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Capítulo 9

Autor: DiegoAlmary
last update Fecha de publicación: 2021-09-22 23:37:38

La tarde caía con rapidez, pero Gabriel deseaba que se acabara lo antes posible, era un momento que llevaba evitando desde hacía mucho tiempo. Suspiró, tomó la perilla de la puerta y la abrió, la risa de los niños ahogaba cualquier otro ruido, la luz de las ventanas provocaba que todas sus pequeñas sombras se reflejaran en la pared a la derecha de Gabriel. Los niños hacían un círculo mal hormado alrededor de la doctora Melissa, la novia de Samuel. Nadie se percató de que él entró, así que se quedó ahí, analizando la curiosa escena. La mujer leía un libro y los niños reían a carcajadas, o al menos los que tenían el suficiente coeficiente intelectual para entender, los que no, estaban más afuera, un poco retraídos, y reían solo porque los demás reían. Gabriel observó a la doctora, entendía por qué Axel y samuel estaban tragados hasta los calzones de ella, era alta, esbelta, tenía un rostro precioso y un cabello azabache que caía en bucles sobre sus hombros, tenía la piel blanca como una porcelana fina, los ojos azules y se veía aún más hermosa con esa expresión de cariño contenido hacia todos los niños. la puerta se abrió de repente y le golpeó la cabeza, dio un pequeño “auch” que distrajo a todos los niños y luego se hizo un enorme silencio mientras todos lo miraban. Se sintió escrutado y vulnerable.

—¿Pasa algo? —Preguntó Melisa, pero no le hablaba a él, si no a alguien detrás. Gabriel se giró y se encontró con Axel. Su primo traía el cabello rubio revuelto y los ojos bien abiertos. Le dio un pequeño vistazo rápido a Gabriel y luego se dirigió a la doctora.

—El parto de Mariana Olarte se complicó, Samuel necesita tu ayuda — la doctora se puso de pie como un relámpago, dejando caer el libro que tenía en el regazo. Varios niños se alertaron al verla tan agitada y caminar con pasos decididos hacia Gabriel. El chico trato de tragar saliva, pero no pudo. La mujer se paró frente a él y le habló con voz hosca:

— Llegó tu hora niño bonito — y salió, sin decir una sola palabra más. Gabriel dio media vuelta, en busca de la ayuda de su primo, pero éste ya había desaparecido. La puerta se cerró detrás de Melisa y se formó un silencio largo e incómodo. Gabriel se giró y topó con decenas de pequeños ojos que lo miraban, se quedó paralizado un momento, mientras observaba a los pequeños niños deformes, sin alguna extremidad o con retraso mental.

—Hola —dijo, todos lo siguieron mirando sin pestañar — soy Gabriel —después de un minuto eterno, los niños comenzaron a dispersarse poco a poco, como un grupo de perros decepcionados sin nada qué comer.    

— Eso ya nos lo habías dicho — una niña de cabello negro, con unos intensos ojos azules miraba algo detrás de él, era la niña que iba en la camilla con la enfermera que lo atropellaron el primer día, a pesar de su mirada perdida parecía completamente normal. Gabriel se arrodilló en el suelo, hasta quedar a su altura.

—¿Y tú como te llamas? — la niña suspiró despacio.

—Luz — Gabriel le extendió la mano, pero ella permaneció inmóvil, observando algún punto por encima de su hombro, él volteó la mirada, para ver que robaba la atención de la niña, pero no vio más que la impoluta pared. Miró de nuevo a la niña a los ojos, y comprendió que estaba ciega.

—¿Pasa algo? — preguntó y Gabriel bajó la mano.

— Pues… — todos los niños estaban dispersos por todo el salón, jugando con los juguetes o hablando entre ellos. — Es mi primer día, ¿Me ayudarás con tus compañeros? — la sonrisa de la niña se ensanchó mostrando unos blancos y pequeños dientes.

—Puedes leernos un cuento — Gabriel meneo la cabeza, aunque sabía que ella no podía verlo.

—No, no soy muy bueno leyendo en vos alta — observó por todo el salón hasta que dio con unos cuantos papeles y marcadores —Que tal si dibujamos.

