INICIAR SESIÓNIn meinem früheren Leben wurde ich von einer bürgerlichen Familie adoptiert. Meine jüngere Schwester Regina Capasso kam zu einem Mafia-Don und wurde dadurch zur Mafia-Prinzessin der mächtigsten Mafiafamilie Etaliens. Doch im dritten Jahr nach ihrer Adoption verstieß der Don sie unerwartet. Fortan lebte sie obdachlos auf der Straße, bis sie auf grausame Weise starb. Ich hingegen schaffte dank meiner guten Noten den Sprung an eine Eliteuniversität. Gemeinsam mit meinem älteren Adoptivbruder Dario Bivona setzte ich mein Studium fort. Durch harte Arbeit wurde ich schließlich zum umworbenen Jungstar der KI-Branche. Mit dem Segen unserer Adoptiveltern heirateten Dario und ich später und bekamen Kinder. Mein Leben war ruhig und glücklich. Als wir eine zweite Chance auf dasselbe Leben erhielten, traf Regina eine völlig andere Wahl. Regina warf sich Dario in die Arme und säuselte seinen Namen. Dann nahm sie die Hände meiner früheren Adoptiveltern und sah mich schadenfroh an. „Du sollst selbst einmal erleben, wie es sich als Mafia-Prinzessin lebt, Livia. In dieser grausamen, erbarmungslosen Familie halte ich keine Sekunde länger aus!“ Erwartungsvoll sah ich Dario an und hoffte auf ein Wort zu meiner Verteidigung. Doch er schob Regina schützend hinter sich und musterte mich mit eisigem Blick. „Halte dich von meiner Schwester fern.“ Unter Reginas selbstgefälligem Blick ging ich schließlich langsam auf den Rolls-Royce zu.
Ver más‘’Con el rostro cubierto de lágrimas te vi por primera vez, no me importó nadie a mí alrededor, ni siquiera el idiota que estaba a tu lado en ese preciso momento.
Desde ahí supe que serías mía.El deseo nubló mi vista y tu olor quebró mi razón.Desataste mi lado animal, Verónica.’’ Y con esas cinco líneas impresas en un papel negro fue que mi tormento comenzó. No entendía de qué se trataba todo eso, nunca nadie me había dado ni siquiera una carta, no me consideraba una chica linda para llamar la atención de nadie, no tenía grandes atributos y mi cara es bonita pero simple, sin embargo, recibía esa nota que lejos de gustarme me ponía los pelos de punta, sobre todo esa frase final contundente. Ni siquiera salía de casa y cuando lo hacía era para ir a la universidad, de allí de vuelta a mi dulce hogar, no sabía ni cómo ni dónde había despertado el interés de un chico del cual estaba segura no conocía pero no le di mucha importancia, en ese momento no lo sabía ni estaba preparada para toda la avalancha de emociones que estaba a punto de experimentar, no obstante, guardé el papel que irradiaba un ligero aroma masculino entre mis libros quise desviar mi mente así que busqué mi teléfono para poder leer un poco. Aunque no conté con que mis pensamientos volverían una y otra vez a la nota mientras que la curiosidad me embargaba.¿Quién es él? Rodé en la cama con curiosidad y mis manos tantearon otra vez el papel, inhale su aroma, esta vez podía notar otro olor, más masculino y sobretodo más atrayente. —Verónica ¿Estás lista? —Preguntó Ana Alice entrando a la habitación. La rubia arqueó una ceja al verme tan ensimismada con la carta entre las manos. Entró en la habitación sin dudarlo y se dejó caer a mi lado en la cama tratando de curiosear cosa que no logró pues yo no lo permití escondiendo la hoja entre mis manos con una sonrisa divertida al observar el ceño fruncido de mi amiga. — ¿Qué escondes? —preguntó con sospecha haciendo que sonriera. Ana nunca iba a cambiar. —Nada que te incumba, chismosa. — ¿En serio? Pues me lo tendrás que contar porque a mí no se me escapa nada. Ambas nos levantamos de la cama sonriendo, entonces Ana Alice se arrojó hasta donde estaba yo tratando de quitarme el papel pero por más que me hizo cosquillas se rindió al darse cuenta que no iba a mostrárselo. Por alguna razón sentía que no quería compartir esas palabras con nadie, era algo muy íntimo aunque no lo pareciera. Además me moriría de vergüenza si ella se enterara sobre esta carta enigmática de un extraño pervertido. —Venga ya, si no quieres contribuir con esta chismosa, entonces alístate, ¿Olvidaste que íbamos de compras? —No, no lo he olvidado, me cambio y salimos. Ella asintió