LOGINA la mañana siguiente me presento en la casa de mi jefe. Él me abre la puerta e ignora por completo mi buen día. Lo sigo hasta la cocina y noto que los bebés aún no se han levantado. Me siento en silencio mientras él desayuna. Tengo unas ganas enorme de preguntarle si ya tuvo las entrevistas y si ya eligió a alguien. En ese momento, su celular suena; Eva se levanta y se aleja para hablar, yo cuento hasta tres y me acerco sigilosamente para poder escuchar.
—¿Otras más? ¡No te bastó con el fastidio que fue ayer! Ninguna tenía cerebro—protesta él al teléfono —. De acuerdo, de acuerdo. A las seis.
¿Otro casting? Siento que el destino me está pidiendo por favor que asista a ese lugar. Él regresa a la mesa, termina de comer y toma su maletín
—¡Qué tenga un lindo día! —le digo con entusiasmo. Él se gira para verme con el ceño fruncido—. Pues no lo tenga si no quiere—añade de inmediato.
Se marcha sin responder nada.
Cuido a los niños hasta las doce, hora en la que llega la mujer de servicio. Es irónico que nana literalmente se llama Nana.
Agarro mis cosas y beso a los bebés en la frente.
—Nos vemos Chris. —enfatizo en la "S" final—. Adiós Nana.
—Adiós, Tess. Nos vemos más tarde.
Corro a tomar el autobús directo a mi casa. Ese trayecto en el transporte entre que voy pensando en las posibilidades de perderlo todo y conseguirlo todo, tomo la decisión de hacer lo que es mejor para mí. No puedo encerrarme a esperar que mis padres se defrauden de Manuel para que comiencen a confiar en mí. La oportunidad está frente a mí. Marco el número de Vee para que me espere en mi casa con algunos vestidos de su madre. Una vez en casa. entro a mi habitación arrojando mi bolso y quitándome la ropa.
Vee esta sentada en mi cama con un bolso grande apoyado en mi colchón y una mirada de preocupación.
—¿En serio vas a hacerlo?
—No pierdo nada.
— Sí, tu trabajo.
—Conozco a Evan muy poco —respondo, mientras me pruebo un vestido blanco, pero es muy escotado —, pero estos días entendí que quiere una mujer con cerebro y yo tengo uno.
—Uno muy descompuesto—replica Vee.
—Él quiere una mujer que vea esa relación como un negocio, y yo necesito el dinero y el estatus. Si puedo convencerlo de ser novia falsa, básicamente no tendrá que contratar otra niñera; podría hacer ambos.
—No creo que quiera a una universitaria de dieciocho años. ¿No crees que eso sea un festín para los medios? Él con una chica tan joven.
—Tengo dieciocho, es completamente legal —le aseguro—. Y además, podemos armar la historia de amor entre la niñera y el jefe; que se enamoró de mí porque cuido de maravilla a sus hermanos. Es fantástico.
—Me asusta lo que en tu cabeza parece correcto, Tess. Es una locura.
—No es una locura, Verónica. Es mi pasaje a todo lo que me merezco —le digo mientras sonrío al espejo—. Puedo demostrarle a mis padres todo el tiempo que perdió en Manuel. Seré la primera en convertirse en alguien importante en esta familia.
Ella se rinde y me ayuda a peinar mi cabello.
—Me da miedo, pero...—se encoge de hombros —. Eres mi mejor amiga. Y cuando seas famosa, tú me ayudarás a serlo.
Me quedo con una pollera de tubo ajustada a las caderas; una camisa blanca desabrochada los primeros botones, los tacones y el perfume. Luego, tomo un taxi directo a Thomas Bridal Heritage.
Una vez que me paro frente al imponente edificio, dejo escapar el aire contenido por los nervios y entro. En cuanto pongo un pie en el vestíbulo, la voz de la mujer de la otra vez, Cindy, me direcciona hacia la izquierda. Al verla camino rápido hacía ella.
Ella me ve con una expresión de pocos amigos.
