Share

Capítulo 2

Author: Bite Man
A la mañana siguiente, comencé a hacer las maletas.

Finn no preguntó por qué.

Separó sus juguetes en dos grupos. El arco de madera y los peluches que le había regalado mi padre fueron a la maleta. El lobo mecánico de Damon se quedó en el armario.

—¿Ya no te gusta?

—Sí me gusta.

—Entonces, ¿por qué no lo llevas?

Finn acarició una de las orejas del lobo.

—Habla como él.

Presioné el botón y la voz grabada de Damon rompió el silencio:

—Finnie, espera a que papá termine...

Finn apartó la mano.

—Ya no quiero escuchar la palabra «espera».

Sentí un nudo en la garganta.

Mi teléfono vibró. Era un video de Serena.

Frente a la chimenea de la vieja casa, Damon arreglaba el juguete de Nico. El cachorro estaba sentado sobre una de sus rodillas y llevaba colgado al cuello el broche de la capa ceremonial de Damon.

Ese broche solo se usaba cuando el Alfa presentaba a su sucesor en ceremonias formales.

Serena se rio detrás de la cámara.

«Nico dice que, mientras Damon esté aquí, las pesadillas no se atreven a acercarse».

Justo después llegó otra notificación:.

«Entre hermanos, siempre hay lugares que nadie más puede ocupar».

Guardé el video en el expediente de la denuncia que presentaría ante el Consejo de la Manada.

Después, la bloqueé.

Al caer la noche, Damon regresó con una caja con tartaletas de arándanos.

Finn le echó un vistazo, aunque en ningún momento se movió.

A Damon no le gustaban los dulces. Antes, Finn incluso pedía tartas saladas de queso para sus cumpleaños solo porque eran las favoritas de su padre.

A esas alturas, aquel postre parecía más un intento de Damon por comprar el perdón que un verdadero gesto hacia su hijo.

—¿Sigues enojado?

Empujó la caja hacia Finn, pero él negó con la cabeza.

—No estoy enojado.

Damon exhaló, visiblemente aliviado.

No entendía que, a veces, dejar de estar enojado significaba simplemente haber dejado de sentir cualquier cosa..

Entonces vio la maleta en la sala.

—¿Adónde vas?

—A ver a mi padre, al norte.

—¿Cuándo vas a volver?

Cerré el armario.

—Todavía no lo sé.

Damon frunció el ceño, pero no insistió.

—Quizá les venga bien alejarse unos días.

Hizo una pausa.

—Sobre el Rito de la Luna... me equivoqué.

Se agachó frente a Finn.

—Pasado mañana te llevaré al Altar de la Luna. Solo nosotros tres. Repetiremos la ceremonia.

Las pestañas de Finn temblaron.

—¿De verdad?

—De verdad.

—¿Nadie va a llamarte para que te vayas?

Damon se quedó en silencio por un instante.

—Papá lo promete.

Papá.

Los ojos de Finn todavía se iluminaban al escuchar esa palabra.

Me dolió el pecho.

La esperanza de un cachorro era como la maleza: podían pisotearla una y otra vez, pero bastaba una sola gota de lluvia para que volviera a brotar.

—Está bien.

Respondí por Finn. No porque confiara en Damon, sino porque quería que mi hijo viera esa última oportunidad con sus propios ojos.

Finn salió corriendo para elegir la ropa que usaría en la ceremonia.

Damon se dispuso a seguirlo, pero se detuvo.

Su mirada se posó sobre la mesa de noche.

Allí colgaba un dije de piedra lunar blanca. Mi padre lo había tallado el día en que nació Finn.

—Préstamelo.

Extendió la mano hacia él.

Lo sujeté antes de que pudiera tomarlo.

—¿A quién se lo vas a dar?

—A Nico. Ha estado teniendo pesadillas. Serena dijo que esta piedra lunar del norte puede tranquilizar a los cachorros.

—Es de Finn.

—Solo será por unos días.

—Finn tampoco duerme bien sin ella.

Damon bajó la voz.

—Elara. No conviertas todo en una competencia con un cachorro.

Lo miré fijamente.

—¿De qué cachorro estamos hablando? ¿De Finn o de Nico?

Damon apartó la mirada.