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Samuel suspiró profundo, las piernas ya estaban comenzando a acalambrársele de tanto estar sentado en la misma posición, así que se movió tratando de buscar la manera más cómoda de manejar la situación. La mujer emitió un grito desgarrador que le hirió los oídos, pero sacudió un poco la cabeza tratando de ignorarlo , tenía que concentrarse, había dos vidas en sus manos, y no solo dos, la mujer, doña Mariana, era madre cabeza de hogar, y bajo su responsabilidad había tres niños, todos menores de dieciséis, y ahora ellos cinco dependían de la habilidad de él. No era la primera vez que atendía un parto, pero jamás había tenido tanta complicaciones.

Introdujo de nuevo los dedos cubiertos por los guantes quirúrgicos dentro de la vulva de la mujer y de nuevo solo sintió las frágiles piernas del bebé. Venía al revés. Miró de reojo a la enfermera que estaba al lado izquierdo de la parturienta, sosteniéndole la mano, y ella pareció ver su gesto de preocupación, ya que palideció repentinamente, sus gordas y rosadas mejillas se hicieron dos bolas de cristal. Samuel miró para todos los lados, como si en el techo mugriento o en la sala vacía pudiera encontrar la solución a aquel dilema. Junto a la puerta, con el cabello desordenado y cara de preocupación, estaba Axel. Samuel se lo quedó mirando un momento, hasta que otro grito agónico de la mujer lo hiso reaccionar.

—Trae a Melissa —fue lo único que le dijo. Axel asintió con la cabeza y salió dando pasos ligeros por el pasillo, al cabo de un par de minutos que se le hicieron eternos, la melena brillante de la doctora apareció por la puerta, se desinfectó, se puso los guantes y ocupó el lugar de Samuel en la pequeña butaca incómoda, tanteo la abertura por donde debería salir el bebé y miró a Samuel.

—Necesitamos una cesaría de emergencia.

—Lo sé —contestó él —Pero no tenemos tiempo —ya lo había meditado un buen rato, y la ciudad de La Dorada estaba a unas tres horas y media o cuatro, y Manizales ni hablar. Se apretó la cabeza con las manos y pensó qué haría su abuela. Un puñado de imágenes llegaron a su mente, recuerdos de todos los partos a los que la había acompañado allá en el barrio, donde era la partera predilecta. Recordó una ocasión en la que pasó lo mismo… podría ser — Tengo una idea, Melissa — La mujer apartó la mirada de la embarazada y lo miró — Pero es arriesgado.

— ¿Mas que intentar llevarla por una vía destapada durante cuatro horas? —Samuel negó —Entonces hazlo —Samuel miró a Axel.

—Trae a Maoy— Cuando el rubio desapareció el enfermero corrió hasta la camilla y comenzó a sacar los bordes de la sabana que estaban debajo del delgado colchón, la enfermera hizo lo mismo, sin preguntar, Luego se agachó y despejó un área en el suelo de unos dos metros cuadrados, cuando estaba quitando la última banca, Maoy, Axel aparecieron por la puerta de urgencias. Cuando llegaron donde él les señaló a la mujer en la camilla.

—Tomen cada una de las esquinas de la sabana — él ocupó con Axel la parte de arriba donde estaba la espalda, Máoy la aparte de abajo. Después de explicarles la intención, y no sin cierta duda por parte de ellos, levantaron a Mariana de la camilla, que quedó colgando en una hamaca hecha de brazos y sabana. La bajaron a a la altura del suelo, colgando únicamente de la parte baja de la espalda, la cabeza y extremidades quedaron diseminadas por el suelo. A la orden del enfermero comenzaron a zarandear a la mujer. Cuando Axel subía Samuel bajaba, de vez en cuando paraban a descansar y el enfermero tanteaba el estómago de la mujer para sentir la posición del bebé, continuaron, a veces samuel daba dos tirones y Axel uno, tratando de ubicar al bebé de la mejor manera. Después de un rato, Samuel vio a fatigado a Axel, el rubio respiraba con dificultad y tenía un calambre en el antebrazo. Máoy, que sostenía los pies en el aire, también se veía agotado, así que descansaron un momento, con los brazos completamente estirados, pero sin que la espalda de la mujer tocara el suelo. Retomaron de nuevo la acción, y tuvieron que ignorar el grito de la embarazada cuando la acometió una nueva contracción. Cuando Samuel calculó que ya era suficiente, indicó que depositaran de nuevo a la mujer en la camilla. Cuando Melissa se sentó frente las piernas abiertas de la mujer, tenía un rostro indescifrable para samuel. Se ajustó el guante e introdujo los dedos, y su cara se iluminó notable mente.

—Está de espaldas — susurró —Está de espaldas — dijo nuevamente con más ahínco. Y Gabriel lo comprendió enseguida.

