Su madre andaba ocupada en la cocina y, al verla bajar, no quiso agobiarla con preguntas. Solo la llamó para que probara unas empanadas que acababa de sacar del comal.—Cecilia amaneció con antojo de empanadas, así que preparé algunas. Ven, pruébalas ahorita que están calientitas.—Está bien —asintió Noelia. No le pasaba ni bocado, pero por no hacerle el feo a su madre, agarró una y empezó a comerla sin ganas—. Ya me voy a la posada, mamá.—Vete con cuidado.Elena se había hecho cargo de la posada esos dos días y, por suerte, todo marchaba sobre ruedas. Sin embargo, después de lo que había pasado, Noelia pensó que lo mejor sería buscar a otra persona para que la ayudara.Un día cualquiera se la llevaban tranquila, pero si alguna de las dos se llegaba a enfermar o salía un imprevisto, simplemente no daban abasto. Se propuso hablarlo con Elena en cuanto tuviera oportunidad.—Noelia, ¿ya te sientes mejor? —Elsa estaba regando las plantas del patio. Al verla entrar, soltó la manguera y se
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