FAZER LOGINAxel había salido del baño lentamente. Sin decir una palabra tomó del brazo a Gabriel sin dirigirle una mirada a nadie y lo arrastró fuera del baño y fuera del hospital.
Gabriel se sentía confundido y abrumado, y no podía imaginarse lo que pasaba por la cabeza de su primo, que lo había liberado apenas habían salido lugar, pero lo empujaba con la palma de la mano en la espalda para que avanzara rápido. Gabriel trató de ver su rostro, tratar de adivinar qué pasaba por su cabeza, pero el rubio permanecía solo un paso más atrás de él y no lograba conseguir hacer contacto visual. Cuando llegaron a la casa, Axel azotó la puerta con fuerza y, literalmente, empujó a Gabriel adentro.
—¡En qué m****a estabas pensado? —le gritó y Gabriel no contestó —Amenazar a franco, por dios, está mal, realmente mal.
—Yo…
—¡No puedes ser tan arrogante, Gabriel! ¿En serio pensante que serías capaz de persuadir a franco? Será cuestión de tiempo para que dé el siguiente golpe, y en su juego nadie lo golpea dos veces —Axel tenía tanta rabia que estaba rojo, le temblaban las manos y escupía saliva al gritar. A pesar de la algarabía, su tía no había aparecido, así que Gabriel supuso que estaba trayendo a Tomas.
—Pensé que era una buena idea —le dijo, y le temblaba la voz.
—Pues no lo fue —Irán apareció por la escalera de caracol, sus ojos azules estaban abiertos y tenía el rostro pálido. Axel lo señaló amenazante —Largo —le dijo, y el muchacho desapareció como un suspiro. Axel tomó el mentón de Gabriel para que lo mirara a la cara, y Gabriel le desvió la mirada —mirame —le dijo y el joven lo miró. Axel tenía los ojos rojos. Bajó la mano hasta su hombro y lo apretó con fuerza, mucha —Jamás vuelvas a hacer eso sin hablar conmigo, nunca —lo liberó del agarre, y salió de la sala dejándolo ahí.
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Alexander, su hermano, lo llamó un par de horas después, y Gabriel se sintió agradecido cuando le dijo que pospondría su visita al pueblo y pensó que sería lo mejor, lo último que necesitaba era que Franco tuviera alguien más de su familia en sus manos. Pasó el resto de la tarde acurrucado en su cama, sin querer hacer nada, y cuando bajó para la cena, tuvo que aguantar otro sermón por parte de su tía, más calmado y comprensivo, pero sermón al fin y al cavo.
Los siguientes días fueron lentos y calmados, Gabriel prosperó medianamente en el colegio con la ayuda de Camila, y en el hospital la tensión se disolvió un poco, la nueva perspectiva con la que veía a Maoy le hacía sentir un poco de empatía, él mismo era precipitado y dramático, ¿Cómo podría juzgar al hombre por querer salvar al pueblo cuando él mismo había cometido una imprudencia por salvarse así mismo y a su familia? Axel también parecía estar en una sintonía parecida con el hombre, entender quién era y qué hacía parecía hacer que el rubio tolerara más la presencia del Maoy. Con toda la situación, la calma que reinaba en el pueblo le tenía al borde del colapso, se sentía sobre una tonelada de dinamita que estaba a punto de explotar, la tención lo tenía al límite, no podía dormir bien y el nudo en el estómago le apretaba los intestinos, y para sacarle otra pata el gato, había otro tema que le tenía los pelos de punta.
—¿Aún hablas con el profe Sebastián? —le preguntó a Camila mientras hacía una serie de veinte abdominales, la muchacha ya se había dado por vencida y respiraba rápidamente sentada en el suelo.
—Si —dijo emocionada —justo ayer me dijo que también le gustaba —Gabriel detuvo el ejercicio y se sentó junto a la chica.
—Cami, no creo que esto sea buena idea —la chica se encogió de hombros.
