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Capítulo 23

Autor: DiegoAlmary
last update Fecha de publicación: 2021-10-26 01:35:56

Gabriel se detuvo en el último escalón antes de entrar al hospital, y pensó si algún día podría entrar por esas puertas sin la sensación de que algo malo estuviera a punto de pasar. No había visto a Maoy desde el fatico día en que le rompió la cara, y la verdad no se sentía con la fuerza suficiente para enfrentarlo en ese momento. Había dormido poco, alternando sus pensamientos entre buscar la solución a su problema con Franco y ver por otro rato las imágenes del enfermero. Al final, cerca de la madrugada, la posible solución a su problema le llegó de repente y cayó sentado en la cama. Franco era malo y violento, y tenía que combatir fuego con fuego. Aquella solución le trajo más ansiedad que paz, y el resto de la noche la pasó entre moverse en la cama y tener constantes e inquietantes pesadillas que lo habían dejado cansado y con un nudo en el estómago, no había podido desayunar, almorzó a medias y había perdido su primer examen de química. No había comenzado el día con el pie derecho precisamente, y encontrarse a Maoy sería la cereza del pastel que haría que lo que quedaba del día fuera un incómodo purgatorio.

—Llevas parado ahí diez minutos —escuchó que le hablaba una voz a su espalda, y cuando se giró, se encontró a el enfermero de pie en el primer escalón, con las manos en los bolsillos del uniforme y una mochila tejida en el hombro.

—Y tu llevas ahí viéndome por diez minutos —le dijo y el hombre se encogió de hombros, y Gabriel lo miró ladeando la cabeza. Samuel lo miraba, pero no lo miraba. No lo veía a la cara. —¿pasa algo? —le dijo, y el enfermero caminó hasta llegar a su altura.

—Hoy te quito las puntadas de la cabeza —trató de pasar junto a Gabriel, pero este lo tomó por el brazo.

—¿Puedo entrar contigo? — el enfermero ahora sí lo miró a la cara, y frunció un poco el ceño.

—¿Pasa algo? —Gabriel asintió, y se aferró con más fuerza al brazo de Samuel. Los ojos verdes del hombre lo miraron con preocupación, entonces se giró y lo tomó por los hombros —¿es por Maoy? —le preguntó.

—Si —la voz de Gabriel era un susurro —no me lo quiero encontr…

—Qué bueno que los veo —alguien les habló desde dentro del hospital y cuando volvieron la cabeza, vieron a Maoy mirándolos con una expresión dura y los brazos cruzados. Instintivamente Gabriel adoptó una posición firme, como si lo fuera a embestir un toro, pero Samuel se interpuso entre ellos.

—¿Qué quieres? —le preguntó el enfermero en un tono seco. Maoy salió un poco, cruzando la puerta, tenía un ojo morado, la nariz roja y el labio roto, pero por lo demás parecía estar bien.

—Hoy es la jornada del curso de primeros auxilios en la vereda Cristales, los necesito a ambos. Melissa se ocupará de los niños —Samuel asintió con la cabeza, y Gabriel apenas podía verle la cara por encima del hombro de samuel —Salimos en diez minutos —desapareció dentro del hospital, y Gabriel percibió un muy leve cojeo de la pierna izquierda.

—Gracias —le dijo a Samuel saliendo de detrás de él y parándose a un lado.

—¿De qué hablas? —le dijo el hombre y Gabriel sonrió.

—Olvidalo. Por cierto —señaló la camisa del uniforme que el enfermero traía y la tocó con el dedo —va a ser muy difícil trabajar contigo sabiendo qué hay debajo de esto —el enfermero volcó los ojos, y lo empujó medio en broma medio enserio.

—Sabía que no debí enviarte esas fotos —entró dejando atrás a Gabriel que sonreía complacido. Su día no iría tan mal después de todo.

…………………………………..             ……………………….          ……………

—No te metas en problemas —le dijo Axel apuntándolo con el dedo —el curso en es la escuela, no te salgas de ahí.

—No prometo nada —le dijo Gabriel, y su primo le abrió los ojos, a lo que él levantó las manos en señal de rendición. Estaban en la calle, frente al hospital, Maoy había dejado la ambulancia ahí mientras entraba al hospital para sacar algunas cosas y Axel había salido para despedirse de Gabriel.

—Hazle caso a Samuel —le dijo y Gabriel lo miró con los ojos bien abiertos.

—¿Desde cuando confías tanto en él? —Axel meneó la mano en el aire.

