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CAPÍTULO 2:

Author: AnnaBlanco6
last update publish date: 2026-10-11 00:21:18

Después de un largo día, junto mis cosas para ir a casa. Solo espero a que el reloj marque las once para poder marcharme. Los niños me dieron un dolor de cabeza horrible; no pararon de llorar como por veinte minutos seguidos y se pegaban en la cabeza con los bloques de juguete cada vez que se veían. Por suerte, al fin logré darles de comer y los hice dormir con una canción. Me siento en el sillón a descansar, pero de pronto recuerdo que debo hacer algo urgente. Subo corriendo las escaleras para quitarles los papelitos adhesivos de la ropa antes de que su hermano los vea. 

Mientras los guardo en mi bolsillo, escucho el sonido de las llaves en la puerta principal. Bajo rápidamente y me encuentro con Evan. Le sonrío, un tanto nerviosa. 

—¡Bienvenido! 

—Gracias. Puedes irte —responde seco. 

Asiento y busco mi bolso para salir. Sin embargo, justo cuando avanzo hacia la puerta, él me toma del brazo. Me detengo y vuelvo para mirarlo.

—Es un poco tarde —dice, soltándome lentamente—. ¿No tienes algún novio que te pase a buscar? 

—No, pero si voy rápido llego para el último autobús, el de las once y cuarto—le digo. 

—Es muy peligroso. Puedes quedarte esta noche—se encoge de hombros—. Luego arreglaremos esto.  

Suelto una carcajada.

—¿Va a comprarme un auto? 

—¿Tienes licencia? —me mira con seriedad y niego con la cabeza—. Entonces no.  

—Solo bromeaba. 

—Yo también.  

Ah. ¿A si que bromea? Es una persona que hace broma, casi parece un ser humano normal. 

—Bien, me quedo. 

—Deberías avisarle a tu mamá.  

—A ella mucho no le importa, menos hoy que es viernes; mi hermano llega de sus vacaciones —le explico con cierta desgana —. Y toda la atención se centra en él. 

—¿Cenaste? 

—No. Bueno, papilla, por así decirlo.

—¿Te comiste la comida de mis hermanos? —me pregunta, y esta vez estoy segura de que lo que veo en su rostro es una sonrisa.

—Tenía un poco de hambre—me defiendo. 

—Adivino—dice con cierto aire de superioridad—. No sabes cocinar. 

—Sí sé, pero no es fácil con tus hermanos golpeándose entre sí y contra las cosas.  

Asiente, convencido de que digo la verdad. 

—Sí, es verdad. Ven te invito algo.  

Lo sigo a la cocina, donde saca una caja del congelador, acomoda la comida en una fuente y la mete al microondas. Yo me siento en el taburete y apoyo mis codos en la barra para sostener mi cabeza con mi mano. Luce muy atractivo de traje y cocinando... Bah, calentando una pizza. Él saca una botella de vino del estante y la descorcha antes de buscar dos copas.  

—Así que en tu casa no te quieren mucho.  

—No, en realidad…no es que no me quieran, solo que tienen a su favorito—confieso, intentando convencerme más a mí que a Evan —. Tú tienes una gran diferencia de edad con tus hermanos. ¿Tus padres no querían más hijos hasta que fueras grande? 

—No podían. Como último intento mi madre accedió a alquilar un vientre. Tenía muchas ganas de tener a mis hermanos. 

Me sirve la copa y me la entrega. Le agradezco con una sonrisa.

—Es muy triste lo que sucedió con ellos.

Asiente, llevando la copa a sus labios.

—¿Qué te parece el trabajo hasta ahora? 

— Me gusta—miento. Sus hermanos solo lloran y se golpean, pero debe ser porque aún no tenemos una conexión; pronto nos amaremos.  

—Me alegro.

Bebo un sorbo de vino. Es delicioso, es lo mejor que he probado en esta vida, debe ser porque lo que cuesta ese vino seguramente cuesta mi casa. 

Después de comer la pizza en un silencio tenso, pero tolerable, intento ayudar a juntar los platos, pero él se niega a aceptar mi torpe ayuda. Subo entonces a dormir; mañana debo levantarme temprano para seguir cuidando a satán y su hermano gemelo. Me siento en la cama y me pongo a cargar mi celular. Después de unos minutos, Evan entra a la habitación con una camiseta en el brazo.  

—Puedes dormir con esto—me dice, dejándola sobre el colchón. La agarro y noto que es una camiseta gris enorme—. Ya no la uso—se apresura a aclarar.  

 —Gracias. 

Él sale de la habitación. Me quedo acostada sin poder creer nada de lo que ocurrió este día. Me pongo la camiseta y me acuesto. Quiero contarle a Vee y estar unos minutos en I*******m y tik tok, pero me dejo vencer por el sueño y el cansancio.

