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Un Matrimonio sin amor
Un Matrimonio sin amor
Author: alvaradofer712

Capitulo 1

last update publish date: 2026-10-21 10:49:58

—Puedes irte, pero antes de hacerlo… divorciémonos.

Esas eran las únicas palabras que Isabella Bennett quería decirle a su marido mientras lo veía empacar sus cosas.

Sin despedidas. Sin besos de adiós.

Esa era su forma de decirle adiós.

Siempre repetía las mismas palabras, pero él nunca la escuchaba. Cuánto deseaba que algún día ese hombre despertara y decidiera escucharla de verdad, aceptando por fin lo que ella quería que sucediera.

Dos años atrás, sus padres habían arreglado su matrimonio.

Todavía recordaba aquel día con claridad.

Acababa de regresar de Chicago después de terminar su maestría en gestión empresarial. Estaba emocionada porque, por fin, tenía las credenciales necesarias para ayudar a dirigir los negocios familiares.

Las palabras de su padre aún resonaban en su mente.

El recuerdo seguía tan vivo como si hubiera ocurrido ayer. Todavía podía sentir las mismas emociones agitándose en su corazón. Cada acción y cada palabra pronunciada aquel día permanecían grabadas con total claridad en su memoria.

Bajó las escaleras en dirección al comedor y se sorprendió al encontrar a sus padres sentados juntos en la mesa. No pudo evitar preguntarse por qué ambos estaban allí al mismo tiempo.

Eso nunca ocurría.

Los dos siempre estaban ocupados con sus propios negocios. Su padre era dueño de una empresa constructora, mientras que su madre administraba una exclusiva boutique.

Isabella acababa de terminar su maestría en Chicago precisamente para ayudar a dirigir los negocios familiares.

Aun así, entendía el esfuerzo de sus padres. Sabía que trabajaban duro para darle un buen futuro, y no podía sentirse más agradecida por ello. Gracias a ellos había vivido como una princesa toda su vida.

Sin embargo, mientras se acercaba a la mesa, frunció ligeramente el ceño.

No solo estaban sus padres allí.

También había un hombre sentado junto a su padre.

Si no se equivocaba, debía tener casi su misma edad, quizá uno o dos años más. Intentó recordar si lo había visto antes, pero no encontró ningún recuerdo de él en su mente.

—Oh, aquí está —dijo su madre en cuanto notó su presencia, sonriéndole de oreja a oreja.

Parecía realmente feliz de verla. Isabella debía admitir que había extrañado mucho a sus padres y agradecía que ambos estuvieran allí con ella.

—Buenos días, mamá, papá —saludó antes de mirar al desconocido—. Hola, buenos días.

No pudo evitar observar al hombre frente a ella.

Llevaba una camisa azul a rayas doblada hasta los codos. Sus ojos almendrados eran increíblemente expresivos, y la intensidad de su mirada parecía atravesarla por completo. Tenía el cabello negro azabache.

La camisa se ajustaba perfectamente a su cuerpo. Era delgado, aunque claramente atlético. Su nariz recta y elegante hacía que su rostro fuera devastadoramente atractivo.

Isabella se perdió observándolo, preguntándose quién era y qué hacía sentado junto a sus padres.

—Buenos días, Isabella. Este hombre a mi lado es Adrian Steele… tu prometido.

Las palabras de su padre la devolvieron de golpe a la realidad.

Casi se atragantó al escuchar aquello.

Tosió varias veces y, cuando finalmente logró recuperarse, miró bruscamente a su padre con las cejas fruncidas.

Lo observaba como si quisiera asegurarse de que realmente había escuchado bien.

—¿P… papá? —logró decir después de varios segundos en estado de shock.

—Sí, Isabella. Escuchaste bien. ¿Por qué no te sientas primero? —dijo su madre con calma.

Aunque seguía confundida, Isabella tomó rápidamente una silla y se sentó junto a su madre.

