LOGINHabían llegado a una nueva y desconocida ciudad después de haber estado sentadas en un autobús durante horas, bajo la mirada indiscreta de algunos pasajeros que se sorprendían al ver que llevaban parte de su equipaje en bolsas de basura.
Meia descansaba en el hombro de su madre y Amelia la acariciaba observando por la ventana, hasta que llegaron al final del trayecto. Ninguna de las dos pensaba en nada, solo contemplaban y anhelaban a través de ventana. El móvil vibró en el bolsillo. 5% de batería No llevaban el cargador consigo y el miedo a quedarse incomunicada con su hija en aquel lugar la invadió. Ya había avisado a su amiga de que estaban yendo hacia allá pero no le mencionó a qué hora estimada llegarían. - Bebé, ya hemos llegado - susurró despetándola. Meia se desperezó y esperó a que su madre saliera de su asiento para después hacerlo ella. Al bajar se quedaron paradas en la estación, con todas sus pertenencias alrededor. Parecían personas sin hogar y en cierto modo lo eran. Amelia se aferraba a la mano de Meia y a la caja que le entregó el señor Tossari, el futuro de ambas dependía de ella. El teléfono volvió a vibrar. 3% - Creo que se va a apagar, mami. - Espero que no... Eva dijo que me llamaría para venir a recogernos... Si no lo hace no nos podrá localizar. - ¿La enviaste un whastapp? - No... No sé cómo se hace... - Meia sonrió débilmente tomando el teléfono de sus manos. Aunque no había tenido nunca ninguno, sus compañeros de clase sí, así que para ella no tenía ningún secreto su uso. "Eva, soy Amelia Dreijer. Mi hija y yo estamos en la estación. Poca batería. Estaremos esperando" Hizo una foto que estaba tardando en enviarse. Una llamada entrante llegó al teléfono y Meia la respondió rápidamente. - ¿En qué parte de la estación estaís? - preguntó la voz femenina. - Estamos en... -¡No! - exclamó con frustración. -¿Que pása? - Se ha apagado mami... -lamentó. - No te preocupes, al menos ya sabe que estamos aquí... No va a tardar en encontrarnos. La estación era inmensa. Había un sin fin de entradas y salidas. Sería difícil localizarlas además de que circulaba mucha gente. Los minutos pasaban y la tarde se convirtió paulatinamente en noche. La desesperación se estaba apoderando de la pequeña. -Mami, ¿Y si nos movemos? - Con todo el tiempo que hemos esperando aquí, es cuestión de tiempo que nos encuentre, seguro que le queda poco cariño, no te preocupes -acarició su mejilla. Meia se acurrucó en el regazo de su madre. Hasta que repentinamente el sonido de un cláxon las sacó de sus pensamientos. - ¡CHICAS! ¡CHICAS! - Bajando de un coche oscuro una mujer se aproximaba a ellas aceleradamente. Su manera de hacerlo era algo cómica ya que llevaba unos tacones bastante altos. Amelia no pareció reconocer a la persona que se dirigía a ellas hasta que se dio cuenta de que se trataba de ella, Eva Stivell, su mejor amiga. - ¡Llevo un buen rato dando vueltas para ver si os veía! Pensé que no daríamos con vosotras hasta que mi sobrino me dijo que viniéramos por si acaso estabais en esta salida. - Gracias a Dios - supiró Amelia liberando las lágrimas mientras se abrazaban. Eva las ayudo a cargar el equipaje hasta el maletero del coche. Mientras su madre y Eva colocaban las cosas, Meria observaba al chico que estaba sentado en la parte trasera del vehículo. No podía ver con claridad su rostro ya que su cabello oscuro cubría completamente sus ojos, además de que ya había anochecido. Él llevaba unos auriculares inalámbricos y parecía muy concentrado en la pantalla de su teléfono. No lucía mucho mayor que ella así que se sorprendió al ver que tenía pendientes en ambas orejas. Su padre le había prohibido hacérselos, así que renunció a la idea de tener pendientes hace mucho tiempo. Secretamente fantaseaba con llevar los pendientes de su madre e incluso una vez trató de hacerse uno pero se vio impedida por el