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Alessandro Bianchi

last update 公開日: 2026-10-05 00:23:16

Antonia comenzó a frecuentar bares y clubes con mayor asiduidad. Parecía decidida a disfrutar de su soltería después del divorcio, saliendo por las noches, bebiendo algunos tragos y permitiéndose coquetear con hombres más jóvenes que ella. Ya no tenía que rendirle cuentas a nadie y, aunque en el fondo seguía cargando con el orgullo herido por la separación de Renato, encontraba cierta satisfacción en demostrar que podía divertirse sin necesitar a un hombre a su lado.

Una de esas noches, en un
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  • Ya no soy tu migajera    Nuevas noticias

    Adelaide, por su parte, disfrutaba de la cena y de la buena compañía de su familia. Aquella noche, Lorenzo había preparado uno de sus platos favoritos y todos habían celebrado entre aplausos la atención. Mateo se había ganado por completo el corazón bondadoso del médico, quien lo trataba con el cariño propio de un padre, y la armonía que compartían los tres hacía que Adelaide se sintiera feliz al ver a su hermana viviendo una etapa tan especial. En medio de la cena, Sofía tomó la mano de Lorenzo y dirigió una mirada cómplice hacia Adelaide, acompañada de una sonrisa que despertó su curiosidad. —Tenemos una noticia que darte —anunció Sofía con una expresión radiante mientras entrelazaba sus dedos con los de Lorenzo. Adelaide frunció ligeramente el ceño y dejó el tenedor sobre el plato, tratando de adivinar qué podían estar ocultándole. —¿Qué ocurre? —preguntó con curiosidad mientras los miraba a ambos. Sofía sonrió todavía más antes de darle la noticia. —Serás tía de nuevo —revel

  • Ya no soy tu migajera    caminos separados

    La conversación entre Marco y Julien continuó durante un buen rato, pasando de recuerdos de la universidad a los cambios que habían vivido con los años. Julien se acomodó en la silla y observó a su amigo durante unos segundos. Lo conocía demasiado bien como para no notar que, detrás de aquella sonrisa, había algo que todavía le pesaba. —Bueno, suficiente de mí. Cuéntame, ¿y tú? ¿Qué pasó con tu ex? —preguntó con naturalidad, apoyando los brazos sobre la mesa. La sonrisa de Marco desapareció poco a poco. Bajó la mirada hacia su copa y permaneció en silencio unos segundos antes de responder. —Ella siguió adelante —dijo finalmente, con la voz más baja—. Ella está con otro hombre. Julien lo observó con atención, sorprendido por la tristeza que apareció en el rostro de su amigo. —¿Y qué sientes por ella? —preguntó con cautela, inclinándose ligeramente hacia él. Marco soltó un suspiro y se recostó en la silla. —Yo todavía la quiero —admitió, apretando ligeramente la mandíbula—. Pero

  • Ya no soy tu migajera    La mujer de la carretera

    Cuando Marco y Élodie llegaron a los viñedos, encontraron a Renato en la terraza conversando tranquilamente con un hombre que Marco reconoció apenas lo vio. Se quedó mirándolo unos segundos, sorprendido, antes de soltar una sonrisa.—¿Julien? —preguntó Marco, acercándose sin terminar de creerlo.Julien giró la cabeza y, al verlo, sonrió de inmediato.—Por fin apareces —bromeó, levantándose de la silla.Marco soltó una carcajada y lo abrazó con fuerza.—¿Qué haces aquí? —preguntó, todavía riéndose.—Quería sorprenderte —respondió Julien, dándole un par de palmadas en la espalda—. Y por tu cara, parece que lo conseguí.—No tenía ni idea de que venías —admitió Marco al separarse, mirándolo con una mezcla de sorpresa y alegría.—Ese era el punto —respondió Julien, encogiéndose de hombros con una sonrisa.Marco negó con la cabeza, divertido, y miró hacia Renato.—¿Y tú ya estabas aquí haciendo amistad con mi padre? —preguntó, señalándolos a ambos.Renato soltó una risa desde su asiento.—T

  • Ya no soy tu migajera    Alessandro Bianchi

    Antonia comenzó a frecuentar bares y clubes con mayor asiduidad. Parecía decidida a disfrutar de su soltería después del divorcio, saliendo por las noches, bebiendo algunos tragos y permitiéndose coquetear con hombres más jóvenes que ella. Ya no tenía que rendirle cuentas a nadie y, aunque en el fondo seguía cargando con el orgullo herido por la separación de Renato, encontraba cierta satisfacción en demostrar que podía divertirse sin necesitar a un hombre a su lado. Una de esas noches, en un elegante club del centro de Florencia, un hombre llamó su atención casi de inmediato. Era italiano, atractivo y unos años más joven que ella. Desde una mesa cercana no dejaba de observarla con una mirada provocadora, sin molestarse en disimular el interés que sentía. Antonia lo notó después de varios minutos y, lejos de sentirse incómoda, sostuvo su mirada con una sonrisa apenas perceptible. El hombre levantó ligeramente su copa, como si estuviera haciendo un brindis silencioso. Antonia respond

  • Ya no soy tu migajera    Caminos diferentes

    El tiempo pasó más rápido de lo que cualquiera esperaba entre charlas alegres y sonrisas espontáneas. La conversación había resultado tan agradable que ninguno se dio cuenta de cuánto rato llevaba Julien en la cabaña hasta que el sonido de la grúa anunció su llegada. El francés se levantó de la mesa y agradeció nuevamente la hospitalidad de Sofía y Lorenzo. Al salir, Lorenzo se ofreció a acompañarlo hasta un mecánico cercano para que pudiera resolver el problema del coche, y Julien aceptó profundamente agradecido. Ambos se despidieron de las mujeres y de Mateo antes de alejarse por el camino en dirección a la carretera. Sofía esperó hasta verlos lo bastante lejos antes de girarse hacia su hermana con una sonrisa que Adelaide conocía demasiado bien. Se cruzó de brazos y la observó durante unos segundos, disfrutando de la oportunidad de decir exactamente lo que estaba pensando. —Ese hombre es un dulce y, a leguas, se nota que le gustaste —comentó con una sonrisa cómplice, levantando

  • Ya no soy tu migajera    El coche averiado

    Adelaide subió nuevamente al coche y esperó a que Julien tomara asiento a su lado. Avanzaron apenas unos metros por el camino hasta detenerse frente a la cabaña. El lugar se encontraba tan cerca de la carretera que Julien pudo distinguirlo desde donde había quedado varado. Adelaide estacionó y bajó del coche junto a Julien. Apenas se acercaron a la entrada, la puerta de la cabaña se abrió y Sofía salió al encuentro de su hermana, con una sonrisa en el rostro. No esperaba verla acompañada y su expresión cambió ligeramente al descubrir al hombre que caminaba a su lado. —¡Adelaide! —exclamó con alegría, acercándose para abrazarla. Antes de que pudiera decir algo más, Mateo apareció detrás de ella y corrió directamente hacia su tía. —¡Tía Adelaide! —gritó el pequeño, lanzándose a sus brazos. Adelaide lo recibió con una sonrisa enorme y lo levantó del suelo. —¡Mi pequeño! —respondió, abrazándolo con fuerza—. ¿Cómo has estado? Mateo rodeó su cuello con los brazos y apoyó la ca

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