ANMELDENLos ojos de Lia estaban hinchados. Cómo no estarlo cuando se había pasado la noche entera llorando hasta que por fin logró quedarse dormida bien entrada la madrugada, más por el agotamiento y la pesadez en los párpados que le causaron las lágrimas, que realmente por el sueño.
— M*****a sea, ¿Cómo voy a presentarme así a la entrevista de hoy?— se preguntó mirándose al espejo, apenas podía abrir los ojos, parecía que había recibido un puñetazo en cada ojo, de no ser porque la inflamación no estaba acompañada por ese peculiar color morado que quedaba tras un golpe, nadie lo pondría en duda.Por suerte, después de ponerse un antifaz helado durante más de media hora, darse una buena ducha que la ayudó a relajarse y soltar la tensión que, a pesar de haber dormido, aún sentía en la mayoría de sus músculos y maquillarse ligeramente, ya no se notaba demasiado.Abrió el armario y casi le da un ataque al encontrarlo vacío, toda su ropa había desaparecido, apenas le quedaba la interior, alguna chaqueta, alguna prenda deportiva y por supuesto, el vestido y el blazer que Charlie le había comprado el día anterior, bien puesto en una percha, m*****a sea y a esa hora ni siquiera estaba en casa para reclamarle, pero si no le devolvía todas sus cosas esa misma tarde haría confeti con su armario al completo.Algo insegura por lo que llevaba puesto, que en su opinión era demasiado revelador, llegó a la compañía y subió hasta la oficina de recursos humanos, solo para recibir la extraña noticia de que Evan Anderson la esperaba en su despacho.¿Por qué no le habían hecho la entrevista los de recursos humanos? Ni siquiera era un puesto importante al que aspiraba, solo pasaba del sueldo de becaria a un salario normalito medio bajo y casi con las mismas tareas, a penas podría avanzar un poco más el préstamo universitario que todavía arrastraba, pasarse el día buscando en las redes sociales cualquier contenido inapropiado que debiera ser borrado lo antes posible, eso fue lo que le dio la idea para su aplicación, algo innovador que si al fin la empresa le compraba ahorrarían muchas horas y facilitaría el trabajo a gente como ella, porque era un programa inteligente que a base de patrones detectaba cada uno de esos contenidos facilitando que fueran revisados cuanto antes sin tener que buscarlos.Tal vez era eso de lo que quería hablarle y no de su ascenso, porque si no, no se explicaba porque el hijo del mayor accionista de la empresa estaba allí a primera hora de la mañana, solo para tener una entrevista con ella.Llegó a su despacho algo intimidada y él le hizo un gesto a través del cristal para indicarle que pasara. Se quedó perpleja un instante observándolo, era un hombre guapísimo, posiblemente esa fuera la razón de que cada vez que iba a la oficina causara un verdadero revuelo entre las empleadas y entre más de un empleado, pero todo lo que tenía de guapo lo tenía de mujeriego.No era extraño que sus amoríos circularan por las portadas de las revistas y las páginas de cotilleo en las distintas redes sociales, hacía lo que quería, cuando quería y con quién quería, sin preocuparse, para nada, de la opinión de cuanto periodista escribiera sobre él.Él levantó la mirada y la observó desde detrás del escritorio con esos ojos azules que resaltaban todavía más a causa de su cabello completamente negro, a ella casi se le para el corazón por un instante, tal vez incluso se había olvidado de latir por unas breves décimas de segundo antes de empezar a palpitar más rápido, quizá para recuperar los latidos perdidos.— Buenos días, siéntese señorita… — miró la carpeta que tenía sobre el escritorio con los datos de la chica y levantó la vista para observarla — Taylor, señorita Lia Taylor…— repitió más bien para sí mismo como si pretendiera recordárselo.— Ha solicitado usted un puesto fijo en nuestra empresa ¿Cierto?— Así es yo…— estaba a punto de soltar todo lo que había ensayado, el gran discurso que tenía pensado para convencerlo de porque era la mejor opción para cubrir la vacante que dejó Harris al jubilarse, cuando él la observó de forma inquisitiva, no deseaba escucharla, deseaba seguir hablando él y es que Evan no era un hombre de escuchar demasiado, no le interesaba lo que los demás tuvieran que decir sobre absolutamente nada, solo lo que él tenía que explicar.