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Capítulo 16

Author: Sra De Taker
last update publish date: 2021-08-25 15:11:51

Nathan...

Verla dormir se ha convertido en mi nuevo pasatiempo. No voy a negar que mi amigo, se ha estado quejando en mi entrepierna por no darle uso con ella. Pero no quiero apresurarla con nada. Bastante tiene con su vida complicada para yo agregarle que quiero hacerle el amor.

¿Hacerle el amor?

«Hace años dejé de usar esas palabrerías», río por mis pensamientos.

Debido a mi trabajo las mujeres prefieren tenerme para una escapada, sexo rápido, pero nada serio. Lamentablemente nunca estoy disponible para cuando me necesitan. Me pierdo muchas fechas importantes y la mayoría de las veces, las chicas se cansan de mi trabajo.

—Mi pequeña rusa, si supieras todo lo que despiertas en mí no estarías durmiendo tan plácidamente sobre mi pecho —susurro por lo bajo.

Su respiración es pausada, sus ojos están un poco hinchados de tanto llorar, sus mejillas tienen rastro de las lágrimas de anoche y su boca…

Dios, su apetitosa boca me dio hambre.

Quito varios cabellos que caían por su cara, me empiezo acercar lentamente dando pequeñas caricias por su mejilla. Se me hace agua la boca. Mi nariz acaricia la de ella haciéndola gemir.

¡Joder, quiero besarla!

—Danielle, tengo hambre —su voz se escucha ronca.

Me alejo rápidamente. A buena hora te vienes a querer despertar.

Empieza a balbucear y a decir cosas sin sentido. Moviéndose despacio sobre mi pecho, abre sus orbes azules lentamente acostumbrándose a la luz. Se aleja de mí y siento frío en donde ella hace segundos estaba.

—¿Nate? —frota sus ojos haciendo una mueca de dolor—. Ouch, me duelen —susurra, pero logró oírla—. ¡Debo parecer una mosca! —exclama indignada.

Me río levantándome del suelo y lo que ayer parecía muy cómodo, hoy mis entumecidas piernas lo ponen en duda. Ella se levanta y se fue primero al baño, después de un rato salió y seguí yo.

—No sé qué suelas desayunar y no quise revisar mucho, por eso preparé cereal y leche —sus mejillas se tornan de color rojo.

—Tranquila, igual no tenía más nada para comer aquí —ambos reímos y comenzamos a comer.

Podría acostumbrarme a esto, pero esta vez solo con ella.

—¿Con que chico rudo? —su voz me saca de mi ensoñación, la miro con confusión—. No me veas así, tú mismo lo dijiste. ¿Cómo fueron las palabras? —piensa unos segundos—. ¡Ya lo recuerdo! —se levanta de golpe de la silla y se pone frente a mí ¿firme?—. ¡Mayor Nathan Ackerman, señor!

La miro asombrado mientras ella se ríe. ¿Cuándo le dije que era mayor?

—De inteligencia no te vas a morir, genio —afirma divertida—. Tonto, lo dijiste ese día. Ya sabes, esa mañana después de dormir juntos.

No me lo recuerdes, esa noche solo logré dormir más de dos horas. Mi amigo no dejaba de palpitar y querer tener acción.

Tú durmiendo tranquila y yo muriendo excitado.

—Claro, como olvidarlo —río con sarcasmo—. Esa mañana también te caíste de la cama, gatita.

—¡No me digas así! —se cruza de brazos fingiendo estar enojada—. En fin, señor soldado, ¿cuál es tu trabajo? —se sienta nuevamente a mi lado, comiendo de su cereal y viéndome interesada—. ¿Has ido a la guerra? ¿Conoces muchos países? ¿Sabes más idiomas?

Le doy una pequeña sonrisa y empiezo a comer. No pensé que en serio le interesara lo que hago, o tal vez yo.