dolor. Aquel chico le parecía fascinante. - Cariño, entra y siéntate - le dijo Eva- ¡Milo! - le llamó mientras se colocaba el cinturón. Él no la había escuchado en absoluto -¡MILO! - dijo nuevamente mientras le lanzaba algo. -¡Qué! - respondió molesto mientras se quitaba los auriculares. -Querido, ¿No ves que tenemos invitadas? - sonrió. Milo asintió cin la cabeza a modo de saludo y miró a Meia durante unos segundos antes de volver a colocarse los auriculares. -¡Pero.. - dijo sin dar crédito - Amelia la sostuvo mientras sonreía divertida - Se nota que es un chico tímido, además ya hizo mucho por nosotras acompañándote hasta aquí - sonrió. - Lo siento... Mi sobrino es bastante difícil pero con el tiempo se le coge cariño - suspiró haciendo sonreír a Meia. Milo giró la cabeza y la miró, haciendo que se tensara. En el trayecto Amelia y Eva hablaban mientras Milo seguía pendiente de su móvil y Meia se había quedado dormida. Había pasado media hora cuando finalmente estacionaron frente al enorme residencial. - Meia, mi amor... - le despertaba su madre - Ya hemos llegado cariño- Pero la joven seguía sumida en un sueño profundo. Fruto del cansancio o por la sensación de libertad tras haber dejado todo aquello atrás. - Deja que duerma un poco más mientras metemos el equipaje en casa. Milo quédate con - Ni hablar - interrumpió. Milo salió del coche ignorando los regaños de su tía. Entre las dos sacaron todo y lo lleveron dentro. No sabía cuanto tiempo había pasado pero cuando abrió los ojos se asustó al tener el rostro del chico tan cerca de ella. - ¿Q-Qué está mirando? - Tu cara. Eso la sorprendió bastante, él no se alejaba ni un milímetro. -¿T- Tengo algo? -preguntó palpándose el rostro torpemente. - Tienes muchas pecas- Ella se giró avergonzada. No podía imaginarse que Milo la hubiera visto dormir a pierna suelta. Milo finalmente se alejó mientras la observaba de pie fuera del coche. Durante unos segundos ambos estuvieron en silencio. Milo no paraba de mirarla fijamente. - No sé porqué, pero tengo la escalofriante sensación de que vas a causarme problemas. -Lo siento, - decía con la cabeza gacha- Intentaré no causarte ninguno. Milo le indicó con la mano que saliera del coche y ella lo hizo. Se posicionó frente a él como le había señalado. - Hay tres cosas básicas que tienes que entender desde ya- ella asentía mientras se le formaba un nudo en la garganta. -Uno. No soy el chico de los recados. No quiero que bajo ningún concepto, incluyendo la muerte - esto sobresaltó a la niña que finalmente se atrevió a mirarlo a la cara. Sus grandes ojos almendrados se habían encontrado con su gesto pasivo. El cabello cubría ligeramente su mirada pero se podía entrever unos pequeños ojos marrones. El gesto de Minho se fue suavizando al encontrarse directamente con sus ojos. Tenía una expresión asustadiza y compungida, algo que él no lograba entender. - De verdad que no seré ninguna molestia, sé limpiar y hacer las tareas de la casa, puedo ayudarte también con los deberes... - Meia rápidamente se arrepintió de sus palabras - No quiero decir que si necesitas ayuda, sólo - comenzó a llorar - Perdoname- se encogió mientras agachaba la cabeza. Milo no entendía que pasaba con ella. ¿Porqué tanta formalidad? ¿Por qué tanto miedo? ¿Por qué se arrepentía sin si quiera haber hecho nada malo? Nunca había sentido una sensación similar con nadie y mucho menos había conocido a alguien así. Algo de ella le descolocaba. La levantó para que se incorporara. - Si te comportas así... - suspiró - Si te comportas así la gente te tratará como si fueras una perdedora. No lo vuelvas a hacer - Milo dió media vuelta y se dirigió a la casa. - ¿Piensas quedarte ahi? - dijo al ver que ella no le seguía. Meia cerró la puerta del coche y con las piernas temblorosas caminó detrás de él. Al entrar se encontró con uno de esos lugares que sólo parecían existir