A la mañana siguiente, mi alarma suena. Me levanto y voy al baño para lavarme la cara, Cuando el agua fría me espabila, abro los ojos recordando que no estoy en mi casa. Al mirarme al espejo, noto que la camiseta que parecía enorme es muy corta.  ¡Carajo! Abro la puerta sin hacer ruido y, al ver que no hay nadie en el pasillo, salgo rápido hacia mi habitación. Justo en ese instante, la puerta de Evan se abre y mi jefe, en pijama me mira de arriba hacia abajo.  

—Lo siento—digo, avergonzada.

—No vi nada.

Cierra la puerta de golpe. Yo entro corriendo a mi habitación y me tiro a la cama, metiéndome debajo del cobertor. ¡Qué vergüenza!  Me visto a toda prisa y bajo. Él ya está sentando en la cocina desayunando

—Buen día —digo  

—¿Qué tiene de bueno? 

Vaya, veo que estamos buen humor, por suerte

—No lo sé, solo es una forma de decir. Para mí si son buenos días.  

—Ajam, ¿por qué? 

—Nadie me despertó gritando que me levantará a preparar el desayuno para mi hermano y mi padre. 

—Ah. 

—¿Me puedo preparar un café? 

—Sí.  

Me preparo un poco de café. Un café de una calidad increíble.  Me siento en el taburete y lo bebo en silencio mientras él está con su celular. Al terminar, se levanta y deja lo que usó en el fregadero. Cuando sale de la cocina, escucho el timbre y luego el sonido de una voz femenina que entra en la escena. Poco después, se oye una puerta cerrarse con fuerza. Agarro mi taza y camino sigilosamente con curiosidad hasta la puerta marrón al costado de la escalera.  

—¿Cómo? —escucho a Evan gritar desde el otro lado—. Es una estupidez. 

—Te lo recomiendo—escucho la voz de la mujer —. Es una empresa fundada a base de amor y compañerismo.

Bebo mi taza y pego más mi oreja a la madera.

—Tienes que fingir tener un compromiso porque es evidente que no tendrás uno real—añade la mujer.  

—¿Cómo? ¿Fingir estar atado a una mujer que solo quiere mi fortuna por la imagen de una empresa de moda? 

—Básicamente. Es Thomas Bridal Heritage. Tus padres construyeron el imperio de alta costura para novias y bodas de lujo más grande del continente. Vendemos el "felices por siempre", el amor eterno y los votos sagrados.

Un golpe fuerte, me obliga a dar un paso hacía atrás. —¿Y si no lo hago?

—Le darán la presidencia a tu primo.  

—¿A ese idiota? 

—Está casado y tiene un hijo.  

— Y su esposa lo engaña.  

—Sigue casado, Evan —sentencia ella—. Las reglas no las puse yo, las puso tu padre el día que fundó la compañía a raíz de esos valores y esas creencias. Él quería que el legado de su empresa sea el amor, compañerismo y familia.  

 —¡Maldición, Cindy! ¿Y de dónde sacaré a una idiota que esté disputa a fingir ser mi novia? ¡Dime! Necesito alguien como yo, alguien que vea esto como una simple transacción de negocios. 

—Hay muchas mujeres así, Evan. Te enviaré algunas modelos y actrices a tu oficina el lunes para una entrevista. Elige a la que mejor le luzca un anillo de diamantes en el dedo.

—Bien. 

Escucho el final de la conversación, y el ruido de unos tacones moviéndose. Despego la oreja de inmediato y vuelvo corriendo a la cocina para dejarme caer en el taburete fingiendo que no escuché nada. 

Evan se acerca a mí por detrás. 

—Voy a salir a correr, luego me voy a trabajar. Atiende a los niños.  

—Los Chris están a salvo conmigo. 

— ¿Los Chris? 

— Bueno, se llaman casi igual.  

Él asiente, pensativo.

—Sí, me gusta. Les diré los Chris.  

Cuando se marca, me quedo pensando en lo que esa mujer, Cindy, le dijo. Le enviará candidatas para que finjan ser su novia y así él pueda seguir a cargo de su empresa familiar. Me entran ganas de buscar entre sus papeles la dirección de la empresa. ¡No! ¿Por qué lo haría? Con lo que gano de niñera me basta, solo tengo que saber organizarme. Sin embargo, la idea del reinado de belleza se me cruza por la cabeza.

Me quedo con ese pensamiento dándole vueltas todo el tiempo. Los días transcurrían y yo no podía evitar pensar en la puerta que se me abre frente a los ojos y que motivos tengo para no cruzarlas. 