Miró a su padre y luego dirigió la vista hacia Adrian, quien la observaba tranquilamente. Ella no podía entender qué estaba pasando por la mente de aquel hombre.

El silencio era ensordecedor.

Parecía que en aquel comedor las palabras se habían agotado.

—P… papá —dijo finalmente, rompiendo el silencio entre los cuatro—. ¿Cómo puedes decir que él es mi prometido? Nunca había visto a este hombre ni lo conozco.

La incredulidad y la confusión estaban claramente reflejadas en su rostro.

No podía creer que aquella fuera la bienvenida que recibiría después de haber pasado tanto tiempo lejos de casa.

No sabía exactamente qué sentir.

Nada de aquello tenía sentido para ella.

—Escucha, Isabella. Él es el hijo de mi mejor amigo. Hace muchos años prometimos que nuestros hijos mayores se casarían, siempre y cuando fueran un niño y una niña —explicó el señor Bennett.

¿Qué demonios?

¿Había escuchado bien?

Las emociones comenzaron a acumularse dentro de ella. Sentía cómo la ira empezaba a encenderse lentamente en su pecho.

—Adrian es el hijo mayor y está aquí para casarse con nuestra hija. No importa quién nació primero o después. Afortunadamente, ambos son del sexo opuesto y los primogénitos de sus familias —añadió su padre.

Isabella simplemente no podía creer lo que estaba escuchando.

Era como si para ellos todo aquello fuera completamente normal.

Pero no lo era.

¿Cómo podían decidir algo tan importante por ella?

Tendría que pasar el resto de su vida junto a un hombre al que apenas conocía.

—Entonces, dicho de la manera más simple… ¿esto es un matrimonio arreglado desde antes de que naciéramos? —preguntó sin poder ocultar su incredulidad. Sus ojos se abrieron por completo mientras intentaba procesar lo que acababa de descubrir—. ¿Papá? ¿Hablas en serio? ¡Por el amor de Dios, eso ocurrió hace veintitrés años!

Ya no podía contenerse.

Negó con la cabeza, mostrando un rechazo absoluto hacia aquella absurda idea.

No iba a permitir que destruyeran todos los planes que tenía para su vida.

No pensaba aceptar quedarse atada a un hombre al que ni siquiera conocía.

—Sí, querida. Así es como funcionan las cosas. Y esperamos que esto continúe también en la próxima generación —respondió su padre con total naturalidad, dejándola completamente boquiabierta.

Sus cejas se fruncieron mientras sentía que estaba perdiendo la paciencia con el rumbo que tomaba la conversación.

—Tus hermanos y tus futuros hijos también deberán cumplir con estos matrimonios arreglados —declaró su padre con un tono firme y autoritario.

En ese momento, Isabella deseó no haber nacido.

Su padre hablaba completamente en serio. Ella sabía que, cuando utilizaba ese tono, todo ya estaba decidido. No había manera de hacerlo cambiar de opinión.

—Isabella, querida, escucha a tu padre. Él sabe lo que es mejor para ti —dijo su madre mientras le tomaba la mano con suavidad.

Isabella estaba temblando.

Antes de ese día, se sentía profundamente agradecida por la vida que sus padres le habían dado. Sin embargo, en un solo instante, sintió que todo aquello se había convertido en un castigo.

Odiaba ese momento.

Ese día cambió por completo su vida.

Fue el día en que aceptó hacer algo que jamás había querido, solo porque deseaba ver feliz a su padre. Y también fue el día en que descubrió que él estaba muriendo de cáncer de colon y que aquel matrimonio era su última voluntad.

La frialdad se instaló en su corazón.

Su padre murió dos meses después de la boda.

Los padres de Adrian habían fallecido cuando él apenas tenía doce años, pero, por alguna razón, Adrian seguía aferrado al pasado. Había decidido cumplir la promesa que le hizo a su padre antes de que este muriera de un ataque al corazón.

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