¡Pum!Ambos cayeron al sótano oculto.La entrada se cerró al instante.Serafina no se relajó ni un segundo. De un tirón, tensó la fusta que rodeaba el cuello del asesino enmascarado.Mientras él forcejeaba, ella notó algo extraño a su alrededor.Encendió una vela con una sola mano; la luz reveló un espacio enorme, mucho más grande que la iglesia de arriba.Y allí… había gente.O, más bien, cuerpos.Decenas de cadáveres, con la mirada vacía, sin reacción.De repente, todos se lanzaron sobre ella.***En el Palacio de la Corona, en el Salón Imperial de Lectura, aún no había noticias de Remigio.Claudio tenía mil cosas dándole vueltas en la cabeza.Temía que ella hubiera corrido la misma suerte que Gaius, atrapada o desaparecida sin dejar rastro.—¡Majestad, hay noticias! —irrumpió Arturo, jadeante.—Encontramos a varios discípulos de la Orden de la Llama Violeta en una clínica de la ciudad. Tras los interrogatorios, confesaron que Remigio está atrapada en una iglesia al sur de la ciudad.
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