MasukAriadna lo miró con recelo, y a la vez con resentimiento, parpadeó un par de veces antes de responder.
—Por supuesto —expresó dubitativa.
—Mucho gusto, a todos —contestó Nick.
La junta se terminó, la abuela anunció una cena en su casa, en honor a su nieto. La señora Grimaldi tomó del brazo a Nick, y lo llevó a conocer la empresa.
****
En la oficina de Alonzo, una reunión muy importante tuvo lugar.
—Deben casarse de inmediato —ordenó Amanda, observando a su hijo, y su novia—. No vamos a permitir que la fortuna de nuestra familia, caiga en manos de unos oportunistas —gruñó.
Ariadna, no podía dar crédito a las palabras de la señora Grimaldi, para Amanda, tener un bebé era solo una transacción.
—Yo pienso que los niños se tienen por amor y no por un negocio —contestó Ariadna, muy molesta.
Su futura suegra la observó con malestar.
—Entiendo que a ti te hayan criado con esas creencias; pero en esta familia las cosas no son así— increpó Amanda a su futura nuera frunciendo el ceño. —Es más, si tú no estás dispuesta a casarte con Alonzo. —Observó a su hijo—. Deberías conseguirte otra novia. —Se dirigió con la mirada a él—. Y tú. —Señaló con el dedo a la joven—. Dile a tu padre que nos pague todo el dinero que le prestamos para no ir a la cárcel.
Ariadna clavó su profunda mirada en Amanda, pero no dijo nada más.
—Te recuerdo nuestro trato —habló Alonzo, tomando la mano de su novia—. Un hijo a cambio de la libertad de tu padre.
Ariadna se soltó del agarre de su pareja, abandonó la reunión molesta, llegó hasta su oficina llena de resentimiento.
—¡Maldita sea! —exclamó respirando agitada—. Piensan que soy una incubadora —espetó con molestia. —¡Los odio! —bramó con la garganta seca.
Minutos después Alonzo su novio irrumpió en su oficina.
—Ariadna yo cumplí mi palabra, y tú solo le estás dando largas a nuestro compromiso.
Ella se levantó enojada, se puso en frente de Alonzo y lo encaró
—No me amenaces, voy a conseguir el dinero que mi padre te debe —respondió ella desilusionada.
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En otra parte de la gran ciudad de New York, también se efectuaba una reunión importante entre Consuelo y Jessica, la madre y la novia de Nick.
—¿Estás consciente que el futuro económico de nuestra familia ahora depende de ti? —cuestionó la señora Miller, pensando en los millones de la fortuna Grimaldi.
—No te entiendo Consuelo —habló la joven. —¿Por qué depende de mí? —preguntó Jessica sin comprender nada.
— ¿En qué mundo vives niña? —bufó Consuelo—. Supe que el primero que tenga un hijo varón, manejará toda la fortuna Grimaldi.
Jessica al fin entendió a donde iba esa conversación, frunció los labios.
—Alonzo será el dueño de la empresa —aseveró—. Sabes muy bien que Nick se cuida, y que casi tengo que obligarlo a estar conmigo —afirmó con tristeza Jessica.
—Todo por culpa de esa mujerzuela que se le metió por los ojos —vociferó Consuelo—. Quisiera algún día tener en frente, a la muchachita esa —resopló con profundo odio.
—¿Conociste a aquella mujer? —interrogó Jessica a su futura suegra.
—La vi una sola vez, era una muchacha flaca e insignificante, es hija de la mujer que me quitó el amor de Paolo. —La mirada de Consuelo se tornó oscura, frunció los labios.
Jessica sin conocer a aquella joven, la odiaba, porque sabía que el recuerdo de ella se interponía en su relación con Nick.
—Esa mujer lo sedujo hasta volver loco a mi hijo —expresó con la mirada cargada de odio Consuelo—. Tienes que quedar embarazada Jessica —ordenó.
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La abuela dejó a Nick, instalado en una elegante y cómoda oficina, mientras trataba de organizarse no podía evitar pensar.
«¡No puedo creer que ella sea novia de mi primo!»
—Las vueltas que da el mundo, encontrarnos después de tanto tiempo —expresó en voz alta. Volver a ver a Ariadna le removió viejos recuerdos: su linda sonrisa, sus hermosos ojos, lo bella que estaba ahora. «Lo que me duele es que se olvidó de mí» dijo en su mente Nick, mientras sentía como le martillaban su corazón al verla en brazos de otro—. Me conformo con tenerte cerca —repitió en voz alta.
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Long Island- Nyc, Usa.
Ariadna Rinaldi, enfundó su espectacular figura en un elegante vestido negro, con un gran escote en la parte del busto. Su mirada se perdió a través del espejo, a sus años de adolescencia, cuando era tan solo una muchachita flaca, y sin ningún encanto, pero ahora gracias a las largas horas de entrenamiento, no era ni la sombra de aquella joven.
