—Son unos detalles —dijo Marcos, pasándole las tres bolsas.—¿Pero para qué tanto? —preguntó ella, sorprendida.—Uno para ti, otro para Cecilia y este para tu mamá.A Noelia se le estrujó el corazón al ver que se había acordado de toda su familia.—Gracias, de verdad...—Ábrelos.—Está bien.Primero sacó el regalo para su madre. Dentro de una elegante cajita de terciopelo, encontró un broche de estilo antiguo. Era una pieza preciosa: una montura de oro blanco en forma de enredadera que abrazaba un zafiro pequeño, pero con un brillo azul profundo y magnético. A su alrededor, unos diamantes parecían gotitas de rocío. Se veía clásico, fino y de muy buen gusto.Era obvio que no lo había comprado a la carrera. Antes de que la familia Bustos se fuera a la quiebra, a la mamá de Noelia le fascinaba coleccionar broches, pero después tuvo que deshacerse de todos para pagar deudas y se quedó sin una sola joya que lucir.—Marcos, esto es demasiado... —dijo Noelia, preocupada por el valor de la p
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