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Capítulo 5

Autor: Mariposa Peralta
Antonio y los demás llegaron a la comisaría a toda prisa. La bebé estaba a salvo en brazos de su niñera.

Un policía miró a Antonio con evidente disgusto.

—¿Qué clase de padres son ustedes? La niña estaba en un hospital y ustedes ni siquiera sabían dónde la habían dejado. ¿Cómo piensan cuidarla así?

—¿Dice que nadie se llevó a Emi? ¿Que solo estaba en ese hospital?

El policía asintió y le mostró las grabaciones de seguridad.

—Su esposa la llevó personalmente.

Antonio se volvió de golpe hacia Simo
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  • Tu Amante Te Costó Nuestra Hija   Capítulo 9

    Jesús había contenido la rabia hasta ese momento, pero ya no pudo más. Se subió las mangas, se quitó los lentes, se dio la vuelta y le asestó un puñetazo a Antonio en la cara.Antonio retrocedió, tambaleándose. Se limpió la sangre de la comisura de los labios y le devolvió el golpe, negándose a ceder. Enseguida los dos empezaron a golpearse con fuerza.—¡Desgraciado! ¿Todavía tienes el descaro de seguir buscando a Lorena? ¡Si hubiera sabido lo que ibas a hacerle, me la habría llevado conmigo!—¡Basta, los dos! —Me acerqué y le di una patada a Antonio.—¡Lorena! —Antonio se arrodilló y se aferró a mi pantalón, con los ojos enrojecidos—. Sé que me equivoqué. Dame otra oportunidad.—¿Otra oportunidad para qué? —Di un paso atrás y me solté de él, sin mostrar ninguna emoción—. ¿Para volver a engañarme o para volver a hacerme daño?—No. Sé que te acusé injustamente, que te lastimé y que incluso te traicioné. Sé que todo fue culpa mía. —La voz se le quebró. En sus ojos había dolor y arrepenti

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    —¿Cómo te atreviste a hacerle daño a Hugo? —Rosario, con el rostro descompuesto de rabia, se lanzó sobre ella y las dos empezaron a golpearse—. ¡Solo te ayudé porque estabas embarazada de mi hermano! ¡Maldita! ¡Casi lo matas y además me hiciste perder a mi mejor amiga!Simona perdió la paciencia y abofeteó a Rosario.—¡Basta! ¿Se creen mejores que yo? Tu hermano se acuesta con cualquiera y nunca se hace responsable. ¡Hasta quiso obligarme a abortar! ¿Y tú? Siempre envidiaste a Lorena por sus buenas notas, su familia y el hombre con el que se casó. ¡Tú me buscaste! ¡Dijiste que te sentías más unida a mí y me propusiste que entre las dos la hiciéramos a un lado!Todas las máscaras habían caído.Antonio miró a la niña que sostenía en brazos y pareció aliviado. Tal vez creyó que, como no era su hija, ya no tendría que hacerse responsable de ella y que nada volvería a interponerse entre nosotros.Mis papás se tambalearon. Temblaban de rabia. Solo entonces se volvieron hacia mí y me llamaron

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    Di unas palmadas y Jesús acompañó enseguida al padre de Simona al escenario.El hombre tenía las sienes canosas y la espalda encorvada. Su ropa estaba salpicada de barro por el viaje. A pesar de su aspecto maltrecho, tenía una expresión bondadosa. Se acercó, temblando, e intentó tomarle la mano a su hija.—Simona, ya estás casada y tienes una hija. ¿Por qué no me dijiste nada? La última vez que volviste a casa, me dijiste de pronto que no querías saber nada más de mí. Me quedé tan preocupado. Quise venir a buscarte, pero me caí en la montaña y me rompí una pierna. ¿Puedes decirme qué hice mal?Ella apretó los labios y retrocedió, presa del pánico.Rosario se puso de inmediato delante de ella.—¿Y todavía se atreve a preguntar? ¡Después de todo lo que le costó a Simona salir de ese pueblo, usted quería obligarla a volver y a casarse!El hombre levantó la cabeza, desconcertado, y se apresuró a defenderse.—Yo nunca le pedí eso. Hasta había ahorrado diez mil dólares para dárselos cuando s