Recogió su hermosa melena en un moño alto, maquilló sus labios de rojo pasión, y luego tomó asiento en uno de los sillones de su habitación, amarrando las tiras de sus finas sandalias de tacón de aguja.
Justo cuando terminó esa tarea, el timbre de su apartamento sonó. Ary, tomó su cartera de mano, y salió.
Alonzo, apareció ante ella luciendo un elegante traje gris, camisa blanca y corbata vino, la azulada mirada de aquel hombre, se tornó oscura al recorrer la figura de Ary, con su vista.
—Te ves más hermosa que de costumbre —aseveró Alonzo, con voz ronca, de inmediato tomó a su novia de la cintura y la aproximó a su cuerpo, la besó con ansiedad.
Ariadna inhaló profundo, correspondió el mimo, sintiendo la respiración agitada de su novio, y como la estrechaba a su cuerpo, al cabo de unos segundos se separó de él.
—Se nos hace tarde —informó.
Alonzo gruñó cuando su novia interrumpió su beso.
—Después de la cena, firmarás el contrato —susurró al oído de ella en tono amenazante.
Ariadna se estremeció, necesitaba pensar en algo, si no estaba perdida, no dijo nada, y salió del brazo de él a casa de la abuela.
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En la mansión Grimaldi, un ambiente bastante tenso inundó el enorme, y elegante salón, con la presencia de Consuelo, y Jessica: la madre y novia de Nick, respectivamente.
La abuela trataba de amenizar la reunión, para que el silencio sepulcral de minutos antes no fuera incómodo a la familia de su nuevo nieto.
Mientras una de las empleadas de servicio, servía las copas con champagne, la abuela impaciente, miró el reloj de pared que colgaba en una de las paredes de su sala.
—¿Por qué demoran tanto Ariadna y Alonzo? —preguntó la señora Fiorella.
—Querida suegra, sabes bien cómo son esos muchachos y lo enamorados que se encuentran, de seguro se demoraron porque están encargando a tu futuro bisnieto —comentó con una sonrisa socarrona.
Nick, se atoró con su trago al escuchar el comentario de su tía, no soportaba la idea de imaginar a Ariadna, en brazos de otro.
—¿Estás bien? —cuestionó Jessica, pasándole una servilleta.
Nick, asintió limpiando las comisuras de sus labios.
—Amanda, por favor —regañó, su esposo.
La abuela también se ofendió, y miró con seriedad a su nuera. Consuelo, observó a Amanda, analizando cada una de sus insinuaciones, supo entonces que al igual que ella, también deseaba un heredero.
—Esos comentarios están de más —recriminó—. Ariadna es una buena muchacha y ellos no se han casado aún —aclaró.
Nick apretaba sus puños, lleno de celos, trataba de contenerse.
—Pero si yo no dije nada malo —refutó Amanda—. Es verdad, Alonzo y Ariadna se adoran, es más en cualquier momento nos dan la noticia que vamos a ser abuelos, hacen tan linda pareja —mencionó con emoción—. Nuestro nieto será hermoso.
Nick se disculpó, levantándose para ir al baño, no soportaba un minuto más escuchando a Amanda, hacer esas insinuaciones. Luego de un momento volvió a la reunión, y tomó asiento junto a su pareja.
— ¿Y ustedes cuánto tiempo llevan de novios? —preguntó Amanda a Nick y Jessica.
Él ni siquiera prestó atención a la pregunta, estaba tan contrariado por todos esos comentarios, ansiaba la llegada de Ariadna, necesitaba encararla, preguntarle sobre lo sucedido hace cinco años atrás.
Jessica le tomó de la mano y le repitió el interrogante a lo que Nick contestó:
—Nosotros llevamos dos años juntos.
— ¿Y por qué no se han casado? —continuó de nuevo con el cuestionamiento Amanda.
Jessica intervino.
—Es que queremos disfrutar de nuestro noviazgo.
—Cosas de muchachos —respondió Consuelo—, pero en un par de meses se casarán, y también me harán abuela —murmuró sin dejar de ver a los ojos a Amanda.
Ella sonrió, «El heredero de la familia, será mi hijo Alonzo» dijo en su interior la tía política de Nick.
***
La ambición de dos familias por manejar una fortuna, y la presión que ejerce sobre Ariadna, su novio.
¿Qué sucederá más adelante?