—Finn nos tiene a nosotros. Él está bien.

Otra vez lo mismo.

Como Finn siempre lo soportaba todo, creían que podían quitarle lo que quisieran.

Como yo nunca me quebraba, esperaban que siempre fuera quien cediera.

Finn estaba de pie en la puerta del dormitorio.

Lo había oído todo.

Lentamente, se quitó el dije y se lo tendió a Damon.

—Llévatelo.

Cuando Damon extendió la mano, Finn añadió:

—No hace falta que lo devuelvas.

—Finnie...

—Deberías irte, Alfa. Nico está esperando.

Damon sostuvo el dije entre los dedos y se quedó sin palabras durante unos segundos.

Pero después de que Serena le enviara su ubicación, de todos modos salió por la puerta.

Guardé el resto de nuestra ropa en la maleta.

Finn tiró las tartaletas de arándanos a la basura y se fue a dormir.

El vínculo de apareamiento latía dolorosamente bajo mis costillas, una punzada tras otra.

Pero apreté con fuerza el cierre de la maleta.

Cada vez que Damon corría hacia Serena, yo recuperaba un poco más de mí misma y me alejaba un poco mas de aquella casa.

Cuando cerrara la última caja, me llevaría a Finn y me iría.

Y cuando Damon pronunciara mi nombre entonces, no volvería la mirada hacia él.

Ni una sola vez más.
Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Ya no eres mi papá, Alfa Ashford   Capítulo 9

    Damon me contó que Serena había abandonado Ashford.Le habían revocado todos los privilegios vinculados a la familia del Alfa y había quedado bajo supervisión de la Oficina de Protección de Cachorros por haber utilizado a Nico para fingir falsas llamadas de emergencia.El Consejo también le había restituido a Damon su autoridad para tomar decisiones.Había reformado los protocolos de la vieja casa y las normas de asistencia. Nadie volvería a tener acceso a los recursos de la manada por vínculos personales.—Lo cambié todo —dijo—. Elara, de verdad sé que me equivoqué.Lo escuché en silencio.—¿Algo más?Damon se quedó inmóvil.—¿No quieres saber qué pasó con Serena?—No es asunto mío.—Pero si ella no me hubiera engañado...Se detuvo a mitad de la frase.Probablemente se dio cuenta de lo ridículo que sonaba incluso para él mismo.Yo terminé la frase por él.—¿Si ella no hubiera llorado, tú no nos habrías abandonado una y otra vez?Damon palideció.—No estoy tratando de echarle la culpa.

  • Ya no eres mi papá, Alfa Ashford   Capítulo 8

    Pasaron dos años.Finn ya tenía ocho.El viento del Norte lo había vuelto más fuerte. Había aprendido a disparar con su arco de madera y ya podía recitar por sí solo el juramento de Frost. Su abuelo lo inscribió en la carrera de nieve para cachorros, y Finn obtuvo el primer lugar.Cuando cruzó la meta, no buscó a su padre entre la multitud.Corrió directamente hacia mí.—Mamá, quedé en primer lugar.Le limpié la nieve de las pestañas.—Lo vi.Esa tarde terminó la Cumbre de la Alianza.Fui al campo de entrenamiento a recoger a Finn y vi una figura familiar bajo un pino.Damon había adelgazado.Su túnica ceremonial le quedaba más holgada que antes, y una franja de cabello gris había aparecido en sus sienes.Cuando vio a Finn, sus ojos se enrojecieron al instante.—Finnie.Finn se detuvo.Observó a Damon durante unos segundos y luego inclinó la cabeza en un saludo formal del Norte.—Alfa Ashford.Los labios de Damon temblaron.—Todavía me recuerdas, ¿verdad?—Sí.Un destello de esperanza

