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Capítulo 5

Author: Mohini
“Emiliano, ¡hemos terminado!”

Emiliano volvió a tomar el teléfono y se quedó mirando ese mensaje durante un largo rato.

No entendía qué le pasaba últimamente a Lina, que no paraba de mencionar la ruptura.

Conteniendo la inquietud, empezó a escribir:

“¿Puedes dejar de hacer drama? Reservé tu restaurante francés favorito. ¿Dónde estás? Llámame ya.”

Al darle a enviar, el mensaje se quedó con un solo check gris. Esperó unos minutos, pero el segundo check nunca llegó. Intentó llamarla por WhatsApp, y
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  • ¿Y si dejaba de perseguir esa estrella?   Capítulo 8

    Los pétalos blancos cayeron esparcidos por el suelo, y el tiempo pareció detenerse en ese instante.La sonrisa de Emiliano se desvaneció, dejando solo la incomodidad.—Lina, ¿ahora me odias tanto? Todos estos días que te he buscado han sido muy duros, como si la vida hubiera perdido su sentido de repente. Tenía que encontrarte y llevarte de vuelta a casa.Sin dejar de envolver ramos y sin mirarlo, respondí:—Ya te dije que no voy a volver contigo. Tú sigue con tu vida y yo con la mía, sin molestarnos mutuamente.—¡Lina! —perdió la paciencia y me agarró la muñeca con fuerza—. Vuelve conmigo. Me prometiste que te casarías conmigo.Me zafé con dificultad, frunciendo el ceño.—Emiliano, ¿cuándo te has vuelto tan infantil? ¿No entiendes lo que significa terminar una relación? Por fin he recuperado mi vida, ¿por qué no me dejas en paz? Por favor, ya basta.Mi actitud pareció haberlo herido; su mano se quedó suspendida en el aire.—Lina, no digas eso, por favor. Ya sé que te culpé injustament

  • ¿Y si dejaba de perseguir esa estrella?   Capítulo 7

    Dejé atrás la ciudad donde había vivido casi diez años y emprendí un viaje hacia lo desconocido.Durante todos esos años, acompañé a Emiliano cuando empezó con el bufete, vi cómo crecía día a día.A escondidas, estudiaba hasta altas horas de la madrugada y logré obtener la licencia para ejercer la abogacía que tanto anhelaba.Creía que por fin podría estar a su altura, convertirme en una pareja digna para él.Pero la realidad me demostró que jamás podría alcanzarlo.La estrella más brillante a su lado siempre fue Valentina, y yo solo era el telón de fondo que los hacía resaltar.Durante estos días, he visto paisajes de todo tipo, como si hubiera dejado atrás todas mis preocupaciones.De vez en cuando, Emiliano me enviaba mensajes diciéndome que había ido con Valentina a nuestro restaurante francés, que la había despedido y que quería pedirme perdón en persona, que lo estaba pasando muy mal y que si podía volver a verlo.Pero no respondí, y fui bloqueando sus nuevos números uno tras otr

  • ¿Y si dejaba de perseguir esa estrella?   Capítulo 6

    Fue entonces cuando Emiliano examinó detenidamente la carta de renuncia de Lina.La fecha era la misma de la reunión de compañeros.Aquel día, borracho, había salido al pasillo a buscarla y había alcanzado a oír que decía “no le digas nada”.Así que para entonces Lina ya había decidido irse.¿Pero por qué?¿Por hacerle mandados? ¿Porque Valentina le había ocupado el asiento?Pero esas eran cosas de todos los días.Emiliano se obligó a ir a la oficina de Valentina, pero al llegar escuchó que estaba hablando con alguien.—Señora Ríos, los clientes están furiosos. No esperaban perder un caso de este nivel. Y es raro, porque con su experiencia, era un caso que debería haber ganado sin problemas.Valentina soltó una risa fría.—Dime cuánto piden de indemnización y yo lo cubro.Al ver la cara de confusión de la empleada, continuó:—Lo hice por el bien de todos. Lina es muy tonta. Entró al bufete solo por el señor Mendoza; con solo hacer mandados ya se ganaba el sueldo. ¿Ustedes tampoco la so

  • ¿Y si dejaba de perseguir esa estrella?   Capítulo 5

    “Emiliano, ¡hemos terminado!”Emiliano volvió a tomar el teléfono y se quedó mirando ese mensaje durante un largo rato.No entendía qué le pasaba últimamente a Lina, que no paraba de mencionar la ruptura.Conteniendo la inquietud, empezó a escribir:“¿Puedes dejar de hacer drama? Reservé tu restaurante francés favorito. ¿Dónde estás? Llámame ya.”Al darle a enviar, el mensaje se quedó con un solo check gris. Esperó unos minutos, pero el segundo check nunca llegó. Intentó llamarla por WhatsApp, y aunque sonó, nadie contestó. Entonces marcó su número de teléfono, y la llamada fue directamente al buzón de voz. Todo encajaba: ella lo había bloqueado.Emiliano se quedó paralizado, con el ceño profundamente fruncido.En ese momento, Valentina se acercó y, con solo echar un vistazo a la pantalla, lo entendió todo.—Emiliano, Lina últimamente se está pasando de la raya. ¿Cómo puede tratarte así? Tú, con toda tu buena intención, reservaste su restaurante favorito, y ella ni siquiera lo aprecia.

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    El día antes de irme, llevé mi carta de renuncia a la oficina de Emiliano.La entrada ya estaba llena de empleados.Al verme, todos me miraron con desprecio.Me abrí paso y vi a Valentina sentada en la oficina, secándose las lágrimas.Emiliano se acercó directo a mí, con la cara llena de decepción.—¿Tanto odias a Valentina como para hacerle algo así?—¿De qué estás hablando? —respondí, confundida.En ese momento, Valentina levantó un documento para que todos pudieran verlo.Me miró, con el rostro bañado en lágrimas.—Las pruebas que recopilé con tanto esfuerzo fueron falsificadas de la noche a la mañana. El tribunal falló en nuestra contra, y es posible que incluso me quiten la licencia…Al oír eso, nadie dudó de ella.Después de todo, mi trabajo diario consistía en organizar documentos, así que era la persona que más fácilmente podía manipularlos.—¡Yo no lo hice!Miré fijamente a Emiliano.—¿Tú también piensas eso?El hombre me devolvió la mirada con repugnancia y decepción.—¿Por e

  • ¿Y si dejaba de perseguir esa estrella?   Capítulo 3

    Emiliano puso como excusa que “no había suficiente dinero”. y me dejó en casa mientras ellos se iban de viaje de negocios.Aunque era un viaje de trabajo, Valentina no paraba de subir fotos a sus redes: un día en un pueblito, al otro tomando un café bajo la lluvia.Emiliano, que siempre odiaba las complicaciones, se pasó tres horas con ella en un taller de cerámica, moldeando barro.Pero entonces un compañero que los acompañaba mandó por error un mensaje al grupo de trabajo.—¡Atención, atención! El hotel les canceló las habitaciones, así que el jefe y Valentina van a compartir cuarto. El mensaje se borró a los pocos segundos, y Emiliano me llamó enseguida.—Es que el hotel no tenía más habitaciones, y no quería que luego me culparas por no haber cuidado de tu amiga, así que accedí a compartir con ella.Al fondo se escuchaba la voz quejumbrosa de Valentina:—Emiliano, ¿dónde dejaste mi jabón de la cara? ¡Ay, no me tires del pelo!Y de pronto, ella me arrebató el teléfono y me dijo con

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