  • Tu Amante Te Costó Nuestra Hija   Capítulo 6

    La fiesta se celebró en el hotel más lujoso de la ciudad. La decoración y todos los preparativos eran idénticos a los que yo había planeado para mi bebé.En el escenario, Simona pronunciaba unas palabras en honor de su hija, con la niña en brazos y apoyada en Antonio.—Muchas gracias a todos por acompañarnos para celebrar el primer mes de nuestra hija…—¿A mí no vas a darme las gracias? —Subí despacio al escenario, ante las miradas atónitas de todos—. Si no fuera por mí, ¿cómo habrían terminado juntos? Me alegra verlos tan felices. Por eso les preparé varias sorpresas. Antonio, ¿no quieres abrir esta caja? —Le tendí la caja que llevaba conmigo.—¡Lorena!Corrió hacia mí, con una mezcla de sorpresa y alegría. Me miró de arriba abajo antes de seguir hablando.—¿Dónde estabas? Ayer volvimos a casa y ya no estabas. Nos equivocamos contigo. Déjame ver tu mano.Lo aparté y le puse la caja frente a los ojos.—Ábrela.—Está bien.Antonio recibió la caja y la abrió con cuidado. Le bastó un vist

  • Tu Amante Te Costó Nuestra Hija   Capítulo 5

    Antonio y los demás llegaron a la comisaría a toda prisa. La bebé estaba a salvo en brazos de su niñera.Un policía miró a Antonio con evidente disgusto.—¿Qué clase de padres son ustedes? La niña estaba en un hospital y ustedes ni siquiera sabían dónde la habían dejado. ¿Cómo piensan cuidarla así?—¿Dice que nadie se llevó a Emi? ¿Que solo estaba en ese hospital?El policía asintió y le mostró las grabaciones de seguridad.—Su esposa la llevó personalmente.Antonio se volvió de golpe hacia Simona. Ella hizo un puchero, con lágrimas en los ojos.—Es que últimamente estoy muy cansada.—Ya basta. ¿Para qué la culpas? Lo importante es que Emi está bien —intervino Rosario, poniéndose delante de Simona.Antonio se quedó blanco y se apresuró hacia la salida.—Tenemos que ir a buscar a Lorena. Creo que la vi sangrar.Rosario también se alarmó y lo siguió al auto.Antonio condujo a toda velocidad y se pasó tres semáforos en rojo. No podía sacarse de la cabeza el rostro contraído de dolor y la

  • Tu Amante Te Costó Nuestra Hija   Capítulo 4

    Levanté la vista, aturdida. Antonio evitó mirarme a los ojos.Rosario se puso delante de Simona y me fulminó con la mirada.—Entiende de una vez, Lorena: ¡tú eres la amante! ¡Tú eres la que está destruyendo una relación!Mi mamá sacó un informe psiquiátrico y se disculpó ante los periodistas.—Lo siento mucho. Mi hija tiene una enfermedad mental. No deja de acosar a Antonio y hasta lo drogó para acostarse con él. Le ha causado muchos problemas a Simona. Les pido disculpas en su nombre.Miré a mi mamá, sin poder creerlo. Las lágrimas me brotaron de inmediato.—¿Mamá? ¿Te volviste loca? ¡Ella es la que…!En ese momento, Antonio se acercó con un grupo de médicos. Recibieron el informe de manos de mi mamá y, antes de que pudiera defenderme, me inyectaron un sedante.Lo último que vi antes de perder el conocimiento fue a Antonio y Simona abrazados, con los dedos entrelazados. Ni siquiera me miraron.Me quitaron el celular y me encerraron durante un mes entero en una habitación de menos de d

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