—¿Qué parte de que se siente no ha entendido?— Casi la heló con aquella mirada qué instantes atrás tuvo el poder de pararle el corazón. Pero consiguió recomponerse y sentarse rápidamente en su lugar, luego él siguió hablando sin importarle lo más mínimo lo que ella iba a decir —Me consta que ha estado trabajando durante el último año con nosotros como becaria, si, ese es un puesto que solo tiene la duración de un año, la mayoría son echados en cuanto se termina ese contrato — su vista se desviaba a los documentos que tenía de vez en cuando, como si estuviera revisando datos sobre ella o tuviera una guía de lo que debía decir — tenemos las calificaciones con las que terminó la carrera de programadora con las mejores notas de su promoción y su estupendo trabajo de final de carrera. Esa aplicación en la que, por supuesto, estamos interesados, vaya, apenas 23 años y un futuro más que prometedor por delante, no veo ningún problema para promocionarla, es más, creo que es la mejor candidata para ocupar la vacante de Harris.Ella abrió los ojos muy grandes, no podía creer lo que decía y ni siquiera había tenido que convencerlo o algo parecido, ni soltar el maravilloso discurso que llevaba días ensayando, aunque en realidad esperaba no tener que hacerlo realmente.— ¿En serio, ya está, me contratan?— preguntó con una extraña sensación de haber superado la prueba con demasiada facilidad y de que había algo que se le escapaba.—¿Es que tenía usted algún tipo de duda sobre ello? Seríamos idiotas si no lo hiciéramos y sé que el departamento de patentes pronto le hará una oferta para comprar los derechos de su aplicación, la he estado cotilleando y me parece muy interesante, por supuesto en ese caso sería usted quién se encargaría de llevar ese departamento y no solo se quedaría el pequeño despacho en el cubículo de Harris, si no uno para usted sola, aunque eso es algo independiente a mí, depende al acuerdo que llegue con el departamento de desarrollo de software.— se quedó callado por un momento antes de seguir hablando — Pero yo si tengo otra oferta que hacerle, algo que no tiene nada que ver ni con su aplicación, ni con su ascenso.—¿Usted?— preguntó Lía sin entender muy bien a qué se refería.Todo ocurrió tan rápido como el estruendo de las armas disparándose al mismo tiempo. El caos parecía devorar la bodega, y aun así, por un instante, el tiempo se detuvo.El corazón de Lia también se detuvo cuando vio sangre salir del cuerpo de Evan. Sintió que el alma se le escapaba, hasta que una risa histérica de Max la hizo reaccionar. El hombre reía como si fuera el ganador, como si al fin se hubiera salido con la suya… pero su victoria duró apenas segundos. Su risa se quebró de golpe cuando un hilo rojo se expandió en su pecho, manchando su camisa y apagando el brillo enfermizo de sus ojos.No había sido Evan.El disparo que derribó a Max provenía del detective Smith, quien había seguido a Evan en secreto porque no confiaba del todo en él y lo había seguido con sus hombres llegando a esas bodegas. Aún así había resultado herido en su hombro derecho.—Me parece haberle dicho que dejara todo en nuestras manos, Anderson —gruñó Smith, guardando su arma—. Gracias a Dios llegué a tiempo
Lia no pudo evitar sentir un alivio indescriptible al escuchar la voz de Evan rugir su nombre entre el caos.—¡Aquí estoy, amor! ¡Evan, aquí estoy! —gritó desesperada, forcejeando contra las cadenas que la sujetaban aunque sabía que era inútil.En su vientre, el pequeño que aún no conocía pareció moverse con fuerza, como si también respondiera a la presencia de su padre. Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, no de miedo, sino de esperanza.—Todo saldrá bien, mi pequeño… papi está aquí para salvarnos.Max, que había salido segundos antes con una sonrisa enferma, se detuvo en seco al escuchar los gritos. La sangre le subió de golpe a la cabeza. El maldito Evan Anderson volvía a arrebatarle lo que él creía suyo.Sus pensamientos eran un torbellino. Se había convencido de que, si recuperaba a Lia, recuperaría también el prestigio y la vida que había perdido. Olvidaba convenientemente que fue él quien la abandonó tiempo atrás por otra mujer más delgada, de “mejor apariencia” según s
