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 ¡El daddy de mi ex no me deja ir!
¡El daddy de mi ex no me deja ir!
Author: Dark Moon

Su acero

Author: Dark Moon
last update Petsa ng paglalathala: 2026-06-20 14:46:10

Vanessa estaba absorta en sus gráficos, intentando cumplir con la fecha límite que le había puesto su novio, Justin. Por fin todo iba a terminar después de tantos años de extenuantes experimentos.

Pero justo cuando terminaba de recoger, su teléfono emitió un pitido. Un sonido familiar, personalizado para el almacén del hospital.

Frunció el ceño mientras estiraba la mano para alcanzar el teléfono.

—Parece que hay alguien en el almacén.

Hacía poco, la jefa de enfermeras la había puesto a cargo del lugar. El jefe Ripley le había advertido que tuviera cuidado con lo que se guardaba allí, o de lo contrario tendría que pagar por cualquier artículo perdido. Debido a esa amenaza, Vanessa había escondido en secreto una cámara de seguridad con IA para capturar el movimiento de los intrusos.

—A ver quién tiene los huevos de entrar...

El agarre de Vanessa sobre el gráfico se tensó al ver las imágenes. Apretó la pila de archivos contra su pecho, conteniendo el aliento. Esto no era para nada lo que esperaba. Sus ojos se clavaron en las dos personas familiares del video, desnudándose y acariciándose mutuamente.

Incapaz de contenerse, Vanessa tomó su teléfono y caminó por el pasillo del hospital, con la mirada encendida de rabia. Su bata blanca ondeaba a su espalda. Apretó el teléfono mientras sus ojos escaneaban la zona.

Al acercarse a la puerta del almacén, su puño volvió a cerrarse con fuerza sobre el teléfono. En ese preciso momento, lo escuchó. Casi como una confirmación, un leve gemido se filtró desde el interior.

El corazón de Vanessa se hizo añicos. El video era real. Frunció el ceño y empujó la puerta para abrirla, con las manos temblorosas por lo que estaba a punto de presenciar.

Era demasiado real. Su novio y su mejor amiga, Brooklyn, estaban enredados ahí mismo en el almacén. Tal cual la escena del video.

Había pensado que el video probablemente estaba editado. Sabía que se estaba mintiendo a sí misma, pero aun así esperaba fervientemente que lo estuviera; sin embargo, una sola mirada a su novio destrozó esa ilusión.

Su novio, Justin, tenía los ojos fuertemente cerrados y la mandíbula tensa mientras embestía con su polla a Brooklyn por detrás. Ella se apoyaba sobre las puntas de los pies, con las rodillas muy abiertas, agachada y con las palmas de las manos planas sobre la mesa.

Cada embestida hacía que sus tetas rebotaran y que se le cortara la respiración en jadeos cortos y húmedos. Las caderas de él chocaban contra el culo de ella, y sus dedos se hundían en la carne de sus muslos mientras se acomodaba dentro de su coño sin ritmo alguno, solo con una necesidad violenta y desesperada.

Brooklyn tenía la cabeza tirada hacia atrás y la boca abierta cuando notó a Vanessa, pálida e inmóvil en el umbral de la puerta. Una sonrisa lenta y maliciosa curvó sus labios incluso cuando se le escapó un gemido.

—Joder... Justin... —Movió las caderas hacia atrás para recibir la siguiente embestida, haciendo que él entrara más profundo, y mantuvo los ojos fijos en la otra mujer, en un claro desafío silencioso.

Justin estaba perdido, completamente absorto en el calor y la humedad del coño de Brooklyn, en la forma en que lo apretaba con cada roce. Soltó un gemido bajo y ronco, con sus testículos golpeando contra la piel húmeda de ella, demasiado ido como para notar a alguien más.

Sus dedos se tensaron, tirando de ella hacia atrás con más fuerza contra su polla. Los únicos sonidos eran el chasquido húmedo y rítmico de sus cuerpos colisionando y sus jadeos rotos, empapados de placer.

—Justin... —La voz de Brooklyn era débil. Los latidos de su corazón sonaban más fuertes que sus palabras.

Brooklyn sonreía maliciosamente mientras gemía. Justin, ensimismado, dejaba salir ruidos de puro gozo.

Su voz desbordaba placer:

—Parece que no tengo suficiente de ti, Brooklyn. No como la estirada de Vanessa, que casi nunca tiene tiempo para mí.

El gráfico médico y los archivos de Vanessa cayeron estrepitosamente al suelo. Justin, que estaba concentrado, abrió los ojos de golpe. Vio a Vanessa, cuya mirada se clavaba en su escandalosa escena. Se separaron de inmediato mientras la culpa cruzaba el rostro de Justin por una fracción de segundo.

Brooklyn soltó una risita nerviosa, o al menos fingió tenerla, escondiéndose detrás del supuesto novio de Vanessa.

La mirada de Vanessa se clavó en la de Justin. Su mano se quedó congelada en el marco de la puerta.

—Justin, ¿cómo pudiste?

Uno era el hombre al que le había entregado su cuerpo, su trabajo y tres años de su vida sin dudarlo. La otra era su mejor amiga. Con la furia ardiendo por dentro, Vanessa estaba a punto de enfrentarlos cuando la voz de Brooklyn rompió el aire.

—Tú tienes la culpa. Deja de hacernos sentir culpables —dijo con una voz suave y de satisfacción.

Justin, que había recuperado la compostura tras la culpa inicial, se limitó a encogerse de hombros también:

—Brooklyn tiene razón. Si no hubieras estado tan obsesionada con tu residencia, yo no estaría muerto de hambre sexual. Espero que esto se quede entre estas cuatro paredes. Brooklyn no puede permitirse perder su residencia.

