera, una sensación de miedo o algo así.

—¿Un fetiche? —su primo parecía burlón, y Gabriel negó.

—Él es de aquí, ¿cierto? —Axel asintió con la boca llena —cuéntame de él, de su vida —tubo que esperar que el hombre terminara de comer.

—Vivía con su abuela —comenzó a contar Axel —no éramos muy cercanos, pero jugábamos a veces. Tenía dieciocho cuando ella murió, y él se fue para Manizales con una tía, lo último que supe de él era que estaba estudiando para policía.

—¿Policía? —preguntó Gabriel y su primo asintió, apartando el plato al que solo le quedaba un montoncito de tomate picado —¿qué pasó?

—Se cambió de carrera y estudió administración de empresas, luego volvió al pueblo y comenzó a administrar el hospital —Gabriel levantó las manos.

—¿Y ya? —Axel asintió.

— Y ya. Y si eso es todo, me voy —trató de ponerse de pie, pero Gabriel aprovechó su elasticidad, sacó el pie por un lado de la mesa, y con los brazos cruzados lo puso sobre el hombro de su primo, que se sentó suavemente —eso es escalofriante.

—Ahora ¿me vas a contar como es que el hombre amoroso y cursi que comienzo a conocer se transformó en Oliver Queen, dispuesto a matar lo que se le atraviese? —Axel lo miró con una expresión fría.

—Era mi hijo, Gabriel, lo habían secuestrado.

—Lo sé, pero fue su madre, hubieras hecho lo mismo, pero con dos rayitas menos de intensidad, ella no le haría daño.

—Ainhoa sería capaz de cualquier cosa —Gabriel lo miró con aprehensión, y no pudo evitar, aunque prometió que no, dejar salir un poco sus sentimientos.

—Me asustaste —trató de que no se le quebrara la voz. Su primo automáticamente cambió la mirada —estaba herido y tenía miedo y me sentía culpable y la única persona que tengo aquí por el momento y en la que confiaba en que podía apoyarme estaba transformado — sin pensarlo dos veces, Axel se levantó de la mesa y abrasó a Gabriel, levantándolo hasta que sus pies se alejaron del suelo.

—Lo siento, primito —Gabriel se dejó abrazar, y negó entre los brazos de su primo.

—No pidas disculpas —la voz le salía ahogada —sé por que lo hiciste y no quiero que me pidas perdón por ello, no fue por eso que vine —Axel lo soltó y cuando lo miró tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Claro que sí, le prometí a mis tíos y a Alexander que te cuidaría aquí, y no lo hice.

—Y lo harás —Gabriel lo incitó a que se sentara —contándome todo —el mayor se dejó guiar.

—¿Qué quieres saber?

—¿Por qué tienes tanto poder? digo, entraste a la casa de un narco armado y apuntándole a todo el mundo —Axel levantó un dedo.

—Mini narco —aclaró —además es… el abuelo de tomás —Gabriel dejó caer las manos en la mesa, y por error golpeó la cuchara que salió volando y se deslizó por todo el suelo embaldosado. Ambos se quedaron mirando el cubierto.

—¿Cómo? —preguntó Gabriel al cabo de un rato, y Axel se rio.

—Pues me comí a su hija —Gabriel le golpeó el brazo —Está bien. No es una historia muy larga, yo estudié regencia en farmacia de manera virtual, así que nunca me fui del pueblo. Ainhoa estaba cursando su último año, había llegado de España y era nueva, no sabía nada y la condenada era terriblemente sexi.

—¿Qué edad tiene?

—Veintitrés, cuando eso tenía…

—Veintiuno —completó Gabriel —y tu veinte seis —Axel asintió.

—Un día vino a la tienda, estoy seguro que más bien solo a verme, ya llevaba más de un año haciendo ejercicio así que…desde entonces nuestra tienda se convirtió en la abastecedora principal del palacio, yo, me ofrecía a llevar los víveres y ella me pagaba con un revolcón en su cama.