en la televisión. No tenía nada que ver con cualquiera de las casas que había visto antes. Una luz cálida iluminaba toda la estancia que acompañado con los tonos de las paredes y muebles otorgaban gran serenidad al lugar. Los muebles eran modernos y la distribución impecable. Se podían apreciar algunos cuadros de pintura abstracta y fotos familiares el salón principal. Era un lugar francamente agradable y aquel calor desconocido y cercano la abrigaban. Milo desapareció en cuestión de segundos por uno de los largos pasillos y Eva acompañó a ambas que observaban todo asombradas. Eva dejó en uno de los pasillos a Amelka en el que sería su cuarto y se dirigió con Meia al otro lado de la casa para enseñarle el suyo. - En esta parte sólo está el cuarto de Milo y el baño que os tocará compartir - sonrió. - ¿Mi cuarto? - Claro que sí querida - Abrió la puerta del final del pasillo y Meia por fin visualizó una amplia habitación de tonos pastel. Nunca había visto algo así. Su anterior cuarto tenía las paredes grises, destartaladas, los muebles eran antiguos y desgastados. Lo único moderno que había era el escritorio que le regaló el señor Tossari por su décimo cumpleaños. Nunca había pensado demasiado en ello. Nunca fue a casa de ninguna de sus compañeras así que no sabía como eran los cuartos de otras niñas más allá de lo que veía en la televisión. Su madre le prometió que en su próximo cumpleaños pintarían las paredes y eso era suficiente para hacerla inmensamente feliz. (...) - Me alegro de que finalmente decidieras marcharte. Todos estábamos muy preocupados por vosotras, pero siempre nos decías que estabas bien. Era cuestión de tiempo Amelia. Rod Linden siempre fue así. - Yo... no sé cuando se torció todo... [...] - No sé qué decirte Amelia ya sabes lo que se dice de él. - Eva sólo son rumores, además no creo que tenga nada de malo ir a dar una vuelta. No es la primera vez que nos quedamos solos... - Si, pero una cosa es quedaros sólos en la escuela y otra cosa es quedaros sólos en la casa de alguien, Es más mayor que nosotras y dicen que cuando salía con Leah Devinne le pegaba y le pedía dinero ... - El nunca haría eso, ya sabes como es este colegio la gente le odia porque sus padres no tienen dinero y trabaja en la cafeteteria para pargarse la carrera. Mira, sólo tienes que decirle a mi madre que estamos haciendo un trabajo de clase y que necesito quedarme a dormir para que lo podamos terminar, por fi... - Amelia... (...) - Me alegro de que hayas podido venir. - Sí, aunque sólo sea un rato... - ¿Alguna vez has bebido esto? -¿Beber? Apenas tengo dieciseis años y mi madre aún no me deja ni pintarme las uñas - resopló. - Bueno entonces deberíamos aprovechar para hacer cosas que no hayas hecho antes... - ¿Cómo qué? (...) - Rod ... no debimos hacerlo, no me siento bien... - sollozaba - Joder, somos novios es normal que lo hagamos. - Pero yo no estaba preparada, no quería que fuera así... - ¿Esperabas una cena romántica y una orquesta de fondo? - rió - a mí me ha gustado, sobretodo porque soy el primero, también seré el único ¿Verdad? Amelia asintió. - Ven, hagámoslo una vez más y te llevaré a casa. - Pero yo... (...) - ¡Amelia Leonie Dreijer! ¿Qué demonios te está pasando? Faltas a clase, te escapas de noche y mientes diciendo que estás con la hija de los Stivell ¿Hasta dónde va a llegar esta etapa de rebeldía? ¿¡Acaso quieres arruinar tu vida!? - ¡Tú nunca me has entendido mamá, es imposible hablar contigo! - ¡Amelia, no vas a gritarle a tu madre! - ¡Sólo desapareced de mi vida, no os necesito! - Estás así desde que empezaste a ser amiga de ese delincuente ¿pensaste que no ibamos a enterarnos? dame su dirección ahora mismo. ¡Yo mismo pienso acabar con esto! - ¡No puedes separadnos papá! ¡El me quiere! - ¿Crees que ese sinvergüenza te quiere? ¡Sólo se está aprovechando de tí y cuando consiga lo que quiere se