  • Ya no eres mi papá, Alfa Ashford   Capítulo 7

    Punto de vista de DamonLa audiencia ante los ancianos duró tres horas.La pantalla principal en el centro del salón reproducía sin cesar las imágenes del Día de la Familia en la escuela.Damon estampando su mano en la bandera de Nico.Finn arrancando el espacio destinado a su padre.Y después, el aura de Alfa desplegándose de golpe mientras un niño de seis años permanecía detrás de Elara, pálido, con los hombros temblando.El Anciano Principal pausó la grabación.—Damon. ¿Sabes que un Alfa tiene prohibido usar su aura contra un cachorro menor de edad?—Sí.—¿Sabes que dejar la huella de tu mano en una bandera familiar equivale a reconocer públicamente el vínculo y la responsabilidad de protección?—Sí.—¿Y el broche de la capa?—Es exclusivo del Alfa y de su heredero.—Y, aun así, se lo diste a Nico.Damon bajó la mirada.—Sí.El Anciano abrió el registro de la noche del Rito de la Luna.—Tu propio hijo esperó hasta que se apagó la última farola de la calle. Mientras tanto, tú estabas

  • Ya no eres mi papá, Alfa Ashford   Capítulo 6

    Punto de vista de DamonA la mañana siguiente, Serena llegó acompañada de Nico.No le entregó la piedra lunar a los guardias; en cambio, se dirigió directamente a la residencia del Alfa.—Escuché que Elara se fue —dijo sin lograr ocultar por completo el brillo de satisfacción en sus ojos, aunque mantuvo la voz suave—. No te lo tomes tan mal. Solo es un impulso pasajero. Volverá cuando se le pase el enojo.Damon estaba sentado junto a la chimenea.No había dormido en toda la noche.—¿El dije?La sonrisa de Serena se tensó.—Nico por fin pudo dormir bien anoche. ¿Podemos tenerlo unos días más?—Es de Finn.—Pero Finn ya regresó al Norte —Serena dio un paso hacia él—. Tiene a su madre, a su abuelo y a todo Frost. Nico solo me tiene a mí... y a ti, que eres la única persona dispuesta a cuidarlo de verdad.Damon la miró.Él mismo había pronunciado aquellas palabras incontables veces.Finn tenía más, así que no pasaba nada si le quitaban algo.Nico lloraba, así que debía recibir todo primero

  • Ya no eres mi papá, Alfa Ashford   Capítulo 5

    Punto de vista de DamonDamon arribó a la estación once minutos después de que el tren con destino al Norte hubiera partido.Atravesó a toda velocidad la puerta de embarque vacía y sujetó al empleado por el cuello de la camisa.—¿Cuál es la siguiente parada?—Alfa, el tren ya cruzó la frontera de Ashford.—Deténganlo.El empleado palideció, pero negó con la cabeza.—Es un tren exclusivo del Norte. Sin la autorización del Consejo de Frost, Ashford no tiene autoridad para interceptarlo.Damon abrió la boca, pero de repente sintió un dolor punzante en el pecho, un vacío que llegaba demasiado tarde, después de que el vínculo de apareamiento ya se hubiera roto.Se inclinó hacia delante y se presionó con fuerza el esternón, como si pudiera obligar a aquel lazo desaparecido a regresar a su cuerpo.Pero no había nada. No lograba percibir dónde estaba Elara. No sentía lo que ella sentía. Ni siquiera el vínculo mental: solo un silencio absoluto. —Alfa.—Revisa la autorización de viaje de Elara.

  • Ya no eres mi papá, Alfa Ashford   Capítulo 4

    El día de nuestra partida, antes del amanecer, llegaron los documentos que autorizaban nuestro traslado al Norte. También presenté ante los ancianos mi renuncia al puesto de Luna.Estaba lista para marcharme con Finn en ese mismo instante.Pero él sacó un boleto del armario: era el pase para el Carnaval del Festival de la Luna que Damon le había dado hacía mucho tiempo.La fecha impresa era la de hoy.—Mamá, ¿podemos esperar hasta la tarde? —apretó entre los dedos una esquina del boleto—. Una última vez.Lo miré y no pude decirle que no.A las ocho de la mañana, Damon regresó.El dije de piedra lunar ya no estaba en sus manos.Actuó como si nada de lo ocurrido la noche anterior hubiera pasado y sacó tres pulseras para el carnaval.—A las tres. Nos vemos en la entrada.Finn lo miró fijamente.—¿Te acordaste?—Por supuesto.—¿Solo nosotros tres?Damon hizo una pausa.—Solo nosotros.Finn no sonrió, simplemente se puso la pulsera.Después de que Damon se marchara, cambié nuestros boletos

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status