—Que asco —pensar en su primo teniendo sexo se le hacía igual de raro que pensar en su hermano.

—En realidad era muy rico —Axel se cruzó de brazos —nuestra relación era meramente sexual, todos lo sabían, y…incluso Franco me consideraba como un yerno. Pasaba mucho tiempo allá, me enseñaron a disparar y me hice amigo de todos, yo nunca había pertenecido a algo, y traté de llenar el vacío que había dejado la ausencia de mi padre con eso —bajó la cabeza —o eso entendí con la terapia psicológica.

—¿Terapia? —preguntó Gabriel —¿tan mal terminó todo?

—Algo así —en el hospital había un psicólogo, que se tubo que ir por falta de presupuesto, pero aproveché y tomé un par de terapias.

—¿Cómo terminó todo? — Gabriel estaba tan interesado que ya estaba sentado en el bordo de la silla.

—Un día ella me dijo que me amaba, y que quería que nos casáramos. Mi error fue no haber aclarado todo todo desde el principio. Yo no quería nada serio, y ella se lo tomó muy mal. Me echó, dijo que me mataría, o que Franco lo haría.

—¿Lo iban a hacer? —Axel se encogió de hombros.

—Esperé a que pasara algo como por tres meses, hasta que un día Franco y ella se presentaron en la tienda, fue un escándalo, él cunca se aparece en el pueblo y… bueno, todos sabían mi historia con ella.

—¿Qué opinaba la tía Amelia? —Axel abrió los ojos, parecía triste.

—Siempre estuvo en desacuerdo, debí haberla escuchado — Gabriel quería saber más, pero su primo se veía abstraído y melancólico y le daba miedo ahondar en la herida, se vio así mismo tratando de hablar sobre el pasado y sintió empatía. Axel continuó.

—En la tienda me dijeron que ella estaba embarazada, franco dijo que no necesitaba nada de mí, que si me contaba era por que sabía lo que un hijo significaba para un hombre, no volví a ver a Ainhoa durante todo el embarazo, hasta que llegó un día en la noche con un bebé en brazos —los ojos del hombre se humedecieron —me lo entregó y se fue, solo se fue, y yo no hice nada, solo me quedé ahí en la acera, llorando con un bebé en brazos —Gabriel levantó el brazo y acarició el hombro de su primo —sé en qué estás pensando. Gabriel detuvo el movimiento de la mano.

—¿Estás seguro que es biológicamente tuyo? —preguntó, haciendo acopio de su carácter directo, pero no pudo evitar que se le hiciera un nudo en la garganta. Axel negó.

—Mandé a hacer una prueba de ADN. Llegó como en dos meses y al final…

—Nunca la abriste —los ojos de Axel se llenaron nuevamente de lágrimas mientras negaba.

—Era tan pequeño, tan lindo, yo…yo tenía tanto miedo que esa prueba dijera que no lo era y…

—Eso ya no importa —Gabriel se acercó más a él —es es tu hijo sin importar lo que diga ese papel.

—Ahora lo es —habló con más fortaleza —siempre lo será — Gabriel asintió, y se quedó mirando a su primo, grande y musculoso, tan pequeño en esa silla y con el corazón más grande que jamás conocería, y se sintió orgulloso de llamarlo familia, de saber que contaría con él siempre y que él también estaría dispuesto a protegerlo, por que eso es lo que hace la familia.

Después de un rato Axel levantó la mirada, y vio a Gabriel con una intensidad que le abrió un hueco en el pecho.

—Aún tengo la prueba —dijo, a Gabriel le temblaron las piernas y agradeció no estar parado por que se hubiera desvanecido.

—No hay necesidad de eso —le dijo, pero le tembló la voz.

