El hombre se quitó la máscara y mostró una cara juvenil, bien parecida y de rasgos fuertes.A simple vista parecía menor de veinte, pero en sus ojos se notaba una carga de muchos años que no iba con su edad, como si hubiera pasado la vida entera en un pantano de sufrimiento.Miró a Serafina, satisfecho de verla tan sorprendida, y dijo, con un tono sarcástico:—¿Qué pasa? ¿Ya no me recuerdas, cuñada?Pronunció “cuñada” con claro desprecio, sin una pizca de respeto.Serafina se tensó, y parpadeó, impactada.—Néstor… —susurró.Cuando oyó ese nombre, el joven se enojó de inmediato, y se le pusieron rojos los ojos.—¡Ten respeto! Antes eras mi cuñada, pero ahora, ¿con qué derecho me hablas así? No te atrevas a fingir que somos cercanos… ¡me repugna!Su cara se parecía tanto a la de Silvano que a Serafina le dio dolor en el pecho.Una mezcla de alivio y tristeza la invadió: Néstor Horacio estaba vivo.Recordó cuando lo vio por primera vez: tenía trece o catorce años, se veía flaco y débil, t
Read more