—No es eso... —Adrián se frotó el entrecejo—. En serio no tengo tiempo...—¡Ya sé que estás ocupado! ¡Ya sé que no tienes tiempo! —A Paulina las lágrimas le corrieron por la cara—. Los demás dicen que soy una vividora, ¿también piensas eso de mí?—No quise decir eso...—¡Eso es exacto lo que quisiste decir! —Paulina tomó el celular y le devolvió el dinero, llorando, desconsolada—. Adri, no quiero tu dinero. Quiero que sepas que, aunque todo el mundo me malinterprete, no me importa. Solo me importa lo que tú pienses de mí...—Entiendo, entiendo... —repitió Adrián.—Con que entiendas, me basta. —Paulina sonrió entre lágrimas—. Adri, ven a comer, te compré tu filete de pescado empanizado favorito.—Coman ustedes, tengo algo por resolver y necesito salir... —dijo él con prisa.—¡No importa qué tengas que hacer, primero come y luego te vas! —Paulina se apresuró a abrir los recipientes de comida.—No, coman ustedes. —Adrián caminó revisando los contactos del celular, buscó un número y, al en
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