La llamada de aquel hombre había sido el último empujón que Evan necesitaba para salir a buscar a Lia. Sabía que no podía hacerlo solo. Quería matar a Max, arrancarle la vida con sus propias manos, pero para lograrlo debía mostrarse ante la justicia como un esposo preocupado y colaborador.Jamás debió dejarlo escapar. Ese error lo perseguía día y noche, y estaba decidido a corregirlo. Si lo hubiera hecho en su momento, Lia estaría a salvo ahora, con él y con su hijo. Pero en vez de eso, había tenido que aparentar calma frente al detective, actuar como el marido paciente y prudente. Apenas estuvo fuera de esa oficina y lejos de su mirada, Evan no dudó en llamar a Elian, dándole órdenes sin margen de error.—No me importa lo que tengas que hacer —rugió al teléfono—. A quién tengas que sobornar, torturar o incluso matar. Quiero que encuentres a Max. Ese desgraciado va a pagar por haberse llevado a Lia. Solo imaginar que ella sufre… que nuestro hijo está en peligro… me enferma de rabia. U
Max, con una pistola en la mano, miró fríamente a Lía y le indicó que respondiera. Lía, temblando y con lágrimas en los ojos, tomó el teléfono — Evan —dijo Lía incapaz de no llorar al escucharlo. —Lía, ¿estás bien? ¿Dónde estás?— preguntó Evan rápidamente, nervioso al escucharla en ese estado, si hubiera tenido a los secuestradores delante él mismo los habría matado con sus propias manos.Lía no podía decirle la verdad, no con Max apuntándola con una pistola. Las palabras se le atascaron en la garganta, y apenas pudo hablar con un hilo de voz.—Michael, te echo tanto de menos. Te pienso mucho...Max se acercó al teléfono, activando un dispositivo para distorsionar su voz. —Anderson, no pierdas tu tiempo yendo a la policía —dijo con frialdad—. No te servirá de nada. Si realmente quieres recuperar a tu esposa, paga.Evan, del otro lado de la línea, apretó los puños, era incapaz de escuchar a su esposa llorar y no poder estar con ella, se sentía impotente.—¿Qué quieres? Solo dime can
Evan estaba frente a un detective, sentados en lados opuestos de una mesa metálica en una sala de interrogatorios austera. El detective era un hombre de mediana edad con una mirada penetrante que desviaba de unos papeles a Evan.—Señor Anderson, necesito preguntarle algo que podría ser muy importante para nuestra investigación —comenzó a hablar el detective — He estado buscando información de su esposa, pero parece que sus archivos están protegidos por el gobierno de los estados unidos, ¿Hay alguna razón para que no pueda acceder a ellos?—Entiendo por qué tiene que preguntar eso. — Dijo Evan suspirando —La verdad es que Lía y yo hemos vivido tranquilos los últimos años. Pero no siempre fue así.El detective inclinó ligeramente la cabeza, indicando a Evan que continuara.—Hace tiempo, antes de que Lía y yo nos casáramos, ella estaba en una situación peligrosa. Lía fue testigo del asesinato de sus padres a muy temprana edad... algo que la puso en peligro, ya que dicho asesino era el lí
Evan corrió hacia la sala de emergencias, donde Ian y Alessandra estaban siendo atendidos. Al ver a su hijo, su alivio se transformó en una ola de emociones.—¡Ian! —exclamó Evan, precipitándose hacia él. Ian estaba sentado en una camilla, con vendajes pero consciente.—Ian, ¿estás bien? —preguntó Evan, inspeccionando a su hijo por cualquier signo de lesión grave.—Estoy bien, papá. Sólo unos rasguños y moretones —respondió Ian, intentando ofrecer una sonrisa calmada.Evan se volvió hacia Alessandra, que estaba sentada al lado de Ian. —Y tú, Alessandra, ¿cómo estás?—Un poco asustada, pero ya estamos a salvo.Evan les abrazó a ambos, sintiendo un inmenso agradecimiento por tenerlos a salvo. El miedo y la preocupación que había sentido en el camino al hospital comenzaban a disiparse, siendo reemplazados por un profundo agradecimiento.—No saben cuánto me alegra verlos a salvo —dijo Evan, su voz cargada de emoción.—Papá, ¿dónde está mamá? ¿Vino contigo? —preguntó Ian, mirando a su alr