Nos juntamos con Vee el lunes por la tarde, unos minutos antes de entrar al trabajo, en la plaza central de la ciudad. El helado se me derrite en la mano mientras mi mente divaga. 

—¿Qué sucede contigo? 

—Genial—le digo sin conectar una idea. 

Me da un golpe en la cabeza.

—¿Qué sucede contigo? ¿En qué piensas tanto?

Me inclino hacía ella para susurrarle en el oído —Escuché algo de mi jefe, y no puedo quitármelo de la cabeza. 

—¿Qué escuchaste? —me pregunta en el mismo tono. 

—Mi jefe está buscando una chica que finja ser su novia para no sé qué asunto de la empresa. 

Ella se ríe. 

—¡Problema de ricos! —exclama, divertida. Ella me da un codazo —. ¿Estás pensando en postularte? —insinúa. No digo nada. La risa se le apaga de repente. —. Tess, a ese hombre solo le enviarán modelos y actrices, no pierdas el tiempo pensando en cosas que no van a ocurrir. Y no pierdas tu trabajo.

Asiento, desinflada. 

—Tienes razón. Solo pensé en todas las cosas que se solucionarían si fuera la novia de Evan Thomas.

—La verdad que sí. Podrías ir al reinado y tener un millonario patrocinador. Sin mencionar que saldrías en muchas portadas por ser su pareja y que todos querrían hacerles entrevistarte. Serías famosa—menciona, provocando que me de muchas más ganas de hacerlo. Muerdo mi labio inferior—. Pero es una tonta ilusión. Theresa Lynn, novia de Evan Thomas. Una locura.  

—Una estupidez mejor dicho —corrijo.

Durante mi clase de danza no logro conectar con mi propio cuerpo; solo me imagino escenarios absurdos. Me siento una ambiciosa y una inconformista. Él me paga una fortuna por ser la niñera de sus hermanos y me da una habitación en su casa. Vee tiene razón, las mejores mujeres estarán en su despacho y yo no podría llegar a los talones de ninguna.

Cuando termina la clase, me apresuro para ir a trabajar. La lluvia cae con tanta fuerza que parece que el cielo caerá sobre nosotros. Mi celular vibra y me refugio bajo un techo para leer el mensaje. Es mi jefe: 

 “Debido a la lluvia, he decidido quedarme en casa con mis hermanos. Ten la noche para ti. Ve a casa temprano y ten cuidado”.

Me decepciono. Quería saber en que había quedado eso de las mujeres, si había escogido a la candidata perfecta para hacer el papel de su vida.

Llego a casa empapada. Mi madre está cocinando y la novia de mi hermano Manuel, Miriam, está sentada en el único sofá de la sala, completamente apoderada de la televisión. Manuel no se ve por ningún lado.

—Hola, Tess—dice Miriam, sin apartar los ojos de la televisión.

—¿Qué hay? 

—Llegaste justo. Tu madre necesitaba ayuda para terminar la cena. 

—¿Y tú qué estás haciendo exactamente?

—Es la hora de mi programa. 

Mi madre se adentra en la sala. 

—Ven ayúdame a terminar de cocinar —interviene mi madre, sujetándome el brazo con fuerza, en señal de que no me meta con Miriam,

Me quito de su agarre bruscamente y vuelvo a ver a mi madre con el ceño fruncido. 

—Mamá, llego cansada de trabajar y de ir a clases. ¿Por qué Miriam no levanta su gordo trasero y te ayuda?

—Oye, mocosa —salta Miriam, molesta —. Yo necesito ver este programa. 

 —Te la pasas viendo televisión todo el día, no haces nada. Eres un parásito, al menos sé agradecida, te estamos quitando el hambre. 

Ella abre la boca, ofendida. Mi madre, que suele gritarme cuando hablo de esa manera, no parece estar en desacuerdo conmigo ahora que mi hermano no está en casa. Miriam se levanta del sofá de golpe y arroja el control remoto contra el suelo. 

—¡Bien! ¿Qué m****a hay que hacer?

—Ven en la cocina, mi amor, yo te digo—le responde mi madre con suavidad.

Mi mamá es una mujer de cincuenta años; es baja, un poco robusta, tiene el cabello castaño corto y lleno de pequeños rulos.  Miriam, por su parte, solía ser la más hermosa del barrio; después de mí, todos los chicos envidiaban a mi hermano porque vivía con las dos mujeres más hermosas. Sí, Miriam vive con nosotros desde que se puso de novia con mi hermano y la echaron de su casa. 

 La detesto. Ahora, solo queda esperar a que venga Manuel, Miriam le vaya con el chisme y comience a gritarme cosas. 

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