Repitieron la labor dos veces más, y cada vez el bebé estaba un poco mejor posicionado, en la cuarta ocasión, cuando los brazos le ardían incontrolablemente, los gritos de la mujer rompieron por todo el pequeño centro de salud. La pusieron de nuevo en la camilla, y Melissa prosiguió con el escrutinio. Después de un segundo de análisis, asintió con la cabeza y un gran peso se esfumó de la espalda del enfermero.

Después de dale las gracias a Maoy y Axel, que salieron como volador sin palo, se puso a un lado de Melissa, el bebé ya venía coronando.

—Vamos, Mariana — le dijo — Puja fuerte.

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El bebé se veía fuerte y saludable, y después de considerar que estaba en buenas condiciones, samuel lo dejó en brazos de la enfermera y se sentó junto a Melissa, que aún estaba frente a la mujer con las piernas abiertas.

—Tiene hemorragia — dijo negando con la cabeza al ver que lo que hacía no funcionaba —Tenemos que llevarla hasta Dorada, creo que tendremos tiempo — luego se dirigió a una de las enfermeras —Dile a Maoy que aliste la ambulancia, tenemos que llevarla hasta La Ciudad —La mujer asintió y salió de la sala —¿Sabes? —dijo ahora dirigiéndose a Samuel —Al principio pensé que estabas loco — él arqueo la cabeza —pero fuiste muy astuto.

—Gracias —dijo y luego acató en algo que no había pensado —¿Quién está con los niños? — ahora Melissa si lo miró.

—Están con Gabriel.

—Mejor voy a ver — ella sintió.

Se puso de pie y caminó por la sala de urgencias hasta la sala de espera, de allí abrió la puerta de la izquierda y caminó por el pasillo que dirigía hasta el salón. Justo antes de abrir la puerta se detuvo un momento, no se oía nada, ni el más mínimo rumor, cosa que le preocupó. Abrió la puerta lentamente, para no provocar ningún ruido, cuando entró nadie lo escuchó, y se quedó sorprendido al ver a todos los niños, sentados y en silencio, observando la pared del fondo que estaba llena de papeles con dibujos, Gabriel estaba sentado en medio de todos, tenía una cinta adhesiva transparente en la mano. Luz, la niña ciega, estaba al frente de todos y explicaba algo con una hoja aparentemente en blanco.

—Entonces — decía — el braille es como el idioma en que leemos los ciegos y por eso yo hice mi nombre en este idioma —Gabriel comenzó a aplaudir y todos los niños lo siguieron, al menos los que podían, los demás solo hacían ruidos indescifrables. Luego se puso de pie, arrancó un pedazo de cinta con los dientes y la hizo un bollo, la pegó tras la hoja y luego en la pared, con los otros dibujos.

—Bien —dijo dirigiéndose a los niños, pero cuando volteó, se quedó paralizado al verlo a él ahí parado como una estatua. Todos los niños siguieron la mirada de Gabriel, pero no salieron corriendo hacia él, como habitualmente lo hacía. Se preguntó por qué, así que se miró el cuerpo, y vio que tenía todo el uniforme lleno de líquido amniótico y sangre. Se dirigió hacia una esquina, donde tenía unas camisas de sobra, ya que por la experiencia con niños sabía que en cualquier momento podía necesitar. Cuando llego al pequeño baúl donde guardaban también juguetes, y sacó la camisa, se quitó la que tenía puesta, y no pudo evitar una extraña incomodidad al ver que Gabriel le pegaba una fiera analizada a su torso desnudo. Después de estar más cómodo, se sentó junto a todos los niños, y varios se acercaron para estar más cerca suyo, Samuel los abarcó con las manos, como una gallina protegiendo a sus polluelos, luego miró a Gabriel, que dudó un poco antes de hablar.

—¿Quién? … ¿Quién sigue? — unas seis manos se levantaron en el aire y Gabriel le dio paso a Marquitos que explicaba que había hecho una mariposa porque le gustaban las mariposas.

Durante todo el tiempo que estuvieron ahí, Samuel no le quitó la mirada de encima a Gabriel, y se aseguró que él se diera cuenta, porque cuando miraba hacia atrás, los ojos del enfermero lo desafiaban con vehemencia. Logró intimidarlo tanto que el chico no lo volvió a mirar, y él sonrió.

—No se lo voy a poner fácil —susurró.

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Comentarios (1)
goodnovel comment avatar
Roberto
Error de personaje. Gabriel está con los niños b
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