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Capítulo 3

Author: Bite Man
La escuela de la manada celebró el Día de la Familia.

Y esta vez Damon apareció.

Entró al campo con su túnica ceremonial de Alfa y, apenas puso un pie allí, los padres lo rodearon de inmediato.

—Alfa, anoche mi cachorro estuvo recitando su juramento.

—Gracias por donar el nuevo campo de entrenamiento a la escuela.

Damon respondió a todos con calidez y paciencia.

Finn estaba de pie bajo un árbol, observándolo. Un pequeño y frágil destello de orgullo volvió a aparecer en sus ojos.

—Mamá, hoy vino por mí, ¿verdad?

—Dijo que vendría.

No quería mentirle, pero tampoco me atrevía a responder por Damon.

Antes de que comenzaran las actividades, Serena apareció con Nico.

Llevaba una credencial de visitante.

—Perdón, será solo una persona más —le explicó al instructor—. Nico escuchó que Damon estaría aquí e insistió en venir.

El instructor dudó.

—Este evento es solo para las familias de los alumnos inscriptos.

Los ojos de Serena se enrojecieron al instante.

—Él no tiene padre. Solo quería saber, aunque sea por una vez, qué se siente estar con uno...

Damon se acercó.

—Regístrenlos bajo mi nombre.

Detrás de él, la esperanza en los ojos de Finn volvió a apagarse.

La primera actividad era rastreo por olor.

Los padres escondían un objeto personal y los cachorros debían encontrarlo siguiendo su aroma.

Damon solo llevaba un gemelo y se lo entregó a Nico.

—Ve tú primero.

Finn permaneció en silencio detrás de él, sosteniendo su tarjeta con el número, mientras esperaba su turno.

Nico tardó una eternidad.

Damon no dejaba de darle pistas.

Cuando por fin llegó el turno de Finn, sonó la campana.

El instructor anunció que la primera ronda había terminado.

Finn devolvió su tarjeta al cesto.

—Está bien.

Damon le revolvió el cabello.

—Eres el hijo del Alfa. Tienes que ser generoso.

Finn preguntó:

—¿Por qué siempre tengo que ser yo el generoso?

Todos a su alrededor permanecieron en silencio.

La mano de Damon quedó suspendida en el aire.

—Nico es un invitado.

—Pero tú eres mi papá.

Era la primera vez en un mes que Finn volvía a llamarlo así.

Algo parpadeó en los ojos de Damon.

Entonces Finn añadió en voz baja:

—Al menos, se suponía que hoy lo serías.

La segunda actividad era hacer un estandarte familiar.

Cada cachorro debía estampar en una misma bandera la huella de la mano de sus padres y la suya.

Finn había elegido pintura azul plateada.

Acababa de estampar su pequeña mano cuando Nico comenzó a llorar.

—Yo no tengo la huella de un papá.

Serena se agachó para abrazarlo.

—No pasa nada. Vámonos.

Lo dijo sin apartar la vista de Damon.

Y, como era de esperar, Damon tomó la pintura roja.

—Yo haré una para él.

El instructor se acercó rápidamente.

—Alfa, esta es una marca familiar. Quedará registrada en los archivos de la escuela.

—Es solo una actividad.

Damon estampó la mano sobre la bandera de Nico.

Una huella roja y brillante quedó marcada sobre la tela.

Serena levantó la vista hacia él, con los ojos llenos de lágrimas de agradecimiento.

Según la tradición de la manada, un lobo adulto no dejaba su huella en el estandarte familiar de un cachorro que no fuera el suyo.

Eso significaba protección y reconocimiento público.

Damon lo sabía perfectamente.

Los murmullos comenzaron a extenderse entre la multitud.

Un cachorro le preguntó a Finn:

—¿Por qué tu papá está en la bandera de otro?

Otro cachorro se rio.

—Porque Nico se porta más como el hijo del Alfa que él.

Finn apretó su propio estandarte con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

Estaba a punto de acercarme cuando arrancó la parte destinada a su padre.

Dejó únicamente mi huella y la suya.

El rostro de Damon se endureció.

—Finn. No hagas berrinches.

—No estoy haciendo nada.

—Arréglalo.

—Da igual que lo arregle. De todos modos nunca pusiste tu mano ahí.

El aura de Alfa de Damon estalló de repente.

Todos los cachorros retrocedieron.

Finn también palideció, y sus hombros comenzaron a temblar sin control.

Me interpuse delante de él.

—Retira tu aura.

—Elara, eres tú quien le permite faltarme el respeto.

—Solo está diciendo la verdad.

—¿Tenías que humillarme delante de todos?

Casi me reí.

—¿No fuiste tú quien decidió poner la mano en la bandera de otro cachorro?

Antes de que Damon pudiera responder, Nico se acurrucó entre sus brazos.

—Tío Damon, tengo miedo.

Damon retiró su aura de inmediato y se agachó para consolarlo.

Finn lo observó durante largo rato.

Después, se quitó la insignia familiar que llevaba en el pecho.

—Instructor, ¿puedo cambiar mi registro?

—¿Qué quieres cambiar?

—Quiero que solo aparezca mi mamá como mi familia.

Damon levantó la cabeza de golpe.

—¡Finn!

El cachorro ni siquiera lo miró.

Tomó mi mano y me llevó fuera del campo.

Cuando salimos de la escuela, finalmente preguntó:

—Mamá, ¿mañana iremos al Altar de la Luna?

—¿Tú quieres ir?

Finn negó con la cabeza.

—Cuando me lo prometió, todavía quería tener un papá.

—¿Y ahora?

—Ahora ya no.

Su voz fue apenas un susurro.

En ese momento, lo tuve más claro que nunca.

Damon había consumido hasta la última pizca de esperanza que quedaba en aquel cachorro.

Y no pensaba darle otra oportunidad.

Al día siguiente me llevaría a Finn y me iría.

Ese vínculo de apareamiento, esa casa, ese hombre que siempre elegía a alguien más…

Ya no quería nada de eso.
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