—Hoy estás muy preguntona —se encoge de hombros—. Mi trabajo es hacer informes, he ido a varios países y sí, sé algunos idiomas.

—No te creo, pero fingiré por ahora que si —duda unos segundos y vuelve a preguntar—. ¿Cómo te hiciste esta cicatriz? —lleva su mano a mi ceja derecha y la acaricia.

Disfrutó su tacto antes de responder.

—Estaba trabajando en un informe muy importante, unos hombres llegaron a la base —abre sus ojos y su boca sorprendida, mis ojos automáticamente viajaron a sus labios.

¡Estoy muy jodido! ¡Quiero besarla!

—¿Qué sucedió después? —pregunta, sin dejar de acariciar mi ceja.

—Me dieron un cachazo y fin de la historia —me encojo de hombros quitándole importancia.

—Mentiroso, pero está bien, no te voy a insistir más porque no quieres responder —suspira resignada.

—No hay mucho que decir sobre mí, Natasha —deja de tocarme—. Soy mayor de la fuerza aérea. Mi trabajo es protegerlos a todos ustedes.

—¿Quién te protege a ti? —me mira dudosa.

—Mi equipo —respondo obvio—. Los chicos que comparaste como pandilleros. Ellos son parte primordial de mi equipo.

—¿Hasta Logan? —asiento—. Debe dar mucho miedo enfrentarse a tanta gente desalmada.

—Da más miedo que le pase algo a las personas que son importantes para ti —me mira buscando algo—. Mi misión es protegerte. Hice un juramento ante mi país y mi deber es cumplirlo.

—¿Ir a la guerra y matar a personas para morir como un héroe? Que gran misión y juramento hiciste —presiona sus labios.

—Alguien tiene que hacer el trabajo que nadie quiere ejercer —sonrío sincero—. Estoy orgulloso de ser quien soy y elegiría mil veces la misma profesión porque me trajo hasta donde estas tú.

—Y si mueres, ¿acaso no piensas en las personas que sufrirán tu partida? —aparta la mirada y vuelve a comer.

Suspiro.

—Todos los días pienso en ellos, pero debo seguir adelante. Hay personas en el mundo que no tienen como defenderse. Para eso estamos nosotros. Los ayudamos y resguardamos para que nada les pase —respondo.

Tú eres una de esas personas. Eres mi misión, Natasha. Yo debo protegerte del hombre que dice ser tu tío.

—Si mueres serás olvidado después de darte algunos honores —vuelve a verme.

—Es cierto —vuelvo a sonreír—, pero me hace sentir bien en ayudarlos. Siento que aporto un granito de arena en las vidas de las personas que salvo.

—Gracias por el trabajo que haces protegiendo a todos los ciudadanos de este país —acaricia mi mano—. No estoy de acuerdo en lo que haces porque salvo vidas, pero me hace sentir bien el saber que muchos como tú, están liderando guerras para que todos seamos libres.

—Igualmente un día puedo llegar medio muerto y tú me salvas —bromeo.

—Ni se te ocurra hacerme eso, idiota —deja de acariciar mi mano, me río por su actitud mientras me ve furiosa.

Me levanto de la silla y le doy un beso en su cabello, lavo los platos y le digo que saldré un momento. Sé que se irá a ver con Danielle al salir de casa, por eso le envié un mensaje a mi hermano para encontrarnos en el estacionamiento.

***

Que diferente me hace sentir Natasha. Sé que al regresar a mi casa ella estará ahí. Aunque sean por algunas horas, tenerla para mí solo es único y especial. Cuando me hablaron de esta misión y me mostraron la foto de ella, hubo algo que me cautivo. Solo una foto bastó para que esa rusa pusiera mi mundo a su merced.

—Pero que cara que te cargas, hermano —dice Logan al llegar—. ¿Mala noche con la rusa?

—Ojalá fuera eso nada más —nos sentamos bajo un árbol—. Por un susto mientras dormía con ella le confesé que era militar.