largará! -Eso es mentira ... ¡Rod me quiere! ¡Ha dicho que estará siempre conmigo y cuidará conmigo al bebé! (...) - Amelia ¿C-cómo estás? - B-bien, todo va bien. - Nadie sabe nada de tí desde que dejaste el instituto... ¿Al menos estás llamando a tus padres? - Yo... No puedo llamarlos ahora, lo haré más adelante cuando la niña tenga un año. ¿E-Ellos están bien? - Tu madre siempre va a la salida del instituto, nos busca y nos pregunta si sabemos algo de tí, cuando le digo que no, se echa a llorar... Deberías... - E-Esta es la vida que he escogido Eva, estoy bien. - ¿Al menos ese Rod Linden está cuidando de vosotras? - B-Bueno, le está costando encontrar trabajo... Nadie quiere contratar a un chico de veinte años que ha sido detenido por conducir ebrio. - ¿Y cómo pensáis salir adelante? ¿Y con una niña? - Vamos a irnos a otra ciudad. El tío de Ros tiene un taller, cree que ahí le irá mejor. - ... Amelia... Al menos llama a tus padres... -D-Diles que dejen de buscarme y que si quieren ayudarme de verdad que sigan mandándome dinero a la cuenta... Para la niña. (...) - ¡Amelia! - Eva... Cuánto tiempo... - ¿Qué tal estás? Hace mucho que no sé nada de tí. - ¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado en la cara? -N-Nada, estoy bien... - ¡Mami, mami! - Dime, bebé - Oh... ¿Ella es? - Sí... Ella es una amiga de mami, preséntate bebé - M-Mi nombre es Meia Linden, tengo cinco años y voy a la clase de las mariposas, encantada de conocerla - Dios, Amelka... Es preciosa, es igualita que tú. Encantada de conocerte Meia , ¿Te apetece ir a una cafetería que tiene un montón de juguetes? -¡Si! ¿Mami podemos? - No sé sí... - Amelia, hace años que no nos vemos, además me acabo de graduar, no estoy nada ocupada... (...) -¿Puedo comer un sándwich? - Claro que sí,¡ puedes comer lo que quieras! - ¿De verdad señorita? ¿Mami nos lo podemos llevar a casa? ¡Así ya nunca más vamos a tener hambre! - Meia, ve a jugar... - Vale mami ¡Pero no te olvides de guardar los sándwiches! - Amelia... Qué diablos está pasan- - Sólo es una mala racha, e-estaremos bien... [...] - Cuando vi a esa pobre niña, hambrienta y mirando todo a su alrededor como si hubiera vivido en una cueva toda su vida fui consciente del gran error que cometí. Debí haberte llevado a dónde tus padres aunque no quisieras... -sollozó. - Entonces era tan joven... Verdaderamente pensaba que sólo era algo puntual, pero desde antes de que naciera Meia las cosas se habían salido de control. Me golpeaba estando embarazada... Pensaba que era soportable porque al menos no le hacía nada a ella pero cuando le vi levantarle la mano... A mi bebé... Supe que le había entregado mi vida a un monstruo - lloraba - pensaba que tenía que soportarlo porque era lo que había elegido, era la vida que había elegido... Pero mi pobre bebé... Ella no lo había elegido... - Me alegro muchísimo de haberte dado la tarjeta en aquel entonces... Esperé durante meses, años... Siempre que recibía una llamada de un número desconocido esperaba desesperadamente que fueras tú... Simplemente desapareciste de la faz de la tierra. - Siempre íbamos de un lugar a otro... No fue hasta que recibí la herencia de papá y la casa del pueblo que no tuvimos un sitio fijo en el que quedarnos. - Ni si quiera sabía cómo contactar contigo cuando me enteré del fallecimiento de tu padre... Lo siento muchísimo Amelia. - Rod no me lo dijo hasta que un abogado me llamó para la lectura del testamento. Por lo visto llevaban años buscándome y yo... - Está todo atrás Amelia... Puedes contar conmigo, puedes empezar de nuevo, y llamar a tu madre. (っ◕‿◕)っ (...) : Avance de tiempo corto, cambio de perspectiva o de situación dentro de la misma línea temporal o una línea cercana. [...] : Flashback, anécdota lejana, línea temporal distinta.Habían llegado a una nueva y desconocida ciudad después de haber estado sentadas en un autobús durante horas, bajo la mirada indiscreta de algunos pasajeros que se sorprendían al ver que llevaban parte de su equipaje en bolsas de basura. Meia descansaba en el hombro de su madre y Amelia la acariciaba observando por la ventana, hasta que llegaron al final del trayecto. Ninguna de las dos pensaba en nada, solo contemplaban y anhelaban a través de ventana. El móvil vibró en el bolsillo. 