En el patio, en cuanto Noelia se retiró, Patricia volcó toda su atención en Marcos, buscando recuperar su lugar.—Marcos... —empezó ella, pero él no la dejó seguir.—Agarra tu maleta y vámonos —soltó Marcos, dándose la vuelta para salir de la posada sin siquiera esperarla.Patricia regresó por su maleta al vestíbulo. Con la espalda recta y un gesto altivo ante las miradas que la seguían, tomó su equipaje y salió de ahí, buscando darle alcance a Marcos.—¡Marcos, espérame! —gritó, pero él ya se había subido al auto.Acostumbrada a que él siempre fuera un caballero, Patricia tuvo que batallar sola con la maleta por primera vez en su vida.Agotada y de un humor de perros, se subió al vehículo y dio un portazo tan fuerte que las ventanillas temblaron.—Esta maleta pesa una tonelada, ¡hasta se me rompió una uña y me las acababa de arreglar! —se quejó, extendiendo la mano con intención de coquetear, pero Marcos ni la volteó a ver.En cuanto ella cerró la puerta, él arrancó el motor y se alej
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