—¿Estás loco, Nathan? No podemos perder otra vez la misión. No ahora que estamos más cerca —pasa sus manos por su cabello nervioso—. ¿Le dijiste algo más que nos ponga en evidencia? Ella no puede saber que somos de las fuerzas especiales.

Me río de lado por la conversación que acabo de tener con ella.

—No, tampoco soy tan idiota para decirle eso —me mira incrédulo—. Logan, ese no es el problema —suspiro, mirando a la nada—. Los padres de Natasha están aquí en California y un anónimo le dijo que su familia pertenece a la mafia.

—Eso no puede ser posible. Hemos estado en contacto con ella constantemente y en la base nos hubiesen dicho cualquier novedad —después de unos segundos analizando las cosas, cae en cuenta de todo—. Sasha es quien esta detrás de todo esto. Nos quiere apresurar para que Natasha regrese con ellos.

—No sé por qué en la base no saben nada de lo que sucede, pero Natasha me habló de Sasha y pude atar los cabos sueltos. ¿Sabes lo que significa esto? —le pregunto, deseando que no lo admita.

—Nathan, esta m****a se va a poner fea —suspira, apoya su cabeza en el árbol—. Tenemos que averiguar si Stefano tiene a su gente todavía y si es así, Natasha y los que la rodean corren peligro —me mira preocupado.

—Si es así va a correr mucha sangre —trago grueso—. Se van a volver a enfrentar la mafia rusa y la italiana, hermano.

—¿Cuánto tiempo nos queda para disfrutar de ellas y esta escasa paz? —cuestiona, me giro a verlo.

—Hasta el momento que le digamos a Aleksandr que Natasha sabe todo —pongo mi mano en su hombro—. Quiero estar con ella, Logan, y no es para pasar el rato. La quiero de verdad y desde hace bastante tiempo.

—Esta demás que te diga que ella es intocable —golpeo su cabeza—. Nathan, ella pertenece a la mafia y no puedes ser parte de la ley cuando quieres romper las reglas.

—Ahora entiendo por qué Arya y Lauren dejaron de ser militares —mi hermano se acerca y pasa su brazo por mi cuello—. Cuando la misión de tu vida y el amor para tu vida se cruzan, debes elegir una y soltar la otra. Las dos cosas no la puedes tener y de eso se trata todo esto —admito.

Terminamos de hablar y quedamos en que debemos ir a la base a informar los nuevos descubrimientos.

Esta guerra es desde hace más de 20 años. Los padres de Natasha mataron a la hija de los Rinaldi. Pero lo que no entiendo es, ¿cómo la secuestraron? Esto cada vez es más confuso. La misión de mis padres es destruir a la mafia italiana y por eso crearon a Cobs Company. Están a pocos pasos de desintegrarla por completo, pero con Natasha perteneciente a otra organización por sus padres, se les complica todo.

Ahí es donde entraremos nosotros, unos cuantos de las fuerzas especiales y su hermano Aleksandr.

***

Estoy volviéndome loco en pensar que debo hacer con esto que me pasa con Natasha. Yo sabía que al involucrarme tanto, las cosas resultarían de esta manera, pero no llegué a pensar en como me sentiría al estar ella. No quiero perderla. No quiero que se aleje de mí y de verdad deseo protegerla. Pero en esta guerra, alguien saldrá perdiendo y creo que esta vez seré yo.

Ella volverá a su vida con su familia y yo terminaré con una medalla más, por haber ayudado a la ONU, a que su misión con el programa de protección al testigo, culminará satisfactoriamente.

Como mínimo debería ser un poco más honesto con ella.

—Al fin llegaste —me saluda eufórica, veo la hora y ya es por la tarde. La deje sola mucho tiempo y no me di cuenta—. ¿Quieres que veamos una película?

—Me lavo las manos y hago las cotufas —respondí serio y me fui directo a la cocina.

