LOGINHabía ganado dos juicios y eso me hacía estar satisfecho.
Mi teléfono empezó a vibrar con insistencia; sabía que era una llamada. Cuando observé la pantalla, leí «Aisha» y sonreí. —¿Quedamos esta noche, bombón? —preguntó. La observé a unos pocos metros, le dediqué una sonrisa y le respondí por mensaje: —Si no te llamo esta noche, ten por seguro que lo haré cualquier otra. La vi sonreír y, tras dedicarme una mirada profunda, giró sobre sus talones y salió del juzgado. Recibí un nuevo mensaje de su parte: —Estaré esperando con ansias, bombón. Volví a sonreír. Aisha era la abogada de la parte contraria y, aunque me parecía una mujer hermosa, sensual y atractiva… era solo eso y nada más. Salí del juzgado y decidí pasar por el restaurante de mi padre. —Papá, vine por esa pasta espectacular que prepara Gino —dije en cuanto lo encontré. Mi padre me saludó con una candorosa sonrisa. —Enseguida, hijo —dijo mientras se movía por el lugar con maestría para dar indicaciones. Cuando regresó a la mesa, añadió—: Veo que has tenido un buen día. —He ganado el juicio de Cedric Mckhauly y el de Archie Drochen. Mi padre aplaudió; sabía que estaba orgulloso de mí. Cuando llegó la comida y ambos disfrutamos los platos, me dijo: —Klaus, tu hermano ha llamado esta mañana. Sonreí. Alf era mi único hermano. —¿Qué te dijo? ¿Cómo le va en Londres? —Bien, hijo, ya lo conoces. Alf es Alf, después de todo —sonrió—. Le va bien en lo suyo, me ha dicho que lo llames. Al parecer viene a Nueva York mañana con una flota de vehículos y, entre ellos, el que tú querías. —¿Va a traer el Vanquish? —No lo sé, hijo. Llámalo a ver qué te dice. Lo llamé sin dudarlo. Sonó un timbre, dos... —Dime que traerás el auto que quiero. Alf soltó una carcajada. —Te lo confirmo, hermano. Mañana un hermoso Vanquish color burdeos estará pisando suelo neoyorquino. ¿Sigues interesado en él? —Por supuesto, siempre y cuando me des un buen precio y te quedes con mi Aston Martin. —No hay problema. Tu auto lo venderé como pan caliente. ¡Ni lo dudes! Tras hablar con Alf por un par de minutos más, me despedí. Después de comer con mi padre, manejé en dirección a mi despacho. Durante un par de horas estuve sumido entre papeles; debía preparar los juicios que tendría dos días después. Cuando terminé, estaba cansado mentalmente. Mi teléfono vibró y, al mirar la pantalla, sonreí: era Marc, mi mejor amigo. —¿Qué pasa, Christian Grey? Marc, al oír mi saludo, soltó una risa. —Así solo me llama mi creativa mujercita. No te acostumbres —dijo. —No tengo la culpa de que se la pasen cogiendo como conejos. He ahí los frutos de sus travesuras: dos Chuckys —bromeé, y Marc volvió a reír. —El domingo Bethanie hará un almuerzo familiar. ¿Vendrás? —¿Van a anunciar otro embarazo? —Nooo, me hice la vasectomía hace meses o, si no, Beth me cortaba los huevos. Escogí la opción más inteligente. —Ya veo. ¿Irán mujeres guapas? —Más guapa que mi mujer… ¡ninguna! Con los años me había hecho muy buen amigo de Bethanie. Aunque era un poco loca, siempre estuve para ella cuando tuvo miles de problemas con Marc; la escuché y aconsejé. Por suerte, pudieron resolver sus diferencias y ahí están: siguen juntos y me daba mucho gusto. Mi amigo estaba perdidamente enamorado de ella y estuve al pendiente durante el nacimiento de sus dos hijos. Habíamos construido una bonita amistad, aunque en un principio Marc pensara que ella me gustaba, cuando no era así. —Como no vengas, Klaus, Beth te busca y te corta las pelotas. —No lo dudo —afirmé—. Iré, dile que lo haré o no me dejará vivir. ¿Llevo vino? —Perfecto. ¿Vendrás con compañía? —¿Hace falta? —No, pero quiero saber cuántos seremos. —Ok. Quizás sí lleve compañía, no estoy seguro. Dile a Beth que ahí estaré. Te dejo, tengo una reunión en diez minutos. Si no le colgaba el teléfono a Marc, se extendería por más tiempo. Con una sonrisa maliciosa, marqué otro número. —Hola, hermosa —dije en tono coqueto. —Hola, Klaus —dijo animada—. Justamente pensaba en ti. —Mmm, qué conveniente… ¿Pensamientos buenos o malos, Melanie? —se rio. —De todo un poco. Buenos