5% de batería No llevaban el cargador consigo y el miedo a quedarse incomunicada con su hija en aquel lugar la invadió. Ya había avisado a su amiga de que estaban yendo hacia allá pero no le mencionó a qué hora estimada llegarían. - Bebé, ya hemos llegado - susurró despetándola. Meia se desperezó y esperó a que su madre saliera de su asiento para después hacerlo ella. Al bajar se quedaron paradas en la estación, con todas sus pertenencias alrededor. Parecían personas sin hogar y en cierto modo lo
Había pasado alrededor de una semana desde que la había encerrado. Meia hacía la comida y limpiaba mientras el hombre entraba y salía de la casa apareciendo siempre alcoholizado.Esa mañana se preparaba para salir a hacer la compra cuando su padre aporreó la puerta de su habitación.'' Mantén la puerta siempre cerrada''– ¿Por qué demonios siempre tienes la puerta cerrada? Joder.El hombre lanzó algo metálico y ligero contra la puerta.– Sácala y limpia todo.No entendía lo que quería decir. Era la primera vez que su madre permanecía tanto tiempo encerrada así que no sabía exactamente qué estaba pasando.A medida que avanzaba hacia la puerta un mal presentimiento entorpecía sus pasos y la mantenía sobrecogida.– Mami debe de estar bien... Seguro que no la ha pasado nada... No ha pasado nada... Está bien – se convencía.Con las manos temblorosas giró la llave y abrió la puerta de par en par. Apenas había luz. En la esquina del habitáculo pudo vislumbrar una figura débil y compungida.
Caía la tarde. Meia se encontraba sentada en las escaleras del porche tratando de recuperar algo de aire. Su madre y ella habían estado toda la tarde limpiando el jardín y cuidando el huerto del señor Tossari y aquella cansada tarea la había dejado sin aliento. Mientras descansaba, al otro lado de la valla se encontró con la mirada curiosa del señor Tossari que desde esa corta distancia tenía una vista panorámica del pequeño jardín. Meia, como de costumbre, agitó efusivamente la mano en el aire esperando la sonrisa apacible del anciano. El señor Tossari era un hombre viudo cerca de la setentena, de carácter afable además de un botánico entusiasta que desde hacía años era el vecino de la familia. Tiempo atrás tuvo una gran empresa que había quedado en manos de su hijo tras la pérdida prematura de su esposa. Desde el fallecimiento de su mujer hace más de una década no había vuelto a ser el adicto al trabajo que un día fue. Dejó todo ese mundo atrás y se retiró en aquel paraje
Meia salió corriendo aquella tarde tras dejar la casa en silencio tal y como le había indicado su madre.Su padre una vez mas había llegado alcoholizado después de no haber aparecido la noche anterior y era costumbre para él que al llegar su hija y su mujer se convirtieran en el blanco de toda su ira. Una vez más había sido despedido de su trabajo, éste último en el que apenas llevaba unas semanas. El motivo al igual que en ocasiones anteriores habían sido los comentarios obscenos e intimidadorios que hacía a las mujeres en su entorno de trabajo. En menos de seis meses había llegado a cambiar de empleo hasta en cinco ocasiones, siendo despedido inmediatamente por sus faltas de respeto y su actitud inadecuada. – ¿Qué ha pasado? – titubeó. – A tí que te importa. Prepárame algo de comer.– Cariño...– ¡Te he dicho que mil veces que me llames por mi nombre! Me da asco que con esa cara me llames cariño.Ella asintió y retrocedió. – Rod... Los prestamistas han venido de nuevo... No par







