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Capitulo 2. Klaus Hoffmann.

last update publish date: 2026-09-14 14:30:01

Había ganado dos juicios y eso me hacía estar satisfecho.

​Mi teléfono empezó a vibrar con insistencia; sabía que era una llamada. Cuando observé la pantalla, leí «Aisha» y sonreí.

​—¿Quedamos esta noche, bombón? —preguntó.

​La observé a unos pocos metros, le dediqué una sonrisa y le respondí por mensaje:

​—Si no te llamo esta noche, ten por seguro que lo haré cualquier otra.

​La vi sonreír y, tras dedicarme una mirada profunda, giró sobre sus talones y salió del juzgado.

​Recibí un nuevo mensaje de su parte:

​—Estaré esperando con ansias, bombón.

​Volví a sonreír. Aisha era la abogada de la parte contraria y, aunque me parecía una mujer hermosa, sensual y atractiva… era solo eso y nada más.

​Salí del juzgado y decidí pasar por el restaurante de mi padre.

​—Papá, vine por esa pasta espectacular que prepara Gino —dije en cuanto lo encontré.

​Mi padre me saludó con una candorosa sonrisa.

​—Enseguida, hijo —dijo mientras se movía por el lugar con maestría para dar indicaciones. Cuando regresó a la mesa, añadió—: Veo que has tenido un buen día.

​—He ganado el juicio de Cedric Mckhauly y el de Archie Drochen.

​Mi padre aplaudió; sabía que estaba orgulloso de mí. Cuando llegó la comida y ambos disfrutamos los platos, me dijo:

​—Klaus, tu hermano ha llamado esta mañana.

​Sonreí. Alf era mi único hermano.

​—¿Qué te dijo? ¿Cómo le va en Londres?

​—Bien, hijo, ya lo conoces. Alf es Alf, después de todo —sonrió—. Le va bien en lo suyo, me ha dicho que lo llames. Al parecer viene a Nueva York mañana con una flota de vehículos y, entre ellos, el que tú querías.

​—¿Va a traer el Vanquish?

​—No lo sé, hijo. Llámalo a ver qué te dice.

​Lo llamé sin dudarlo. Sonó un timbre, dos...

​—Dime que traerás el auto que quiero.

​Alf soltó una carcajada.

​—Te lo confirmo, hermano. Mañana un hermoso Vanquish color burdeos estará pisando suelo neoyorquino. ¿Sigues interesado en él?

​—Por supuesto, siempre y cuando me des un buen precio y te quedes con mi Aston Martin.

​—No hay problema. Tu auto lo venderé como pan caliente. ¡Ni lo dudes!

​Tras hablar con Alf por un par de minutos más, me despedí. Después de comer con mi padre, manejé en dirección a mi despacho. Durante un par de horas estuve sumido entre papeles; debía preparar los juicios que tendría dos días después.

​Cuando terminé, estaba cansado mentalmente. Mi teléfono vibró y, al mirar la pantalla, sonreí: era Marc, mi mejor amigo.

​—¿Qué pasa, Christian Grey?

​Marc, al oír mi saludo, soltó una risa.

​—Así solo me llama mi creativa mujercita. No te acostumbres —dijo.

​—No tengo la culpa de que se la pasen cogiendo como conejos. He ahí los frutos de sus travesuras: dos Chuckys —bromeé, y Marc volvió a reír.

​—El domingo Bethanie hará un almuerzo familiar. ¿Vendrás?

​—¿Van a anunciar otro embarazo?

​—Nooo, me hice la vasectomía hace meses o, si no, Beth me cortaba los huevos. Escogí la opción más inteligente.

​—Ya veo. ¿Irán mujeres guapas?

​—Más guapa que mi mujer… ¡ninguna!

​Con los años me había hecho muy buen amigo de Bethanie. Aunque era un poco loca, siempre estuve para ella cuando tuvo miles de problemas con Marc; la escuché y aconsejé. Por suerte, pudieron resolver sus diferencias y ahí están: siguen juntos y me daba mucho gusto.

