LOGINGavrel.Para la noche veo como la herida ya tiene un mejor aspecto, así que me dispongo a revisar correos donde Arantza me cuenta sobre algunas novedades en el manejo del restaurante. Leska me escribió para decirme que ya debo recoger mi encargo. Zarya con veinte mensajes sobre si me encuentro bien, recordando que ahora está por llegar su aniversario, me recuerda sobre Logan Crown y no sé por qué presiento debo centrarme en eso. Ingreso el identificador en el sistema, ya que en la búsqueda anterior supe para qué agencia trabaja y cualquier búsqueda con su nombre sería alertar sobre la investigación.Leo sobre su carrera militar, logros, medallas, derribos y todos los datos que destacan. Pero no es eso lo que Zarya espera, por lo que cambio totalmente el enfoque y termino leyendo su información personal. Principal líder en la captura y caída de los Springsteen.Luce una medalla en la siguiente fotografía. Resalto el nombre de los afectados, hallando uno muy conocido, ya que se trata
Gavrel.—Se debe viajar a Oklahoma, Montana, Tennessee y Nevada, este mes —enfatiza el Korol analizando la lista que mantiene sus ojos ocupados. —Ha llegado información a Rusia de los últimos asociados a la Orden Oscura y creo que es hora de tomar en cuenta lo de ajustarse a individuos fuera del plano inicial. —¿Más de uno?— consulto sabiendo que la prueba de estudiar a un portugués parece haberle dado buenos resultados para que haya tomado la decisión de sumar a más. —He concluido que funcionará la prueba piloto. Y no quiero darle la ventaja al Emperador respecto a ellos —deja la hoja sobre la mesa y apoyando ambas palmas voltea hacia el televisor, en donde se reproduce las noticias sobre una embarcación destruida, según el periodista luego de un enfrentamiento entre militares y criminales. —Justo por esas cosas es que debemos priorizarlo. Mientras ellos se atacan, la Orden Oscura se hace más fuerte y si seguimos ignorándolo, dentro de poco tiempo tendrán la capacidad de podar lo q
Gavrel.—Me sorprendes, Korol —concedo, regresando el teléfono a sus manos.Ríe de soslayo, deslizando el brazo hacia mi otro hombro y presionándome contra él con total soltura. No me aparto, porque son pocos los momentos que pierde su seriedad, dejando de ser el líder de una organización mundial, para convertirse en mi padre. Y aunque ninguno de los dos sea particularmente bueno hablando de lo que sentimos, hay cosas que no necesitan ser pronunciadas para existir.—No te emociones demasiado —murmura sujetando mi nuca sin perder la risa de satisfacción al conseguir que un proyecto más le de resultado—. Todavía no tenemos nada.—Tienes una muestra que podría cambiar la manera en que nos tratamos las heridas —palmeo su brazo. —Para mí eso ya es suficiente para llamarlo un avance.—Es un avance —admite volviendo a apoyarse en el sofá—. Pero todavía estamos lejos de conseguir algo que pueda utilizarse sin convertirnos en nuestros propios experimentos.Miro nuevamente el archivo que perman
Gavrel.En un inicio, el primer líder gobernó la mafia roja desde las sombras más absolutas, acatando leyes ancestrales dictadas por hombres que existieron antes de que el mundo tuviera memoria. Su sistema funcionaba por una razón: la existencia de la ’Ndrangheta solo alimentaba el imperio del monarca ruso. Otto Meyer no era un hombre de orden, respeto o confianza. Era el caos. Si los clanes comerciales de la calabresa lograron expandir sus garras por Italia, Alemania y el resto de las potencias mundiales, fue gracias a la brutalidad errática de su líder y de los perros que seguían su doctrina. Una realidad cruel, pero innegable es que la carne humana es un negocio rentable; genera fortunas inmensas hasta que los cerdos que la manejan se vuelven demasiado ruidosos. El exceso de atención no atrae socios estratégicos, atrae competencia. De la peor especie. Una guerra de desgaste donde lo primero que se desangra son las alianzas, las lealtades y, finalmente, la mercancía. Mikhail ente
Gavrel. No es por lo que fue a comprar que la necesitaba lejos. Suelto una m@ldición y busco un encendedor en los cajones, mientras intento controlar el dolor que se extiende por mi costado. Mientras no tenga la curación rápida, debo utilizar otros métodos, aunque no sean tan fáciles de llevar a cabo.Encuentro una forma de romper la bala que saco del cargador y vierto la pólvora en mi mano. La observo durante un segundo, consciente de lo que estoy a punto de hacer. Va a doler mucho más de lo que cualquier herida debería permitirme soportar, y el peligro es alto, pero también definitivo.Ingreso un poco de pólvora en la herida que reviso con cuidado. Debo soportar el dolor una vez más. El sudor comienza a cubrirme la espalda, pero no tengo tiempo ni siquiera para quejarme cuando acerco el encendedor y la llama entra en contacto con el polvo.El dolor me atraviesa como una descarga que somete todas mis terminaciones nerviosas, las cuales debilitan mi cuerpo de una manera horrorosa.E
Gavrel.Salgo del vehículo, con el rifle contra mí pecho, soltando las detonaciones que salen despedidas en una sola dirección, exponiéndome a ser derribado por uno de los tiradores que por su velocidad, sus balas no tienen objetivo fijo. El riesgo es una estupidez, pero lo que me pasó cuando hirieron a mi hermana no me vuelve a ocurrir.Apunto, ubico, disparo y evado las balas de los tipos que quieren atinarme a la cabeza. Pero no tuvieron en cuenta que soy todo menos un idiota al que puedan amenazar con la muerte. Soy un emisario de la muerte para ellos; soy de quien deberían correr, porque aun estando solo no me acobardo. Los hago retroceder con detonaciones feroces que les abren el pecho a los tipos que intentan moverse, pero una granada de expansión les impide hacerlo antes de que atraviese sus cabezas, haciéndolas explotar con una violencia que ni el demonio podría reparar.—¿Vinieron por mí, ratas? —farfullo, cambiando el cargador con el que vuelvo al ataque.Sin embargo, sie