porque es exquisitamente placentero, y malos porque casi nunca nos vemos. —Interesante —susurré. Melanie es una mujer sensual, morbosa y poderosa, una de mis conquistas. Es presentadora de televisión y con ella solo hay sexo, sexo y más sexo… sin ataduras, sin complicaciones y mucho menos exigencias. —¿Qué harás el domingo, Melanie? —Desnudarme para ti si lo deseas —ambos reímos. —Nada de eso, hermosa. El domingo mi amigo Marc hará un almuerzo familiar. Quería saber si te gustaría ir conmigo. —Mmm, ¿comida en plan familiar? —Solo es ir a comer y nada más. Prometo tener a Beth al margen. —De acuerdo, te acompañaré. —¡Perfecto! —Hablamos un poco más hasta que pregunté—: ¿Dónde estás? —Llegando a casa, estoy agotada. Ahora me desnudaré y me meteré en un relajante jacuzzi lleno de espuma. —¿Sola? —pregunté con la boca seca. —Todo depende de ti. Miré el reloj en mi muñeca, me levanté del asiento y dije: —Prepárate, en veinte minutos estoy en tu casa con un amigo. ** Al día siguiente fui al concesionario. Observé cómo un enorme tráiler descargaba los coches mientras mi hermano Alf indicaba a los trabajadores el lugar donde colocar los caros y elegantes vehículos. Veía a mi hermano menor, de veintisiete años, convertido en un alto ejecutivo de la marca Aston Martin y en un hombre que viajaba por el mundo. Cuando mi hermano reparó en mi presencia, dejó lo que hacía y caminó en mi dirección para saludarme. Nos fundimos en un abrazo bajo la atenta mirada de varias mujeres que nos veían como un trozo de carne. —Ven, vamos a ver tu vehículo —dijo. Sin perder el tiempo, caminamos hasta un lateral del concesionario. Cuando llegamos frente al impresionante coche, silbé. —Es toda una joya: Aston Martin Vanquish coupé —dijo mi hermano. —Y es mío —afirmé mientras lo tocaba con deleite. Desde que vi este coche hace más de un año en una revista, supe que debía tenerlo. —Ve a dar una vuelta, hermano, y me cuentas qué tal. Le hice caso y manejé por la ciudad de Nueva York. El auto es un lujo y lo disfruté, pero no contaba con que casi atropello a una chica con su niña en brazos. Este día prometía ser maravilloso, pero por contestar una estúpida llamada casi la arrollo. Qué bueno que reaccioné rápido y que ella estaba bien.Una semana había pasado en la que me desaparecí del mapa, mi recuperación del labio fue un poco lenta, aún cicatriza, pero al menos no se ve mal. No he ido en una semana al bar porque si aparece Klaus puede reconocerme al notar mi labio roto, Paul me atacaría con preguntas, al igual que Adriano y no estoy para que me interroguen. He hablado poco con Beth, solo sé que tuvo una discusión fuerte con Marc, ambos no soportaron estar así y bueno terminó en reconciliación. Al menos ya están mejor. La que no puede estar mejor del todo soy yo, le he dedicado tiempo a mi hija, la he llevado al parque, a comer helado, hemos visto películas juntas, pero nada de lo que haga saca a ese hombre de mi cabeza. Por primera vez en mucho tiempo Leandro no ocupó mis pensamientos, en su lugar apareció un rubio de ojos azules profundos que me erizan la piel de solo recordar sus besos, y ese hombre se llama Klaus. Es que debía sacar mi supuesto martillo de Thor del culo y romperme yo misma la c
Ella empezó a caminar en dirección a su auto, pero yo no era capaz de dejarla ir así, su herida era un poco profunda y no paraba de sangrar. —¿Se puede saber a dónde vas? —A dónde se me pegue la gana princeso. —¿Sola? —¿Acaso ves a alguién más aquí?—entonces la tomé del brazo, ella giró y me dijo—: Más vale sola, que mal acompañada. Ahora suéltame. La miré con desagrado al notar como me veía y le dije: —Juro que he conocido a diferentes clases de mujeres en mi vida, pero malagradecidas, arrogantes, orgullosas... jamás me he topado con alguna de ellas, tu forma de ser me deja sin palabras. —¿Qué quieres que yo haga princeso? Yo no busco impresionarte. Deseaba darle un fuerte azote en el trasero por lo desagradable y osada que era. —¿Se puede saber qué te pasa para que siempre andes con la escopeta cargada? Nojoda chica, mirarte es como leer un cartel de "peligro alto voltaje". Eso la hizo sonreír, pero dijo: —Entonces, cuidado con este cartel, te puedes achicharr
