LOGINDespués de que descubrí la infidelidad de Antonio Carmona, él volvió conmigo. Mis papás y mi mejor amiga se dedicaron a vigilarlo. Si salía a sacar la basura, mi papá lo seguía y me enviaba videos: —Se está portando bien. No ha mirado el celular ni una sola vez. Si tenía una reunión en el bufete, mi mamá se hacía pasar por empleada de limpieza para colarse: —No se le ha acercado ninguna mujer. No hay ni una a la vista. Cuando regresaba al país después de un juicio, mi mejor amiga le revisaba minuciosamente la ropa: —Ni un cabello ajeno ni una marca de labial. Todo en orden. Todos me aseguraban que Antonio había vuelto a amarme. Él mismo se arrodillaba cada noche junto a mi cama y juraba que, de ahí en adelante, solo nos amaría a nuestro bebé y a mí. Hasta que, en mi séptimo mes de embarazo, dijo que tenía que salir de viaje por trabajo y tuve que acudir sola a un control prenatal. Al pasar por el área de maternidad, lo encontré con un bebé en brazos, besando emocionado a una mujer acostada en una cama. Mis papás y mi mejor amiga estaban alrededor de ella, también conmovidos hasta las lágrimas. La reconocí de inmediato: era Simona Córdova, la mujer con la que me había engañado. Al verme, todos se pusieron en guardia y protegieron al bebé por instinto. Yo solo me acerqué con calma y le acomodé el cuello de la camisa a Antonio. —Qué lindo bebé. Se parece a ti. Los dejo tranquilos. Tengo que volver a casa a lavar la ropa.
View MoreJesús había contenido la rabia hasta ese momento, pero ya no pudo más. Se subió las mangas, se quitó los lentes, se dio la vuelta y le asestó un puñetazo a Antonio en la cara.Antonio retrocedió, tambaleándose. Se limpió la sangre de la comisura de los labios y le devolvió el golpe, negándose a ceder. Enseguida los dos empezaron a golpearse con fuerza.—¡Desgraciado! ¿Todavía tienes el descaro de seguir buscando a Lorena? ¡Si hubiera sabido lo que ibas a hacerle, me la habría llevado conmigo!—¡Basta, los dos! —Me acerqué y le di una patada a Antonio.—¡Lorena! —Antonio se arrodilló y se aferró a mi pantalón, con los ojos enrojecidos—. Sé que me equivoqué. Dame otra oportunidad.—¿Otra oportunidad para qué? —Di un paso atrás y me solté de él, sin mostrar ninguna emoción—. ¿Para volver a engañarme o para volver a hacerme daño?—No. Sé que te acusé injustamente, que te lastimé y que incluso te traicioné. Sé que todo fue culpa mía. —La voz se le quebró. En sus ojos había dolor y arrepenti
—¿Cómo te atreviste a hacerle daño a Hugo? —Rosario, con el rostro descompuesto de rabia, se lanzó sobre ella y las dos empezaron a golpearse—. ¡Solo te ayudé porque estabas embarazada de mi hermano! ¡Maldita! ¡Casi lo matas y además me hiciste perder a mi mejor amiga!Simona perdió la paciencia y abofeteó a Rosario.—¡Basta! ¿Se creen mejores que yo? Tu hermano se acuesta con cualquiera y nunca se hace responsable. ¡Hasta quiso obligarme a abortar! ¿Y tú? Siempre envidiaste a Lorena por sus buenas notas, su familia y el hombre con el que se casó. ¡Tú me buscaste! ¡Dijiste que te sentías más unida a mí y me propusiste que entre las dos la hiciéramos a un lado!Todas las máscaras habían caído.Antonio miró a la niña que sostenía en brazos y pareció aliviado. Tal vez creyó que, como no era su hija, ya no tendría que hacerse responsable de ella y que nada volvería a interponerse entre nosotros.Mis papás se tambalearon. Temblaban de rabia. Solo entonces se volvieron hacia mí y me llamaron
Di unas palmadas y Jesús acompañó enseguida al padre de Simona al escenario.El hombre tenía las sienes canosas y la espalda encorvada. Su ropa estaba salpicada de barro por el viaje. A pesar de su aspecto maltrecho, tenía una expresión bondadosa. Se acercó, temblando, e intentó tomarle la mano a su hija.—Simona, ya estás casada y tienes una hija. ¿Por qué no me dijiste nada? La última vez que volviste a casa, me dijiste de pronto que no querías saber nada más de mí. Me quedé tan preocupado. Quise venir a buscarte, pero me caí en la montaña y me rompí una pierna. ¿Puedes decirme qué hice mal?Ella apretó los labios y retrocedió, presa del pánico.Rosario se puso de inmediato delante de ella.—¿Y todavía se atreve a preguntar? ¡Después de todo lo que le costó a Simona salir de ese pueblo, usted quería obligarla a volver y a casarse!El hombre levantó la cabeza, desconcertado, y se apresuró a defenderse.—Yo nunca le pedí eso. Hasta había ahorrado diez mil dólares para dárselos cuando s
La fiesta se celebró en el hotel más lujoso de la ciudad. La decoración y todos los preparativos eran idénticos a los que yo había planeado para mi bebé.En el escenario, Simona pronunciaba unas palabras en honor de su hija, con la niña en brazos y apoyada en Antonio.—Muchas gracias a todos por acompañarnos para celebrar el primer mes de nuestra hija…—¿A mí no vas a darme las gracias? —Subí despacio al escenario, ante las miradas atónitas de todos—. Si no fuera por mí, ¿cómo habrían terminado juntos? Me alegra verlos tan felices. Por eso les preparé varias sorpresas. Antonio, ¿no quieres abrir esta caja? —Le tendí la caja que llevaba conmigo.—¡Lorena!Corrió hacia mí, con una mezcla de sorpresa y alegría. Me miró de arriba abajo antes de seguir hablando.—¿Dónde estabas? Ayer volvimos a casa y ya no estabas. Nos equivocamos contigo. Déjame ver tu mano.Lo aparté y le puse la caja frente a los ojos.—Ábrela.—Está bien.Antonio recibió la caja y la abrió con cuidado. Le bastó un vist












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