Todos se quedaron boquiabiertos y paralizados. En ese momento, Bianca no alcanzaba a distinguir quién acababa de llegar. Sin embargo, el aliento que se colaba entre sus labios le dio una pista de quién podía ser.Abrió los ojos y se quedó mirando, atónita, la cara que tenía a milímetros de la suya. Aquella cara refinada, de expresión fría y contenida, ya no estaba solo en su mente, sino frente a ella.¡Sergio!En apariencia, parecía serio y elegante, pero realmente estaba loco.—Suéltame...Bianca forcejeó y le empujó el pecho. Él, en cambio, la besó con más intensidad y le sujetó la nuca con firmeza.—Aún no se acaba el tiempo.Con la otra mano, le inmovilizó las manos. Bianca no podía ni moverse. Furiosa, abrió la boca y le mordió el labio.Pero él ni se inmutó. Bianca mordió con tanta fuerza que el sabor metálico de la sangre le llenó la boca. A Sergio no pareció importarle; la besó con tal entrega que Bianca, sin darse cuenta, empezó a dejarse llevar.Los demás en el salón privado
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