Beto sintió un escalofrío: “¿Qué está pasando?”Miró a Paulina y vio que también estaba pálida.“¡Esa estúpida!”La maldijo por dentro.La grabación seguía:—Si me quieres ver la cara con algún truco, tu hija va a acabar muy mal. ¿El celular? ¡Dámelo! ¡Apágalo! Ni se te ocurra grabar nada. Escúchame bien: aquí tengo un paquete con un polvo. Lo pones en la comida o en el agua, me da igual, pero te aseguras de que Olivia y el joven Rossi lo ingieran. Si lo logras, te doy quinientos mil dólares. Además, les tramito la salida del país a ti y a tu hija, la mando a estudiar al extranjero, lejos de tu exmarido, donde nunca las encuentre.—Pero... ¿qué es ese polvo? ¿Qué les va a pasar?—Ja, si lo toman, o se mueren o quedan en coma para siempre. Y si también quieres acabar con todo, pues muérete con ellos; yo me encargo de tu hija.—Señorita Paulina, solo soy una empleada doméstica, no puedo hacer algo así... Me da miedo...—¿Miedo? ¿Te da más miedo que vaya a buscar a tu hija a su colegio? N
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