—No me voy a casar con él, solo… —le dedicó una mirada traviesa a Gabriel y el muchacho volcó los ojos —es que miralo —ambos lo miraron, el hombre estaba agachado, explicándole a un estudiante como se realizaba bien un ejercicio y su buen trasero quedaba expuesto de manera gloriosa.
—Si, está muy bueno, pero sigo pensando que es una mala idea, en el pueblo también hay chicos lindos —Camila se rio.
—A ver, Axel es la cosa más rica del pueblo, pero es muy serio Maoy es muy raro, los gemelos y ben se creen capos y allá no me meto, y Samuel…
—¿Qué tal Irán? —La cara de Camila se trasformó en una mueca de asco —es lindo—enfatizó Gabriel, pero la chica negó.
—Ni me lo menciones, recuerda que hoy comenzamos nuestra labor social con Cine al parque y no me quiero imaginar la película que pondrá.
—Supongo que vendrás con Samuel —le preguntó y Gabriel le quitó la mirada —¿Cómo vas con eso?
—Pues no sé, ¿recuerdas que me dijo que no tenía por qué contarme su vida? —la muchacha asintió —Pues después de eso se ha portado tan lindo, me habla bien, me sonríe, todas las noches me escribe, aunque nos hayamos visto en el hospital, hace un par de días me trajo una manzana —Camila asentía con la cabeza —Pero cuando hago algún tipo de acercamiento, ya sabes, físico y romántico, rehúye y sale corriendo, literalmente. Ya no tengo cabeza para pensar en eso.
—Pues preguntale qué pasa, es más que obvio que le gustas, la única manera de saberlo es que lo tomes por los…
—Ustedes dos —la voz del profesor los asustó —Así no van a pasar la materia.
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Gabriel ya había dejado impecable el salón después de la partida del último niño, y se había ajustado bien la camisa sabiendo que el enfermero, como había hecho días atrás, aparecería en cualquier momento para comprobar si todo estaba en orden antes de irse, y estaba distraído pensando en qué le diría cuando la puerta se abrió. Cuando el enfermero lo vio, le sonrió y Gabriel sintió una sensación cálida en el cuerpo.
—Pensé que ya te habías ido —le dijo entrando despreocupadamente.
—Quería hablar contigo —le dijo y el enfermero borró su sonrisa —no es nada grave, no te preocupes —Samuel legó hasta él y sonrió de nuevo —Como sabes Camila, Irán y yo vamos a comenzar nuestra labor social hoy, va a ser cine al parque, y la película la escogerá Irán, supongo que será algo de Marvel, y como sé que te gusta también, así que quería invitarte a ver la película conmigo —Gabriel hablaba rápido y el enfermero sonrió.
—¿Es una cita? —le preguntó y Gabriel se encogió de hombros mientras recordaba las palabras de Camila.
—Lo sería si yo te gustara —Samuel hizo una mueca rara y se pasó la mano por el cabello, Gabriel deseó ser esa mano.
—¿Por qué piensas que no? —Gabriel trató de evitar que una sonrisa tonta se dibujara en sus labios.
—Pues siempre eres muy esquivo cuando me acerco —Samuel le evitó la mirada, y Gabriel avanzó un paso hacia él, el enfermero se quedó quieto, así que avanzó un paso más, hasta que sus cuerpos quedaron separados por unos cuarenta centímetros. La mano de Gabriel se posó sobre el pecho del enfermero y sintió lo cálida que estaba su piel bajo la tela gruesa del uniforme. Samuel lo miró a los ojos.
—Las cosas que me haces sentir, Gabriel, ya las he sentido antes, y me destrozaron la vida —atreves de la mano, Gabriel sintió como se le aceleró el corazón, y él lo abrazó, metió la cara entre sus pectorales.
—Yo nunca te haría daño —le dijo, y sintió como Samuel le devolvía el abrazo.
—Lo sé —contestó y depositó un beso en su cabeza —Solo necesitaba tiempo para saber que esto es diferente.
