Olivia miraba a Julián con los ojos como platos.Julián, al fin, percibió algo extraño en esa mirada y fue borrando la sonrisa, con cautela.Fiorella le hizo una mueca a su hermano y se ganó un coscorrón.Él, con las manos llenas de harina, le embadurnó la frente a Fiorella y se la dejó blanca. Olivia los observó pelear entre risas y sonrió, aunque no pudo evitar pensar en Mateo. Con su familia nunca tuvo momentos así de entrañables.Pero ahora tenía a Santiago, un primo mejor que cualquier hermano.Julián, al verla sonreír, se acercó con gesto conciliador para disculparse:—Perdón, Olivia. No te avisé antes porque...Ni él mismo sabía bien por qué. Seguramente porque tenía miedo de que se enojara.—No es nada. Es tu decisión, no tenías por qué avisarme —dijo Olivia. Lo que no quería era que su decisión hubiera sido por ella; eso le pesaría demasiado en la conciencia.Era como cargar, sin razón alguna, con el futuro y la vida de otra persona. ¡Qué responsabilidad tan enorme!Pero Juliá
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