—Nate, ¿estás bien? —su dulce voz acelera mi jodido corazón—. Tienes mala cara y pensé que te había sucedido algo.

—Todo está bien, bonita —me giro a verla, quedamos tan cerca que no me di cuenta de que mi cocina era muy pequeña.

El olor de mi shampoo estaba en su rubio cabello. Sus ojos están dilatados y su boca a medio abrir. Me mira esperando o buscando alguna respuesta de mi parte, y lo único que logro es acercarme más. Paso mis brazos por su lado encerrándola para mí. Muerde su labio y con una sexy y suave voz vuelve a hablar.

—Iré a buscar la película —asiento—. Te espero en la sala —la deje libre y ella casi salió corriendo de la cocina.

Que jodido estoy por esta mujer.

Vimos la película en silencio y aunque varias veces la vi limpiarse las lágrimas, disfrutó ver casi cinco horas de películas clásicas como Armagedón y El Titanic. Creo que verlas no fue una buena elección, pero a ella le gustaban y no quería llevarle la contraria.

Con todo lo que ella está viviendo lo más que puedo ofrecerle es mi total honestidad para que el día en que todo esto pase, me elija entre el montón.

—Natasha, voy a ser lo más sincero posible contigo. De verdad necesito que confíes en mí —frunce el ceño—. No quiero que por mi parte te sientas engañada así que pregunta lo que quieras —suelto de repente.

Me mira por unos segundos acomodándose en el sofá. Suspira profundamente y sus orbes azules me ven con intensidad.

—Está bien, Nate. Por fin sabré tu nombre y quien eres en realidad —me mira divertida y vuelve hablar—. ¿Qué edad tienes?, ¿has ido a la guerra y dónde vives?, ¿tienes más cicatrices y como te hiciste la de tu ceja?, ¿has matado a alguien y cuando desapareciste varios días, dónde estabas? —juega con un mechón de cabello—. ¿Me aceptarías aunque fuera hija de mafiosos?

Río por la cantidad de preguntas que tiene para mí. Menos mal que estaba muy satisfecha con lo que le dije en la mañana.

—Hoy sí que estás preguntona, bonita —acaricio su mejilla—. Me voy a volver a presentar y está vez no como el matón que me creíste ser.

Tomo una bocanada de aire y le vuelvo hablar lo más tranquilo posible.

—Nathan Ackerman, 36 años. Ya perdí la cuenta de las veces que he ido a la guerra —alza sus cejas sorprendida—. Vivo en una base militar en Washington con los chicos. La cicatriz en la ceja me la hice en combate mientras peleaba, y sí, tengo más de ellas. Desaparecí varios días porque estaba desplegado en una misión en Afganistán.

Su cara es de sorpresa y puedo ver un poco de miedo en ella. Traga grueso y hace señas para que continúe.

—No te diré si he matado a alguien porque realmente no querrás saberlo —hace una mueca asintiendo—. Yo a ti te acepto de las miles de maneras que vengas. Te lo dije, no me importan tus padres. Me importas tú, me gustas tú y te quiero a ti —tomó sus manos y me acercó más a ella—. ¿Te afecta mucho que tu familia sean mafiosos?

Duda por varios minutos antes de volver a hablar.

—Yo ni siquiera sé diferenciar entre el gusto o amor por alguien —sus ojos se cristalizan—. No me afecta lo de mis padres, pero tengo miedo que lastimen a los que me rodean.

—La señora Francesca, Danielle y tú estarán a salvo de todo —pongo mis manos en sus mejillas—. Lo prometo. ¿No sabes la diferencia entre el amor y el gusto? No importa. Yo te enseño.

—Pero si pienso realmente lo que me sucede contigo y de acuerdo a lo que busqué por internet —me sonríe nerviosa—, puedo asegurar que tú me gustas.

Sonrío al verla admitir tímidamente que le gusto y sin esperar su respuesta o acción alguna, cumplí el deseo que tenía desde el primer día en que la conocí.

La besé.

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