—Oye tú—me dice, lo que me pone los pelos de punta. Me detengo en seco y por un instante planeo mi huida. —. Muévete niña, tonta. ¿Qué esperas? Llegas cinco minutos tarde y el señor Thomas odia que lo hagan esperar.
—Lo siento—digo y me apresuro a seguirla.
Una vez a su lado, me toma ligeramente de la cintura y me empuja dentro de una enorme oficina. Evan está sentado detrás de su imponente escritorio de madera, escribiendo algo y sin dignarse a mirarme. Cindy cierra la puerta a mis espaldas, dejándonos solos.
—Adelante. Dime ¿por qué quieres hacer esto y por qué debo elegirte? —me pregunta él, con la vista fija en sus papeles.
Su indiferencia me da el valor exacto para hacer esto.
—Bueno... es un poco superficial el motivo—confieso, cruzando los brazos —, pero si quiere le miento y digo que por la experiencia.
En ese mismo instante, Evan levanta la cabeza de golpe. Me mira de arriba abajo, confundido y sorprendido.
—¿Escuchas detrás de las paredes?
—Sí, siempre que me favorezca—le respondo audaz—. En realidad, escuché sin querer, pero no me arrepiento.
—Entonces debo suponer que quinientos la hora no es suficientes. Quieres más.
—De hecho, quinientos la hora es suficiente para una chica de dieciocho años sin aspiración ni ambición. Pero yo tengo metas, y solo puedo conseguirlas con su ayuda.
—¿Por qué de repente no me hablas de usted?
—Porque estamos hablando de un negocio más grande que ser la niñera de sus hermanos —confieso —, con todo el respeto y amor que les tengo a los Chris.
—¿Cuáles son tus metas, Theresa Lynn?
—Quiero ser mejor que mi hermano, eso como prioridad. Pero también aspiro a ser la Reina Nacional de la belleza.
—No puedo comprar una corona, Theresa. De verdad, eso sería lo último en mi lista de prioridades.
—No necesito que la compre. Yo solo necesito que usted ponga el dinero para todos los gastos que requiero. Yo haré el resto.
—¿Solo ganarle a tu hermano y ser reina de belleza? No mentiste cuando dijiste que era un motivo superficial.
—También quiero ser actriz. Creo que ser su prometida me abriría todas las puertas que, siendo una don nadie, se me cerrarían. Ser famosa podría ayudarme a comenzar paso a paso a cumplir mis propósitos.
—¿Al menos eres buena actuando? ¿O harás que pierda mi tiempo y mi dinero?
—He sido parte principal en muchas obras de teatro en mi secundaria.
Él se pone de pie y camina rodeando el mueble hasta quedar frente al escritorio. Se apoya colocando las manos a los costados y apretando la madera.
—Veo que tienes muy decidido lo quieres.
—Usted dijo que necesitaba alguien que viera esto como un negocio. Y yo lo veo exactamente así. Ambos nos beneficiamos. También pidió que tuviera cerebro, y considero que el mío funciona correctamente.
—¿Estás dispuesta a hacer todo lo que tengas que hacer conmigo?
—¿Cómo qué? Haré lo que sea.
— Me tendrás que besar —dice él, fijando sus ojos verdes en los míos. Asiento—. ¿Y qué pasará con eso?
—Lo haré.
—Tocarme —prosigue, mientras se acerca lentamente a mí —. Abrazarme, fingir que me deseas con mucha locura, Tess.
—Lo haré —respondo firme, tragando saliva —. Puedo hacer lo que me pida.
—¿Y si te pido que te desvistas?
Miro a los costados, desconcertada. No parece estar bromeando. Él se da la vuelta, dándome la espalda mientras regresa a pasos lentos hacia su escritorio. Se queda frente al gran ventanal observando la ciudad, pensativo. Obedezco, abro los botones de mi blusa con mis dedos decididos y deslizo mi falda hacia abajo.
—Theresa considero que no eres lo suficiente mujer para...—se gira para mirarme, las palabras se quedan atragantadas en su garganta. Noto que sus ojos se desvían, aunque intente controlarlos—. Vístete.
