MasukEl trato está hecho solo de palabra. Todavía falta firmar un contrato donde se estipulen el tiempo, las cláusulas y un par de temas legales que Evan me explicó y a los que yo no presté atención, porque en ese momento me acordé de una canción que escuché en la discoteca y que me prometí agregar a mi playlist.
«Él es el listo», pensé. «Sabe de lo que habla; no por nada es el presidente de una empresa».
Me levanto temprano para ir al trabajo. Me meto en el baño, donde se va hora y media de mi vida. Cuando termino de asearme, me miro en el espejo y noto el enorme grano que posa orgulloso en mi cara.
—Carajo —me quejo, buscando algo en el botiquín. Me palpo el pecho con cuidado y noto ese pequeño dolor característico. Es normal; es uno de esos indicios de que pronto me vendrá la menstruación y no podré luchar contra eso.
Respiro profundo. Termino de alistarme y me voy a tomar el autobús para llegar al trabajo. ¿Cómo solucionará Evan mi medio de transporte ahora que soy su novia falsa? Espero que me ponga un chofer. Las chicas de la cuadra se van a morir de envidia, principalmente mi querida cuñada.
Un auto rojo está estacionado en la entrada de la mansión. De hecho, está aparcado como se le da la gana; eso ni siquiera califica como estar bien estacionado. Entro en cuanto Nana me abre la puerta. Evan está en la sala junto a Cindy.
—Días, novio falso —le digo, entrando en acción de inmediato.
Cindy me observa, levantando ambas cejas.
—Días, Tessa —responde Evan de mala gana.
Me acerco a la mujer y le tiendo la mano con firmeza.
—Me presento bien esta vez. Mi nombre es Tessa Lynn y, no sé si Evan le informó, pero seré su novia falsa.
—Para empezar, deja de decir "falsa" todo el tiempo —me regaña Evan, fastidiado.
—Tú eres la que no estaba en mi lista —me recuerda Cindy, ignorándolo y mirándome de arriba abajo—. ¿Quién eres exactamente?
—Es la niñera de mis hermanos —responde Evan por mí—, y será mi novia falsa.
Lo apunto con el dedo acusador.
—No es necesario que digas "falsa" todo el tiempo.
Él me mira con el ceño fruncido, pero guarda silencio.
—Pero... ¿eres modelo? ¿Actriz? ¿Tu padre es socio de Evan? —insiste Cindy, perpleja.
—Ninguna de las anteriores —afirmo con orgullo—. Soy una chica de clase trabajadora con una familia disfuncional y un hermano mellizo que acaparó todo desde el vientre de mi madre, pero anhelo con el alma ser actriz.
Cindy junta las manos y aplaude con ironía.
—Una increíble y admirable presentación, pero no, Tessa Lynn... Tú no puedes ser la novia de Evan.
—¿Por qué no?
—¿Qué le diríamos a los inversores? ¿Que se enamoró de la niñera?
—Sí —respondemos Evan y yo al unísono.
Cindy nos mira fijamente, como quien acaba de escuchar la mayor locura del siglo.
—No —sentencia con frialdad—. Es poco creíble. ¿Sabes hablar idiomas?
—No. Sólo español y, con suerte, cuando estoy un poco ebria se me olvidan las palabras —confieso sin filtros.
Evan rueda los ojos hacia el techo. No entiendo por qué tenemos que pasar la prueba de calidad de Cindy. Es solo una asistente; que cumpla con su trabajo y ya.
—¿Tienes estudios? —sigue el interrogatorio.
—Estoy por empezar las clases en la universidad pública.
Ella mira a Evan con la ceja levantada y la expresión de «¿Es en serio esto?».
—No entiendo cómo una persona sin mundo y sin estudios podría enamorar a Evan. Es muy poco creíble.
Eso me dolió. Lamento no haber nacido en cuna de oro, señorita, pero tampoco veo que usted maneje una corporación internacional o sea la presidenta de la nación.
—Cindy... no estás siendo coherente —interviene Evan, dando un paso al frente—. Es mucho más creíble que me haya enamorado de la niñera de mis hermanos que de una modelo o una actriz. No salgo de casa, mi vida entera es el trabajo y no he asistido a un solo evento social desde la muerte de mis padres. Es más lógico que sea ella.
Asiento con la cabeza, dándole la razón por completo, aunque en realidad no tuviera la menor idea de la mitad de las cosas que acababa de decir.
—¿Ella es tu única opción? —insiste Cindy.
Evan duda unos segundos y luego asiente.
—Sí. Es ella.
Cindy finalmente cede y me mira de arriba abajo con condescendencia.
—Cambiaremos algunas cosas, si no te molesta —me dice, apuntando mi blusa blanca con el dibujo de un gatito con brillos.
