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Capítulo 23: Ocultando la punzada

Penulis: Jerinson Gómez
last update Tanggal publikasi: 2026-09-22 10:55:24

—Los números proyectados para el tercer trimestre reflejan un crecimiento del veintidós por ciento en la división de activos internacionales —expliqué frente a la pantalla táctil de la sala de juntas, manteniendo el tono firme y profesional que exigían los inversores europeos.

A mi lado, Gabriel permanecía sentado en el sillón principal de cuero negro, con los codos apoyados sobre la caoba de la mesa y las manos entrelazadas frente al mentón. Nadie en esa habitación de paredes vidriadas y aire
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  • TU MÍ SALVADOR    Capítulo 25: Brillo bajo su mirada

    —Si mueven esa tasa de retorno al cuatro por ciento, el grupo inversor asiático retirará su capital en menos de seis meses —dije, apoyando el puntero láser sobre el gráfico del gran proyector en la sala de juntas.El salón principal de la corporación estaba abarrotado. Directores de finanzas, abogados corporativos y tres de los principales socios minoritarios seguían cada una de mis palabras en absoluto silencio. A la cabeza de la mesa ovalada, Gabriel no apartaba la mirada de mí. Tenía la pluma estilográfica suspendida entre los dedos, con la chaqueta desabrochada y esa expresión indescifrable que solía imponer terror en cualquiera, menos en mí.—El análisis de la señorita Gómez es demasiado arriesgado —interrumpió el abogado del consorcio, hojeando las carpetas con nerviosismo—. Las cláusulas de penalización nos cubren ante cualquier retiro anticipado.—Las cláusulas no cubren una fuga masiva de activos si el mercado asiático se desestabiliza en el tercer trimestr

  • TU MÍ SALVADOR    Capítulo 24: Confesiones

    —¿Vas a beberte esa copa o solo la sostienes para tener algo en la mano? —preguntó Gabriel mientras dejaba la botella de vino sobre la mesa de centro.—La sostengo para no temblar —admití.Me recosté contra los cojines del sofás de cuero. La luz de la ciudad entraba por los ventanales del penthouse, proyectando sombras largas y doradas sobre el suelo de mármol.—No tienes por qué temblar aquí —dijo él, sentándose a mi lado—. Estás a salvo, Elena.—Nunca estoy a salvo contigo, Gabriel. Tú eres la amenaza.Gabriel soltó una risa amarga y se pasó una mano por el cabello, despeinándose un poco.—Siempre me ves como al monstruo de la historia, ¿verdad? El jefe tirano, el hombre que te acorrala, el tipo que destruye tus planes.—Tú te encargaste de construir esa imagen. Rompiste mi carta de renuncia en mi cara esta mañana. Me dijiste que si renunciaba ibas a comprar la empresa donde pidiera trabajo solo para seguir siendo mi jefe. ¿Cómo quieres que te vea?—Como a un hombre desesperado —res

  • TU MÍ SALVADOR    Capítulo 23: Ocultando la punzada

    —Los números proyectados para el tercer trimestre reflejan un crecimiento del veintidós por ciento en la división de activos internacionales —expliqué frente a la pantalla táctil de la sala de juntas, manteniendo el tono firme y profesional que exigían los inversores europeos.A mi lado, Gabriel permanecía sentado en el sillón principal de cuero negro, con los codos apoyados sobre la caoba de la mesa y las manos entrelazadas frente al mentón. Nadie en esa habitación de paredes vidriadas y aire acondicionado gélido imaginaba lo que había pasado en su despacho apenas una hora antes. Nadie sabía que mi carta de renuncia yacía hecha jirones en el fondo de su papelera, ni que la tensión entre nosotros era una bomba a punto de detonar.—El análisis de riesgo que presenta la señorita Elena es impecable como siempre —comentó el señor Alarcón, el inversor principal, ajustándose las gafas con una sonrisa de aprobación—. Tienen mi visto bueno para liberar los fondos del fideicomiso.—Agradecemos

  • TU MÍ SALVADOR    Capítulo 22: La renuncia destruida

    Entré a su despacho sin tocar la puerta. Gabriel estaba de espaldas, mirando la ciudad a través del ventanal con las manos metidas en los bolsillos del pantalón. La luz tibia de la mañana le marcaba la línea mandíbula, dura y tensa, como si no hubiera dormido en toda la noche. Al escuchar mis pasos, se giró despacio.—No tengo tiempo para rodeos hoy, Elena —dijo con esa voz fría que usaba cuando quería poner distancia—. Tenemos la reunión con los inversores en dos horas.—Esto no va a tomar más de dos minutos —respondí.Avancé hasta su escritorio de cristal y coloqué la carta justo en el centro. El sobre blanco destacaba contra la superficie limpia. Gabriel bajó la mirada, vio el papel y volvió a fijar sus ojos oscuros en los míos. Una ceja se le elevó imperceptiblemente.—¿Qué es esto?—Mi renuncia. Firma el recibido para que Recursos Humanos procese mi salida hoy mismo.Gabriel se quedó inmóvil. El silencio en la oficina se volvió pesado, espeso, cortado únicamente por el zumbido su

  • TU MÍ SALVADOR    Capítulo 21: Fuego de desafío

    El taconeo fino resonó con fuerza en el piso de mármol de mi despacho antes de que la puerta se abriera de golpe. —¿No te enseñaron a tocar antes de entrar, o es que tu estatus de empleada te da privilegios especiales? —dije sin levantar la vista de la pantalla de mi computadora. —No necesito pedir permiso para entrar a un lugar que le pertenece a la familia de mi futuro esposo, querida —respondió una voz aguda, cargada de desprecio. Alcé la cabeza lentamente. Valeria estaba de pie en el centro de mi oficina, luciendo un vestido de diseñador color crema, lentes de sol oscuros en la cabeza y un bolso que costaba más que mi sueldo de seis meses. —Valeria. Qué sorpresa —dije, apoyando las manos sobre el escritorio con serenidad—. Gabriel no está en este piso. Subió a la sala de conferencias con la junta directiva. —No vine a ver a Gabriel —dijo, dando dos pasos lentos hacia mi escritorio, mirándome de arriba abajo con asco—. Vine a verte a ti, Elena. —Pues lamento decirte que

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    —Señores miembros del directorio —dijo Gabriel, de pie en la cabecera de la mesa de caoba, con el traje impecable y la voz firme como una sentencia—. Les presento a la señorita Elena, nuestra Directora Adjunta de Proyectos. Ella expondrá la reestructuración financiera que garantizará el control de la firma este trimestre. Los doce hombres maduros sentados en la sala de juntas de la planta ejecutiva giraron sus miradas hacia mí. Todos vestían trajes oscuros, con rostros serios y miradas desconfiadas. —Buenos días a todos —dije, levantándome de mi asiento a la derecha de Gabriel. Me acomodé el saco del traje sastre blanco. Apreté el control del proyector en mi mano derecha, intentando disimular el temblor de mis dedos. —Como pueden observar en la pantalla —continué, apuntando al gráfico interactivo—, las pérdidas operativas del departamento de activos internacionales no son consecuencia de una mala gestión interna, sino de una fuga sistemática de capitales canalizada a través

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