—Lamento ponerlo nervioso pero quería que sepa que me encuentro completamente comprometida con la causa—digo, notando que lo puse nerviosa y eso me da cierta ventaja —. ¿Necesita que tenga menos ropa?
—No creo que la palabra "nervioso" sea la correcta—replica él. Se da la vuelta y regresa a sentarse detrás de su escritorio.
Me visto a toda prisa y me acerco para sentarme en la silla en cuanto él me indica con un gesto.
— Mire, si me elige, podemos fingir que nos enamoramos cuando usted me contrató como niñera. No tenemos que forzar ninguna historia, sino distorsionar un poco la realidad.
Él deja escapar un largo suspiro y se muerde el labio inferior, pensativo.
—. Sabes, deberías irte...Tu imagen anterior...
—¿Está muy nervioso?
—¡Estoy excitado, Tess! —suelta de golpe.
Oh. Me quedo helada. ¿Nunca ha visto una mujer en ropa interior o qué?
—Eso está… —digo, levantando un dedo.
— No.
—. Oh, yo…¿Hay algo que pueda hacer?
—¿En serio quieres que te diga lo que quiero que hagas? —me pregunta con una ironía evidente, y en ese instante comprendo que fue una pésima pregunta de mi parte.
—¿Me voy?
— Sí, por favor. Ve a cuidar a mis hermanos. Por la noche te daré una respuesta.
Asiento y me largo de la oficina a toda prisa.Cindy me esta esperando afuera, con una carpeta en los brazos y una mirada curiosa.
— ¿Y? —me pregunta de inmediato—. ¿Le agradas? Te tuvo más tiempo que a otras chicas.
— No sé si a él —le respondo, acomodándome el bolso en el hombro —, pero a su amigo sí.
— ¿Qué amigo? Oh.
—¿Puedo pedirte algo?
—Claro.
—No le envíes más mujeres. Creo que me dirá que sí.
Ella sonríe
—Te ves muy segura, Esther.
—Ah, no. Yo no soy Esther, soy Tessa.
Ella revisa rápidamente los papeles de su tabla y luego me mira confundida.
No tengo ninguna, Tessa en mi lista de candidatas.
—Lo sé.
Más tarde, llego a la mansión algo adolorida en el cuerpo por los tacones y por mi clase de danza. Saludo a los niños, que están en la sala mirando dibujos animados, y subo a cambiarme de ropa. Al bajar, Nana ya se está abrigando con ese ridículo suéter con flores violetas y amarillas. Es una mujer bastante mayor.
—Adiós, joven. Saludo al Evancito.
—Cuídate mucho, Nana. Nos vemos mañana.
A las once de la noche, finalmente logro acostar a Chris ds en su cuna después de tener que bañarlo otra vez. Al pequeño genio se le ocurrió quitarse el pañal y correr por toda la casa con él en la mano, orinándose encima por el frío de estar desnudo. Niño. Justo después de apagar la luz a los bebés, escucho que la puerta de entrada se abre. Bajo las escaleras de inmediato.
—Noches —digo a modo de saludo.
—¿Noches?
—Sí. Como no te gusta que te digan buenas noches, entonces noches.
—. Veo que definitivamente no tienes todos tus patitos en fila —replica Evan, mirándome de reojo. Entrecierro los ojos, molesta—. ¿Cómo te atreves a ir a mi oficina y decirme esas cosas tan absurdas?
— Para mí no son absurdas. Necesitas de alguien y yo me ofrezco.
—Te vendes por dinero con mucha facilidad.
Ofende.
—No. Nadie dijo que me tocaría un pelo—le aclaro, cruzándome de brazos—. Usted y yo seremos buenos amantes para el afuera, pero adentro no tendrá que ponerme un dedo encima.
—¿Me hablas de usted otra vez? ¡Me estás mareando!
—Mientras hagamos negocios, es usted.
Niega con la cabeza, rendido.
