Paulina sabía que esta tienda solo recibía a clientes conocidos. Ya había pasado una mala experiencia ahí, pero así era la gente: cuanto más inalcanzable era algo, más lo deseaba.Era solo una tienda de diseñador en Altabrisa. Si hasta Hermès lo compraba sin pensarlo, ¿un diseñadorcito iba a venir a hacerse el difícil con ella?Por suerte, la esposa de Beto también era clienta habitual de la tienda, así que ese día le pidió a Beto que hablara con su mujer para que la trajera.Solo había ido una vez; la gente de la tienda no debía reconocerla, ¿o sí?La asistente Acevedo, por supuesto, la recordaba, pero se limitó a mantener su sonrisa.—Disculpe, señorita, este vestido ya está apartado.Paulina sabía que estaba apartado. ¿No estaba la asistente frente a Olivia?Se volvió hacia Olivia y le dijo:—Olivia, ¿me dejas este vestido?Y enseguida le dijo a la asistente:—Olivia y yo somos amigas, nos conocemos. Ella me lo va a ceder.“¿Amigas de quién con quién?”, pensó Olivia.Santiago, que b
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