—Maoy está muy involucrado con Franco —miró para ambos lados, par ver que nadie estuviera escuchándolos —Samuel me cae mal, pero confió más en él que en Maoy, a demás él tiene más experiencia en las veredas —Gabriel asintió, la preocupación de su primo se le estaba pegando —¿Por cierto, ¿sabes que le pasó en la cara? —Gabriel negó con vehemencia.

—¿Por qué habría yo de saber eso? —Axel levantó las manos.

—Tranquilo, solo preguntaba —una motocicleta rugió por la esquina, y Gabriel vio al enfermero llegar en una XR 150 de Honda. Se había cambiado de ropa, con unos pantalones negros ajustados, una camisa blanca y un chaleco azul turquí con el sello del hospital impreso en el pecho y la espalda. Se detuvo frente a ellos y Gabriel avanzó hasta él.

—Pero mira nada más que nave —le dijo y el enfermero sonrió con suficiencia.

—Ya sabes —dijo, puso saliva en su dedo y limpió una mancha de tanque con superioridad.

—No es suya —gritó Axel desde atrás y el enfermero le enseñó el dedo de en medio.

—Dejame presumir —Gabriel se acercó más y accionó al acelerador que hizo rugir el motor —No vuelvas a hacer eso sin avisar —le dijo y Gabriel sonrió con vergüenza.

—¿La moto es del hospital? —preguntó y samuel asintió.

—Hay emergencias que son muy emergencias —Gabriel estaba apunto de contestar, cuando la voz de Maoy lo hizo voltear.

—Vámonos —traía varias cosas en las manos, entre ellas un chaleco igual al que tenía Samuel. Se lo extendió a Gabriel y este lo tomó con desconfianza. Tras Maoy, y más llena de cosas que él, venía Laura, la enfermera —Dijo Maoy, Gabriel vendrá conmigo en la ambulancia y Laura con Samuel —Gabriel volteó a mirar a Samuel en busca de ayuda, y él se dirigió directamente a Maoy.

—Gabriel vendrá conmigo, en la moto —aseguró, pero Maoy se detuvo en seco, y lo miró.

—No, él vendrá conmigo en la ambulancia —ambos hombres se quedaron mirando, con una profundidad que Gabriel pensó se irían a los puños en cualquier momento —así que volteó a buscar ayuda en su primo, que miraba toda la escena con curiosidad, y solo se encogió de hombros.

—Iré con samuel —le dijo Gabriel al ver que no tenía opción, caminó un par de pasos hasta quedar muy cerca del director del hospital y casi le susurró cargado de rabia —¿Algún problema con eso?

—Gabriel —su primo lo alcanzó y lo tomó por el hombro —¿Alguien me puede explicar qué diablos está pasando aquí?

—Por dos —soltó Laura, que contemplaba todo con los brazos llenos de materiales, pero nadie dijo nada. Gabriel y Maoy se miraron fijamente, hasta que el moreno apartó la mirada y se dirigió a Axel.

—Te quedas a cargo, Avendaño —abrió la puerta de la ambulancia y se introdujo dentro. Laura corrió tras él y cuando subió, el motor se encendió y la ambulancia desapareció por la esquina.

—¿Qué fue eso, Gabriel? —Axel aún lo tenía sujetado por el hombro, así que el muchacho lo miró a la cara.

—Nada personal. No voy a dejar que alguien me diga qué hacer —Axel lo miró sin creerle del todo, y le palmeó la mejilla con cariño.

—Cuidate —dio un paso atrás y señaló a Samuel —Cuidalo, o te mato —en enfermero solo sonrió. Axel desapareció dentro del hospital y Gabriel dejó escapar todo el aire que había retenido.

—Parece que te sabes defender muy bien solo —le dijo, y Gabriel le enseñó las manos, le estaban temblando.

—¿Bromeas? —prefiero golpear a alguien que participar es estas guerras de voluntades —Samuel le tendió un casco negro que no tenía visera, y Gabriel se lo puso de un solo tirón, le quedaba grande.

—Sube —le indicó el hombre y él se posicionó en la parte de atrás del aparato.

—¿De dónde me agarro? —preguntó y escuchó como el enfermero reía a través de su propio casco, tomó las manos de Gabriel desde atrás y las envolvió en su propio torso. Gabriel se dejó llevar, y sintió un escalofrío cuando su pecho se apoyó en la espalda del hombre. Apretó la cintura de Samuel, abrazando su estómago y apoyando el casco en el hombro.

—No te emociones —le dijo Samuel, y Gabriel lo apretó con más fuerza.

—Muy tarde.

La motocicleta arrancó, dejando atrás al hospital, y Axel, que permaneció tras la puerta en un discreto segundo plano, no fue capaz de evitar una sonrisa al ver la escena.

—Tortolitos.

Entró al hospital meneando su marcado trasero, era hora de actuar.

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