LOGINLas familias Vance y Sterlinger compartieron sueños, negocios y una amistad que parecía inquebrantable… hasta que el amor los dividió. Dos amigos, un sueño compartido y una mujer que eligió a uno de ellos. De esa herida nació un rencor que creció durante treinta años, alimentado por la envidia, la pérdida y el silencio. Cuando Eduardo Vance muere en un accidente que muchos sospechan no fue tal, se revela una cláusula impensable: Valeria Vance y Dante Sterlinger deben casarse y mantener su unión durante un año. Si alguno de los dos se separa antes, pierde todo. La herencia, la empresa, el apellido. Todo. Ella es la hija del hombre que lo tuvo todo. Él es el hijo del hombre que lo perdió todo. Crecieron escuchando historias de traición y deuda. Se miran con desconfianza, con rabia, con un deseo que ninguno se atreve a nombrar. Bajo el mismo techo, cada día es una batalla: él la hiere con palabras que sabe que le duelen; ella lo desafía como nadie se ha atrevido a hacerlo. Él tiene fama de mujeriego, frío y calculador. Ella es inteligente, firme, y no está dispuesta a rendirse. Entre la guerra de negocios, los secretos que salen a la luz y una atracción que amenaza con consumirlos, Dante y Valeria deberán decidir: ¿continúan odiándose como les enseñaron… o se atreven a descubrir que lo que sienten es mucho más grande que todo lo que juraron odiar?
View MoreEl viernes llegó envuelto en una luz dorada y suave, como si el mundo mismo supiera que algo especial estaba por comenzar. Valeria terminó de empacar su maleta con manos que no dejaban de temblar ligeramente, no por miedo, sino por esa emoción que crece en el pecho cuando sabes que estás a punto de cruzar una puerta de la que no hay retorno.Llevó su equipaje al vestíbulo y lo encontró esperándola. Dante estaba junto al auto, con esa calma que parecía envolverlo siempre. Vestía una chaqueta ligera de color azul oscuro que le quedaba perfecta, y el sol de la tarde iluminaba sus cabellos oscuros y sus facciones marcadas. Al verla, su mirada se detuvo en ella con una intensidad que hizo que el aire se le atajara en los pulmones.—Eres hermosa —dijo él, simplemente, como si fuera lo más evidente del mundo.Valeria sintió cómo el calor le subía a las mejillas.—Gracias. Tú tampoco estás mal.Él sonrió, esa sonrisa que rara vez mostraba y que la desarmaba por completo. Le abrió la puerta de
Se encontraron en el pequeño café de siempre, alejado del bullicio del edificio. Era su rincón: nadie las miraba, nadie las escuchaba. Valeria removía su taza despacio, como si buscara las palabras exactas antes de soltarlas.—Nos vamos mañana —dijo de pronto, sin levantar la vista—. Nadie lo sabe. Solo tú, las chicas que coordinaron todo… y nosotros.Marta sonrió suavemente, pero mantuvo la mirada atenta.—¿Y eso te pone nerviosa o te hace feliz?—Ambas cosas a la vez —confesó Valeria, y al fin levantó la mirada—. Tengo miedo, Marta. Miedo de que no sea tan perfecto como lo imagino. Miedo de que en cuanto estemos solos, salgan todas las diferencias, todas las sombras que arrastramos. Pero también… tengo tantas ganas. De que por tres días seamos solo él y yo. Sin apellidos, sin contratos, sin miradas esperando que nos rompamos. Quiero creer que podemos resolver lo que nos duele. Quiero creer que este viaje nos acerque lo suficiente como para que, cuando volvamos, nada nos pueda separa
Todo empezó con dos personas haciendo su trabajo. En el pasillo principal del edificio, cerca de las oficinas administrativas, la secretaria de Dante y la asistente personal de Valeria revisaban juntas los últimos detalles.—Todo confirmado —decía la asistente de Valeria, revisando una nota en su tableta—. El hotel tiene todo listo para el viernes a última hora. La suite está reservada a nombre de la familia Sterling, como siempre hacen. Y el transporte también está coordinado. Salen directo desde el estacionamiento privado para evitar esperas.—Perfecto —respondió la secretaria de Dante, guardando su propia copia—. Él pidió específicamente que no hubiera llamadas ni correos urgentes, a menos que sea una emergencia real. Quiere que esos días sean solo para ellos. Se lo merecen, ¿no? Han tenido semanas muy pesadas.—Totalmente de acuerdo —sonrió la otra—. Tres días lejos del teléfono, de las reuniones, de todo este ruido. Ojalá disfruten mucho.Ambas se despidieron y siguieron su camin
Isabela entró a su departamento y cerró la puerta con suavidad, como si el menor ruido pudiera revelar lo que pensaba. No encendió la luz principal. Se dejó caer en el sillón de cuero oscuro y miró hacia la ventana, donde la ciudad se extendía en luces lejanas. Durante años había creído que estaba cerca. Que todo lo que su familia había perdido, todo lo que le habían arrebatado, estaba a su alcance. Pero esa tarde, en la sala de juntas, había visto cómo se le escapaba entre los dedos. Elena exonerada, la investigación tomando otro rumbo, y Dante y Valeria más unidos que nunca.—No importa —se dijo a sí misma en voz baja—. Solo es un obstáculo. No el final.Se levantó y se acercó al espejo de la pared. Se miró largo rato. Su imagen era impecable: el cabello perfecto, la postura firme, la sonrisa que aprendió a construir desde niña. Pero al fondo de sus ojos había algo que nadie más veía: la sombra de una historia que no empezó con ella, sino con tres hombres que una vez fueron socios y
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