Celia se volvió y lo miró con evidente sorpresa.—Ben, ¿tú también…?Hizo una pausa y, tras meditarlo un momento, añadió:—Bueno, supongo que en tus planes está acompañar a mi cuñada. Así que no me voy a quejar.Al oír esas palabras, las orejas de Salma se tiñeron de un rojo intenso. Su mirada se desvió con rapidez hacia Ben. Él la estaba contemplando a su vez, y aunque solo respondió con un leve asentimiento, en sus ojos se reflejaba un brillo cálido y suave.Celia observó las expresiones cómplices y acarameladas de ambos, se encogió de hombros con resignación y decidió dejarlos a solas.Salma, con una sonrisa contenida, preguntó:—¿De verdad no piensas regresar con ellos?—Llevamos tan poco tiempo juntos, ¿y pretendes que tengamos una relación a distancia?—¿Acaso no te preocupa lo que diga tu familia?Ben se cruzó de brazos y la miró con una suave sonrisa en la cara.—Ya soy un hombre hecho y derecho. Si finalmente me decidí a tener novia, mis padres van a estar más que encantados.
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