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Capítulo 5: La foto perfecta

Penulis: Louisa Valmont
last update Tanggal publikasi: 2026-10-09 04:04:01

El lunes amaneció frío en Castelvarre. A las seis y media de la mañana, Elise ya estaba en el Hospital San Adrián, sentada junto a la camilla de Lukas mientras una enfermera le colocaba la vía en el brazo. Su madre, al otro lado, le acariciaba el pelo como cuando era pequeño

—Deja de mirarme así —protestó Lukas— Parece que me voy a morir

—No digas eso —dijo su madre, con la voz quebrada

—Mamá, es una broma. —Lukas miró a Elise— Dile que es una broma

—Es una broma muy mala, enano —dijo Elise, y le apretó la mano— Como todas las tuyas

Lukas sonrió. Luego bajó la voz para que su madre no lo oyera

—¿Él va a venir?

Elise no tuvo que preguntar a quién se refería. Desde el sábado, Lukas no hablaba de otra cosa. Su hermana, la que se pasaba las noches revisando facturas, se iba a casar con Conrad Lantsov. El de las revistas. El de la torre

—Está muy ocupado —mintió

—Ah —Lukas desvió la mirada hacia la ventana— Claro

Elise sintió una rabia sorda subirle por el pecho. No por ella. Por Lukas. Él no sabía nada del contrato. Él creía que su hermana se había enamorado. Y el hombre que supuestamente la amaba no se había molestado ni en llamar. A las siete en punto, dos camilleros vinieron a buscarlo

—Nos vemos en un rato —dijo Lukas mientras lo sacaban de la habitación. Levantó el pulgar— No llores, Eli

—No estoy llorando

Las puertas del quirófano se cerraron.

Entonces sí lloró. La operación iba a durar entre cinco y seis horas. Elise y su madre se sentaron en la sala de espera de cardiología, la misma donde Conrad le había ofrecido el contrato. Las mismas sillas de plástico. El mismo olor a desinfectante y café recalentado

Pasó una hora. Luego dos. Su madre rezaba en voz baja con un rosario entre los dedos. Elise miraba el reloj de la pared como si pudiera adelantar las agujas con la fuerza de la mente. A las tres horas, su celular vibró. Un mensaje de un número que había guardado el sábado con el nombre El Monstruo

¿Cómo va?

Elise miró la pantalla durante un largo rato. Luego escribió

¿Te importa?

La respuesta llegó casi de inmediato. Me importa que mi prometida no aparezca en las fotos con los ojos hinchados

Elise sintió el impulso de lanzar el celular contra la pared. En cambio, lo guardó en el bolsillo y no respondió. A las cuatro horas, las puertas del ascensor se abrieron. Conrad Lantsov salió con un abrigo gris oscuro, el pelo perfectamente peinado y un ramo de lirios blancos en la mano. Detrás de él venía un hombre joven con una cámara colgada al cuello y una mujer con una tableta. Toda la sala de espera se giró a mirarlo. Elise se puso de pie despacio. La sangre le hervía

—¿Qué haces aquí?

—Vine a acompañar a mi prometida —Conrad se acercó, le entregó los lirios y le dio un beso en la frente. Sus labios estaban fríos— Lamento la demora, mi amor. La junta se extendió

El flash de la cámara se disparó. Elise se quedó congelada. El fotógrafo tomó otra foto. Y otra

—Señora Varnier —Conrad se giró hacia su madre y le tendió la mano con una cortesía impecable— Es un honor conocerla al fin. Elise me ha hablado tanto de usted

Su madre lo miró con los ojos muy abiertos. Luego miró a Elise. Luego otra vez a él. Le estrechó la mano con timidez

—Igualmente, señor Lantsov

—Conrad, por favor. Pronto seremos familia

Otro flash. Elise sintió que algo se le rompía por dentro. No por ella. Por su madre, que sonreía con esperanza. Por Lukas, que estaba con el pecho abierto sobre una mesa de operaciones mientras ese hombre convertía su miedo en una sesión de fotos. Tomó a Conrad del brazo con una sonrisa dulce

—Cariño, ¿me acompañas un momento por un café?

—Por supuesto

Caminaron juntos por el pasillo, del brazo, como una pareja perfecta. El fotógrafo intentó seguirlos, pero la mujer de la tableta lo detuvo con un gesto. Apenas doblaron la esquina, Elise lo empujó contra la pared de una escalera de emergencia

—¿Cómo te atreves? —siseó— ¿Un fotógrafo? ¿Hoy?

