En la sala, Héctor sacó el celular e hizo una llamada.Carlos permaneció sentado al otro lado, escuchando en silencio.Cuando Héctor terminó, levantó la mirada hacia él y dijo con voz fría y tajante:—Mientras yo no la haya dejado ir, ni lo sueñes.Carlos no respondió.La sala volvió a quedar en silencio.Esa noche, Julieta casi no durmió.No fue sino hasta poco antes del amanecer cuando logró conciliar el sueño durante apenas unas tres horas.Al despertar, permaneció mucho tiempo recargada en la cabecera, mirando al vacío. Se veía completamente agotada.Dejó una mano sobre su vientre, pero todavía era demasiado pronto para sentir algún cambio.No sabía cuánto tiempo había pasado cuando escuchó que tocaban a la puerta.Ximena preguntó desde afuera:—Señora Julieta, ¿ya despertó?Julieta volvió en sí, se levantó y abrió.Al ver su rostro, Ximena preguntó preocupada:—¿No durmió bien anoche?—Estoy bien. ¿Ya está listo el desayuno?—Sí. ¿Quiere que se lo traiga aquí o va a comer en el co
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