—¿Crees que puedas manejar esto con profesionalismo? ¿No vas a llorar después diciendo que estás enamorada de mí o una cosa así?
—No. Es por eso que no deberíamos mezclar las cosas. Podría tornarse complicado y arruinaría todo. Además, no siento atracción hacía usted.
Miento descaradamente en esa última parte. La verdad es que me parece que está buenísimo, pero tiene un humor de un perro con rabia y eso me la baja bastante.
Emboza una sonrisa y deja su abrigo en el perchero.
—¿Sólo un negocio?
Asiento.
—De acuerdo, hagámoslo, Tessa.
Extiende su mano hacia mí. Yo la acepto y se la estrecho con fuerza. Sonrío de par en par, sumamente complacida conmigo misma por haberle convencido.
—Es un trato entre usted y yo.
A la mañana siguiente me presento en la casa de mi jefe. Él me abre la puerta e ignora por completo mi buen día. Lo sigo hasta la cocina y noto que los bebés aún no se han levantado. Me siento en silencio mientras él desayuna. Tengo unas ganas enorme de preguntarle si ya tuvo las entrevistas y si ya eligió a alguien. En ese momento, su celular suena; Eva se levanta y se aleja para hablar, yo cuento hasta tres y me acerco sigilosamente para poder escuchar. —¿Otras más? ¡No te bastó con el fastidio que fue ayer! Ninguna tenía cerebro—protesta él al teléfono —. De acuerdo, de acuerdo. A las seis. ¿Otro casting? Siento que el destino me está pidiendo por favor que asista a ese lugar. Él regresa a la mesa, termina de comer y toma su maletín—¡Qué tenga un lindo día! —le digo con entusiasmo. Él se gira para verme con el ceño fruncido—. Pues no lo tenga si no quiere—añade de inmediato. Se marcha sin responder nada. Cuido a los niños hasta las doce, hora en la que llega la mujer de serv
Después de un largo día, junto mis cosas para ir a casa. Solo espero a que el reloj marque las once para poder marcharme. Los niños me dieron un dolor de cabeza horrible; no pararon de llorar como por veinte minutos seguidos y se pegaban en la cabeza con los bloques de juguete cada vez que se veían. Por suerte, al fin logré darles de comer y los hice dormir con una canción. Me siento en el sillón a descansar, pero de pronto recuerdo que debo hacer algo urgente. Subo corriendo las escaleras para quitarles los papelitos adhesivos de la ropa antes de que su hermano los vea. Mientras los guardo en mi bolsillo, escucho el sonido de las llaves en la puerta principal. Bajo rápidamente y me encuentro con Evan. Le sonrío, un tanto nerviosa. —¡Bienvenido! —Gracias. Puedes irte —responde seco. Asiento y busco mi bolso para salir. Sin embargo, justo cuando avanzo hacia la puerta, él me toma del brazo. Me detengo y vuelvo para mirarlo.—Es un poco tarde —dice, soltándome lentamente—. ¿No tiene
Camino por las calles del centro de mi ciudad, con algunos útiles que acabo de comprar para mi primer año en la universidad pública. Dolorosamente consciente de que este podría ser también mi primer año en una prestigiosa universidad, pero a Manuel se le ocurrió dejar el fútbol antes de que le ofrezcan una beca y la que paga los platos rotos ¿quién es? Tessa.Según todas las personas a mi alrededor no tengo ni una neurona sana. Es mi hermano quién puede poner el apellido Lynn en lo alto, mientras que yo solo puedo aspirar a ser la esposa bonita de alguien. Lo único por lo que he sido alabada toda mi vida es por mi belleza. Aunque Manuel y yo somos mellizos, todos mencionan que yo en belleza le supero lo que él a mí en cerebro. Incluso le decían a mi primer novio, Jonnah, que debería cuidarme porque cualquiera podía robarme; que las mujeres como yo, que somos conscientes de nuestra belleza, sabemos que podemos conseguir más. Teníamos dieciséis años.Jonnah y yo terminamos hace un año p