La residencia.

Eso era todo. Eso era todo lo que ella valía para él. La novia perfecta para impulsar su carrera.

Los tres años, las altas horas de la noche que había pasado intentando superar cada desafío experimental y sus promesas... nada de eso importaba. No en comparación con el futuro de Brooklyn.

La visión de Vanessa se nubló de rabia; apretó las manos con fuerza mientras se mordía los labios tan fuerte que empezaron a brotar gotas de sangre.

—¿Así que eso es todo? —Su voz ahora era baja, peligrosa de una manera que nunca antes había usado con él—. ¿Tres años, y solo soy el inconveniente que tienes que silenciar? Y tú... —Se volvió hacia Brooklyn, con la voz temblorosa—. Eres mi mejor amiga. Lo sabías. Lo sabías y aun así...

Brooklyn la interrumpió con un desganado encogimiento de hombros, ajustándose la camisa alrededor del cuerpo.

—Nunca fuiste suficiente para él, Ness. Acéptalo.

Esas palabras dolieron más que verlos juntos.

Vanessa los miró a los dos: el hombre que le había prometido un "para siempre" y la amiga que había aplaudido en su fiesta de compromiso. Ambos allí de pie, cubiertos de excusas, mientras ella permanecía en la puerta con nada más que las ruinas de su vida.

No lloró. No les daría ese gusto.

En su lugar, soltó una risa fría y vacía.

—¿Mantenerlo en secreto? —Vanessa casi se ríe, dando un paso atrás, con una mano aún en el marco de la puerta como si fuera lo único que la mantenía en pie. Entonces les mostró el teléfono—. No cuando tengo esto en mi poder. ¡Despídanse de su residencia!

Por un instante, Justin se quedó desconcertado mirando el video. Finalmente se dio cuenta de que Vanessa debía haber instalado una cámara oculta en el almacén.

—Joder, Vanessa. ¿Tenías que meter las narices? —Una sonrisa burlona apareció en el rostro de Justin. Caminó hacia ella, semidesnudo pero envuelto en un aura peligrosa—. No te atreverías a hacer eso, ¿verdad?

El corazón de Vanessa dio un vuelco de terror al mirar a Justin, quien tenía intenciones asesinas grabadas en el rostro. ¿Qué demonios pretendía hacer?

—¿Qué... qué intentas hacer, Justin?

Dio un paso atrás, con el rostro completamente pálido.

Justin siguió avanzando hacia ella, extendiendo las manos:

—Dame el teléfono. Quiero que borres ese video, Ness.

Vanessa sacudió la cabeza; ese video era su única herramienta para vengarse. No iba a ser tan estúpida como para borrarlo. Se negó rotundamente a entregarle el teléfono.

—Parece que quieres hacerlo por las malas, ¿eh? —Justin estaba a solo dos pasos de ella.

Vanessa hizo el intento de correr, pero su tacón se atoró en el borde de una baldosa floja. Vio a Justin estirar el brazo. Su mano se extendió hacia ella. Si era para agarrarla a ella o al teléfono, no lo sabía.

Dio otro paso atrás para esquivarlo. Su cuerpo se giró. Su pie resbaló en la baldosa.

Cayó de espaldas. Con fuerza.

Su cabeza golpeó contra el borde metálico del gabinete de suministros que estaba detrás. El impacto fracturó su cráneo. Su cuello se dobló en un ángulo que produjo un crujido húmedo y seco.

La visión de Vanessa se volvió borrosa. Las baldosas del pasillo. Las luces blancas del techo. La silueta de su propio cuerpo en el suelo. Aún no había sangre, solo la mancha oscura que empezaba a acumularse debajo de su cabeza.

Justin se detuvo. La miró desde arriba. Con la mano aún extendida.

—Joder. Yo... yo nunca quise que ella...

Brooklyn pasó por al lado de él. Miró el cuerpo de Vanessa. La cabeza, torcida y sin vida. El charco de color rojo oscuro que crecía.

—Bueno —dijo Brooklyn. Se agachó y recogió el teléfono tirado. Lo desbloqueó y borró rápidamente la grabación—. Eso soluciona el problema.

Justin no se movió. Sus ojos seguían fijos en Vanessa. En sus dedos, que se habían contraído una vez contra la baldosa y ahora permanecían inmóviles.

—Alguien la va a encontrar —dijo él.

—No, no lo harán. No esta noche. La moveremos. —Brooklyn se guardó el teléfono bajo el brazo. Empujó la mano de Vanessa con la punta del pie. Los dedos no se movieron—. Limpia esto. Yo iré por un carrito.

Justin se limpió las manos en los pantalones. Miró el rostro de Vanessa. Tenía los ojos abiertos. Sin ver. Mezclados con lágrimas y sangre.

Se dio la vuelta. Ella misma tenía la culpa. Solo tenía que haber entregado el teléfono y todavía estaría viva.

Mientras Vanessa observaba a esas dos personas en sus últimos momentos, su pensamiento no fue de miedo. Fue de pura rabia. Tres años de mentiras y su traición. Y cuando se había acercado a confrontarlo, solo había querido la verdad.

Ahora su sangre se esparcía por las baldosas frías. Los archivos yacían dispersos. La puerta se cerró con un clic. El pasillo quedó en silencio.

Y los recuerdos de haber sido asesinada por la persona en quien más confiaba permanecieron mientras el arrepentimiento llenaba la poca vida que le quedaba. Con los ojos aceptando lentamente la muerte, sus palabras resonaron débilmente en su corazón.

"No más estupideces, Nessa. Si alguna vez tengo una segunda oportunidad, viviré para mí misma y me encargaré de estas dos escorias".

Y la oscuridad la reclamó.

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