—Te entiendo —Gabriel se separó de él y lo miró a los ojos, a ese verde intenso que lo desvelaba cada noche —te voy a da el tiempo que necesites —el hombre no contestó, lo miró a los ojos y luego a los labios, y sonrió, de una manera tan pura que Gabriel sintió como parte del hueco en el estómago que había sentido toda la semana se llenaba de algo tibio que se extendía por todo su cuerpo. Samuel levantó las manos, deslizándolas por la espalda de Gabriel, y cuando llegó al cuello sintió una corriente eléctrica que entumeció las piernas —¿Por qué siempre estás calentito? —le preguntó, y el hombre sonrió.
—No tengo idea —sus labios se juntaron, despacio, una caricia suabe y húmeda que los dejó a ambos sin aliento. Fue un pequeño besito, tan dulce y esperado que Gabriel se abrazó con más fuerza al fuerte cuerpo que prácticamente lo sostenía en el aire y cuando Samuel regresó con más decisión a sus labios, Gabriel le dio paso libre, y el hombre se hundió su boca, en un beso profundo y suabe. Se besaron por largo rato, explorándose uno a la vez, sintiendo la textura de sus labios, de su lengua, succionando y empujando. La barba de Samuel le raspó la cara, y se sintió mil veces mejor de lo que había imaginado, pero ya no necesitaba imaginarlo, al fin estaba ahí, entre los brazos del hombre que le hacía sentir todas las cosas que quiso sentir desde que fue consiente de sí mismo, era real, ya no tenía que acostarse con los labios secos mientras soñaba saber a qué sabrían los rosados de Samuel, y no pudo estar más contento por sentir su lengua enredada entre la suya, sus brazos y todo su ser siendo uno mimo en ese momento.
—Que bien se sintió eso —le dijo Samuel cuando se separó, pero Gabriel no logró contestar, ya que el hombre depositó un beso casto sobre los labios del muchacho y fue llenando de picos cursis todas sus mejillas hasta que bajó al cuello y le dio un beso grande y profundo. Gabriel esta vez no logró contenerse, sintió una ráfaga que llegó hasta su miembro y y dejó escapar un quejido que hizo eco por el salón. Samuel metió las manos bajo su camisa, acariciándole la espalda y cuando las manos de Gabriel hicieron lo propio, el carraspeo de alguien a su espalda hizo que el enfermero levantara la mirada.
Alguien había interrumpido en el salón, y Gabriel se sorprendió al ver que Samuel no lo apartaba, lo seguía abrazando con la misma fuerza. El enfermero levantó una ceja.
—¿Necesitas algo aquí? —preguntó, estaba dispuesto a despachar a la persona indeseada y seguir con lo que estaba, y Gabriel no pudo estar más de acuerdo.
—Sí —dijo la voy y Gabriel la reconoció de inmediato —Si es mi primo el que cuelga de ti, sí —Gabriel se separó del enfermero y se ajustó la camisa antes de girarse hacia su primo. Cuando lo vio, notó que Camila estaba un par de pasos tras él, con las mejillas rojas y saludando con la mano.
—¿Hace cuanto están ahí? —preguntó y Axel negó con la cabeza.
—Acabamos de llegar.
—Lo vimos todo —le interrumpió Camila y el rubio la fulminó con la mirada. La muchacha lo esquivó, caminó hasta Gabriel y lo tomó por el brazo jalándolo hacia afuera —en diez minutos comienza la película, ya hay mucha gente e Irán tiene los pelos de punta porque no apareces —lo sacó de la sala y los dos hombres que quedaron escucharon como gritaba un poco por el corredor —¡eso es lo más caliente que he visto en mi vida!
Samuel y Axel se quedaron ahí en un silencio incómodo, hasta que el rubio señaló la puerta por donde los jóvenes habían desaparecido.
—Yo amo a ese chico —dijo y el enfermero asintió con la cabeza.
—No sé qué vaya a pasar, pero prometo que no le haré daño —Axel asintió y le dedicó una pequeña sonrisa —¿Te digo cuñado? —la sonrisa se borró de su cara y le mostró el dedo de en medio antes de salir.
