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작가: Teegalf
last update 게시일: 2025-11-28 22:17:28

ISABELLE

«Señorita Reynolds, a mi despacho. Ahora mismo».

La dureza en la voz de Jake rompe el murmullo de la oficina, silenciando cada clic de los teclados.

Se me corta la respiración al levantar la vista y encontrarme con su mirada penetrante clavada en mí.

Hay una intensidad en ella, severa, autoritaria y totalmente desarmante.

Tengo que controlarme.

Asiento rápidamente, agarro mi libreta y empujo la silla hacia atrás. A mi alrededor, miradas curiosas siguen cada uno de mis movimientos. Todo el mundo sabe que ser llamada por Jake Montero no es algo habitual. Es deliberado.

Y me ha estado pasando mucho últimamente.

Al entrar en su oficina, la pesada puerta se cierra detrás de mí, amortiguando el mundo exterior.

Jake está sentado detrás de su elegante escritorio de cristal, recostado en su silla como un rey que observa su reino. Lleva las mangas remangadas y la ligera barba incipiente en la mandíbula no hace más que aumentar la tranquila autoridad que desprende.

«¿Me necesitaba, señor?», pregunto, manteniendo un tono neutro y profesional.

Levanta la mirada y me clava esos ojos indescifrables. «Necesito que bajes al archivo y me traigas un expediente. Sección B, fila cuatro, bajo el nombre de Apex».

Frunzo el ceño. «¿El archivo?».

«Sí». Su tono es seco, sin dejar lugar a discusión.

«Pero, señor...», vacilo, apretando con fuerza mi libreta. «Solo soy una secretaria. Eso no es realmente mi...».

Su silla raspa el suelo al levantarse, y el sonido provoca una oleada de tensión en la habitación. Rodea su escritorio con pasos mesurados hasta situarse justo delante de mí. Se me corta la respiración cuando baja la mirada y me estudia con una precisión inquietante.

«Isabelle», dice con voz baja y firme, como una tormenta que se gesta bajo la superficie. «Cuando te asigno una tarea, espero que la hagas. Yo soy el jefe. Si te digo que hagas algo, lo haces. Yo soy la única autoridad que necesitas».

Me sonrojo por la forma en que lo dice, como si fuera un desafío, un recordatorio y algo más, todo en uno.

Mi corazón me traiciona, golpeando contra mis costillas con un ritmo que no puedo controlar.

«Sí, señor», murmuro, evitando su mirada.

«Bien», dice, dando un paso atrás. «Espero tener el expediente en mi escritorio al final del día».

Me doy la vuelta y salgo, con el pulso acelerado. Detrás de mí, puedo sentir su mirada fija, pero no me atrevo a mirar atrás.

Los archivos contrastan con el bullicio de la oficina de arriba. Con una iluminación tenue y un silencio inquietante, parece como si entrara en otro mundo. Me froto los brazos para combatir el frío mientras recorro las filas de archivadores, buscando la sección B.

«Esto es ridículo», murmuro entre dientes, abriendo de un tirón un cajón con la etiqueta «Fila cuatro». «Soy secretaria, no detective».

Pero mientras reviso los archivos, algo me llama la atención.

El nombre de mi padre... Samuel Reynolds me mira fijamente desde la esquina de un memorándum enterrado entre la pila. Se me revuelve el estómago.

«¿Qué demonios...?»

Saco el memorándum con las manos temblorosas. Las palabras son vagas, pero condenatorias: «Resolución de disputas pendiente. Los daños colaterales pueden ser inevitables».

Daños colaterales.

Lo leo de nuevo, con la mente acelerada. El nombre de mi padre, vinculado a Víctor Montero. Una disputa. Daños colaterales. Las implicaciones me golpean como un tren de mercancías.

¿Realmente los Montero tuvieron algo que ver con la caída de mi padre, como yo había pensado?

¿Con su muerte?

Las paredes parecen cerrarse a mi alrededor mientras hojeo frenéticamente el resto del expediente. Las conexiones son débiles, pero están ahí, un hilo que une la ruina de mi familia con el imperio Montero.

Ni siquiera oigo los pasos hasta que están justo detrás de mí.

—Señorita Reynolds.

La voz de Jake es tranquila, pero atraviesa el silencio como una navaja. Doy un respingo y aprieto el memorándum contra mi pecho mientras me giro para mirarlo. Está a solo unos metros de distancia, con una expresión indescifrable.

—No deberías estar leyendo eso —dice con tono mesurado.

—Tú me dijiste que viniera aquí —le espeto con voz temblorosa.

«Sí», dice, acercándose, «pero no te dije que indagaras más de lo necesario».

Me mantengo firme, incluso cuando su presencia me intimida. «¿Por qué aparece aquí el nombre de mi padre?».

Jake aprieta la mandíbula y entrecierra ligeramente los ojos. «Eso no es asunto tuyo».

«Sí me incumbe», le respondo, alzando la voz. «Me debes una explicación...».

«No te debo nada», me interrumpe, con voz repentinamente aguda.

Durante un instante, nos quedamos en un tenso silencio, con la tensión entre nosotros crepitando como electricidad estática. Su mirada se posa en el memorándum que tengo en la mano y su expresión se ensombrece.

«Dame el expediente», dice, con un tono que no admite réplica.

A regañadientes, se lo entrego, y mis dedos rozan los suyos. El contacto me produce una sacudida, pero rápidamente me retiro, tratando de estabilizar mi respiración.

«Tienes que volver a tu escritorio», dice Jake, con voz más suave ahora, pero no menos autoritaria.

«Estás ocultando algo», digo, con un susurro apenas audible.

No responde. En cambio, se guarda el expediente bajo el brazo y se da la vuelta, dejándome allí con más preguntas que respuestas.

Cuando vuelvo a mi escritorio, mi mente es un torbellino de confusión y enfado. Estoy tan absorta en mis pensamientos que casi no veo el pequeño sobre que hay sobre mi teclado.

Mi nombre está garabateado en él con una letra clara y desconocida.

Echo un vistazo a mi alrededor, pero nadie parece prestar atención. Con manos temblorosas, lo abro y saco una sola hoja de papel.

«Deja de investigar o te arrepentirás».

Las palabras se difuminan mientras mi visión se nubla por el pánico. Mi corazón late con fuerza en mi pecho mientras escaneo la habitación, buscando a alguien que pueda estar mirando.

¿Quién ha enviado esto? ¿Y cómo lo saben?

¿Qué saben que estoy investigando?

¿Andrew y Evelyn?

¿O la muerte de mis padres?

Aprieto la nota con fuerza, sintiendo una mezcla de miedo y determinación que brota en mi interior. Quienquiera que haya dejado esto no me conoce tan bien como cree.

Si quieren que pare, me acaban de dar más razones para investigar más a fondo.

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