Conrad no se resistió. Ni siquiera parpadeó.ñ

—La noticia del compromiso sale mañana. La prensa necesita una historia. El CEO frío que se ablanda por amor. La prometida humilde al lado de su hermano enfermo. Es una buena historia

—¡Es la vida de mi hermano!

—Y yo la estoy pagando —Su voz bajó un tono— Cada euro de esa cirugía. Cada noche en esa habitación. Lo mínimo que puedes hacer es sonreír para una foto

Elise le soltó la solapa del abrigo como si quemara

—No tienes corazón

—Me lo dicen a menudo

—Lukas preguntó por ti esta mañana— Su voz tembló, y se odió por eso— Él cree que esto es real. Cree que me quieres. Y tú apareces cuatro horas tarde, con flores de floristería y un fotógrafo, como si fuera un evento de la empresa

Por primera vez, Conrad apartó la mirada. Fue solo un segundo. Pero Elise lo vio

—No sabía que había preguntado —dijo él en voz baja

—Claro que no. No preguntaste

Se quedaron en silencio en la escalera de emergencia. Arriba, un altavoz llamó a un médico por su nombre. Abajo, una puerta se cerró de golpe. Conrad se acomodó el abrigo

—El fotógrafo se va en cinco minutos —dijo— Yo me quedo

—No te quiero aquí

—No te pregunté

Y volvió a la sala de espera sin esperarla. Se quedó. Elise no lo entendía, y eso la irritaba más que cualquier otra cosa. Conrad se sentó en una de las sillas de plástico, entre una abuela con una bolsa de mandarinas y un padre joven que no dejaba de mover la pierna. Sacó el celular y se puso a trabajar en silencio. No hablaba con ella. No la miraba. Pero no se iba. A las cinco horas y media, un médico con gorro quirúrgico salió por las puertas dobles. Elise y su madre se pusieron de pie de un salto

—¿Familia de Lukas Varnier?

—Somos nosotras —dijo Elise, y su voz salió rota

El médico sonrió

—Todo salió bien. La válvula quedó perfecta. Va a necesitar unos días en cuidados intensivos y varias semanas de recuperación, pero su hermano es fuerte. En unos meses podrá volver a jugar al fútbol

Su madre se echó a llorar y abrazó al médico, que se dejó abrazar con paciencia. Elise se cubrió la boca con las manos. Le temblaba todo el cuerpo. Sin pensarlo, se giró. Conrad estaba de pie, a unos pasos, con el celular olvidado en la mano. Por un instante, solo uno, sus miradas se encontraron. Y Elise vio algo en sus ojos grises que no supo nombrar. No era frialdad. Era algo casi humano

Luego él guardó el celular y se acercó al médico

—Doctor Halberg. Gracias

—Gracias a usted, señor Lantsov —respondió el médico— No todos los días alguien hace venir al mejor equipo de cirugía cardíaca de Viena en un vuelo nocturno

Elise se quedó inmóvil

—¿Qué?

El médico la miró, sorprendido

—¿No se lo dijo? Su prometido contrató al equipo del profesor Marek anoche. Llegaron a las cuatro de la madrugada. Fue él quien dirigió la operación

Elise se giró hacia Conrad. Pero él ya estaba caminando hacia el ascensor

—Conrad

Él no se detuvo

—¡Conrad!

Las puertas del ascensor se abrieron. Él entró, se giró y, por fin, la miró

—Lo hice por la foto —dijo con frialdad— Un CEO cuyo cuñado muere en la mesa de operaciones no vende tan bien

Las puertas se cerraron. Elise se quedó mirando su reflejo en el metal pulido. No sabía si quería gritarle o darle las gracias. Y eso la enfurecía más que todo lo demás. Esa noche, en la habitación de huéspedes de Villa Aurelia, no podía dormir otra vez. A las once y media, su celular vibró. Era una notificación del periódico El Heraldo de Castelvarre

Abrió el enlace. La foto ocupaba toda la portada digital. Ella, con los ojos rojos y un ramo de lirios entre los brazos. Conrad, besándole la frente con los ojos cerrados. Parecía real. Parecía amor

El titular decía: El CEO más frío de Esmeria se compromete con una mujer del pueblo

Elise sintió un nudo en el estómago. Siguió bajando. Debajo del artículo había un segundo titular, más pequeño, publicado hacía apenas diez minutos

EXCLUSIVA: La prometida de Conrad Lantsov fue despedida de Grupo Lantsov hace dos semanas. Fuentes internas la acusan de robar información confidencial. El celular se le resbaló de las manos

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