Samuel se tocó los labios con la yema de los dedos.
—Niñito —susurró.
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Irán había dado una presentación del proyecto con un pequeño micrófono que estaba conectado a un parlante, explicándole a la gente los horarios de las diferentes actividades y Gabriel se sintió gratamente sorprendido, al menos unas cincuenta personas se habían reunido gracias al voz a voz, y por suerte la tarde prometía ser amena.
La película del capitán américa llevaba diez minutos proyectándose en el aparato que les había prestado el colegio cuando Gabriel logró otear a la distancia el paso firme del enfermero que caminaba hacia él; traía una chaqueta negra y unos pantalones cortos hasta la rodilla, parecía que le gustaban mucho. Cuando llegó hasta Gabriel se sentó en el suelo junto a él, en la alfombra mullida que se había robado de la habitación de Axel.
—Qué guapo —le dijo y el enfermero le dio un beso en la mejilla como única respuesta, Gabriel sonrió con timidez.
—Pero no te pongas rojo —le dijo y Gabriel se puso aún más rojo. Se quedaron un rato viendo la película entretenidos y muy juntos. Después de un rato, Gabriel se tomó la libertad de acariciar uno de los gemelos del enfermero que dejó bien expuesto cuando levantó la rodilla.
—Qué lindo —le dijo —Siempre me ha parecido muy lindas las piernas de un hombre así.
—¿Con vellos? —le dijo Samuel y Gabriel soltó una carcajada.
—Iba a decir con buena carne, pero también.
—Tú no estás nada mal —le dijo y Gabriel estuvo a punto de preguntarle donde lo había visto, ya que casi nunca usaba pantalones cortos, pero recordó las fotos que el hombre le había robado.
—¿Ves mucho mis piernas por las noches en las fotos que me robaste? —Samuel meneó la cabeza para ambos lados.
—A veces —Gabriel lo empujó con cariño con el hombro, y el enfermero se puso un poco serio de repente —Gabriel, siento haber sido tan frio, a veces.
—No importa, te digo que te daré tiempo —Gabriel le acarició la barba y él lo asintió.
—Lo sé, pero creeme, me gustaría dejar el pasado atrás, y comenzaré hoy —se irguió y lo miró a los ojos —Acomodate, porque te voy a contar por qué mi papá me quiso matar —Gabriel palideció, y el enfermero se rio.
—No te asustes, no están grave como parece —le dijo y Gabriel se acomodó.
—Cuenta.
Axel se tomó un segundo en recuperar el aliento con la espalda puesta en el suelo, cuando levantó la cabeza Ainhoa le apuntaba con el arma sin levantarse del asiento, y en un acto reflejo Axel tomó el extintor amarillo que estaba a su lado y se lo lanzó. En medio del vuelo ella disparó, y la bala golpeó el objetó que dejó salir un intenso humo blanco que inundó todo el helicóptero. Axel no podía ver nada, pero se puso de pie y recostó el cuerpo en la pared mientras ella disparaba en todas direcciones, una bala le pasó rozando la pierna y dejó un rastro de ardor intenso, y cuando el viento disipó el humo la pistola se quedó sin balas. Axel dio un paso el frente y el ardor en el pie lo hizo flaquear, así que miró hacia abajo para ver la gravedad de la herida, pero Ainhoa salió de su asiento y lo pateó en el pecho. Tubo que sostenerse de la puerta para no caer al vacío, y vio que estaban a más de siete u ocho metros de altura. Cuando se volvió hacia adentro la mujer le dio un p
Cuando la camioneta llegó al pueblo Gabriel logró ver a través de vidrio polarizado como había cientos de personas en las calles, el día de la virgen se había visto interrumpido por el repiqueteo de las campanas que anunciaban una nueva ejecución publica, la suya. Antes de salir del palacio, lo habían atado completamente, las manos atadas por detrás hasta los codos, y las piernas hasta las rodillas. Trató de moverse, pero estaba tan atado que no lograba ya ni siquiera sentir las palmas de las manos, y sintió tanto miedo que el corazón le latía con fuerza en los oídos.La tarde comenzó a cerrarse, una muy pequeña llovizna comenzó salpicar los vidrios y una niebla espesa comenzó a cobijar al pueblo, era un día muy feo para morir, pensó Gabriel cuando la camioneta se detuvo frente al atrio y lo bajaron de la camioneta. Franco lo tomó