—Lo sé, Tomás es mi hijo sin importar nada, pero, constantemente pienso en eso, lo que diga ese papel no cambiará lo que siento por él, pero, tengo que dejar ir el pasado, ¿me acompañarías a hacerlo? —Gabriel se quedó paralizado, no pensó en nada más, solo dijo que sí con la cabeza y su primo salió de la cocina con paso decidido. En los minutos que estuvo solo notó que le temblaban las manos, la cena recién comida se le revolvía en el estómago y le subía la bilis, así que tomó el baso de Axel y bebió varios tragos de jugo. ¿Cómo es que su primo quería compartir con él ese momento tan íntimo? ¿Cómo es que era capaz de enfrentarse a sus demonios con tanta decisión y valentía?

Cuando el hombre cruzó la puerta se le cortó la respiración, se sentó en silencio frente a él y contemplo el sobre. Gabriel lo observó, era blanco y aunque estaba aún sellado, estaba tremendamente desgastado. Fue inevitable para él pensar en todas las veces que su primo sostuvo el pedazo de papel entre las manos sin conseguir reunir el valor para abrirlo. Se escuchó el rasgar del papel que le cortó el pulso. La cara de Axel era tan serena y calmada, como si lo que abriera fuera solo un hermoso poema y cuando puso su atención en lo que decía el papel Gabriel dejó de respirar, y se quedó así por un largo minuto, tratando de leer la expresión en el rostro de su primo, pero no pudo hacerlo, se estaba cayendo en un abismo de incertidumbre y cuando su primo esbozó una cálida sonrisa se le pusieron todos los pelos de punta. El hombre ladeó la hoja y comenzó a rasgarla en diminutas tiras bajo la atenta mirada del muchacho, y cuando de esta no quedaba sino puros trocitos, los tomó todos, se puso de pie y los arrojó a la b****a, luego se volteó hasta Gabriel, que estaba pálido.

—Él es y siempre será mi hijo —dijo, y él se puso de pie de inmediato, dándole un abrazo que fue correspondido alegremente —Gracias —le dijo y Gabriel asintió.

Cuando salieron de la cocina Amelia tenía un inexpresivo rostro, seguro al ver pasar a su hijo con el papel en la mano. Axel se dirigió a Tomás que estaba viendo la televisión a un lado de su abuela, lo tomó entre sus brazos y le susurró:

—¿Quién es el niño de papá? —lo abrazó con fuerza y lo llenó de besos, y luego lo volvió a abrazar, aún más fuerte.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • Serendipia    Capítulo 35 Final

    Axel se tomó un segundo en recuperar el aliento con la espalda puesta en el suelo, cuando levantó la cabeza Ainhoa le apuntaba con el arma sin levantarse del asiento, y en un acto reflejo Axel tomó el extintor amarillo que estaba a su lado y se lo lanzó. En medio del vuelo ella disparó, y la bala golpeó el objetó que dejó salir un intenso humo blanco que inundó todo el helicóptero. Axel no podía ver nada, pero se puso de pie y recostó el cuerpo en la pared mientras ella disparaba en todas direcciones, una bala le pasó rozando la pierna y dejó un rastro de ardor intenso, y cuando el viento disipó el humo la pistola se quedó sin balas. Axel dio un paso el frente y el ardor en el pie lo hizo flaquear, así que miró hacia abajo para ver la gravedad de la herida, pero Ainhoa salió de su asiento y lo pateó en el pecho. Tubo que sostenerse de la puerta para no caer al vacío, y vio que estaban a más de siete u ocho metros de altura. Cuando se volvió hacia adentro la mujer le dio un p

  • Serendipia    Capítulo 34

    Cuando la camioneta llegó al pueblo Gabriel logró ver a través de vidrio polarizado como había cientos de personas en las calles, el día de la virgen se había visto interrumpido por el repiqueteo de las campanas que anunciaban una nueva ejecución publica, la suya. Antes de salir del palacio, lo habían atado completamente, las manos atadas por detrás hasta los codos, y las piernas hasta las rodillas. Trató de moverse, pero estaba tan atado que no lograba ya ni siquiera sentir las palmas de las manos, y sintió tanto miedo que el corazón le latía con fuerza en los oídos.La tarde comenzó a cerrarse, una muy pequeña llovizna comenzó salpicar los vidrios y una niebla espesa comenzó a cobijar al pueblo, era un día muy feo para morir, pensó Gabriel cuando la camioneta se detuvo frente al atrio y lo bajaron de la camioneta. Franco lo tomó