—Me parece muy linda —confieso, defendiendo mi ropa.
—Dice "soy muy inmadura" —sentencia ella—. Ya es suficiente problema con tu edad, no haremos que eso se convierta en algo aún más grande.
—Bien. Ropa nueva, lo acepto... pero no tengo dinero.
—Cindy se encargará; te llevará de compras mañana —añade Evan—, pero no te aproveches.
Niego con la cabeza, prometiéndolo en silencio.
De pronto, Cindy estira la mano y toca mi cabello. Me aparto de inmediato y la miro con el ceño fruncido.
—Tienes las puntas quemadas —comenta.
—Mi madre compra el champú más barato —confieso, tocando mis mechones con suavidad—, pero si puedo comprar un par de productos, puedo arreglarlo.
—Lo cortaremos —sentencia ella—. Solo las puntas.
—Eso dicen siempre y luego termino calva —contesto con desdén—. No cortarás mi cabello.
—Yo no lo haré —dice, encogiéndose de hombros—. Un estilista lo hará. También arreglaremos el color; lo aclararemos un poco más.
Me rindo y asiento. Al menos tendré una renovación gratuita.
—¿Comes bien? —pregunta ahora.
—Depende... ¿Qué es comer bien?
—Me refiero a nada de cosas grasosas. Frutas, verduras y carnes —responde con condescendencia.
—No como frutas —confieso. Es la verdad, no soy muy fanática de las frutas, aunque mi madre le echa mucha verdura a sus estofados.
—Te pondremos un nutricionista. Necesitas subir algunos kilos y hacer ejercicio.
—Odio correr.
—No importa lo que odies, debes hacer lo que te digan los profesionales si quieres que esto funcione —me regaña Evan, interviniendo con un tono severo.
Asiento, guardándome mis quejas.
—Traeré el contrato mañana y también a los profesionales —dice Cindy, haciendo sonar sus tacones mientras se aleja hacia la salida—. Espero que esto no se convierta en el peor error de tu carrera o de tu vida, Evan.
—No soy un error —retruco, alzando la voz para que me escuche—. Verás que soy lo mejor que le pudo pasar.
Cindy se detiene un segundo antes de cruzar la puerta.
—Niña, yo solo busco lo mejor para Evan y para la empresa.
—Opino lo mismo —concuerdo, sosteniéndole la mirada—. Si a Evan le va bien, a mí me irá bien. Estamos en el mismo barco, Cindy.
Cindy sale de la casa y el silencio que deja tras de sí casi se puede cortar con un cuchillo. Sé que soy muchas cosas. Soy testaruda, soy contestona, soy impulsiva, tengo un toque de locura que a veces ni yo misma controlo y soy jodidamente ambiciosa. Pero no soy un error.
—Es un poco demandante tu asistente —comento, rompiendo el silencio mientras sigo el rastro que dejó el perfume de Cindy en el aire.
—Cindy es mi mejor amiga —confiesa él—. Desde los seis años. Confío en ella, así que haz todo lo que te diga.
Si no me queda otra opción, tendré que lidiar con eso. Asiento.
—Puedes ir a hacer el trabajo por el que te estoy pagando, ¿no? —añade Evan, regresando a su habitual tono frío y distante.
—¿No me pagarán por ser tu novia? —bromeo, regalándole una sonrisa coqueta.
—No. Haré una inversión en ti, con eso es suficiente —me responde, señalándome con la cabeza que me vaya a hacer mis labores de una vez por todas.
Me encargo de los bebés en cuanto Evan y Nana se van. Los Chris están increíblemente calmados este día; no entiendo qué les habrá servido Nana en los biberones, pero definitivamente le pediré la receta. Chris uno me extiende los brazos desde el suelo para que lo cargue. Lo recojo en mi regazo y camino a buscar mi celular, que está sobre la mesa.
—Ma... ma —balbucea el pequeño cuando pasamos por un estante lleno de fotografías familiares.
Me detengo a observar la foto de una mujer con el cabello corto por encima de los hombros, casi llegando al mentón, con destellos rubios y canosos.
—Esa es tu mamá, Chris. Ellos son tus padres —le digo, señalándole otra fotografía donde la mujer posa junto a un hombre alto, atlético y de traje; debe ser el padre—. Quizás nunca la recuerdes realmente, pero seguramente tu hermano mayor te hablará tanto de ellos que será como si los hubieras conocido.
Le sobo la espalda con cuidado mientras él babea y apoya su cabeza en mi hombro. En ese momento, Chris dos comienza a gritar desde el suelo. Agarro mi celular y camino hasta donde lo dejé jugando con unas ollas de la cocina. Él también me extiende los brazos en busca de atención, así que me siento en el sillón para subirlo a mi regazo. Me quedo así, con los dos bebés en mis brazos, mientras ellos se recuestan contra mi pecho y se quedan profundamente dormidos.
