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Capítulo 2

Autor: Mariposa Peralta
Antonio intentó alcanzarme, pero Rosario lo llamó desde la habitación:

—¡Vuelve! ¡Simona está llorando!

Al final, me dejó allí, con el paraguas.

—No voy a divorciarme. Vuelve a casa por tu cuenta.

Al salir del hospital, abrí el paraguas. Tenía un agujero por el que se colaba la lluvia. Hasta ese pequeño detalle acabó con lo poco que me quedaba de esperanza.

Ya en el taxi, encontré la cuenta de Simona en las redes sociales. Acababa de subir un video.

—Es una niña y mi esposo le puso Emilia Carmona.

Apreté el celular con fuerza y el dolor me desbordó. Emilia era el nombre que yo había elegido para la hija que perdimos.

Años atrás, alguien quiso vengarse del despacho de Antonio y contrató a unos matones para causar destrozos. Intenté hacerles frente por él, y me golpearon hasta hacerme perder el embarazo. Ahora él le había dado aquel nombre a otra niña. Había olvidado por completo mi dolor y la muerte de nuestra hija.

Con la vista nublada por las lágrimas y las manos temblorosas, seguí revisando los videos.

El día en que sufrí una fractura en la parte baja de la pierna por un accidente de tránsito, mis papás, Rosario y Antonio me enviaron cientos de mensajes de preocupación, pero pasaron la noche con Simona, encendiendo fuegos artificiales.

Cuando los vómitos del embarazo no me daban tregua, me mandaron sopa con un repartidor mientras se llevaban a Simona de viaje al extranjero durante siete días para pedir deseos bajo las auroras boreales.

Quienes dijeron estar demasiado ocupados para ir a mi cumpleaños habían pasado la noche con ella en la cima de una montaña, cocinando al aire libre y mirando las estrellas.

Había más de seiscientos videos. Empecé a verlos uno tras otro, como si quisiera castigarme, hasta que ya no pude derramar una sola lágrima. Antes había tenido sospechas, pero todavía me aferraba a una esperanza. Con la verdad frente a mis ojos, tuve que admitirlo: llevaban todo ese tiempo viéndome la cara.

Salí de mis pensamientos, me acaricié el vientre y procuré respirar con calma.

—No te preocupes, cariño. Pronto podré llevarte lejos de aquí.

Fui a casa de mis papás a recoger todos mis documentos. Al abrir la puerta de mi habitación, no reconocí nada. Habían sacado mis cosas y la habían convertido en un acogedor cuarto de princesa.

Toqué la lámpara de conchas sobre el escritorio y, de pronto, oí una voz alarmada detrás de mí:

—¡No toques eso!

Mis papás estaban en la entrada, con las bolsas de las compras en la mano. Me miraban con reproche.

—A Simona no le gusta que toquen sus cosas. Se va a enojar.

—¿Y las mías? —pregunté, mirándolos.

—Están en el cuarto de los trastos.

—Esta es mi habitación.

—Simona es como una hija para mí. ¿También vas a pelear por esto? —Mi mamá me lanzó una mirada de fastidio.

Mis papás me hicieron a un lado, dejándome contra el marco de la puerta. Luego mi mamá se fue a la cocina. La ropa empapada por la lluvia se me pegaba al cuerpo, pero ninguno preguntó siquiera cómo estaba.

Sentí un nudo en la garganta y se me llenaron los ojos de lágrimas.

—¿Y yo? ¿Ya no soy su hija?

Mi mamá ni siquiera levantó la cabeza.

—¿Cómo puedes compararte con Simona? Es cariñosa, buena y siempre está pendiente de nosotros. Nos alegra la vida a tu papá y a mí. Con solo verla me pongo de buen humor. Tú, en cambio, siempre andas con esa cara de amargada, como si todo el mundo te debiera algo. —Suspiró—. Si no te hubieras interpuesto, ella y Antonio estarían juntos desde hace mucho. Se aman, pero llevan años escondiéndose por consideración a ti. ¿No puedes ser un poco más comprensiva?

Mi propia madre me pedía que comprendiera a mi esposo y a su amante.

—Entonces, que sea ella quien los cuide de ahora en adelante —dije, sonriendo mientras me secaba las lágrimas.

—¿Y ahora qué te pasa? ¿Adónde vas? —preguntó mi papá, impaciente.

—Voy a trabajar a Costa Clara. No volveré.

Saqué el celular para revisar el estado de mi solicitud de empleo en el hospital de Costa Clara. Entonces vi un correo en el que me informaban que me habían rechazado:

«Hemos recibido una denuncia por presunta falsificación de sus antecedentes profesionales. También se han presentado documentos sobre irregularidades en el ejercicio de la medicina, malversación de fondos y aceptación de sobornos. Por este motivo, su solicitud de empleo ha sido rechazada y queda excluida de futuros procesos de contratación».

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