​Mi amigo estaba perdidamente enamorado de ella y estuve al pendiente durante el nacimiento de sus dos hijos. Habíamos construido una bonita amistad, aunque en un principio Marc pensara que ella me gustaba, cuando no era así.

​—Como no vengas, Klaus, Beth te busca y te corta las pelotas.

​—No lo dudo —afirmé—. Iré, dile que lo haré o no me dejará vivir. ¿Llevo vino?

​—Perfecto. ¿Vendrás con compañía?

​—¿Hace falta?

​—No, pero quiero saber cuántos seremos.

​—Ok. Quizás sí lleve compañía, no estoy seguro. Dile a Beth que ahí estaré. Te dejo, tengo una reunión en diez minutos.

​Si no le colgaba el teléfono a Marc, se extendería por más tiempo. Con una sonrisa maliciosa, marqué otro número.

​—Hola, hermosa —dije en tono coqueto.

​—Hola, Klaus —dijo animada—. Justamente pensaba en ti.

​—Mmm, qué conveniente… ¿Pensamientos buenos o malos, Melanie? —se rio.

​—De todo un poco. Buenos porque es exquisitamente placentero, y malos porque casi nunca nos vemos.

​—Interesante —susurré.

​Melanie es una mujer sensual, morbosa y poderosa, una de mis conquistas. Es presentadora de televisión y con ella solo hay sexo, sexo y más sexo… sin ataduras, sin complicaciones y mucho menos exigencias.

​—¿Qué harás el domingo, Melanie?

​—Desnudarme para ti si lo deseas —ambos reímos.

​—Nada de eso, hermosa. El domingo mi amigo Marc hará un almuerzo familiar. Quería saber si te gustaría ir conmigo.

​—Mmm, ¿comida en plan familiar?

​—Solo es ir a comer y nada más. Prometo tener a Beth al margen.

​—De acuerdo, te acompañaré.

​—¡Perfecto! —Hablamos un poco más hasta que pregunté—: ¿Dónde estás?

​—Llegando a casa, estoy agotada. Ahora me desnudaré y me meteré en un relajante jacuzzi lleno de espuma.

​—¿Sola? —pregunté con la boca seca.

​—Todo depende de ti.

​Miré el reloj en mi muñeca, me levanté del asiento y dije:

​—Prepárate, en veinte minutos estoy en tu casa con un amigo.

**

​Al día siguiente fui al concesionario. Observé cómo un enorme tráiler descargaba los coches mientras mi hermano Alf indicaba a los trabajadores el lugar donde colocar los caros y elegantes vehículos. Veía a mi hermano menor, de veintisiete años, convertido en un alto ejecutivo de la marca Aston Martin y en un hombre que viajaba por el mundo.

​Cuando mi hermano reparó en mi presencia, dejó lo que hacía y caminó en mi dirección para saludarme. Nos fundimos en un abrazo bajo la atenta mirada de varias mujeres que nos veían como un trozo de carne.

​—Ven, vamos a ver tu vehículo —dijo.

​Sin perder el tiempo, caminamos hasta un lateral del concesionario. Cuando llegamos frente al impresionante coche, silbé.

​—Es toda una joya: Aston Martin Vanquish coupé —dijo mi hermano.

​—Y es mío —afirmé mientras lo tocaba con deleite.

​Desde que vi este coche hace más de un año en una revista, supe que debía tenerlo.

​—Ve a dar una vuelta, hermano, y me cuentas qué tal.

​Le hice caso y manejé por la ciudad de Nueva York. El auto es un lujo y lo disfruté, pero no contaba con que casi atropello a una chica con su niña en brazos. Este día prometía ser maravilloso, pero por contestar una estúpida llamada casi la arrollo.

​Qué bueno que reaccioné rápido y que ella estaba bien.

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