  • Serendipia    Capítulo 33

    Dos camionetas estaban atravesadas en medio de la carretera, y fuera de ellas unos cuantos hombres armados esperaban a que la escalera estuviera más cerca y el chofer redujo la velocidad.—Miguel, debajo de la carpa —Gritó el chofer al ayudante que estaba sentado unos puestos más atrás. El joven se puso de pie y levantó una carpa negra que cubría unos bultos de café.—Escóndanse ahí —les dijo y Axel miró a Gabriel.—¿Por qué nos ayudas? —le preguntó el rubio y el ayudante se encogió de hombros —si alguien está en contra de Franco, es de mi equipo.—¡Rápido! —les gritó el chofer y Axel se metió bajo la carpa. Gabriel sacó el disco duro y su celular del bolsillo y los puso en el pecho del ayudante que lo miró con los ojos abiertos.—Esto será

  • Serendipia    capítulo 32

    Gabriel había puesto la alarma a las cuatro de la mañana, pero estaba despierto desde media noche, y antes de eso había tenido pesadillas molestas, y perturbadoras donde era él quien estaba arrodillado en el atrio de la iglesia frente al arma de franco, y despertaba siempre de un salto cuando la bala le travesaba la cabeza y aun despierto podía escuchar el sonido del cráneo al romperse. Al final desistió de intentar dormir. Bajó hasta la sala donde el televisor estaba encendido y encontró a Axel, envuelto en su cobija rosa, viendo the flash.—Tampoco puedes dormir —afirmó cuando lo vio aparecer y le hizo espacio para que se metiera en la cobija con él.—Tengo pesadillas con lo de hoy —le dijo Gabriel tapándose con la cobija y Axel suspiró.—Yo extraño a Tomás —se quedaron viendo una maratón de las series que ten&iacu

  • Serendipia    Capítulo 31

    Maoy, Gabriel y Samuel escucharon atentos cuando Axel dio el último sorbo a su taza de café y la dejó en la mesita de enfrente. —Los reuní porque necesito de su ayuda —los tres hombres permanecieron en silencio un momento mientras el rubio se aclaraba la garganta —Lo que pasó ayer me hizo comprender que mientras Franco esté en el pueblo nadie va a estar a salvo, ya sabemos que hay un grupo armado que él prácticamente ya exterminó, pero, ¿qué nos asegura que después de eso no llegue otro? ¿o que él comience a inculpar de manera paranoica a cualquiera de haberlos escondido o ayudado? —Maoy se inclinó hacia adelante. —Llevo varios años trabajando en el caso de Franco, tengo evidencia que inculpa a todos sus secuaces, pero él no, tiene excelentes coartadas y un historial limpio. —lo sé —Axel se recostó en el respaldo de su mueble y cruzó las manos tras el cuello —peo yo si sé donde esconde todo lo que lo pueda inculpar —Samuel y Maoy se inclinaron hacia él.

  • Serendipia    Capítulo 30

    Axel sentía una gota de sudor que le bajaba por la frente, pero si soltaba el brazo del hombre este caería sobre Melissa y complicaría la operación.—¿Está seguro que no quiere anestesia general? — preguntó la doctora y el hombre le gritó algo inentendible para Axel. La tormenta golpeaba el pueblo con violencia, los truenos hacían vibrar la tierra y había gotas de agua que se colaban por el techo y hacían un charco enorme en el suelo —La bala tiene agujero de salida —dijo Melissa más bien al aire —solo hay que detener la hemorragia y estará bien. Axel miraba alerta todas las entradas, presintiendo el contra ataque en cualquier momento. Hacía una media hora, estaba terminando todo en la farmacia para irse a casa cuando la enfermera, Laura, llegó corriendo hasta él con las mejillas pálidas y sudorosas. Axel comprendió de inm

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status