En esta decía: “Señora, recupérese pronto, Adrián solo la tiene a usted”.La misma escritura, la letra de Olivia que él conocía tan bien.Ella tenía una letra muy particular: siempre redondeada, gordita, con una inocencia encantadora. Completamente distinta a la de Paulina.Al mirar esas palabras, el corazón le pesó como si cayera en el vacío. Cayendo sin fondo. Hasta hundirse en un abismo.Lo que había perdido era mucho más de lo que imaginaba.Juntó las dos hojas de papel, y al fin rompió en llanto.“Olivia, perdóname”.Sentado en su oficina, sintió que el mundo exterior se había desvanecido en un silencio total. Si este fuera el fin de los tiempos, qué alivio sería; ya no quería despertar con el sol al día siguiente.Pero no le quedaba más remedio que seguir consciente, esperando a que la noche pasara. Y esa noche se volvió eterna. Su vida ya solo era oscuridad.Se quedó inmóvil en la oficina, estático por completo, hasta que al día siguiente llegaron Beto y Paulina.—Adri, ¿pasaste
Read more