LOGINEn la reunión de compañeros, cuando regresé de comprarle los cigarrillos a mi novio, mi mejor amiga ya había ocupado mi asiento. Habían retirado mi copa y mi plato y los habían sustituido por otros, sin dejar rastro de que había estado allí. Cuando me vio volver, Valentina Ríos hizo ademán de levantarse, pero Emiliano Mendoza la empujó para que volviera a sentarse y dijo: —Total, no entiende nada de nuestros casos. Solo está aquí de relleno. Los demás no se atrevieron a decir nada. Todos sabían que por aquel entonces, había ocurrido algo grave en mi familia y tuve que dejar los estudios a medias. En la universidad, ellos eran los "compañeros perfectos" de la facultad de Derecho y resolvieron juntos muchísimos casos complicados. Después de graduarse, ambos entraron en los mejores despachos, mientras que yo solo era la "secretaria" que había conseguido el puesto gracias a los contactos de mi novio. Me quedé clavada en el sitio. Apenas tomó los cigarrillos que le había comprado y volvió a ordenarme, como si nada: —Valentina quiere un café, ve y tráele uno. Lo dijo sin mirarme siquiera, y giró la cabeza para seguir charlando animadamente. En medio de tanta charla y risas, de repente me sentí cansada. A aquella persona que antes había querido alcanzar a toda costa, ya no quería seguirle los pasos.
View MoreLos pétalos blancos cayeron esparcidos por el suelo, y el tiempo pareció detenerse en ese instante.La sonrisa de Emiliano se desvaneció, dejando solo la incomodidad.—Lina, ¿ahora me odias tanto? Todos estos días que te he buscado han sido muy duros, como si la vida hubiera perdido su sentido de repente. Tenía que encontrarte y llevarte de vuelta a casa.Sin dejar de envolver ramos y sin mirarlo, respondí:—Ya te dije que no voy a volver contigo. Tú sigue con tu vida y yo con la mía, sin molestarnos mutuamente.—¡Lina! —perdió la paciencia y me agarró la muñeca con fuerza—. Vuelve conmigo. Me prometiste que te casarías conmigo.Me zafé con dificultad, frunciendo el ceño.—Emiliano, ¿cuándo te has vuelto tan infantil? ¿No entiendes lo que significa terminar una relación? Por fin he recuperado mi vida, ¿por qué no me dejas en paz? Por favor, ya basta.Mi actitud pareció haberlo herido; su mano se quedó suspendida en el aire.—Lina, no digas eso, por favor. Ya sé que te culpé injustament
Dejé atrás la ciudad donde había vivido casi diez años y emprendí un viaje hacia lo desconocido.Durante todos esos años, acompañé a Emiliano cuando empezó con el bufete, vi cómo crecía día a día.A escondidas, estudiaba hasta altas horas de la madrugada y logré obtener la licencia para ejercer la abogacía que tanto anhelaba.Creía que por fin podría estar a su altura, convertirme en una pareja digna para él.Pero la realidad me demostró que jamás podría alcanzarlo.La estrella más brillante a su lado siempre fue Valentina, y yo solo era el telón de fondo que los hacía resaltar.Durante estos días, he visto paisajes de todo tipo, como si hubiera dejado atrás todas mis preocupaciones.De vez en cuando, Emiliano me enviaba mensajes diciéndome que había ido con Valentina a nuestro restaurante francés, que la había despedido y que quería pedirme perdón en persona, que lo estaba pasando muy mal y que si podía volver a verlo.Pero no respondí, y fui bloqueando sus nuevos números uno tras otr
Fue entonces cuando Emiliano examinó detenidamente la carta de renuncia de Lina.La fecha era la misma de la reunión de compañeros.Aquel día, borracho, había salido al pasillo a buscarla y había alcanzado a oír que decía “no le digas nada”.Así que para entonces Lina ya había decidido irse.¿Pero por qué?¿Por hacerle mandados? ¿Porque Valentina le había ocupado el asiento?Pero esas eran cosas de todos los días.Emiliano se obligó a ir a la oficina de Valentina, pero al llegar escuchó que estaba hablando con alguien.—Señora Ríos, los clientes están furiosos. No esperaban perder un caso de este nivel. Y es raro, porque con su experiencia, era un caso que debería haber ganado sin problemas.Valentina soltó una risa fría.—Dime cuánto piden de indemnización y yo lo cubro.Al ver la cara de confusión de la empleada, continuó:—Lo hice por el bien de todos. Lina es muy tonta. Entró al bufete solo por el señor Mendoza; con solo hacer mandados ya se ganaba el sueldo. ¿Ustedes tampoco la so
“Emiliano, ¡hemos terminado!”Emiliano volvió a tomar el teléfono y se quedó mirando ese mensaje durante un largo rato.No entendía qué le pasaba últimamente a Lina, que no paraba de mencionar la ruptura.Conteniendo la inquietud, empezó a escribir:“¿Puedes dejar de hacer drama? Reservé tu restaurante francés favorito. ¿Dónde estás? Llámame ya.”Al darle a enviar, el mensaje se quedó con un solo check gris. Esperó unos minutos, pero el segundo check nunca llegó. Intentó llamarla por WhatsApp, y aunque sonó, nadie contestó. Entonces marcó su número de teléfono, y la llamada fue directamente al buzón de voz. Todo encajaba: ella lo había bloqueado.Emiliano se quedó paralizado, con el ceño profundamente fruncido.En ese momento, Valentina se acercó y, con solo echar un vistazo a la pantalla, lo entendió todo.—Emiliano, Lina últimamente se está pasando de la raya. ¿Cómo puede tratarte así? Tú, con toda tu buena intención, reservaste su restaurante favorito, y ella ni siquiera lo aprecia.












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