mientras que yo fui a buscar mi ropa. Cuando estuvimos fuera de la casa en el centro comercial opte por contarle a Ana sobre la nota evitando decir palabras textuales además de que la pequeña cartita la había ocultado bien entre mis cosas, ella chilló frenética pidiendo que le contara sobre qué era lo que decía exactamente. —No te lo voy a decir —alegué sacándole la lengua causando que ella resoplara. —Venga, ¿Te ha dicho guarradas? —preguntó entusiasmada. Y enseguida me quedé estoica. No podía creer que Ana me preguntara eso. — ¡No! ¡Qué mente la tuya, amiga! — ¡Qué aburrido! Será que es tímido o quiere tantear terreno, ¿Quién será? ¿Quién será? —murmuraba Ana probándose unos tacones negros preciosos. Mientras que yo no dejaba de negar con la cabeza, probablemente si fuera a ella quien le llegaran esas cartas de guarradas estaría más que feliz, sin embargo, yo por el contrario echaría a correr, si las cosas se tornaban más incómodas, pero solo es una carta ¿No? Pese a que ambas éramos mejores amigas no podíamos ser más distintas, yo soy reservada pero Ana Alice es todo lo contrario como si se esforzara por llevarme la contraria. — ¿Y qué tanto miras? ¿Tú no vas a comprar? —Ya tengo mi vestido, solo falta arreglarme. Ana Alice sonrió satisfecha asintiendo antes de hacer una mueca. —Espero que no se trate de uno de esos vestidos tuyos de monja. Entorné los ojos con fastidio pero antes de que pudiera protestar Ana habló de nuevo. —Vas a ver cómo vamos a quedar preciosísimas, Jazmín nos maquillará y nos veremos más guapas que la misma novia. —No podemos quedar más guapas, eso es ser malas con Taylor —dije jocosamente siguiéndole el juego a Ana. — ¡Con lo que a mí me gusta ser mala! —Soltó una risita insinuante—. Mira que si a mí me hubieran enviado esa cartita y estuviera tan sola como tú, hago hasta lo imposible por saber de quién se trata, después de todo no puede ser tan difícil, casi ni sales de casa por lo que tiene que tratarse de un chico de la facultad ¿Has pensado quien puede ser? La miré confundida por el cambio de tema pero luego pensé que ella tenía razón. —No he pensado quién, pero esto es muy extraño para mí. Ana se encogió en hombros distraída con sus zapatos y para mi suerte se olvidó por completo de la carta que había recibido, por lo menos hasta que llegamos a casa dónde nos esperaba Jazmín para arreglarnos. * Después de la celebración de la boda de Taylor todas terminamos en mi pequeño apartamento con una resaca terrible, yo por mi parte al no haber bebido mucho solo tenía cansancio así que me despojé del vestido gris que había usado, con el cual Ana Alice había dicho que me venía muy inocente, y me introduje en el baño. Con la toalla envuelta a mí alrededor salí a la cocina pues me moría de hambre, en el camino me encontré con Jazmín comiendo tostadas, como cosa rara, nótese el sarcasmo. —Estás despierta, te ha llegado una carta, está sobre la mesa. —Mesa sobre la cual tienes los pies así que bájalos o siente mi furia —bromeé sentándome a su lado antes de sacarme la toalla de la cabeza y secarme el cabello con esta. —Es una carta sin remitente ¿Tienes un admirador? —Preguntó con picardía Jaz haciendo caso omiso a mi demanda. —Probablemente —le guiñé el ojo, jocosa. De inmediato Jazmín se enderezó en su silla mirándome curiosa. —Venga, abre el sobre, me muero de ganas por saber qué dice. Yo entorné los ojos divertida por su curiosidad innata. —Mis amigas son metiches. Dicho eso Ana Alice llegó sentándose frente a mí con recelo. —No digas lo obvio y abre el puñetero sobre, siento que la cabeza me va a estallar. — ¿Y acaso las palabras de este desconocido te aliviarán? —Seguro que alivia mi curiosidad. Me levanté para buscarle una aspirina pero cuando regresé encontré a Jazmín y Ana rasgando el papel. Por alguna razón me molestó que lo hicieran sin mi consentimiento entonces dejé la aspirina sobre la mesa y tan rápido como pude le arrebaté la carta de la mano a Ana para después ingresar a mi habitación hecha una furia por la invasión a mi privacidad. Solté un gruñido dejando la carta sobre la cama dedicándome a secarme para leerla luego. La toalla cayó al suelo y una extraña sensación me golpeó al estar desnuda, probablemente había tenido una similar antes pero por alguna razón esta se sentía más intensa... Sin darle importancia a mi paranoia fui en busca de mi ropa interior.Dario schwieg.Außer sich vor Wut schrie Regina ihn an:„Na schön! Damit kommen sie nicht durch!