Al llegar al local, tomé asiento lo más alejada que pude de Klaus, no quería ponerme la armadura tan pronto. Beth y yo nos emocionamos y pedimos varios destornilladores para tomar, estábamos hablando bien a gusto y riendo cuando decidimos que era mejor pedir algo de comer o terminaríamos muy borrachas. De pronto Klaus soltó una carcajada y llamó nuestra atención, entonces ví como se acercó a Sharon y le besó el cuello, después estuvo hablando con ella y ahora fue ella, la que no paraba de reír. Yo estaba echando humo por los oídos, pero al parecer él, sabía perfectamente que los estaba observando. Sin embargo tenía que disimular. Pasados unos minutos me fui al baño y cuando sali, alguien me agarró del brazo y me arrinconó contra la pared, entonces lo ví, era Klaus. —Vanessa, quiero que hablemos de lo que pasó entre nosotros. —No recuerdo que algo haya pasado. Klaus frunció el ceño y murmuró: —Nunca he conocido a una mujer como tú. —Créeme princesito, nunca lo harás
No me habían besado desde que Leandro desapareció de mi vida. Las veces que he estado con Paul es solo sexo y nada más. Intenté resistirme a aquel beso, pero Klaus me devoraba con un ímpetu avasallante, entonces mi voluntad cedió y dejé que él me besara. Cuando abrí la boca, me exploró y un gemido de satisfacción salió de mi alma cuando el profundizó más el beso. Hace mucho nadie me besaba así, mi voluntad se anuló y disfruté de la experiencia. Klaus besaba muy bien y lo peor era que yo me entregaba a ese beso voraz con la misma intensidad que él. Me gustaba como sus grandes manos se aferraban a mi cintura, me encantó que él no intentó tocar más allá, me respetó y eso fue lo que más me cautivó, teniendo la posibilidad de llevar el momento a otro nivel no lo hizo. Disfrutaba del momento que él estaba brindandome, pero de pronto un auto llegó con varios hombres y mujeres, tenían la música alta, esa música me hizo pisar tierra. Era una de las canciones favoritas de Leandro "R
Me había quedado viendo como un tonto el trasero de Vanessa alejarse. Esa mujer y yo... es que mientras más lo pensara era imposible, jamás nos llevaríamos bien. Me reí mientras frotaba mi nuca, pero un golpe en el brazo me hizo girar y encontrarme con una furiosa Beth. —¿Y ahora por qué me pegas? Ah claro, se te pegó de tu amiga. —Mira Klaus, eres mi amigo y Vanessa también lo es, pero ustedes dos son imposibles. Eres incapaz de morderte la lengua y no seguirle el juego, pero aquí estás, siendo un idiota como siempre. Es que eres un mojón de verdad—dijo furiosa y yo me quedé con la boca abierta cuando me llamó mojón—. Vanessa en cierto modo... digamos que es separada, viuda o no sé cómo llamarlo, ¡pero es soltera idiota! Marc y yo nos sorprendimos y nos vimos a la cara al mismo tiempo, aquella noticia, sí que no me la esperaba. —De verdad, Klaus, qué poco oportuno has sido esta vez—Beth le hizo seña a sus hijos y tomándolos de la mano salió de nuestro campo de visión d
El domingo después de medio día, llamé a Beth y quedé en ir a su casa para darnos un baño en la piscina climatizada que ellos tienen. Cuando llegué, Valery se volvió loca, estaba feliz de poder bañarse ahí y de jugar con los hijos de Beth. Le inflé los salvavidas con forma de dona y flamingo, entonces la metí en el agua para poder quedarme libre mientras le echo un ojo. Era la única manera de ponerme al día con Beth y contarle lo que ha pasado todos esos días que no nos hemos visto. Los hijos de Beth que son un poco más grandes que mi hija, se metían en la piscina para animar a Valery. Cómo toda madre orgullosa de su niña la animé: —Eso es cariño, vamos, mueve los bracitos. —Esooo es Valery... ¡nadas muy bien!—la animó eufóricamente Beth mientras llegaba a mi lado y me extendía un vaso de limonada frozen. —Gracias—dije y nos sentamos en la orilla de la piscina para estar pendiente de los retoños. —¿Puedo sujetarla yo?—me preguntó Damián, el hijo mayor de Beth. —Cla







