Nico la dejó ahí, solo le dijo que encontrara un trabajo o que buscara a Adrián.“Buscar a Adrián”.Paulina rio con amargura.Estaba convencida de que Adrián ya sabía algo. De lo contrario, ¿cómo se explicaba que desapareciera así? Estaban a punto de casarse, ya se había probado el vestido de novia, y él de pronto se esfumó sin una llamada, sin un mensaje. ¿No era extraño?Pero ya no tenía adónde ir. Él era su última esperanza.Así que, acurrucada en la cama del hotel, se armó de valor y lo llamó. Adrián contestó.—Adri... —En cuanto escuchó su voz, comenzó a llorar.Esta vez la frustración era genuina, sin actuación. Al recordar los días en los que Adrián la consentía y la cuidaba con tanta dedicación, y verse ahora como una sombra de lo que fue, no pudo evitar sentir arrepentimiento.¡Pero la culpa era de Adrián! Si él no se hubiera negado siempre a tener relaciones con ella, si no la hubiera dejado con esa inseguridad constante, ella no habría caído tan fácilmente en las manipulacio
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