“Regina drehte sich um und rannte davon. Kurz darauf wurden Pardo und ich ins Direktorat gerufen.Die Untersuchung der Schule ergab eindeutig, dass weder Pardo noch ich betrogen hatten. Stattdessen wurde Regina wegen ihrer Verleumdungen und des von ihr verursachten Aufruhrs von der Schule verwiesen.„Warum? Sie sind schuld! Alles ist ihre Schuld! Warum werde ausgerechnet ich von der Schule verwiesen?“Regina tobte und versuchte sogar, Mitglieder der Schulleitung anzugreifen.Reginas Adoptiveltern trafen gerade noch rechtzeitig ein und hielten sie zurück. Um Darios Zukunft nicht weiter zu gefährden, entschuldigten sie sich immer wieder bei der Schulleitung. Dann zerrten sie Regina fort, während diese unablässig fluchte.Reginas Ausbruch sprach sich rasch in der ganzen Schule herum. Da Dario ihr Bruder war, wurde er zum Außenseiter und zum Ziel ständiger Schikanen.Die Angriffe setzt
Als ich nicht vom Berg zurückkam, merkte Gildo, dass etwas nicht stimmte, und rief Sabele an. So konnten sie uns rechtzeitig retten.Der Vorfall war aus einem Machtkampf zwischen der Vicino- und der Cesa-Familie um den Waffenhandel entstanden.In den vergangenen Jahren hatte die Vicino-Familie mehrere Schmuggelrouten der Cesas an sich gebracht. Das jüngste Waffengeschäft traf die Cesa-Familie besonders hart.Aus Wut über den Verlust war Mancio zur Schule gekommen, um Pardo zu provozieren.Alano zerschlug die Cesa-Familie anschließend endgültig. Gemeinsam mit anderen Mafiafamilien übernahm er deren gesamten Besitz und Einfluss und rächte so Pardo und mich.Pardo verbrachte einen Monat im Krankenhaus. Ich ließ mich von der Schule beurlauben, um bei ihm zu bleiben. In dieser Zeit half ich ihm, den Oberstufenstoff und die Theorie des Boxens nachzuholen.Als Pardo entlassen wurde und in die Schule zurückkehrte, standen gerade die Prüfungen bevor. Nach der Prüfung verließen wir gemeins
Pardo war schon bei dem Autounfall schwer verletzt worden und hatte mich trotzdem beschützt. Ohne schnelle Behandlung schwebte er in Lebensgefahr.Ich zwang mich, diesen Gedanken nicht weiterzudenken. Angst vernebelte meinen Kopf.Erst als Sabele und ich Pardo endlich bis zum Operationssaal gebracht hatten, beruhigte sich mein rasender Puls ein wenig.Plötzlich wurde alles schwarz, und ich verlor das Bewusstsein.Als ich wieder aufwachte, war ein ganzer Tag vergangen.Ich öffnete die Augen. Imelda saß an meinem Krankenbett und hielt meine Hand.„Livia, du bist endlich wach. Hast du irgendwo Schmerzen?“, fragte Imelda.Ich schüttelte den Kopf und fragte hastig:„Was ist mit Pardo? Wie geht es ihm?“Bei Pardos Namen verdunkelten sich Imeldas Augen vor Zorn.„Er liegt auf der Intensivstation. Die Ärzte sagen, sobald er aufwacht, ist er außer Gefahr. Damit ist die Sache aber nicht erledigt. Dein Papa und ich sorgen dafür, dass die Cesa-Familie für ihre Tat bezahlt.“Bevor ich an
„Lasst meinen Bruder los!“Ich hob die Pistole und richtete sie auf die Männer.Beim Anblick der Waffe wichen Mancios Männer langsam zurück. Sobald sie auseinandergetreten waren, stürzte ich zu Pardo und zog ihn hoch.„Pardo, geht es dir gut? Ich bringe dich hier weg.“Meine Stimme bebte.Dank meiner Ausbildung schaffte ich es, Pardo auf meinen Rücken zu laden. Trotz der Schmerzen, die durch meinen ganzen Körper schossen, eilte ich den Berg hinunter.Ich musste nur den Fuß des Berges erreichen. Sobald ich Gildo sah, waren wir in Sicherheit.Doch nur einen Schritt vor dem Ziel spürte ich plötzlich einen Ruck von hinten. Jemand packte Pardo und riss ihn zurück auf den Boden. Die Bewegung riss seine Wunden wieder auf. Er hustete Blut und bekam kaum Luft.Ich taumelte und versuchte, mein Gleichgewicht wiederzufinden, während Pardo sich noch an meinem Hals festklammerte.Als ich mich umdrehte, sah ich Mancios grausames Lächeln.„Glaubst du wirklich, du kannst einfach gehen?“Manc