Queridos lectores agradezco el tiempo que se han tomado para leer esta humilde historia que fue la primera que me animé a subir a las plataformas. Aquí empieza la aventura de la Serie Romance que conforman varios libros más. Recuerden que esta historia participa en el concurso y espero sus votos. Un contrato por amor: Historia de Nick y Ary. Déjame decir que te amo: Segunda parte de: Un contrato por amor. Tengo todo excepto a ti: Historia de Diana y Rodrigo, padres de Santiago Vidal. Cuando seas mía: Historia de Isabela, hermana de Santiago. Si me ves llorar por ti: Historia Alba y Santiago. Un café para el Duque (antes: El día que me quieras): Historia de María Paz y Joaquín. Hoy te vuelvo a enamorar (antes: Amantes de luna llena): Historia de Carlos Duque. Dulce Adicción: Historia en Coautoría con mi amiga Xinova Escritora, autora de Entre sombras y tormenta. Pueden pasar a leer uno de sus libros publica
CUATRO AÑOS DESPUÉS. Isla de Roatán—Honduras La delicada y blanca arena de la playa cubría los pies de Nick y Ary, quienes, tomados de las manos de Nachito, Tefa y Paolo, observaban el hermoso color turquesa del agua del mar. Los niños eran muy educados, tiernos, amorosos y solidarios no solo con sus padres sino con las personas a su alrededor. Ayudaban a Ariadna en el orfanato y en el centro comunitario; sin embargo, cada uno tenía características que los hacían diferentes: Nachito ya era un jovencito de once años, tímido, reservado, bastante maduro para la edad que tenía. Tefa, acababa de cumplir nueve: ella era extrovertida, alegre, divertida. Paolo estaba por llegar a los cinco, él era un pequeño muy ocurrente, simpático, travieso; algo entendible en su edad. Lo primero que quisieron hacer los niños en las hermosas playas de Roatán ubicadas en el hermo
Posterior a eso regresaron al comedor comunitario, donde se sirvió una paella realizada por la abuela Fiorella y la señora María para todos los invitados. Mientras se servían la comida, ingresó al comedor Ana Cristina, con su hermosa barriga de siete meses de gestación, ella al igual que Ariadna, se veían resplandeciente. Alonzo la miró y su corazón se estremeció, sintió mucha emoción al verla. Ana Cristina se dirigió a saludar a Ary. —¡Felicidades, amiga! —comentó abrazándola—. Tu sueño se ha hecho realidad —mencionó Ana Cristina, emocionada. —Gracias —respondió Ary—, pero no creas que te voy a perdonar que te hayas ido sin avisar. —La acusó con el dedo índice, y luego sonrió mirando su abultado estómago. —¡Qué hermosa estás! Y mi sobrino cada día más grande —colocó su mano en el vientre de Ana—, te ves tan linda —aseveró Ariadna feliz de ver a su amiga de vuelta. Nick, como todo un caballer
Ariadna, antes de irse del hospital, pasó a saludar a Alonzo. Quién se encontraba acostado leyendo un libro.—Hola... ¿Puedo seguir?—¡Claro! —respondió él, con una sonrisa.Ariadna se acercó a él, lo tomó de la mano.—Muchas gracias… No tengo palabras para agradecerte. ¡Arriesgaste tu vida por mí!—No podía permitir que Jessica, te hiciera daño...no me lo hubiera perdonado nunca. Tú sabes que eres muy importante para mí… Te quiero Ariadna —expresó Alonzo; sin notar que Ana Cristina, estaba en la puerta de la habitación escuchando.—Perdón, no quería interrumpir —pronunció la doctora, con la voz entrecortada. Ariadna lo soltó.
Horas más tarde. Alonzo, salió de cirugía, estaba delicado de salud; pero estable. Ana Cristina ingresó al área de recuperación. Se acercó a él, y las palabras no salían de sus labios, porque ni ella misma sabía que decirle, no tenía claro lo que sentía por él, por eso sus frases no fueron las típicas de amor que todo el mundo espera cuando alguien está grave en la cama de un hospital. La joven doctora deslizó sus dedos por el nacimiento de la barba de él, se estremeció ante ese contacto, y luego respiró profundo. —Alonzo, tú eres un hombre valiente y fuerte. Me alegro de que estés bien. Sabía que te ibas a recuperar... Hierba mala nunca muere —comentó ladeando los labios, se inclinó y besó la frente de él, y se quedó unos minutos cuidándolo, y después salió a ver como seguía Ariadna. Al entrar a la habitación de su amiga, se dio cuenta de que estaba dormida, revisó
Esa misma noche luego de que Ana Cristina atendiera y estabilizara al pequeño Mateo quien padecía infección intestinal todos regresaban a casa. Ángel estaba al pendiente de sus pequeños. María pensativa caminaba a paso lento con las manos en los bolsillos de su saco, suspiró profundo al recordar todo lo que sucedía, estaba a punto de ingresar al contenedor en el que vivía, cuando divisó a su nieto, sentado esperándola.—¡Nachito! —exclamó la señora.—¡Abuelita! —expresó el niño con emoción y corrió a abrazarla.—¡Mi chamaquito! Pensé que no te volvería a ver...— dijo ella, con lágrimas en los ojos, besando las mejillas de su nieto. —¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste?&mda







