—Ella se llevó la llave.Cecilia miró a Marcos con mucha pena. —Tío Marcos, qué lástima que no puedas ver mis fotos de bebé. Quería que vieras que casi no tenía pelito. Parecía una niñita calva, era bien chistoso.—Yo tampoco tenía mucho pelo cuando estaba chiquito —respondió Marcos, siguiéndole la corriente.—¡En serio! Qué coincidencia —exclamó la niña, volteando a ver a Noelia—. Mami, tú tienes fotos mías de bebé en el celular, búscale una para que la vea.—Las borré sin querer hace unos días, mi amor —mintió Noelia.—¿Qué? —Cecilia se puso toda triste—. Bueno, ni modo. Entonces tendré que enseñártelas la próxima vez.Marcos se quedó mirando a Noelia como si tuviera las palabras en la punta de la lengua, pero al final se las tragó. Noelia, sintiéndose fatal, abrazó a su hija con más fuerza.En realidad, ella estaba haciendo todo lo posible para evitar que él viera esas fotos. Antes de cumplir el año, Cecilia casi no tenía cabello y, sin esos rizos, era el vivo retrato de Marcos.
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