Dos camionetas estaban atravesadas en medio de la carretera, y fuera de ellas unos cuantos hombres armados esperaban a que la escalera estuviera más cerca y el chofer redujo la velocidad.—Miguel, debajo de la carpa —Gritó el chofer al ayudante que estaba sentado unos puestos más atrás. El joven se puso de pie y levantó una carpa negra que cubría unos bultos de café.—Escóndanse ahí —les dijo y Axel miró a Gabriel.—¿Por qué nos ayudas? —le preguntó el rubio y el ayudante se encogió de hombros —si alguien está en contra de Franco, es de mi equipo.—¡Rápido! —les gritó el chofer y Axel se metió bajo la carpa. Gabriel sacó el disco duro y su celular del bolsillo y los puso en el pecho del ayudante que lo miró con los ojos abiertos.—Esto será
Gabriel había puesto la alarma a las cuatro de la mañana, pero estaba despierto desde media noche, y antes de eso había tenido pesadillas molestas, y perturbadoras donde era él quien estaba arrodillado en el atrio de la iglesia frente al arma de franco, y despertaba siempre de un salto cuando la bala le travesaba la cabeza y aun despierto podía escuchar el sonido del cráneo al romperse. Al final desistió de intentar dormir. Bajó hasta la sala donde el televisor estaba encendido y encontró a Axel, envuelto en su cobija rosa, viendo the flash.—Tampoco puedes dormir —afirmó cuando lo vio aparecer y le hizo espacio para que se metiera en la cobija con él.—Tengo pesadillas con lo de hoy —le dijo Gabriel tapándose con la cobija y Axel suspiró.—Yo extraño a Tomás —se quedaron viendo una maratón de las series que ten&iacu
Maoy, Gabriel y Samuel escucharon atentos cuando Axel dio el último sorbo a su taza de café y la dejó en la mesita de enfrente. —Los reuní porque necesito de su ayuda —los tres hombres permanecieron en silencio un momento mientras el rubio se aclaraba la garganta —Lo que pasó ayer me hizo comprender que mientras Franco esté en el pueblo nadie va a estar a salvo, ya sabemos que hay un grupo armado que él prácticamente ya exterminó, pero, ¿qué nos asegura que después de eso no llegue otro? ¿o que él comience a inculpar de manera paranoica a cualquiera de haberlos escondido o ayudado? —Maoy se inclinó hacia adelante. —Llevo varios años trabajando en el caso de Franco, tengo evidencia que inculpa a todos sus secuaces, pero él no, tiene excelentes coartadas y un historial limpio. —lo sé —Axel se recostó en el respaldo de su mueble y cruzó las manos tras el cuello —peo yo si sé donde esconde todo lo que lo pueda inculpar —Samuel y Maoy se inclinaron hacia él.
Axel sentía una gota de sudor que le bajaba por la frente, pero si soltaba el brazo del hombre este caería sobre Melissa y complicaría la operación.—¿Está seguro que no quiere anestesia general? — preguntó la doctora y el hombre le gritó algo inentendible para Axel. La tormenta golpeaba el pueblo con violencia, los truenos hacían vibrar la tierra y había gotas de agua que se colaban por el techo y hacían un charco enorme en el suelo —La bala tiene agujero de salida —dijo Melissa más bien al aire —solo hay que detener la hemorragia y estará bien. Axel miraba alerta todas las entradas, presintiendo el contra ataque en cualquier momento. Hacía una media hora, estaba terminando todo en la farmacia para irse a casa cuando la enfermera, Laura, llegó corriendo hasta él con las mejillas pálidas y sudorosas. Axel comprendió de inm