«Gracias, Nana, por esta calma», pienso, disfrutando del silencio de la gran mansión.
De repente, mi celular comienza a vibrar. No puedo contestar la llamada porque tengo a un bebé en cada brazo, pero con un hábil movimiento de dedos logro enviarle un mensaje de texto a Vee, que es quien me estaba llamando.
Ella me pregunta de inmediato si lo logré..
Respondo: "Sí. Estoy con los bebés. Te llamo luego".
Vee contesta al instante: "Ven a mi casa después del trabajo. Estaremos solas. Mi hermano no está".
Respondo: "Bieenn".
—
Estamos sentadas alrededor de la mesa del patio de la casa de Vee, tomando el té con galletitas. Me llevo una masita a la boca mientras le cuento a mi mejor amiga todo lo que ha ocurrido desde que tomé la decisión de ir detrás de mi sueño. Ella me escucha con atención; de vez en cuando niega con la cabeza, completamente incrédula.
—¿Un contrato? —indaga, confundida—. ¿No es muy arriesgado firmar algo así, Tess?
—Las personas como Evan no se van a arriesgar a que todo sea de palabra, Vee —le explico—. Él tiene que tener todo bajo control.
—¿Y solo tienes que ser su prometida o vas a tener que casarte con él?
Me quedo en silencio, mirando mi mano vacía, sintiendo de pronto la ausencia de un anillo. Lo único que necesitaban en la empresa era una novia falsa, o prometida falsa, como ellos quieran llamarlo. Pero la verdad es que no tengo idea de cuánto tiempo pretenden alargar esto. Me cegué tanto con la idea de conseguir el dinero y la fama que olvidé ese pequeño gran detalle. ¿Hasta cuándo durará esta farsa? ¿Y hasta qué límites estamos dispuestos a llegar para convencer a todos?
—¿No preguntaste? —insiste Vee, contagiándome su paranoia—. ¿Y si tienes que casarte con él? Tú puedes saber perfectamente que es mentira, pero en papel será real.
Niego con la cabeza, intentando espantar las dudas.
—No creo que lleguemos a ese punto —digo, aunque con cierta confusión—. Solo se trata de convencer a la junta directiva de que él es capaz de formalizar y tener una relación estable. Supongo que algún día se casará realmente y tendrá sus propios hijos.
—Puedes poner eso como una condición en el contrato —sugiere Vee, antes de darle un sorbo a su té—. Dejar en claro que no quieres que las cosas lleguen a ese extremo.
—Si es así... siempre existe el divorcio, Vee.
Mi amiga casi se atraganta con la bebida. Deja la taza de golpe sobre la mesa y me mira con los ojos como platos.
—¿Tess? ¿Me estás diciendo que estarías dispuesta a casarte con ese hombre?
Me quedo en silencio de nuevo. La respuesta en mi cabeza me asusta incluso a mí misma.
Llegué a casa después de pasar unos minutos con Vee. La verdad es que el comentario de Jonnah me descolocó un poco; no me había puesto a pensar en cómo me verían las personas de mi círculo. ¿Como una trepadora?A mí eso de pensar las cosas antes de hacerlas o decirlas no se me da muy bien. Trato de no darle muchas vueltas al asunto. Cuando consiga todo lo que tengo en mente, no tendré por qué seguir rodeándome de esas personas, excepto de Vee. Llevaré a Verónica a todos lados conmigo; será mi representante y mi mano derecha.Al entrar por la puerta, siento el olor a humo y a carne asada que proviene del patio. Mi madre sale de la cocina vistiendo el delantal y llevando una bandeja de ensalada hacia afuera.—¿Qué estamos festejando? —pregunto, dejando mi bolso en el sillón.—No festejamos nada. Hoy juega la selección y tu padre quiso invitar a algunos familiares para comer —responde mi madre. Se detiene un segundo a mirarme de arriba abajo—. Te ves distinta, ¿qué te hiciste?«Todo, mam
El bullicio de las personas en la sala de estar me deja completamente anonadada, con la audición atrofiada por intentar adivinar qué están diciendo sobre mí. No lo disimulan en lo más mínimo; hablan de mi persona como si fuera alguna especie de exhibición en un circo. No pensé que esto fuera a incomodarme tanto.Giro la cabeza en todas direcciones. Todos están susurrando algo a mis espaldas. Estoy sentada en el suelo, con las manos apoyadas sobre la mesa de centro. Cindy deja caer el contrato justo encima de ellas.—Léelo —ordena, mientras yo miro los papeles por encima de mis dedos—. Revisa que todo esté en orden.—Quiero saber cuánto tiempo haremos esto —digo, yendo directo al grano.—¿Comienzas a dudar? —insinúa Cindy, con un tono burlón—. ¿No te sientes lista para cargar con la responsabilidad de ser la novia de un Thomas?Trago saliva, sosteniéndole la mirada.—No soy yo quien debe preocuparse por ser la novia de... —insinúo, señalando con la cabeza a Evan—. Cuando conozca a mis
El trato está hecho solo de palabra. Todavía falta firmar un contrato donde se estipulen el tiempo, las cláusulas y un par de temas legales que Evan me explicó y a los que yo no presté atención, porque en ese momento me acordé de una canción que escuché en la discoteca y que me prometí agregar a mi playlist.«Él es el listo», pensé. «Sabe de lo que habla; no por nada es el presidente de una empresa».Me levanto temprano para ir al trabajo. Me meto en el baño, donde se va hora y media de mi vida. Cuando termino de asearme, me miro en el espejo y noto el enorme grano que posa orgulloso en mi cara.—Carajo —me quejo, buscando algo en el botiquín. Me palpo el pecho con cuidado y noto ese pequeño dolor característico. Es normal; es uno de esos indicios de que pronto me vendrá la menstruación y no podré luchar contra eso.Respiro profundo. Termino de alistarme y me voy a tomar el autobús para llegar al trabajo. ¿Cómo solucionará Evan mi medio de transporte ahora que soy su novia falsa? Espe
A la mañana siguiente me presento en la casa de mi jefe. Él me abre la puerta e ignora por completo mi buen día. Lo sigo hasta la cocina y noto que los bebés aún no se han levantado. Me siento en silencio mientras él desayuna. Tengo unas ganas enorme de preguntarle si ya tuvo las entrevistas y si ya eligió a alguien. En ese momento, su celular suena; Eva se levanta y se aleja para hablar, yo cuento hasta tres y me acerco sigilosamente para poder escuchar. —¿Otras más? ¡No te bastó con el fastidio que fue ayer! Ninguna tenía cerebro—protesta él al teléfono —. De acuerdo, de acuerdo. A las seis. ¿Otro casting? Siento que el destino me está pidiendo por favor que asista a ese lugar. Él regresa a la mesa, termina de comer y toma su maletín—¡Qué tenga un lindo día! —le digo con entusiasmo. Él se gira para verme con el ceño fruncido—. Pues no lo tenga si no quiere—añade de inmediato. Se marcha sin responder nada. Cuido a los niños hasta las doce, hora en la que llega la mujer de serv
Después de un largo día, junto mis cosas para ir a casa. Solo espero a que el reloj marque las once para poder marcharme. Los niños me dieron un dolor de cabeza horrible; no pararon de llorar como por veinte minutos seguidos y se pegaban en la cabeza con los bloques de juguete cada vez que se veían. Por suerte, al fin logré darles de comer y los hice dormir con una canción. Me siento en el sillón a descansar, pero de pronto recuerdo que debo hacer algo urgente. Subo corriendo las escaleras para quitarles los papelitos adhesivos de la ropa antes de que su hermano los vea. Mientras los guardo en mi bolsillo, escucho el sonido de las llaves en la puerta principal. Bajo rápidamente y me encuentro con Evan. Le sonrío, un tanto nerviosa. —¡Bienvenido! —Gracias. Puedes irte —responde seco. Asiento y busco mi bolso para salir. Sin embargo, justo cuando avanzo hacia la puerta, él me toma del brazo. Me detengo y vuelvo para mirarlo.—Es un poco tarde —dice, soltándome lentamente—. ¿No tiene
Camino por las calles del centro de mi ciudad, con algunos útiles que acabo de comprar para mi primer año en la universidad pública. Dolorosamente consciente de que este podría ser también mi primer año en una prestigiosa universidad, pero a Manuel se le ocurrió dejar el fútbol antes de que le ofrezcan una beca y la que paga los platos rotos ¿quién es? Tessa.Según todas las personas a mi alrededor no tengo ni una neurona sana. Es mi hermano quién puede poner el apellido Lynn en lo alto, mientras que yo solo puedo aspirar a ser la esposa bonita de alguien. Lo único por lo que he sido alabada toda mi vida es por mi belleza. Aunque Manuel y yo somos mellizos, todos mencionan que yo en belleza le supero lo que él a mí en cerebro. Incluso le decían a mi primer novio, Jonnah, que debería cuidarme porque cualquiera podía robarme; que las mujeres como yo, que somos conscientes de nuestra belleza, sabemos que podemos conseguir más. Teníamos dieciséis años.Jonnah y yo terminamos hace un año p







